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Los Otros Delitos. Por Mariano Ali

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¿Tiene usted chaleco antibalas en su casa?, ¿Cree que amerita tenerlo mientras escucha, ve o lee los medios? Veamos este punto de vista un tanto embarazoso para algunos. Desactivar la violencia implica desconectarla primeramente desde lo simbólico. La violencia no es solamente física. Creemos que un acto violento se circunscribe exclusivamente en agredir a otra persona vulnerando su cuerpo; pensar así nos alejaría del análisis sobre la manipulación psicológica y los subterfugios muy bien administrados desde algunos medios para usar la violencia como estrategia de captación de audiencia, teleespectadores o lectores con fines lucrativos. Aún recuerdo como mis primeros jefes de redacción en el estado Zulia me decían “la sangre vende”, hecho este que no sólo está ubicado en una experiencia personal sino que lamentablemente representa la esencia de la política editorial de muchos medios que dicen ser éticos y garantes de la libertad de expresión. Tanto usted como yo, y peor, nuestros hijos, estamos sometidos a la violencia simbólica, la cual en parte puede ser definida como aquella que se diluye en la cantidad de mensajes que se transmiten como programas de “entretenimiento” pero donde lo que impera de verdad son asesinatos, violaciones, robos y falsos derroteros de ascenso social en los que se les induce a nuestros hijos al delito como único mecanismo para alcanzar a cualquier costo metas estrictamente materiales. Semanalmente los medios –ansiosos- difunden estadísticas sobre los delitos que se cometen el fin de semana; no obstante, nadie ofrece los datos sobre los asesinatos simbólicos que se ejecutan diariamente en el interior de nuestros hogares.

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Ataques que no se ven. Por Mariano Ali

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Existen amenazas que son imperceptibles a primera vista, pero están ahí, al acecho. Presumimos que los ataques siempre son físicos, de grandes magnitudes donde muchos mueren o ataques selectivos --como expresa el sionismo y Obama- donde se eliminan uno a uno a aquellos o aquellas que no militamos con la subordinación del Destino Manifiesto (recuerde que pensar diferente es un delito para el gendarme imperial). No obstante, preocupa que poco se hable de ataques a nuestra integridad nacional a través de virus electrónicos que de ser incubados en nuestros sistemas informativos en las áreas de defensa, salud, energía, Sistema Nacional de Medios Públicos; entre otras áreas, pudieran generar un caos con lamentables consecuencias.

No es paranoia inducida, se trata de sanas advertencias que hoy incluso ya ocupan la atención de algunos medios de difusión como la BBC de Londres, quien en su portal en Internet esta semana difundió una excelente nota denominada “Las cinco mayores ciberamenazas”, en la cual señala que “la ciberamenaza mostró su cara más fea cuando el virus Stuxnet atacó infraestructuras iraníes en 2010, en un aparente intento por interrumpir su supuesto programa de enriquecimiento de uranio.

A medida que las computadoras se organizan y dominan cada vez más nuestro mundo, cinco amenazas claras pueden identificarse, asegura Eugene Kapersky, fundador y jefe ejecutivo de la firma de computación rusa Kapersky Lab.

¿Cree usted que esto debería ser materia de análisis para nuestras FANB y otros sectores del Estado venezolano?. Dice el dicho popular: “soldado avisado no muere en guerra, y si muere es por descuidado”. Ya Jean Baudrillard lo afirmó hace tiempo: “Las elites electrónicas provocarán la aparición de un Cuarto Mundo informáticamente subdesarrollado”, hoy nos corresponde entonces reflexionar al respecto y darle el lugar que amerita en este momento político que vive la Revolución Bolivariana.

Mariano Ali

@aliperiodista

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Justo en el medio. Por Mariano Ali

