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Venezuela: El Pan como arma

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Allan 6

Compartimos el análisis de la situación política, económica y social que vivimos en Venezuela, que realiza un compañero comunicador y fotógrafo proveniente de Costa Rica, durante su paso por Venezuela:

Cuando el 12 de Julio de 2016 el City Bank de los Estados Unidos anunció que cancelaría las cuentas de pago del Banco Central de Venezuela y del Banco de Venezuela, a través de las cuales ese país salda sus obligaciones con el resto del mundo, la derecha internacional asestaba un golpe más en la lógica de la guerra no convencional contra el país bolivariano. Y esa vuelta de rosca no se daba en el aire: seis días antes del anuncio del banco norteamericano, la Cámara de representantes de los Estados Unidos extendía hasta el 2019 las sanciones contra funcionarios del gobierno de Venezuela; dos días antes del anuncio, los presidentes de Estados Unidos y España, Barack Obama y Mariano Rajoy, se reunían para conversar y dar declaraciones a la prensa sobre la enorme preocupación que tienen por Venezuela; y apenas un día antes del anuncio del City Bank, una de las responsables del desabastecimiento de toallas femeninas, pañales para bebé y papel higiénico que afecta a la población venezolana, la transnacional Kimberly Clark, anunciaba el cese de sus operaciones “por falta de materia prima”.

Todo se entrelaza en el teatro de operaciones de la guerra no convencional que se libra en Venezuela, y las mega corporaciones mediáticas, abiertamente hostiles al proyecto chavista, dan luz y sombra al conflicto, menos luz y más sombra, haciéndonos llegar unas informaciones y otras no, tergiversando, ocultando, omitiendo y dando por sentada una versión de los acontecimientos, validando así a una de las partes y satanizando a la otra. Y cuentan para ello con un nada despreciable poder de fuego.

La guerra económica: punta de lanza de la estrategia de una oposición golpista

La guerra económica en Venezuela es una realidad compleja y sus batallas se libran sin dar treguas, en lo macro y en lo micro, todos los días. Está diseñada para afectar fundamentalmente a los sectores populares y de clase media, que son la base de apoyo social del chavismo. No es el único problema ni el único frente de la guerra no convencional, pero es uno de los principales, de los más tangibles, debido al efecto psicológico y económico, cotidiano e inmediato, que tiene para las familias venezolanas.

Se trata, para decirlo en sencillo, de una estrategia que pretende “quitarle el agua al pez”, usando el lenguaje de los viejos halcones contrainsurgentes norteamericanos. Algo similar a lo que hicieron esos mismos halcones contra la Nicaragua sandinista de los 80, pero esta vez sin balas. El objetivo es obligar al chavismo a ir a los próximos procesos electorales con una masa de votantes desmoralizados, desgastados y en condiciones económicas asfixiantes, eso si el país no estalla antes y el régimen solito se derrumba, según la lógica de guerra Gene Sharp.

En lo micro, hay dos aspectos de la guerra económica que se combinan de manera perversa: por un lado el acaparamiento y desvío de productos de necesidad básica por parte de productores privados, transnacionales, empresarios y comerciantes, que controlan las principales redes de distribución y que en algunos casos reciben el apoyo cómplice de funcionarios corruptos; y por otro lado la especulación obscena e injustificable con los precios de los productos de mayor necesidad, esto por parte de bachaqueros de a pie o de gruesa billetera. Ambas son tácticas criminales que deterioran adrede la calidad de vida del pueblo venezolano.

La guerra económica no es una cosa nueva, ya desde que Chávez llegó al poder fue utilizada para acompañar todos los intentos golpistas de la derecha, sin embargo nunca antes había sido tan intensa y tan extensa. Hay análisis muy buenos y clarificadores escritos, entre otros autores, por el Profesor Luis Britto García o por la Dra. Pascualina Cursio Cursio, y que pueden ayudar mucho a comprender pormenorizadamente la forma y los efectos de la guerra económica. Yo quiero, por mi parte, contarles un poco de lo que vi durante mi experiencia en Venezuela: el semestre más difícil de la historia contemporánea en ese país.

