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[CONSTITUYENTE] Hacia El EcoSocialismo de Chávez

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En el marco de la actual crisis del modelo capitalista y de la ideología neo-liberal, y aprovechando el proceso de renovación político-institucional y socio-humana, que también debe inexorablemente ser eco-socialista, que vive la patria bolivariana, popularmente conocido como proceso Constituyente sirve de espacio para elevar a la opinión pública mundial una serie de propuestas eco-socio-ambientales impostergables de ámbito y/o necesidad internacional. A continuación dejamos parte de la propuesta, y al final el enlace para leer el comunicado/petición completa y donde podemos suscribirlo.

Propuestas para la ANC y la comunidad internacional

A pesar de todos los avances tecnológicos de las últimas décadas, que han posibilitado el acceso casi instantáneo a la información, la sociedad contemporánea sigue muy mal informada o desinformada. Las corporaciones con fines de lucro, que se hacen llamar medios de comunicación, comparten los intereses de las principales corporaciones mundiales que son las que pagan la propaganda, y hasta las mismas noticias que mantienen a esos medios como negocios exitosos y a nosotros, ignorantes o al menos desinformados, de lo que realmente pasa.

 Los medios influencian la manera como entendemos al mundo, nuestras relaciones, nuestras vidas, y la manera como entendemos el progreso de la humanidad. Aún peor, la manera como medimos estos factores, está ligada muy estrechamente a un modelo distorsionado basado en el ansia desenfrenada de riqueza, la especulación financiera y en la creencia, que los recursos del planeta son infinitos, o que la sustitución de un recurso por otro, una vez que el disponible se acabe, puede ser infinita y práctica, incluso más efectiva en términos de costo.

No es casual entonces que la manera como entendemos lo que es aceptable o no para la construcción y desempeño de nuestras sociedades, queda de alguna forma ligada a los mismos intereses de la minoría privilegiada. Nos han impuesto estos intereses como legítimos, como la forma natural que las cosas funcionan. Siendo así, nos hacemos copartícipes y cómplices de una cultura depredadora del ambiente y de los humanos que habitamos el planeta.

Lo cierto es, que hemos agotado, o estamos a punto de agotar importantes recursos del planeta; mientras tanto, miles de millones de personas viven en la pobreza; nuestros cauces de agua se deterioran debido a los desechos que se arrojan en ellos cada minuto; nuestra atmósfera sufre los efectos de la incesante emisión de gases que causan estragos en diferentes aspectos de la vida; nuestros suelos se deterioran por la erosión de laderas montañosas, la deforestación de bosques, y la contaminación con herbicidas, pesticidas, y plantas genéticamente modificadas. La temperatura promedio del planeta aumenta... Pero para el sector minoritario dominante del mundo, para el 1% que está más pendiente de los stocks de las principales corporaciones del mundo, de sus lujos, de sus excesos, de sus corporaciones, de sus guerras provocadas en regiones apropiadamente alejadas de sus mansiones y vidas cotidianas, esto no es preocupante. ¿Por qué habría de serlo si ellos y ellas se están dando la gran vida? Aunque están llevando a la raza humana hacia su fin.

De esta misma manera se ve a los países llamados “de la periferia”. Que son entendidos como simples proveedores de materias primas y riqueza para el pequeño sector minoritario que domina al mundo.

A Venezuela, y a todas aquellas naciones que se rebelan y tratan de salir de la dependencia económica, de la dominación geopolítica, y tratan de lograr cambios en sus sociedades, les espera una implacable campaña mediática de desprestigio y satanización que va acompañada de una despiadada guerra económica. Esto último aprovechando que, los Latinoamericanos, son países con economías débiles y generalmente monoproductores y dependientes; vulnerables a las presiones de los organismos financieros internacionales.

Muchos países Latinoamericanos han sido invadidos militarmente en el pasado, y Venezuela, que ya había sido víctima de un decreto de Obama declarándola una amenaza inusual, acaba de recibir amenazas militares por parte de Trump. Estas amenazas han sido precedidas de un sabotaje en todos los aspectos de la sociedad; de una violencia terorista que duró alrededor de 120 días; de una muy agresiva campaña mediática; y de presiones políticas y económicas sin precedentes que incluyó a un dictador (Temer, Brasil) y desgastados e impopulares líderes de diferentes países, organismos financieros internacionales y la OEA.

