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Articulito 18: ¿Qué es eso de “inventarios”?

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inventarios

A cada rato se encuentran grandes depósitos llenos de productos elaborados, es decir de mercancías que deben estar en el mercado. Los dueños inmediatamente salen a decir que no es acaparamiento sino que son “inventarios”

También cuando se le reclama a los distribuidores la carencia de un producto en los estantes, ellos inmediatamente responden que por falta de “divisas” no pudieron reponer los “inventarios”

Evidentemente uno de los dos (o los dos están mintiendo) pues si los segundos dicen la verdad los primeros mienten y viceversa.
Bueno, para tratar de entender de qué están hablando tratemos de explicarnos que es eso de “inventarios”

Según Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Inventario) un “inventario es una relación detallada, ordenada y valorada de todos los elementos que componen el patrimonio de una empresa o persona en un momento determinado”. Es decir es la relación de los cosas que se tienen (y de las que hacen falta) para realizar una actividad, ya sea productiva o de otro tipo.

Por una cosa que se llama “extensión del leguaje” también se llama “inventario” no solo a la lista detallada de esas cosas, sino a las cosas mismas. Es decir para un panadero, inventario es la lista de sus activos y pasivos (maquinaria, estanterías, herramientas, materia prima, insumos etc.) y coloquialmente la cantidad de harina, sal, levadura, mantequilla, huevos, preservantes y todo ese poco de cosas que lleva el pan (el comercial, porque yo hago pan en mi casa con harina, agua y unos huevitos y ya)). Tener los inventarios al día le sirve a la persona que realiza la actividad (en este caso al panadero) para planificar la producción y para saber cuándo debe  adquirir alguna cosa que le falte.

Pero el asunto es que una mercancía después de que está elaborada necesita ser vendida lo más pronto posible para que el productor pueda “reponer” los inventarios. Es decir, pueda comprar lo que necesita para seguir haciendo pan.

Quizás, el ejemplo del pan no es suficiente, porque el pan debe consumirse en un plazo corto o se daña, pensemos entonces en cosas que no se dañan, como el papel sanitario o los pañales. El fabricante necesita colocar, lo más rápido posible, los pañales y el papel, lo más rápido posible en el mercado para poder  seguir fabricando (o importando) pues, y eso lo entendemos todos, una mercancía guardada no genera “ganancias” a menos que estemos actuando en un mercado especulativo. Es decir, una mercancía que yo guardo para que “engorde” el precio y poder ganar más, mucho más.

La teorías administrativas que se aplican actualmente, prefieren que los “inventarios” de mercancías elaboradas y aun de materias primas sean lo más pequeños posible, esa es una manera de reducir los costos y los riesgos. Si hay problemas de suministros de materias primas, se justifica que se aumenten los “inventarios” de ellas. Pero nunca tiene sentido guardar mercancía elaborada (lista para el consumo) porque exista problemas de suministro. Pues eso lo único que haría es aumentar la carencia y pone en riesgo la ganancia probable del productor o comerciante.

Hasta aquí la teoría. Tratemos de ver cómo funcionan las cosas en la realidad y que pasa en Venezuela.

Primero que nada si recuerdan el articulito sobre el Mercado, deben saber que no existe ninguna forma de mercado capitalista que no sea especulativo. Decíamos “El mercado no es otra cosa que  el lugar donde se hace ética la explotación”. El mercado no es sino el mecanismo final de extracción de plusvalía y de acumulación del capital (estamos en deuda con la explicación de algunos de esos conceptos o categorías) y por ello nunca va a funcionar sino siguiendo la principal ley objetiva del capitalismo, la cual es la que obliga a maximizar el beneficio. Todo capitalista, para sobrevivir (si en algún sitio el pez grande se come al pequeño es en el mercado) debe especular lo más que pueda y en el menor tiempo posible. Y ese principio es el que explica porque actualmente se trabaja con inventarios pequeños pero de gran movilidad.