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Harina pan opositora. Uno de los principales platillos en la mesa venezolana son las arepas, que tradicionalmente se hacían de maíz. Con el tiempo esa harina fue sustituida por harina procesada, cuyo empaquetamiento y distribución está en manos de Empresas Polar, perteneciente a la familia Mendoza. Sobra decir que la harina pan fue uno de los primeros productos en desaparecer de los comercios y re aparecer en manos de bachaqueros, a precios exorbitantes. En la foto: una mujer opositora muestra una harina pan bachaqueada.

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El pan como arma. El alimento y los artículos de uso cotidiano se convirtieron en instrumentos de chantaje y armas políticas para la guerra económica. Es bastante usual encontrar referencias a esa realidad en las marchas opositoras. En la foto: un opositor muestra una pancarta durante una concentración convocada por Henrique Capriles Radonski frente a la sede de los Tribunales de Justicia en Chacao, este de Caracas.


El pan como arma

Una de las primeras cosas que noté al instalarme a vivir en Caracas a principios de 2016, fue que conforme las personas trataban de ajustar la dieta a las dificultades para conseguir tal o cual producto, las alternativas comenzaban poco a poco a desaparecer de los negocios y a re aparecer en manos de “bachaqueros”, a precios desproporcionados. Lo que se conseguía en 500 Bolívares, como el medio cartón de huevos cuando yo llegué, por arte de alguna magia extraña de una mano invisible, dos meses más tarde y sin explicación lógica costaba casi 2000 Bolívares. Eso a pesar de que el precio regulado por el gobierno es de 400 Bolívares. Especulación pura, dura y descarada. Mientras que en los medios se decía que en Venezuela no había huevos, debido a la escasez, las torres de cartones de huevos en las esquinas de Caracas le daban un surrealista toque pueblerino a esa ciudad de 7 millones de habitantes.

Yo le compré huevos a vendedores de medias, a unos tipos que vendían cables para celulares, a vendedoras de frutas, a un vendedor de tamales mejicanos (y esos estaban podridos), a una vendedora de agujas y baratijas chinas, y vi huevos que jode por toda la ciudad, a las salidas del metro, en los alrededores de los mercados, debajo de los elevados y pasarelas (allá le dicen elevados a los puentes y pasarelas a los puentes peatonales).

Otro ejemplo de lo que atestigüé: cuando la gente buscó el pan blanco para sustituir las arepas comenzaron a disminuir la cantidad, calidad y tamaño de los panes en las panaderías, al tiempo que subieron gradual y misteriosamente de precio. Los dueños de los negocios empezaron a racionar la cantidad de panes que se podían vender por persona y a establecer horarios arbitrarios para que la gente tuviera que hacer colas, jugando con el tiempo, la paciencia y la tranquilidad psicológica de los consumidores. En una panadería allá por La Candelaria un señor me dijo, aflijido y mostrándome dos canillas tan flacas como las suyas: “con lo que antes yo hacía mercado y me sobraba dinero ahora solo me alcanza para estos panes”. No pocas veces topé con letreros de “No hay pan por falta de harina” o escuché a los dueños de esas panaderías, y también a algunos de sus empleados, repetir en voz alta peroratas en contra del gobierno y a favor del revocatorio, y decir cosas como: “no hay pan… pero tenemos patria”. Lo irónico era que en todas las panaderías que frecuenté, sin excepción, los anaqueles estaban repletos de todo tipo de panes y bocadillos dulces, con mermeladas y arequipe (dulce de leche), crema pastelera y ese polvito blanco azucarado que en Costa Rica también le ponen por encima a las reposterías. Claro: cada pedacito de esos tenía el precio de uno y a veces hasta dos panes blancos, campesino o canilla. ¿Y esa harina y ese azúcar (otro de los productos que “escasean”)? Para hacer clavos de oro si tenían materia prima.

