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Lecturas Necesarias: Filosofía de la Comunicación de Fernando Buen Abad Domínguez

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Tatuy Tv pone a disposición del lector de nuestro portal, y de todos aquellos compañeros Militantes de la Comunicación, la versión digital de este necesario libro, que forma parte de la Biblioteca que alojamos en nuestro portal web, y que busca compilar todos aquellos textos, que en materia de Comunicación, recomendamos para nutrir de ideas, conceptos y argumentos a quienes luchan por una comunicación para la emancipación, coherente con los principios del proyecto político que construimos y defendemos: el Socialismo.

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La batalla de la izquierda y las redes sociales

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pascual serrano

Las nuevas tecnologías, internet, las redes sociales han llegado a la ciudadanía con una aureola de democratización, participación e igualitarismo que conllevó una fascinación progresista unida a la ya de por sí inherente de la tecnológica. No solamente se trataba de aparatitos, formatos y soportes fascinantes tecnológicamente -como toda tecnología innovadora-, sino que además resultaban -en tanto que igualitarias y baratas- libertadoras en la medida en que parecía que rompían el monopolio de la difusión de los grandes grupos de comunicación y las grandes empresas. No se podía pedir más. No negaremos que parte de todo esto es verdad, pero no basta con esa conclusión, existen muchos más elementos en torno a las nuevas tecnologías de los que debemos estar alertados y preparados; y es necesario poner en tela de juicio ese mito progresista respecto al nuevo fenómeno comunicacional.

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Declaración urgente por una nueva comunicación

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Ante las miserias de El País y la prensa corporativa, construyamos una respuesta desde los pueblos

En las últimas horas, un nuevo escándalo sacude a uno de los principales medios corporativos del mundo. Esta vez el protagonista es el diario El País, de España, que en un nuevo ataque al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, publicó en portada una falsa foto del presidente, supuestamente entubado en el hospital.

El hecho es lamentable porque, aun en el caso de que hubiera sido cierta, se trata de una grave violación a la privacidad de las personas. Pero estas empresas de información no tienen límites. Con tal de desarrollar sus campañas de intereses, como históricamente contra Cuba, como desde hace años contra Venezuela, no reparan en absolutamente ningún principio. Ni siquiera en el papelón gigantesco que pueden llegar a protagonizar comprando una foto de ese tipo. No importa la verdad, sino instalar sus opiniones, vestidos de noticia.

El ataque a Chávez, en verdad, no es un ataque a un hombre público que está pasando un momento delicado de salud; o no sólo -y no principalmente- es eso.

Es el ataque a un pueblo, a un sistema institucional, al intento de un país latinoamericano por romper la dependencia y la opresión de los poderosos. Es un ataque a la comunicación popular, que pone sobre la mesa las miserias de una prensa donde las opiniones tienen precio, donde todo se compra y se vende, desde un titular hasta una foto.

La prensa hegemónica es una prensa discriminatoria, pronta a construir estereotipos que atacan todo proceso de cambio social, criminalizan los movimientos sociales cosifican a la mujer, segregan a las personas por su opción sexual,  nacionalidad, cultura, y religión. Y a todo aquello que escape a las normas establecidas por los patrones del sistema. Un orden donde cada vez mayores crisis son generadas para obtener mayores ganancias, con las actividades que sean, desde la guerra y el tráfico -de personas, drogas o armas- hasta el manejo de información.

Este acontecimiento, por otra parte, viene a coronar un largo proceso de desgaste de la imagen de esta comunicación empresaria. Si hasta hace pocos años, los medios burgueses se presentaban a sí mismos como un parámetro de objetividad e imparcialidad, y podían hacerlo porque el público lo creía, a esta altura esa ficción ya casi nadie la cree.

