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ÁGORA. Crisis en el IAHULA del estado Mérida: réquiem para un hospital en ruinas

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Para Pedro, rumbo a su cielo


Pedro dormita mientras espera la muerte debajo de un cielo raso que se viene abajo con todo y telarañas. Una cama de hierro despintada será su último lecho antes del momento final en que parta lejos de este infierno hospitalario donde se encuentra. Nosotras, las mujeres de la familia, lo vemos irse descompuesto como el lugar mohoso y sucio que lo despide ingratamente de este mundo.

No, no es un relato de ficción, ni el inicio de una novela de Jorge Isaac, es la realidad que diariamente enfrentan los pacientes de Triaje del Hospital Universitario de la ciudad de Mérida, caverna oscura e insana que aloja, apostados en camillas improvisadas a lo largo de un pasillo, a decenas de enfermos de todo el estado Mérida, incluyendo a algunos pacientes del estado Zulia que son transferidos hasta nuestra ciudad. Kosovo, le dicen los médicos residentes a ese círculo del infierno de Dante que bien supo describir mi amigo horas antes de morir. Kosovo, como el campo de guerra de la antigua Yugoslavia donde cualquier parecido con la realidad de esa fábrica de heridos y muertos es cierta. El sitio de Triaje de Emergencias del HULA es un holograma mal diseñado de un sistema de salud humanista y revolucionario de un país petrolero inmensamente rico, hasta en enfermos terminales.

Días antes de morir mi amigo entrañable, intentamos buscarle un sitio más digno dentro del mismo hospital para que muriera, al menos mirando la luz del día. A cambio de eso, y gracias a la negligencia de innumerables altos funcionarios de CORPOSALUD del estado Mérida, nuestro enfermo se fue la última mañana de abril del 2015 en una especie de sala improvisada para pacientes terminales; sala que no es otra cosa que un sótano húmedo, descuidado y sucio de un ala del hospital. Pedro era un paciente oncológico que requería de un sitio salubre para no inmunodeprimirse más. Eso me lo repito fractalmente mientras recuerdo que sobre su cama, el techo estaba por caerse y con él, cientos de telarañas y cucarachas disecadas. En esos momentos aciagos no lograba concebir como en un estado donde su gobernador es revolucionario, y en el que su norte debiera ir en dirección a brindar un sistema de salud digno para sus habitantes, existiese un lugar como ese, donde los enfermos son expuestos como fenómenos de un circo de variedades del s. XIX., para que los observemos en su absoluta crudeza. Luego de la muerte de mi amigo comprendí que a un paciente terminal no se le invierte ni siquiera un lugar digno para morir porque hay demasiada demanda de enfermos que sí se podrían salvar. Descrito así, no dista en lo absoluto de los ejemplos que escuchamos y vemos en las series de TV sobre el sistema de salud norteamericano,  engranaje perverso en el cual puedes morir en una camilla al lado de una puerta de emergencia si no tienes seguro médico.

Una vez descrita esta ingrata experiencia no me queda otra que hacer un llamado urgente a las autoridades competentes en el área de salud de nuestro país y del estado Mérida para que eliminen, de una vez por todas, ese lugar innoble donde ningún ser humano debiera estar. Hagamos honor al humanismo que siempre creímos que acompañaba a nuestro proceso político de vanguardia en América Latina. No permitamos volvernos sobras difusas de una “revolución bonita” con lugares infectos como Kosovo y sus enfermos yacientes en camas de piedra.

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