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FlechasUna de las características más nocivas que tienen los medios de difusión es la de hacernos creer que sólo el presente “importa”. Como una transgresión física los periodistas sucumben al perenne presente, a la precariedad del ahora. La vida en los medios transcurre y evoluciona de la siguiente manera: nace en las salas de redacción donde se define la línea editorial y pautas del día de acuerdo a los dueños de los medios y sus intereses económicos o pactos políticos, crece en las sugestiones culturales que tienen los periodistas al enfrentar la realidad social y fenece como supuesta verdad en los sentidos de quienes se alimentan exclusivamente por este tipo de racionalidad mediatizada. Para la mayoría de los que andan en este oficio –un tanto nauseabundo debo admitirlo- el pasado no tiene sentido, recordar es un acto marginal, revisar la historia es algo insignificante. Como excusa recurren a supuestos alegatos y afirman que “la noticia es el hoy y el pasado ya no importa”, sometiendo de esta manera a los receptores del proceso “informativo” a una indigestión de hechos que en su mayoría carecen de un contexto adecuado y se presentan de forma caótica y fragmentada. Una de las consecuencias de este tipo de escenarios es la percepción de que el “pasado ha sido superado y como tal pierde interés para la opinión pública”; situación esta que ha vulnerado nuestra identidad y nos ha obligado a estar como meros diletantes de una cotidianidad vacía, sin cimientos que la preceden y sobre todo como aislada de lo acaecido.

Está claro que los periodistas y quienes recorremos estos derroteros debemos estar acuciosamente atentos de lo que ocurre en la actualidad; sin embargo, es imperioso no aislarla por recurrentes excusas atribuidas a la falta de espacio o tiempo en los medios de difusión. Es inconcebible por ejemplo lo que ocurrió con el Bicentenario y sus actos sinuosamente obviados o marginados a cortos espacios en los medios; contrario a ello ve usted amiga lectora y amigo lector como si se empacha a la población de mensajes sin el menor contenido reflexivo y mucho menos ético. Bajo la consigna capitalista de que “hay que difundir lo que se vende”, los medios evidencian lo que verdaderamente son: empresas con fines de lucro (así lo señalan los documentos fundacionales de estas organizaciones del mercadeo informativo). Ahora bien, en este tipo de críticas hay varios involucrados, existe una corresponsabilidad donde estoy seguro que usted y yo tenemos alguna culpa de manera por lo menos indirecta. Si los medios exhiben vacuidad y alardean de mentiras y medias verdades es porque existe una población cómplice que robóticamente todos los días ven, leen, escuchan y compran lo que los ilustren y sesudos confabuladores de la “verdad mediática” exponen a la población. Antes existía principalmente sólo la radio, la televisión y los periódicos para que usted se enterara de aquellos hechos que no estaban al alcance inmediato de sus sentidos en estos tiempos, ese modelo se ha ido transformando dando paso a otros medios donde incluso usted puede incidir, comunicar e incluso generar tendencias en el campo informativo. Los medios de difusión privados seguirán funcionando bajo las premisas del libre mercado de la oferta y la demanda, sin importarles que eso los induzca –obligados unos y otros con gozo- a crear discursos donde “impere el pan y circo”. No podemos ser tan ilusos y pretender emplazar este tema sólo al perenne debate de la libertad de expresión, obviando otros aspectos que están vinculados a la ética, al equilibrio emocional y al derecho que tenemos como ciudadanos de estar bien informados. Los medios siempre están atentos para atacar a quienes según su visión son “populistas”, “demagogos”, “manipuladores”; no obstante es necesario subrayar que en muchos casos estas empresas tienen como política y estrategia precisamente estas características para lograr su principal objetivo: vender publicidad. Para finalizar les ofrezco algunos datos citados por Ludovico Silva en una de sus obras, tomados de Marta Colomina, quien en un momento de extraña lucidez en el año 68, reveló algunas cifras que alertaban sobre a dónde se enfocaba la tendencia de los gustos de los medios de difusión y en consecuencia de la población urbana en la mediocracia de entonces: “el 71,41% de los perceptores de televisión asignan una alta credibilidad al mensaje de las telenovelas; el 60,22% convierte a éstas en “consejos de vida”, o sea, una especie de antropología filosófica trasnochada; el 5,6% pide programas instructivos; el 2,7% exige más espacios noticiosos; el 1,3% se queja del exceso de propaganda, y finalmente, como remate el 90,4% se declara satisfecho con la televisión”.

