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Medio pan y un libro: la edición pública en la Venezuela de hoy / Entrevista a Giordana García Sojo

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La guerra económica no solo debe ser entendida como un conjunto de prácticas (especulación, acaparamiento, bachaqueo, etc.) orientadas a derrocar el gobierno nacional. El fin último de esta guerra es imponer las condiciones para la privatización y concentración de la riqueza pública y nacional en manos de grupos monopólicos, transnacionalizados, mafiosos y especulativos, que son los principales agentes de la violencia económica. Para lograr este fin es necesario cambiar el modo de pensar y sentir de la población para que apoye políticas privatizadoras, elitistas y exclusivas. Por tal motivo uno de los blancos de ataque son las acciones públicas que han sido exitosas en cuanto a inclusión social. Dentro de estas políticas no solo destacan las que han garantizado derechos básicos, sino también aquellas no menos fundamentales que permiten el empoderamiento de las potencias creadoras del pueblo, como es el caso de las políticas editoriales y de promoción del libro y la lectura que viene desarrollando desde sus inicios la revolución bolivariana. Como se comprenderá fácilmente, no se trata de una cuestión menor, puesto que lo que está en juego es la posibilidad de combatir en el plano de las ideas y la creación de discursos.

En parte porque creemos necesario reivindicar los logros que la revolución ha conquistado en materia editorial y de publicaciones, y en parte porque nos parece imprescindible esclarecer cómo es que la guerra económica trata de acabar con la idea de lo público, el equipo de 15 y último entrevistó a Giordana García Sojo, presidenta de uno de los proyectos bandera, en términos de inclusión, del comandante Chávez y ahora del presidente Nicolás Maduro: la Fundación Editorial El perro y la rana.

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¿Qué es lo qué distingue a El perro y la rana de las editoriales privadas, grandes transnacionales en particular y por otra parte, de las otras editoriales públicas?

El perro y la rana nace entre los años 2005 y 2006, momento de consolidación en Venezuela de una política cultural inclusiva y masificadora del acceso a los bienes culturales. Durante décadas fue muy restringido no solo el acceso a los libros sino el acceso a editar obras. Allí el rol de El perro y la rana: bajar de la nube elitista y academicista el mundo editorial, traerlo a tierra, llenarlo de mundanidad si se quiere. Comienza a formarse un catálogo amplísimo de voces antes ignoradas, pero no por ello silentes: cronistas populares, historiadores locales, decimistas, poetas, narradores y dramaturgos; todos los géneros, tanto tradicionales como híbridos o emergentes, se encontraron en esta especie de ebullición editorial que recogió El perro y la rana. Hoy son más de 4.000 títulos.

La vocación inclusiva de El perro y la rana no solo se refiere a las nuevas voces, también se concentra en un trabajo exhaustivo de investigación para incluir a aquellos autores y textos invisibilizados, perseguidos y censurados por los regímenes anteriores al chavismo. Tenemos así la aparición de ediciones de libros que antes era imposible encontrar, como las Falsas, maliciosas y escandalosas reflexiones de un ñángara de Alí Gómez García, el libro Mártires de la liberación y el socialismo que recoge testimonios de los presos del Cuartel San Carlos, las Notas políticas de Alfredo Maneiro, El pabellón de los rojos: memorias de la cárcel de Pedro A. Calzadilla, La guerra de pueblo de Fabricio Ojeda, Crónicas de la rebeldía y el saber popular de Fruto Vivas, Cuatro años bajo la media luna de Rafael de Nogales Méndez, entre muchos otros. De igual manera sucedió con la poesía y otros géneros literarios; fueron incluidos escritores antes soslayados o simplemente ignorados: Hugo Fernández Oviol, Jesús Enrique Guédez, Efraín Hurtado, El Caimán de Sanare, César Suppini, José Roberto Duque, Roger Herrera y muchos más. Asimismo, El perro y la rana se ha transformado en una ventana para las nuevas voces, que han encontrado en su talante inclusivo la oportunidad de hacer su primera publicación. De allí escritores interesantísimos como Antonio Robles, Daniela Saidman o Tibisay Rodríguez, por citar unos pocos ejemplos. Incluso a través del concurso masivo que le dio origen a la Editorial El perro y la rana: gracias al Certamen Mayor de las Letras y de las Artes, se dieron a conocer autores que hoy tienen una trayectoria literaria importante, como Gustavo Valle, Luis Laya o Fedosy Santaella. También se han publicado autores consagrados e incluso considerados “clásicos”, tanto a nivel nacional como internacional, con el claro objetivo de hacerlos accesibles a más lectores.

Temáticamente se han investigado y publicado textos que tratan campos antes tímidamente editados, como la desigualdad y lucha de género, los saberes indígenas, las tecnologías populares, las luchas afrodescendientes, la pedagogía popular, entre otros. Y se ha publicado un importante número, al menos el 25% del catálogo general, de libros para niñas y niños.

Digamos que la Editorial El perro y la rana vino a subvertir el aparato legitimador del canon manejado por la intelectualidad europeizada o cosida a un criollismo de hato, y desplegó con fuerza una polifonía de voces otras, tanto consolidadas como emergentes, conformando un nuevo panorama de la literatura en nuestro país, un panorama crítico, historizado y profundamente popular. Además de consolidar un público lector permanentemente ávido de más y mejores publicaciones.