Un desafío en nuestras manos

A fuerza de traspiés como el de El País, poco a poco ha ido quedando al descubierto que cada medio tiene sus intereses, no sólo porque naturalmente tienen una ideología, que es la de los dueños y editores del medio, sino porque en el caso de las grandes empresas privadas de comunicación, se trata de conglomerados empresariales con fuertes vínculos con otras empresas. Hablemos claro: se trata de los aparatos ideológico-culturales más importantes que tienen las empresas y los gobiernos del capitalismo para instalar sus ideas como si fueran de toda la sociedad. En nuestra América, estamos hablando, entre otros, de grupos empresarios como Televisa en México, O Globo en Brasil, ABC Color en Paraguay, El Mercurio en Chile, El Tiempo en Colombia, Globovisión en Venezuela, Grupo Clarín y La Nación en Argentina, articulados convenientemente con compañías como El Nuevo Herald desde Miami, o El País y ABC desde el Estado español.

Esta situación, entonces, es al mismo tiempo una oportunidad. La debacle de la prensa burguesa, que expresan episodios como el de El País, aunque no sólo estos, nos tiene que impulsar en la construcción de más y mejores herramientas de comunicación, capaces de superar el paradigma capitalista de la comunicación, que aunque en crisis, todavía es hegemónico.

Debemos seguir multiplicando nuestros esfuerzos por generar, desde el mismo pueblo, otra comunicación, que ponga en primer plano los intereses, problemas, logros y desafíos de toda la sociedad.

En esta guerra de cuarta generación, la articulación de proyectos de comunicación popular es una necesidad estratégica.

Para poner de relieve una forma de comunicar que subvierta las normas comerciales de esa vieja comunicación empresaria que es preciso superar:

- Una comunicación que parta de las necesidades y expectativas de las comunidades: de sus realidades sociales, económicas, políticas y culturales.

- Una comunicación que no manipule la verdad, sino que respete las fuentes y el público destinatario. Que no se vista de objetividad y neutralidad, porque tal cosa no existe, sino que se posicione desde los intereses populares con fidelidad a los hechos verdaderos. La mejor forma de acercarse a la objetividad, la más honesta, es asumir la propia subjetividad en la producción, edición y distribución de sentidos.

- Una comunicación, en fin, que no esté disponible para ser comprada y vendida como cualquier mercancía, sino que sea arma en la batalla por una nueva sociedad, sin explotadores ni explotados.

- Una comunicación diversa y plural, que apueste por la integración de los movimientos populares, que pueda proyectar otra vida, en un mundo cada vez más en peligro de colapso, a causa del capitalismo.

Teniendo en cuenta la proximidad de la Cumbre de la CELAC de Santiago de Chile, convocamos también a los y las presidentes y representantes de los Estados allí reunidos, no sólo a pronunciarse contra las agresiones mediática a los proceso de cambio en curso en nuestro continente, que diariamente se reiteran desde la prensa capitalista, sino fundamentalmente a implementar políticas públicas que fortalezcan iniciativas comunicacionales democráticas y participativas.

Convocamos también a las y los participantes de la Cumbre de los Pueblos a pronunciarse en este sentido. Y sobre todo, convocamos a la sociedad en general, y a los proyectos de comunicación popular en particular, a amplificar este debate y unir esfuerzos, con estos objetivos:

- Continuar construyendo ampliamente, en forma colectiva, procesos que den como resultado la sanción de nuevas normativas democratizadoras de la comunicación, así como la implementación efectiva de las legislaciones existentes en este sentido.

- Fortalecer vínculos y avanzar en la articulación de los emprendimientos comunicacionales de los pueblos.

- Construir una agenda común, vinculada a las necesidades, apuestas y desafíos de nuestras realidades profundas.

- Fortalecer herramientas que permitan elaborar propuestas y respuestas cada vez más coordinadas en materia de comunicación participativa y con protagonismo popular.

-Defender los procesos de independencia y soberanía que libre y democráticamente desarrollan los pueblos nuestro continente.

Caracas, 24 de enero de 2013.

Para adhesiones, escribir a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Primeras firmas:

- ALBA TV (www.albatv.org)

- Fernando Buen Abad - Filósofo de la Comunicación

- Radio Mundo Real

- Tatuy Televisión - Mérida República Bolivariana de Venezuela

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Tareas en Comunicación Por: Fernando Buen Abad Domínguez

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"La primera de todas las fuerzas es la opinión pública".

Simón Bolívar (1° de noviembre de 1817).