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CLAP. Lorenzo Mendoza, dueño de Empresas Polar, es considerado por los chavistas como “el bachaquero mayor” debido al papel que su empresa juega en la guerra económica que sufren las familias venezolanas. En la foto: una mujer chavista muestra una pancarta en respaldo a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP).

Los bachacos son zompopas

Para el lector costarricense podría ser útil saber que el término “bachaquero” se refiere a esas hormigas gordotas que cargan hojas que pesan más que ellas mismas, cuyas hileras, organizadas en ejército-plaga, van y vienen de desgraciarnos las matas del jardín, que las dejan en los puros chilillos porque esas son las hojas que llevan a sus espaldas. Si bien las hormigas zompopas son muy asombrosas y admirables, y lo del jardín podría calificarse de travesura, ya que de algo tienen que vivir las hormigas esas, los humanos que se han ganado la fama de ser bachacos, de “zompopear” o “bachaquear”, y “ganarse la vida” con la desgracia ajena, suelen ser despreciables. Lo que originalmente, hace años, comenzó siendo un problema de contrabando de extracción focalizado, principalmente en las zonas fronterizas, se generalizó y alcanzó a las ciudades principales de Venezuela en el marco de la guerra económica. Como cuando algún malvado se pone a torear un hormiguero, así se alborotó. Y los malvados que alborotaron el hormiguero de los bachacos se han beneficiado grandemente de los efectos de la plaga.

Imagínense que un día “desaparezcan” de los supermercados, abastecedores y pulperías de todo el país la masa rica, el aceite, la numar, los huevos, el arroz y los frijoles, la leche, los pañales, la pasta dental, el jabón, los desodorantes, las toallas sanitarias, el azúcar, el café, la salsa Lizano, y así todo lo que para un tico promedio es importante consumir y utilizar. Las maquinarias mediáticas, los dueños de las fabricas y de los negocios privados nos dirían sin duda que es por culpa de la escasez, pero imaginen que aunque esos productos “ya no hay”, uno los pudiera conseguir sin problemas con cualquiera de los miles de vendedores ambulantes de cualquiera de las esquinas de San José, ahí mismito al lado de los dvds, los guantes y las bufandas, pero al 1000% del precio que usted acostumbra pagar. Y el otro mes al 2000%, y el mes que viene al 3000%. Y así. Para eso sirven los bachaqueros. Y detrás de ellos hay toda una estructura que les acuerpa: hay bachacotes, hay bachaquitos, hay bachacos colorados y verdes y de todos los colores.

Imaginen también que de pronto la mortadela para la merienda del mocoso, el pescado, el mondongo tan rico en sopa, la carne molida para las tortas, los menudos de pollo y las pechugas para hacerse una sustancia, el queso Turrialba, las chuletas o los chicharrones, suban de precio y solo se consigan a precio de camarón jumbo premium.

Y a eso, que ya de por si es grave, agréguenle el proceso de “simplificación” en la producción que adoptaron las grandes empresas: de pronto no sacan paquetes de harina sino pacas de harina, no sacan paquetes de 1Kg sino de 3Kg o de 5Kg, no sacan shampoo en tamaño pequeño ni en burbuja sino solo tamaño grande, para que se vuelvan imposibles de pagar para la gente más humilde.

Supongan ustedes también que aparece un sitio web alojado en los Estados Unidos llamado “Dollar Today” y que se convierte en la referencia para definir el valor de los dólares con relación a nuestra moneda: oficialmente el tipo de cambio está entre los 545 y los 557 colones por dólar, pero imaginen que en ese sitio web se empiece a cotizar paralelamente a 3500 colones cada dólar.

Por último, consideren que la economía venezolana ha dependido hasta ahora fundamentalmente del ingreso petrolero y que, de manera inducida, el precio del barril se desplomó desde los $100 hasta llegar casi a los $20. Por hacer una comparación un tanto forzada, imaginemos que la llegada de turistas a Costa Rica caiga de 2 millones y medio de visitantes a menos de 200 mil visitantes en un año.