Mariano Ali

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En Las Cavernas De La Red. Por Mariano Ali

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Cuesta en estos tiempos captar la atención de quienes vivimos en este atribulado planeta. Estamos abarrotados de un indeterminado número de dispositivos tecnológicos creados con el fin de supuestamente estar más comunicados; sin embargo ¿Qué tan cierta es esta afirmación? Con minúsculos ejemplos cotidianos podemos determinar que el tan anhelado sueño de una comunicación plena a través del boom de las nuevas tecnologías está lejos de ser alcanzado. Más que comunicación, es una interacción caótica, fragmentada entre seres vivos, más que intercambio de experiencias o subjetividades, estamos imbuidos en la reconstrucción de nuevas identidades y representaciones sociales: el espacio público o íntimo del diálogo, la palabra “pura”, sencilla, sin algoritmos informáticos, está en plena recomposición. Hoy, hablamos usando partituras mediadas por el glosario y la iconografía de la informática. Por ejemplo, si tienes un Black Berry, para expresar amor envías un corazón o carita feliz, para odio una figura con forma de diablo, para llamar la atención haces ¡Ping!, si quieres transmitir insinuaciones libidinosas mandas el combinado de figuras: un vaso de cerveza o copa de vino, un corazón y una media luna; ¡Hasta cursi suena la cosa! En fin, se trata de una remembranza del hombre de las cavernas en las cuevas de Altamira, quien dibujaba en las paredes como gesto catárquico lo visto en su medio ambiente. Pocas veces concertamos la primera vinculación con otras personas sin antes solicitar una serie de códigos alfanuméricos, números pares, impares o abreviaturas las cuales te establecen un sitio en los millones de no-lugares que “existen” en internet. Este happenings social estructurado por las “inocentes” siglas WWW y los dispositivos móviles apenas se expande y nos muestra escenarios soterrados de seres cosificados por la trama de la tecnología. Casi en extinción están aquellas personas que no tienen más sino sus desvencijados documentos primarios de identidad y la palabra para comunicarse; hoy, las nuevas tecnologías nos adosaron más aspectos identificativos de nuestra singularidad ante el corpus social. A los acostumbrados requisitos: nombre, apellido, cédula, dirección de habitación; se les ha agregado: número de celular, direcciones de correos electrónicos, Twitter, Facebook, Skype, código ping y otros aspectos más que seguro poco a poco irán apareciendo y que nos demostrarán que ya no somos individuos ajenos a lo que irónicamente llamamos a principios del siglo XXI como “realidad virtual” o era digital.

Mariano Ali

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@aliperiodista

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El Homovidens. Por Mariano Ali

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El debate sobre los medios de difusión ha llevado incluso a cuestionar los aspectos deontológicos que han sostenido el entramado mediático en el orbe.

¿Qué pasa en una sociedad cuando las interpretaciones políticas son condicionadas principalmente por la lógica de los medios de difusión? ¿Qué ocurre cuando los referentes de lo que es bueno, malo, interesante, aburrido, peligroso, sano, moral o corrupto provienen del consenso establecido entre la comunidad de intereses económicos que se constituyen en oligopolios o monopolios mediáticos? ¿Qué implicaciones tiene para la ciudadanía que el sentido de participación electoral o racionalización de los programas de gobierno de los candidatos o candidatas provengan principalmente de cuantiosas campañas propagandísticas y no por la determinación concienzuda del electorado de escoger al candidato por lo que es y no por lo que aparenta ser?

Las respuestas parecen claras ante la realidad, no obstante, los efectos son tan obvios que en algunos escenarios no los vemos. La tergiversación o transfiguración del Cogito cartesiano: “pienso, luego existo”, con el auge de las nuevas tecnologías y su capacidad de movilización, se ha desplazado a la siguiente afirmación: “medio, luego existo”. Todavía está lejos aquella apreciación de poder desarrollar y consolidar una población votante libre o no sugestionada por lo que se dice a través de los medios de difusión y sus formadores de opinión pública. Sartori lo advirtió definiendo a este  tipo de ciudadano “mediopensante” como homovidens; es decir, como aquel sujeto cimentado en los cánones discursivos de los medios audiovisuales; circunscrito a sus parámetros de “racionalidad”, a la pugna entre la presentación o representación social, a la confrontación entre lo verosímil o lo virtual.

Mariano Ali
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Dime que novela ves… Por Rosa Tristán

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Este viernes Cielo Rojo (telenovela mexicana transmitida de lunes a viernes a la 1 pm en el canal venezolano Televen) llega a su gran final y no te lo puedes perder, pero… ¿qué final crees que merece la malvada Loreto?...Sus actos nos dejaron boquiabiertos en cada capítulo y seguramente se hará justicia…Aquí te dejamos algunas opciones para que nos digas cuál te gusta más o incluso nos escribas tú final para este gran personaje.