Tras la victoria perfecta, la autocrítica y el proyecto para la etapa naciente. En materia de Comunicación, un clamor nacional recorre cada rincón. Quedó claro que todos los avances, logrados por el Gobierno Bolivariano, son aún insuficientes para acompañar la dinámica de una Revolución que abre horizontes permanentemente. El desarrollo es desigual y combinado.

La etapa actual exige estrategias y medios de comunicación emancipadores, con agendas propias, capaces de enfrentar las debilidades políticas que restan visibilidad a los logros y que impiden fortalecer la organización y la movilización social. Necesitamos una gran Revolución Comunicacional. Salir de los estereotipos y de los acartonamientos; necesitamos revolucionar las metodologías del relato comunicacional y necesitamos ganar terreno a una estética revolucionaria capaz de orientarse a partir de la ética.

Está claro que el modelo que se ha seguido, hasta ahora, no ha sido capaz de ofrecer respuestas. Está claro que es necesario reconocer nuestras zonas ciegas y nuestras debilidades teóricas y prácticas; está claro que hay que iniciar una etapa nueva que salde lo que está pendiente y que avance hacia instancias superiores. No hay alternativa. No es tan imposible liberarse de los formatos inútiles.

Contamos con recursos, expertos, necesidades y tecnología suficientes para trazar un plan de corto plazo que dé resultados inmediatos y movilizadores. Está claro que lo que debe ser dicho y debe ser escuchado no pude quedar atrapado por la inoperancia ni por el descuido. La Revolución enfrenta una etapa exigente en sus retos ideológicos y las herramientas de comunicación deberán ser factor clave de las nuevas victorias perfectas. No su freno. ¿Nos  quedaremos callados?

(Correo del Orinoco 14 de octubre de 2012)

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México, D.F.

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Usos Delincuenciales de la Comunicación. Por Fernando Buen Abad Domínguez

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Son muchos los delitos “clásicos” a que nos tiene acostumbrados la impunidad, en los usos y abusos de la “comunicación”. Por ejemplo, la mentira planificada y la calumnia sistemática. El repertorio delincuencial en “comunicación” tiene sus fórmulas y protocolos muy rigurosos y se los emplea magistralmente cuando se trata de destruir, todo o en partes, al proletariado que lucha. ¡Cuánta falta nos hacen las fiscalías especializadas en delitos comunicacionales! Sin leyes burguesas.

El capitalismo aprendió, rápidamente, a garantizarse impunidad permanente para sus oleadas delictivas, usando “medios de comunicación”. Inventó, por ejemplo, su noción, siempre ambigua y siempre oscura, de “libertad de expresión” y además regimentó cuanta baratija ideológica fue útil para asegurarse “legalmente” el intocable imperio absurdo de la “propiedad privada”, incluso sobre las “ideas”.

Son campos de entrenamiento predilectos, para los delincuentes de la “comunicación”, todas las novedades tecnológicas y, especialmente, las más útiles para publicitar la marea infernal de mercancías que ya no saben dónde meter. A cuenta de su desesperación por vender y vender mienten, falsifican, exageran y defraudan a mansalva. Su crisis de sobre-producción los enloquece y entonces arremeten lo que sea al costo que sea. Y son tantas y tan frecuentes las andanadas de mentiras publicitarias que nos hemos acostumbrado a dejarlas pasar, por nuestra incapacidad de sancionarlas todas y porque, eso es lo peor, nos hemos acostumbrado a la impunidad que nos ha vuelto invisible su catarata delincuencial cotidiana.

No es el imperio de la “publicidad” el único reino de la delincuencia comunicacional. El campo de la “propaganda política”, incluidas todas sus mutaciones y degeneraciones, es un laboratorio costosísimo en el que se diseñan formas de la manipulación y del fraude, regidas por la lógica del utilitarismo más vulgar, regidas por el culto a la vanidad mercenaria y por el engaño como estética y moral de lo público. Hemos debido padecer las canalladas mediáticas más insolentes y absurdas, de la mano de tesis aberrantes y cínicas como las del mismísimo Paul Joseph Goebbels y sus muchos discípulos de ayer y hoy que, en el colmo de la impudicia, se aplauden y premian entre sí, internacionalmente.