Hay una cosa que se llama “la tasa de retorno del Capital” que es una medida de cuánto tarda el capital invertido en regresar a manos del capitalista convertido en capital ampliado (es decir el capital original más las “ganancias”) y que dice que una mercancía solo lo es realmente si va a ser vendida a corto plazo. Es decir una cosa que esta para ser vendida y no se vende es “pura perdida”.

Todo eso quiere decir simplemente que cuando un comerciante compra un producto para venderlo debe venderlo lo más rápidamente posible o está perdiendo plata.

La gran pregunta es ¿y entonces, porque en este momento hay tantos comerciantes guardando tanta mercancía durante tanto tiempo?

Bueno eso tiene dos explicaciones simples. Una es que se guarda mercancía casi siempre con sentido especulativo, lo cual es una conducta habitual de los comerciantes. Es en parte “pescar en río revuelto”, escondo una mercancía por un tiempo para esperar que aumente de precio y ganar mucho más. Recordemos aquel “ilustre señor” autor de aquella “ilustre” frase: “Yo especulo pero doy trabajo”. Pero todo comerciante sabe que se corre un fuerte riesgo al aumentar los inventarios con fines especulativos, pues cualquier alteración del mercado (casi siempre provocada por los grandotes para comerse a los chiquitos) los deja en la calle.

La otra razón, es política. Recordemos, así como la guerra es la política llevada por otros medios, la economía es la guerra llevada por otros medios.

Al mercado no lo afecta la especulación, al contrario lo favorece, lo que si lo afecta es que no pueda controlar un proceso. Digámoslo al revés. Para que el mercado pueda subsistir necesita (de forma vital) controlar todos los procesos sociales, económicos, etc., que ocurran o que puedan ocurrir. Y ese es el rollo con Venezuela, el gobierno nacional ha tomado algunas medidas que limita el control que el mercado tiene sobre las cosas. No es solo el control de precios o del mercado cambiario, es el control de los hidrocarburos, el control de la pesca, la limitación del latifundio, el control del monopolio, y etc. Y no importa si muchas de esas cosas no se cumplen realmente (muchas se han quedado un poco, o mucho, en el papel), el asunto es que al estar en una ley o un decreto, significa que puede llegar a cumplirse y ya eso limita al “todopoderoso y omnipotente” mercado.

El hecho de que esas medidas estén ahí, unas pocas aplicadas y otras en posibilidad de aplicarse produce una reacción del mercado que ha ido incrementándose tanto en intensidad como en profundidad. Ya la burguesía nacional (que nunca jamás ha producido nada) aguanta el control de cambio. Ya la burguesía imperial no aguanta más el control del petróleo, del gas, del hierro, del aluminio. Alguien puede decir que ese control es parcial, cierto. Pero por muy parcial que sea ya por eso produce terror en el mercado y hace que este se defienda y lo haga teniendo bien claro que la economía es la guerra llevada por otros medios.

Podemos concluir que eso de los “inventarios” no es sino una mentira para tratar de que la cosa no se vea tan fea. Estamos en una etapa de guerra en la que todavía no se disparan muchos tiros y no se tiran bombas. Pero es una guerra, es la economía llevada a su más pura expresión.

¿Qué hay que hacer? El gobierno debe reconocer esto, y salir del simple discurso para comenzar a responder las acciones bélicas de la burguesía: nacionalización de la banca, control del mercado interno y nacionalización del comercio exterior, son solo algunas medidas que ya se tornan indispensables. Y seguramente hay más. Todo depende de que prevalezcan las razones del pueblo por encima de las “razones de estado”. Como pueblo, hay dos caminos paralelos: uno es controlar el consumo, comenzar a romper la esclavitud del consumismo. Y el otro asumir que el gobierno solo, lo más probable es que termine o derrotado o negociando con el mercado, y que por lo tanto hay que, inevitablemente, asumir el lío en la calle y con todo.

O luchamos por seguir teniendo Patria o nos entregamos al mercado y nos conformamos con tener bastante papel sanitario. No hay de otra.

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