Eso, estimables lectores, es apenas una parte de lo que significa la guerra económica contra Venezuela.

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País de colas. El chavismo sigue considerando a Hugo Chávez como el comandante supremo y líder máximo de la revolución bolivariana y el Cuartel de la Montaña es un frecuentado sitio de peregrinaje popular. En la foto: decenas de personas esperan su turno para visitar “La Flor de los Cuatro Elementos”, lugar en que reposa el comandante, con motivo del tercer aniversario de su partida física.

 

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País de colas. En el marco de la guerra económica la oposición venezolana juega, por un lado, al deterioro de las condiciones de vida de la población con un eventual atajo a la violencia y, por otro lado, presiona por una salida electoral a través de mecanismos contemplados en la constitución bolivariana. En la foto: una joven opositora convoca a firmar para la activación del referendo revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro Moros.

Las colas

Ante ese escenario complejísimo, y para proteger el salario y el derecho de la gente a comprar a precio justo, el gobierno tomó algunas medidas desde el principio de las dificultades: decretó 2 aumentos salariales, del 20% en Marzo y del 30% en Mayo (y acaba de anunciar un tercer aumento salarial, esta vez del 50%, a partir del 1ero de Septiembre), reguló el precio de varios productos de la canasta básica familiar venezolana, después de establecer un margen razonable de ganancia para el productor y el vendedor, y estableció multas para quienes vendieran los productos a un precio mayor al establecido. Además de reforzar las tarjetas de misiones socialistas, para proteger a los sectores más vulnerables.

¿El origen de las colas? Cuando las mafias, sus cómplices y sus triquiñuelas no desvían todos los productos hacia las redes de bachaqueros, que ya vieron ustedes lo que hacen, o de contrabandistas, que sacan los productos y los venden en Curazao o Cúcuta, y no lo esconden todo, ni lo entierran, ni nada de eso que acostumbran hacer durante el proceso de distribución, entonces algunos productos llegan finalmente a los supermercados. Una vez ahí, ese supermercado está obligado a venderlos a precio regulado. Es decir, si un shampoo se consigue bachaqueado en 2500 Bolívares, en ese supermercado, ese día, se consigue en 70 Bolívares. Lo mismo con la leche en polvo (4000 Bolívares el kilo a precio de bachaquero), el arroz, la harina y la pasta (2500 Bolívares el kilo bachaqueado), el papel higiénico (2000 Bolívares “bachacos way”) o la mantequilla (2200 Bolívares la pequeña, a lo bachaco), que en precio regulado andan entre los 200 y los 600 Bolívares como máximo. Resultado: largas colas, porque ni que la gente fuera tonta para ir a comprar por gusto adonde los bachaqueros.Yo vi, en todo caso, como en algunos supermercados en donde normalmente había 10 cajeros solo trabajaban 3 o 4 el día de venta de productos regulados.

Lo siguiente que sucedió fue que los bachaqueros, agresivos como las hormigas cuando uno las torea, a veces incluso pistola en mano, se empezaron a adueñar de las colas, con la complicidad de los dueños de los negocios y de algunos policías y guardias nacionales corrompidos. Esas colas llegaron a ser muy largas y fastidiosas, especialmente durante los meses de mayo y junio del 2016, y potencialmente explosivas, además. Hay que ver lo que es salir a donde hay 200 metros de gente bien asoleada esperando para comprar a decirles que ya se agotaron las existencias. Ojala que se hayan dado cuenta de las matráfulas de los bachaqueros… la gente se arrecha.

En esas colas se desencadenaron decenas de conatos de violencia por parte de grupos de bachaqueros y/o provocadores bien organizados, buscando que en algún chispazo la pólvora acumulada de la insatisfacción estallara. Y no estalló: la gente, según mi percepción, no quiso y no quiere prestarse para una agenda violenta. El pueblo venezolano que enfrenta las dificultades de hoy no es el mismo que se rebeló en 1989. Hay mucha más educación y entendimiento político de lo que está sucediendo. Y las características de la crisis y del gobierno actual, en comparación a la que originó el caracazo y al gobierno de Carlos Andrés Pérez, son muy diferentes.

