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Chávez

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Hace tres años, estábamos a estas horas, en el shock que su partida nos produjo.

Se sentía un silencio muy especial parecido un poco a aquel del 11 de abril, pero peor. El del 11 de abril, fue momentáneo, de unas horas y terminó en un grito de pueblo que nos devolvió la Patria. El silencio que produjo el 5 de marzo es un silencio distinto, pues aun cuando ahora está clara la Patria; la partida, definitiva del padre es, sin duda, un evento inmenso.

Chávez, se fue físicamente. Y desgraciadamente con él, se fue su liderazgo, su capacidad de dirección, de integración, de síntesis y muchas otras capacidades que ninguno de los líderes restantes del proceso ha podido aproximar.

Apenas muere Chávez, comienza una etapa de la guerra de la burguesía y del imperio en contra de la patria naciente, de proporciones apocalípticas. Ni siquiera Chávez en sus momentos más álgidos la enfrentó así.

Maduro, se vio enfrentado desde el principio con esa guerra  feroz, terrible, implacable. Guerra que no se ha sabido superar, ni siquiera a medias. Sin embargo, cuando propios y extraños le dábamos  muy poco chance al gobierno, Maduro ha logrado mantenerse aún flote en un remolino que parecía insuperable.

Pero, desde mi  punto de vista, el asunto más grave no es la guerra implacable de la derecha, o más bien digámoslo así, el frente de la derecha (abierta) que se asume en acciones contra la economía del día a día, la salud, la educación, y se complementa con la construcción de un frente armado narco-paramilitar que actúa, sorprendentemente, con demasiada y casi sospechosa, impunidad.
El frente más grave, más dañino, más peligroso, insisto, es el frente que esa derecha, ha logrado crear, mantener y engrandecer dentro del “chavismo”.

Hago aquí un inserto, para decir una cosa que no está al margen. Escribo “chavismo” y no chavismo, con intenciones de establecer diferencias. Creo firmemente que “chavismo” se ha convertido en una etiqueta cómoda, para disfrazar posturas e intereses. Lo cual hace, o explica, que el chavismo (sin comillas) en tanto que corriente social, política, revolucionaria, de origen innegablemente aluvional y por lo tanto de condición originaria policlasista, se haya ido desdibujando gracias a la acción, nada inocente, de ese frente (quinta columnista y sin extrañezas anticomunista y anti-izquierda*) que ha ido progresiva y calladamente  (como la oscuridad) controlando varios de los estratos del proceso.  Definitivamente, una cosa distinta es provenir de un partido de la vieja derecha y otro seguir siendo de la vieja derecha, con todos sus vicios y esquemas, dentro del “chavismo”.

Una de las expresiones más claras de ese frente de derecha es la guerra entre mafias y tribus, entre grupos de poder que no luchan y no lo harán nunca, por la construcción de un verdadero poder popular revolucionario, sino más bien detrás de una suerte de “acumulación originaria” que garantice, que sean ellos y no otros los que controlen todo para que todo cambie y no cambie nada manteniéndose así el sistema de opresión de clases.

Eso hace que desde posturas pretendidamente de izquierda (y aquí uso el término en el sentido correcto, como antagonista dialectico de la derecha) se caiga sin saberlo, a más pretendiendo no saberlo, en extrañas coincidencias con las posturas más radicales del imperio.

Observamos, asustados casi, como desde instituciones del estado, ministerios, corporaciones, gobernaciones y hasta consejos comunales y comunas, se sabotea la acción del proceso exactamente con la misma intensidad e intención de la otra derecha: Para salir de Maduro, pero no para cambiar, sino para trasladar los puntos de control y adaptarlo a intereses, que para el imperio son solo convencionales y transitorios.

Es cierto que todo esto es expresión de la lucha de clases, es decir el enfrentamiento inevitable (aun cuando fuertemente manipulable) entre los poseedores de los medios de producción y aquellos que solo poseen su fuerza de trabajo.

Pero, lo terrible que aquí ya no es una lucha entre reacción y revolución, entre burgueses y pueblo, entre capital y fuerza de trabajo, ni siquiera es una lucha contra el “populismo” o contra hasta el, a veces necesario, reformismo. Es un pelea, rastrera, callejera, entre sectores sin ningún pudor se despojan de toda ideología para dedicarse a luchar por un pedacito de poder (que es a lo sumo, lo más que, momentáneamente, alcanzarán).

Y siento que Maduro, aun cuando, de alguna manera ha capeado el temporal, y por esa razón requiere de todo nuestro apoyo, no ha podido o no ha sabido romper esa dinámica perversa que se nos ha hecho cotidiana y que de alguna manera, de muchas maneras, más bien, impide que nada se resuelva.

Sin embargo el sábado 5 y el domingo 6 pudimos ver en las calles de la patria, razones para sentir que la lucha sigue. A pesar de todos los pesares, el pueblo salió a la calle a mostrar, por todos los medios, que por encima de la estupidez de sus dirigentes y de la guerra de la derecha, las dos derechas, va a seguir luchando por mantener vivo a Chávez y a todos sus sueños. Y fue una demostración contundente y esperanzadora, a pesar de ese poco de arribistas que a última hora tratan de encaramarse encima del pueblo y hasta de Chávez mismo.

Todo parece mostrar que la lucha sigue. Todo señala de nuevo, que Chávez continuara dirigiendo este proceso y que cualquiera sea el nivel o la forma de la lucha, existe un pueblo dispuesto a seguirlo acompañando.

Y eso hace que el silencio del 5 de marzo, comience a convertirse, otra vez, en grito de pueblo.

* Es importante entender que no toda “izquierda” es izquierda. Es decir hay “izquierdas definitivamente de derecha. Pero es igualmente necesario recalcar que no toda izquierda es “izquierdismo”.

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