  1. -Loreto muere: Tal vez podría matarla Paty, alguno de sus hijos, Víctor o Jesús.
  2. -Termina en la cárcel: se logra comprobar todo lo que hizo y Loreto termina sus días en la cárcel torturada por las otras reclusas.
  3. -Huye del país: Loreto logra escapar con todo el dinero que robó y se va del país a disfrutar su fortuna y empezar una nueva.
  4. -Se vuelve loca: al saberse descubierta de todas sus fechorías, la orillan a perder la razón y termina loca, encerrada en un psiquiátrico.
  5. -Se arrepiente y pide perdón: Al verse sola, se arrepiente de todo lo malo que hizo, pide perdón a todos los que dañó.

¿Cuál crees tú que merezca? No te pierdas este viernes el gran final de Cielo Rojo y descúbrelo. Sigue a Cielo Rojo en Facebook y Twitter

 

Esta información se encuentra en la página web del canal mexicano Azteca TV, en la sección de telenovelas. Pero ¿qué importancia puede tener para la revolución que una novela mexicana retransmitida por un canal venezolano llegue a su final? A primera vista ninguna, un hecho sin trascendencia.

Consumo Cultural en Venezuela (Tele y Radio)

Las Novelas

Según un estudio del centro de Gumilla*, 8 de cada 10 venezolanos se encuentran expuestos permanentemente a la televisión. 

Al 43% de ellos, les gustan las telenovelas. Es decir que casi 10 millones de venezolanos ven telenovelas casi todos los días. Muchos, muchos millones más, que los militantes de cualquier organización de masas o partido político del país. 

Entonces, las telenovelas tienen una influencia psicológica significativa en la población, en su manera de ver el mundo, de analizarlo y de insertarse en el. Podría decirse que las telenovelas poseen una inmensa “militancia” que además es fiel a través del tiempo.

Solo entre los canales nacionales Televen y Venevision se transmiten 8 novelas distintas, Cielo Rojo, Flor Salvaje, La casa de al lado, Mi Gorda Bella, El árbol de Gabriel, La que no podía amar, Natalia del mar y Sacrificio de Mujer. Sin contar las novelas que pueden verse por cable y a las que 5 de cada 10 venezolanos tiene acceso. 

Las telenovelas no solo las ven las clases populares, a la clase media culta también le gusta, incluso tienen la posibilidad de verlas más. Veamos el porcentaje de consumo diario de telenovelas por estrato socioeconómico en el país.

Clase Alta                 Clase Media                      Clase Baja          Promedio Nacional

    A                B                 C                    D                   E   

  23               39              47                  46                  42                            43%

 

Viendo esta tabla podemos decir que la clase media y baja, donde por cierto se encuentra la mayor cantidad de personas afectas al proceso revolucionario, ven telenovelas cuyos desenlaces dramáticos son tan morbosos como vimos al inicio de este artículo. Es el instrumento de dominación en su expresión más vulgar y al que la revolución aún no está haciendo contrapeso.

Noticieros y Programas de Opinión (tele)      

Los canales de la revolución han hecho un esfuerzo importante por fortalecer los noticieros y los programas de opinión. Veamos la distribución por estrato socioeconómico de este tipo de programas y el promedio nacional:

                                     Clase Alta               Clase Media            Clase Baja      Promedio Nacional    

                                                 A          B              C               D           E       

Noticieros                             73         60            55             54         37                        55%   

Programas de opinión        44         31            25              25        16                         26%   

                           

Efectivamente los noticieros son muy vistos (incluso más que las telenovelas) y la clase alta es quien más los consume. Por su parte los programas de opinión, son consumidos por un 26% de la población y a la clase media baja no les gusta mucho que digamos. 

RADIO

Después de la tele, la radio es el mayor medio de penetración. Alcanza cifras de consumo diario de la población de 32% de lunes a viernes, pero puede llegar a un 1% de exposición los fines de semana. 

La mitad de los que escuchan radio prefieren los noticieros y los programas de opinión. Esto muy posiblemente tenga que ver con las horas pico donde millones de personas se desplazan para llegar a sus trabajos y quieren estar medianamente informados. En un tercer lugar de preferencia aparecen los programas deportivos.

DEL DIAGNÓSTICO A LA PROPUESTA

Las cifras del Centro Gumilla podrían ser verificados por instituciones del Estado Revolucionario, como el Minci o el INE. No es poca cosa, tener bien calibrada la munición comunicacional, o como diría Humberto Pepe Febres de Misión Conciencia, a los medios de difusión. 

Podríamos afinar y ampliar el rango de las encuestas, pero lo que más nos interesa a grandes rasgos es la tendencia de es ese consumo cultural por clases sociales que nos permita afinar la estrategia. 

