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Articulito 11: Trabajo (Parte dos)

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El trabajo como mera prestación de servicios para la satisfacción de necesidades directas, nada tiene que ver con el Capital, pues a éste no le interesa.
C. Marx


trabajo dos

Decíamos cuando terminábamos la nota anterior que en resumidas cuentas existen dos tipos de trabajo, el trabajo para resolver necesidades y el trabajo para producir mercancías. Y antes habíamos hablado de que son dos formas de trabajo completamente distintas. Aún más, el mercado, los sistemas laborales y las leyes solo hablan de la segunda forma de trabajo, la que sirve para producir cosas que se compren y se vendan (mercancías). De hecho la mayoría de las personas no consideran sino la existencia de una sola forma de trabajo, la que sirve para producir mercancías y que en general llaman “trabajo asalariado” (y que es en sí misma una mercancía como ya hemos dicho)

Hasta hace poco era una tontería en Venezuela pretender que se considerara como trabajo, por ejemplo, el trabajo de la mujer en la casa (trabajo, que por cierto, ¡solo hacia la mujer!). No existe remuneración, ni seguridad social, ni períodos de descanso y mucho menos pensiones o jubilaciones para este tipo de trabajo.

Se dice que como ese tipo de trabajo no produce bienes, entonces no tiene nada que ver con el sistema productivo. Pero pensemos las cosas de esta manera: ¿Qué pasaría con la economía de un país (cualquier país, aún las “grandes economías”) si las personas que hacen este tipo de trabajo (que según los economistas no es trabajo) dejaran de hacerlo? ¿Qué pasaría si nadie cocinara, si nadie barriera el piso o lavara la ropa o hiciera el amor? ¿Seguiría existiendo la economía, el mercado, la sociedad?

¿Verdad que no parece tan simple la cosa?

La sociedad, o eso que llamamos “la sociedad”, que conocemos hoy, esa donde vivimos (aun en Venezuela) es el sistema social creado por el Capital para su correcto funcionamiento. La sociedad no está pensada en función de la gente sino en función del mercado, es decir para la sociedad la actividad personal no importa, porque no “produce”. Importa la actividad (producción) social. Por eso, si te enfermas, sea cual sea la enfermedad tienes que probarlo y si no puedes hacerlo pierdes el trabajo, así tu patrón y la ley vean que te estas cayendo a pedazos. Porque el problema no eres tu como individuo, el asunto es que solo vales, como individuo, si produces mercancías para vender y comprar en el mercado, así te estés cayendo a pedazos.

Y eso determina los tipos de trabajo, el trabajo que hace la persona para vivir (que llamaríamos trabajo humano o vivo) y el trabajo que hace la gente en el capitalismo para sobrevivir (trabajo asalariado, social u objetivado). 

Por cierto, démonos cuenta que el capitalismo cuando habla de trabajo productivo se refiere al trabajo que genera ganancias y rápido, mientras el trabajo improductivo (que al capitalismo no le interesa) es aquel que solo resuelve necesidades (como por ejemplo el trabajo de “ama de casa” que como ya hemos dicho, ni siquiera es considerado trabajo).

Pensemos que el trabajo debiera ser, según lo hablado, aquellos procesos de intercambio y mediación entre la persona y la naturaleza, de acuerdo a ciertas relaciones (o acuerdos) sociales. Cuando el trabajo es libre, es sin duda la actividad humana vital orientada a producir y reproducir la vida en común. Pero el capitalismo, lo primero que hace es quitarle la condición de libertad y lo convierte en una actividad forzada, alienada y enajenada. Así, en el capitalismo el trabajo es tortura, es degradación, es el transcurrir entre el trabajo explotado y el desempleo, sin posibilidades para la reproducción de la vida en común y por supuesto sin posibilidades para su recreación.

Pensemos por un momento (Imaginemos como decía el compa Lennon) que vivimos en una sociedad sin trabajo asalariado, sin trabajo “fetiche”. Es decir las personas solo trabajan para resolver sus problemas y se ponen de acuerdo para resolver las necesidades colectivas (trabajo comunitario). Desaparece el patrón, el propietario, y las personas entonces trabajaran solo para reproducir la vida en comunidad. A nadie le faltaría nada nunca, pues cada persona daría lo que su condición física y su nivel de conocimiento le permitan dar y recibirían lo que necesiten para vivir bien. 

Dicho así suena como un sueño. Pero lo cierto es que el capitalismo sin el trabajo asalariado desaparece. Toda la riqueza de los burgueses depende de la explotación del trabajo social. La revolución consiste no solo en cambiar el carácter de la propiedad, sino, esencialmente, en cambiar el carácter del trabajo, eliminar de raíz su carácter objetivado, mercantilizado y abstracto y devolverle, como decía el Che, su carácter orgánico, vital, libre.

Bueno pero de esas cosas tendremos que hablar mejor más adelante, en la siguiente conversa vamos hablar brevemente de la principal contribución del viejo Marx a todo este asunto como lo es el descubrimiento de la categoría del “trabajo abstracto”. La seguimos. 

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