La sanción de los delitos comunicacionales requiere de una corriente nueva de leyes, reglamentos y especialistas imbricados, interdisciplinariamente, con una diversidad de ciencias y técnicas de vanguardia: Sociología, Arte, Historia, Antropología… Semiótica, por ejemplo. Requerimos de espacios educativos populares, capaces de enseñar masivamente conceptos y métodos para la defensa de la integridad emocional e intelectual de los usuarios de los medios de comunicación. Requerimos de un espíritu revolucionario en materia de jurisprudencia y de justicia social. Requerimos de un sistema de sanciones, científicamente fundadas y consensuadas, que no sólo fortalezcan la libertad socialista de la expresión sino que, también, expandan la libertad socialista de la creatividad comunicacional emancipadora.

En una de sus expresiones, más descarnada, la delincuencia comunicacional galopante deja caer todo su peso patológico contra niños y niñas de todo el orbe. Son incontables las fechorías diarias cometidas en lo público y en lo privado, en las televisoras, en las radios, en la prensa escrita y en los “juegos digitales”… sólo la descarga de modelos y mensajes violentos, los crímenes, la sangre, las violaciones sexuales, los latrocinios espirituales e ideológicos que desfilan, sin control, ante los ojos de los niños y niñas, de todas las edades, de todos los países, de todas las culturas…es una monstruosidad demencial ante la que permanecemos, general y patéticamente, mudos y quietos. No es justo.

No pocas veces un hecho delictivo se expande e involucra no sólo a quien lo comete sino a quien lo presencia si se calla o se queda quieto. No pocas veces la comisión de un delito convierte en cómplices a los testigos mudos. Toda la izquierda y todos los militantes socialistas del planeta corremos el peligro de convertinos en cómplices si no accionamos lo que debemos, y lo que podamos, para combatir las oleadas delincuenciales del capitalismo que, usando “medios de comunicación” aplastan la dignidad, la inteligencia, los derechos fundamentales, los estados de ánimo y la educación de los pueblos.

Si es un delito cercenar la información, retacearla, regatearla, deformarla y convertirla en mercancía de la mentira, debe sancionarse formalmente. Si es delito pervertir la integridad intelectual de los niños y las niñas, debe sancionarse formalmente. Si es delito incitar a la violencia, esparcir discursos nazi-fascistas, aterrorizar a los pueblos y degradar la condición humana con mensajes esclavizantes y alienantes… debe sancionarse formalmente. ¿Quién asume la tarea? Del dicho al hecho.

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez

Universidad de la Filosofía

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Los Otros Delitos. Por Mariano Ali

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¿Tiene usted chaleco antibalas en su casa?, ¿Cree que amerita tenerlo mientras escucha, ve o lee los medios? Veamos este punto de vista un tanto embarazoso para algunos. Desactivar la violencia implica desconectarla primeramente desde lo simbólico. La violencia no es solamente física. Creemos que un acto violento se circunscribe exclusivamente en agredir a otra persona vulnerando su cuerpo; pensar así nos alejaría del análisis sobre la manipulación psicológica y los subterfugios muy bien administrados desde algunos medios para usar la violencia como estrategia de captación de audiencia, teleespectadores o lectores con fines lucrativos. Aún recuerdo como mis primeros jefes de redacción en el estado Zulia me decían “la sangre vende”, hecho este que no sólo está ubicado en una experiencia personal sino que lamentablemente representa la esencia de la política editorial de muchos medios que dicen ser éticos y garantes de la libertad de expresión. Tanto usted como yo, y peor, nuestros hijos, estamos sometidos a la violencia simbólica, la cual en parte puede ser definida como aquella que se diluye en la cantidad de mensajes que se transmiten como programas de “entretenimiento” pero donde lo que impera de verdad son asesinatos, violaciones, robos y falsos derroteros de ascenso social en los que se les induce a nuestros hijos al delito como único mecanismo para alcanzar a cualquier costo metas estrictamente materiales. Semanalmente los medios –ansiosos- difunden estadísticas sobre los delitos que se cometen el fin de semana; no obstante, nadie ofrece los datos sobre los asesinatos simbólicos que se ejecutan diariamente en el interior de nuestros hogares.

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