Hemos hecho hasta aquí un breve diagnóstico: 

  1. - Casi la mitad de los televidentes venezolanos ve novelas sin importar su clase social. Por lo tanto, es una excelente herramienta de penetración psicológica.
  2. - Casi la mitad de los televidentes ve noticieros, con un mayor porcentaje de clase alta y media. 
  3. - Las clases bajas no frecuentan los programas de opinión.
  4. - Los que oyen radio prefieren los noticieros, los programas de opinión y de deportes. 

En base a este breve diagnóstico ¿cómo podríamos mejorar nuestro alcance a nivel comunicacional? 

Lo primero es que para las grandes productoras de telenovelas, como Televisa o Venevision Internacional es sumamente barato producir una novela, permitiéndoles inundar el mercado televisivo hispano. Un “enlatado” de estos canales, vale el 1% de lo que le costaría producir a un canal “nuevo” en el área de telenovelas. 

Pero supongamos que la revolución se decida a gastar mucho dinero en la empresa espiritual de ganarse ese público cautivo. 

Podríamos intentar copiar el formato de la telenovela donde cada capítulo diario obligue al espectador a ver el próximo, o una modalidad mucho menos costosa y que cada vez se utiliza con mayor frecuencia, la del reality show. 

Resuelto el asunto financiero, la pregunta esencial, medular es ¿de qué hablarían las novelas de la revolución?¿cuáles serían las tragedias a resolver? ¿los personajes y sus caracteres?

No tendríamos que reducirnos a hablar directamente de nuestros próceres. Podríamos tener protagonistas que quieren cambiar el statu quo, que tienen contradicciones que al fin y al cabo, son las mismas contradicciones de la revolución. También podrían haber personajes antagónicos cuyo móvil psicológico sea mantener ese mismo statu quo. Por ejemplo una novela o reality show que muestre la contradicción que viven los médicos comunitarios al plantearse si la medicina es un negocio o un apostolado. Veríamos por ejemplo a estos jóvenes médicos, debatiéndose en una sociedad que intenta tragárselos, pero donde la nueva ética podría triunfar, pero también perder.

Los nudos dramáticos, o los momentos en los que tienen lugar el paso de la felicidad a la desdicha o de la desdicha a la felicidad nos daría la oportunidad de sembrar nueva ética. El tema del lucro, del poder, del amor y del sexo podrían ser abordados de manera distinta acordes a la sociedad que aspiramos recrear. Las empleadas domésticas en nuestras novelas podrían dejar de ser tontas, o escaladoras y podrían saltar al también arduo trabajo del estudio. Fundaríamos una semiótica distinta.

Sería una excelente oportunidad para hacer escuelas de guionistas, escritores, productores de televisión. Estos guiones de telenovelas podrían llevarse a la radio, y muy posiblemente la radio subiría los índices de rating. 

En cuanto a los noticieros, los nuevos noticieros, los noticieros que necesita la revolución, podrían innovarse secuencias noticiosas que permitan a los televidentes y radio escuchas ir relacionando la realidad del mundo. 

Por ejemplo, el noticiero podría comenzar con la queja de los usuarios del metro, dar un pase a los índices de colapso de las ciudades del mundo, luego un micro donde hable un cardiólogo hablando de la hipertensión en los citadinos, y finalmente otra noticia hablando de la reubicación en nuevos asentamientos humanos donde la revolución está estableciendo nuevas relaciones económicas y sociales. 

Finalmente, los programas de opinión tal como los conocemos hoy día (un entrevistador y un entrevistado) deben ser producidos con un alto target cultural, pues es en las clases altas y cultas, donde calan este tipo de programas y no en las clases bajas. 

Las opiniones en sectores sociales hasta ahora excluidos podrían ser inducidas a través de programas de participación. Por ejemplo, si se aborda el tema de la inflación o los precios, se invitan a los diferentes grupos involucrados y se les contrasta, algo similar a lo que hace Cristina o Laura pero de temas de opinión.

Dejamos estas propuestas para la discusión, para intentar romper la lógica de pensamiento que nos han impuesto las grandes transnacionales de los medios. Comencemos aceptando que la audiencia está enganchada, cautiva. 

Fuente: Bisbal M, Nicodemo P (2010). Consumo cultural del Venezolano. Revista SIC, Nro 725, Centro Gumilla, Caracas Venezuela.
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