¿Cómo ha afectado la guerra económica la producción de libros y el trabajo de la editorial?

La guerra económica en Venezuela comenzó en el año 2001, cuando el presidente Chávez sanciona las llamada “leyes habilitantes”, de las cuales no le perdonaron la Ley de Tierras, la Ley de Hidrocarburos y la Ley de Pesca. Las clases dominantes siempre han perseguido todo intento de reforma agraria y si además viene acompañada de la verdadera nacionalización del recurso más lucrativo que han tenido desde principios del siglo XX, pues era de esperarse que se lanzaran un golpe de Estado y todo un entramado de guerra permanente. Luego de la muerte (¿asesinato?) de Chávez y la caída internacional del precio del petróleo, no sorprende que sigan profundizando el asedio. Sin embargo, es mucho lo que hemos logrado en estos años, lo que pasa es que solemos “naturalizarlo”, tendemos a perder muy rápidamente la capacidad de asombrarnos de nuestros propios logros, pero construir y consolidar políticas culturales que hagan del libro un bien cotidiano y que conviertan en un derecho publicar, es una realidad que se ha tornado irreversible, pues aunque efectivamente hay una crisis mundial –subrayo que es mundial– de producción de papel y otros insumos gráficos, en Venezuela no hemos parado de hacer ferias del libro, convocar premios de literatura, ofrecer talleres de escritura y de editar libros físicos y digitales, esto último, una alternativa que los tiempos arrojan y que estamos desarrollando cada vez con más fuerza.

También, por supuesto, hacemos la reflexión crítica sobre la necesidad de implementar con mayor fuerza una campaña audaz de lectura y de superar la dependencia a los rubros importados del sector gráfico: planchas, tintas y papel. Pero hoy, en medio de la fase más aguda de la guerra, Venezuela sigue siendo un país de lectores y lectoras, de voces emergentes y de investigaciones abiertas sobre nuestras identidades escriturales. La publicación de tantos autores, antes olvidados o explícitamente ignorados, ha generado una conciencia crítica y un constante cuestionamiento que inquiere incluso al discurso del gobierno. Creo que hoy el pueblo es menos conformista, es más rebelde, y eso en parte se debe al acceso al conocimiento.

¿Cuál puede ser el papel del mundo editorial público en la guerra económica?

Ante el secuestro de las editoriales por los mercaderes transnacionales, se hace cada vez más urgente rescatar el rol del editor o editora como sujetos que investiguen, seleccionen y ordenen la información según criterios que busquen colocar al alcance de las mayorías el conocimiento y la sensibilidad. En circunstancias críticas este rol se hace más importante, pues socava, así sea en faena de hormiga, el aparato legitimador de sentido común: los grandes medios. Las editoriales públicas, la editoriales privadas pero con un sentido autónomo de emisión de discursos, las editoriales alternativas e independientes, deben seguir produciendo contenidos, en papel o en pantalla, en el tradicional formato libro o en volantes, revistas y fanzines. O simplemente promoviendo encuentros de cultores, poetas, cronistas, narradores. El libro es su contenido, y todo contenido proviene de un ser humano que lo trabaja. Creo profundamente en la oralidad, en ella se encuentran muchos de los saberes que debemos investigar y tratar de registrar para que otros puedan conocerlos, allí radica la importancia de editar: encontrar fuentes verídicas de saberes y trabajarlas de manera que estén a la disposición de todos y todas. Es un trabajo hermoso, pero lleva tiempo. En 10 años apenas hemos comenzado, pero con una fuerza inusitada. De hecho, la Editorial El perro y la rana se ha convertido en una escuela de edición, pues muchos de los que han pasado por sus predios hoy dirigen fondos editoriales de instituciones públicas o privadas, o han abierto nuevas editoriales independientes.

¿Crees que está vigente para Venezuela la consigna de Lorca “Medio pan y un libro”?

Siempre. Se han dicho muchas frases agudas en ese sentido. Lorca alertaba del error de colocar por encima de las necesidades culturales las necesidades económicas, por ello insiste en que: “todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan”. Es un error terrible y muy propio del desprecio de las clase altas por el pueblo subestimar a la gente, reducirnos al “pan y circo”. El ser humano necesita no el “circo”, según la idea despectiva de la frase romana, pero sí el horizonte, la ruta que se traza cuando comprendemos la realidad que nos circunda, cuando comprendemos a otras y a otros, cuando esos otros nos ayudan a comprendernos a nosotros mismos, así aparezcan nuevas dudas y nuevas hambres. Esa comprensión del mundo externo e interno es el conocimiento, en toda su diversidad, complejidad y belleza. Medio pan y un libro, sí, yo diría hoy: alimento y conocimiento para avanzar hacia un mejor futuro, pues sin saberes no podremos proveernos nosotros mismos de alimentos, no podremos superar jamás la dependencia, en ello la lectura y los libros, sea cual sea su soporte, tienen un rol fundamental.

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