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Pobladores. El primer semestre del año 2016 estuvo marcado por una gran dificultad económica, en buena parte inducida por factores contrarios a la revolución, que tuvo su peor momento durante el mes de mayo. En ese mismo periodo de tiempo las calles de Caracas se desbordaron de participación política. Tanto la oposición como el chavismo fueron protagonistas de numerosas movilizaciones, concentraciones y actividades diversas, a favor o en contra del gobierno, ejerciendo de esa manera sus derechos democráticos. En la foto: el movimiento de pobladores, organización de base chavista, se moviliza hacia el palacio presidencial de Miraflores, al oeste de Caracas.

El contra ataque y las alternativas: dibujar un horizonte de esperanza

El gobierno chavista vio en la guerra económica y en la caída inducida del precio del petróleo una oportunidad para superar el rentismo petrolero. Se pusieron a caminar 14 motores económicos (hidrocarburos, petroquímica, agroalimentario, minería, telecomunicaciones e informática, construcción, industria, industria militar, turismo, forestal, comunal y social, banca y finanzas, exportaciones y nuevas fuentes de divisas), se avanzaron importantes planes y alianzas con sectores del empresariado nacional no golpista, se lanzó la “Operación Gorgojo” contra la corrupción a lo interno de las instituciones estatales, se crearon los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) para reducir las colas y golpear el bachaquerismo, y recientemente se puso en marcha la Gran Misión Abastecimiento Soberano, que implica la custodia de toda la cadena de distribución desde los puertos, fronteras y aeropuertos del país, así como la fiscalización de la producción en las industrias y fábricas. Se ha fortalecido también el trabajo de la Superintendencia de Precios Justos (SUNDDE), que lanza operativos constantes contra la especulación y el acaparamiento. Todas esas medidas acompañadas por una estrategia de constante movilización en las calles.

Con un chavismo reorganizándose y al contra ataque, que mantiene la iniciativa en la arena política y diplomática, que continúa ganando en el terreno de la movilización, que poco a poco logra dar algunas señales alentadoras como la disminución de las colas, el re aparecimiento de algunos productos en los anaqueles, así como la mejoría en la producción y distribución de alimentos, la consigna opositora y norteamericana parece ser el recrudecimiento del sabotaje y la desestabilización en todos los frentes: no permitir una recuperación.

Al escribir estas líneas la guerra económica sigue y se intensifica con golpes importantes de parte y parte: tan solo de Junio a Julio de 2016 el kilo de caraotas en manos de bachaqueros pasó de 1700 Bolívares, que ya era muy caro, a 5mil Bolívares (duro golpe al bolsillo de los sectores populares). En el mes de Julio se han incautado toneladas de alimentos acaparados y escondidos, como en el caso de la empresa Dilaprat Rey del Pan C.A, en Táchira, la cual se negaba a vender pan “por falta de harina” y a la cual se le encontraron más de 12 toneladas de harina de trigo panadera que tenían escondidas y vendían clandestinamente a 75mil bolívares el saco vía internet, un precio exorbitante pero pagable para los sectores adinerados del país o para las mafias del bachaqueo (duro golpe a los especuladores). Las piezas del ajedrez, ya ven ustedes, se continúan moviendo.

Hay muchos ejemplos más. El último que les comparto, a modo de cierre, es el de las instalaciones de la transnacional kimberly Clark. Estas fueron finalmente puestas en manos de sus trabajadores, quienes con el apoyo estatal trabajan ahora a toda máquina para producir millones de toallas, pañales y papel toilette, con los cuales abastecer a un pueblo arrecho que ha resistido a tres años de una feroz guerra de nuevo tipo echándole bolas, como se lo juraron a Chávez aquel 5 de Marzo del año 2013.

 

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