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El Chávez desconocido: lo que se ha olvidado en tres años

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Después de su muerte, se lo intenta convertir en un icono inofensivo, canonizarlo, por decirlo así, rodear su nombre de una cierta aureola de gloria para “consolar” y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola...

Así, palabras más palabras menos, escribió Lenin sobre la transformación del legado de Marx. Pero las líneas citadas cuadran casi perfectamente con la reinterpretación del legado de Chávez. En estos tres años la forma en la que se representa a Chávez ha sufrido grandes vicisitudes: el hombre que estudió, se informó, aprendió y erró (para luego avanzar), se ha convertido en mero padrino de grandes obras, un autor de palabras sin contexto, un caudillo venezolano más.

La transformación es tan grande en el imaginario que hoy podemos hablar de un “Chávez desconocido” para referirnos al Chávez original: el hombre que rebasó esta imagen desdentada y falsa. A continuación ofrecemos algunos apuntes hacia una semblanza verdadera de Hugo Chávez:

1. Chávez fue un hombre esencialmente sosegado, diáfano y agudo en su hablar y actuar. ¿Quién recuerda, por ejemplo, que en el 95% de sus discursos, el espíritu era de profunda tranquilidad y en clave reflexiva? No gritaba ni comerciaba con consignas vacías. Más bien este hombre de inteligencia aguda analizaba, descifraba la realidad y la exponía con mucha candidez.

2. Chávez se informó y estudiaba con mucha entrega. ¿Quién recuerda la voracidad con la que Chávez investigó sobre todo tema de relevancia? Hace un par de años me topé en los Pirineos con un militar holandés que había compartido un vuelo con Chávez. Me contó que el Comandante le había interrogado incesantemente sobre las posesiones de los Países Bajos en el Caribe, pidiéndole todo tipo de detalles... También Chávez leyó –no sólo los libros de Chomsky, Galeano y Mészáros entre otros– sino informes, diagnósticos y dossiers.

3. Chávez erraba a menudo. ¿Quién recuerda que no sólo acertaba sino que también se equivocó? Comprendió mejor que nadie lo dicho por Napoleón “on s'engage et puis... on voit” (entablemos combate... y luego veremos). El coraje de cometer errores es imprescindible en nuestro complejo mundo, un mundo en el que las soluciones no saltan a la vista sino después de los primeros pasos. El dirigente que no se atreve a cometer errores cae en la inacción y se lo traga la lógica dominante.

4. Chávez no era un representante del Chavismo sino su piedra en el zapato y en ocasiones su flagelo. ¿Quién recuerda las múltiples ocasiones en las que Chávez sorprendió y sacó de quicio no sólo a la derecha sino también a la izquierda? Lo hizo aceptando el reto del referéndum de 2004, con el giro discursivo al socialismo en 2005 y con la convocatoria a la formación del partido. Por lo tanto, podemos afirmar que Chávez no era parte del Chavismo, sino que fue su látigo, incluso su némesis.

5. Chávez no creía en la historia sino en el destino (en el destino que se forja humanamente). Ciertamente Chávez –como los historiadores– jurungaba en el pasado, pero su objetivo fue desprender figuras y momentos del continuum histórico, poniéndolos en un esquema suprahistórico. Así construyó una constelación conceptual con muchos vértices que no se limitó a Bolívar, Zamora, Cipriano Castro, etc., sino que incorporó sus proyectos incompletos. Según la mirada arcaica pero revolucionaria del Comandante, este esquema antihistórico tuvo que cumplirse. Oponerse a la historia, vengarse de ella –en lugar de someterse a sus corrientes y procesos como hacen los progresistas– era gran parte de su genio.

6. Chávez dejó de existir. ¿Quién recuerda y reconoce que Chávez era mortal? La grandeza del ser humano es morir... tras haber realizado un aporte al proyecto humano, así pagando su tributo a la humanidad. No hay mejor evasión al encuentro necesario con lo que fue e hizo Chávez –su verdadera grandeza– y la responsabilidad revolucionaria que se desprende de nuestra cita con él, que quedar satisfecho con el Chávez que está presente como icono, como imagen y como consigna vacía.

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