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Articulito 13: ¿Qué eso de “relaciones sociales de producción”?

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Relaciones de producción

 

Les quiero pedir disculpas. Este articulito es quizá el más “complicado” de los que hemos discutido hasta ahora. Quizá porque es el más “filosófico”, al más “sociológico” de todos. Pero bueno, comencemos diciendo una cosa: No es posible entender el (verdadero) concepto de “relaciones de producción” si no se ve a la luz de la teoría de la alienación de Marx. Insistamos aquí en lo que él dijo con esa teoría: Primero, de alguna manera alienación es, o se usa como, sinónimo de enajenación. Entendiendo con ella la situación que se presenta cuando en una relación (dual) uno de los dos términos se hace desaparecer, de forma de que el otro se hace autónomo, independiente, cobra vida propia. Pensemos particularmente en el proceso histórico-social en el cual el producto del trabajo humano se independiza, se vuelve autónomo, escapa al control racional y termina siendo hostil contra su creador (el trabajador). Aunque Marx utiliza los dos términos como sinónimos estrictos, etimológicamente “alienación” tiene un origen psicológico y “enajenación” económico. El filósofo alemán, Hegel define “alienación” como “otro distinto de sí mismo”. Para él su significado no es negativo. En cambio para Marx, sí. Pues además de una pérdida, expresa el desgarramiento, la escisión y la fragmentación del ser humano. De forma tal que algo está alienado o enajenado cuando ya no nos pertenece. Es decir trabajamos, gastamos la vida trabajando y nuestro trabajo no nos pertenece, le pertenece al patrón que nos paga una miseria para sobrevivir. Ya eso lo discutimos bastante.

Desde esa óptica discutamos todo lo que sigue.

Para vivir y reproducirnos, necesitamos trabajar. Las formas que adopta el trabajo según el tiempo histórico en el que vivamos es lo que denominamos “fuerzas productivas”. Solo que estas no están nunca asiladas, siempre establecen entre si relaciones de diverso tipo. Pero, el asunto es que las relaciones entre las personas se hacen sociales en el momento en que los aspectos externos (objetivos) se hacen más importante que los subjetivos, es decir cuando la producción comienza a importar más que la persona misma y el sujeto desaparece y se hace, simplemente, objeto.

Por ello hablar de relaciones de producción es hablar, ya, de una sociedad, gracias a la propiedad, separada en clases sociales (esencialmente dos), donde una de esas clases es propietaria (especialmente de los medios con los que producimos: tierra, materias primas, máquinas y herramientas y el trabajo. Los capitalistas no consideran el trabajo como un medio de producción, sino como una forma de capital, pero sobre eso hablaremos luego) y otra que solo posee su capacidad para trabajar.

Otra vez pareciera que nos estamos saliendo de la economía. Pero no es así. Toda la economía y toda la política y como decíamos al principio de esta serie de artículos, hasta la guerra son “relaciones sociales de producción”, es decir son todos esos vínculos sociales que se establecen entre los seres humanos para producir y reproducir su forma de vida material y cultural.

Los diversos tipos de relaciones de producción permiten diferenciar distintos momentos históricos, distintas maneras de enfrentar la vida, o mejor, la forma en que un colectivo humano “vive” su vida. En las sociedades de clases (como la nuestra), toda relación de producción es al mismo tiempo una relación económica, una relación de poder y una relación de fuerzas entre las clases, que no es sino el enfrentamiento antagónico entre el capital y el trabajo, entre los propietarios de dinero y los que lo único que tienen es su capacidad para trabajar. Enfrentamiento que como ya hemos dicho hasta el cansancio que no tiene conciliación posible. Por ello es muy importante que le dedicáramos tanto esfuerzo al trabajo y que estudiemos después de esto el concepto de Capital.

Cuando hablamos de “clase social” nos estamos refiriendo a grandes conjuntos de seres humanos que comparten no sólo un mismo modo de vida sino, y esencialmente, una misma condición de existencia, pero como ya hemos dicho existen, esencialmente, dos clases sociales: la clase de los propietarios y la de los trabajadores, ambas se diferencian y se enfrentan entre sí, construyen su propia identidad social y se definen tanto por su posesión o no posesión de los medios de producción como por sus intereses, su cultura política, su experiencia de lucha, sus tradiciones y su conciencia de clase (de sí mismos y de sus enemigos). Las clases explotadoras viven a costillas de las explotadas, las dominan y las oprimen, por eso están en lucha y conflicto permanente a lo largo de la historia.

Ciertamente cada clase social, por la manera de vivir su vida desarrolla una cierta identidad cultural y comprensión política, pensada, vivida y sentida por cada grupo social a partir de sus intereses a largo plazo (históricos) y eso es lo que se denomina conciencia de clase, el capitalismo dedica grandes esfuerzos para demostrarle a los trabajadores que la explotación no existe sino que su condición de vida es generada por una serie de circunstancias naturales. Es por ello que la conciencia de clase no se logra por decreto, sino a partir de experiencias históricas, tradiciones y luchas políticas. Nunca está dada. Jamás preexiste. Se va construyendo a partir de los conflictos. La mayoría de las veces se genera a saltos. Cuando se logra, la clase trabajadora puede pasar de la necesidad económica a la voluntad política. La conciencia de clase es parte beligerante en la lucha de clases. Empezar a construirla es comenzar a ganar la lucha.

Resumiendo entonces, el trabajo humano es, el único, elemento mediador entre la sociedad y la naturaleza. Pero el asunto es que ni los seres humanos trabajan la naturaleza de forma aislada, ni sus relaciones sociales dependen de su gusto personal. La interdependencia entre las fuerzas productivas (el trabajo humano) y las relaciones que a raíz de él se establecen (relaciones de producción) constituyen la relación dialéctica sujeto-objeto que es el motor de la historia.

El asunto es que para que la sociedad capitalista (basada en la objetivación del trabajo) la existencia de una clase oprimida, explotada, es su condición vital. Por ello la emancipación de la clase oprimida, significa inevitablemente, el nacimiento de un nuevo tipo de sociedad.

Pero para que la clase trabajadora pueda liberarse es necesario, indispensable, inevitable, que las “fuerzas productivas” asuman (o re-asuman) su condición de sujetos y rompan toda relación con las “relaciones sociales de producción” vigentes. Es decir que el trabajo objetivado deje de serlo y, se (re)haga sujeto otra vez. Y que así, el trabajador entienda que como sujeto de la historia es la más grande fuerza productiva y al mismo tiempo la propia clase revolucionaria.

¡Sin la intervención activa del trabajador des-alienado (consciente) no puede haber revolución!

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