¿Qué nos queda? ¿Ceder ante las presiones? ¿Esperar estar al final entre los pocos sobrevivientes, cuando al reacomodarse a las nuevas condiciones impuestas por los humanos, el ambiente desate su cataclismo? ¿O empezamos a actuar ahora mismo para sanar los daños que sean posible sanar; para establecer una cultura diferente basada en la existencia y uso racional de los recursos limitados y finitos del planeta; para establecer sistemas y modelos económicos, sociales, políticos, culturales inclusivos y participativos que saque provecho de la creatividad e inteligencia de la raza humana para provecho de los seres vivos y del planeta en general, y no de una minoría privilegiada? Creemos que esto último es lo más razonable, aunque requiera más trabajo, y requiera empezar a actuar ya, en contra de fuerzas muy poderosas.

La tarea no es fácil. Hay factores histórico-culturales como la colonización española; la derrota del proyecto de Bolívar de unidad e independencia latinoamericana; la fragmentación social; el racismo; la esclavitud; la desigualdad económica y social; la dependencia cultural; la falta de identidad nacional; que nos han atrapado en una situación de individualismo, de sálvese quien pueda, donde la Patria para muchos carece de significado.

La economía petrolera venezolana, rentista, monoproductora y dependiente, ha generado distintos estragos y deformaciones culturales, sociales e ideológicas. Pero el factor más degradante e influyente de una manera malsana en nuestra cultura, nuestra política, nuestra sociedad en general ha sido la maquinaria político-cultural de dominación estadounidense, hasta el punto que una parte de la población y hasta algunos partidos políticos priorizan los intereses de los Estados Unidos por sobre los intereses de Venezuela.

Pero Venezuela tiene un potencial enorme, gente orgullosa, digna, luchadora y trabajadora; gente heredera de las ideas y luchas de Simón Bolívar, Hugo Chávez, Francisco de Miranda, entre otros importantes líderes de estatura mundial.

Estamos conscientes, del prodigio de recursos energéticos y de biodiversidad que afortunadamente nuestro país posee; éstos constituyen un envidiable escenario geo-político estratégico territorial y nos propician toda una serie de posibilidades y múltiples contradicciones culturales, sociales e ideológicas, que nos entusiasman y nos motivan. Más aún, nos conducen a participar en la definición de esa sociedad posible, y de ese ser venezolano/venezolana que en gran parte se desdibujó como resultado de la colonización española, de la dominación oligarca, de la recolonización estadounidense y de los antivalores del capitalismo dependiente que hemos padecido.

El pueblo venezolano, en particular, luego de enfrentar y derrotar un ataque terrorista que duró 120 días, ha puesto en marcha, a través del voto universal, directo y secreto, a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). La ANC es un espacio del poder popular originario, que se ubica por encima de los partidos políticos y de las estructuras de poder establecidas, para modificar la constitución tomando en consideración temas vitales. La idea es que la constitución responda a la realidad que se vive, pero que también perfile el nuevo país que se quiere, y facilite el establecimiento de las leyes y normas necesarias para construirlo.

Pero la ANC no tenía ni 15 días de funcionamiento, cuando, ante el fracaso de la última ofensiva terrorista contra el gobierno democrático de Nicolás Maduro, Donald Trump ya estaba amenazando con acciones militares directas contra el país. En caso que llegara a concretarse esta aventura por parte de Trump, la derrota militar estadounidense causaría daños incalculables para Venezuela, su gente, sus estructuras, su ambiente natural. Por eso preferimos evitar tener que derrotarlo militarmente.

La ANC debe propiciar el mayor número de espacios de debate/aprendizaje, orientados a sensibilizar y tomar conciencia de las complejas condiciones y tensiones de todo tipo que estamos confrontando. Estos espacios deben abarcar a todo el país por las razones ya mencionadas anteriormente, pero también al planeta. Esto último, porque las agresiones del sistema capitalista/imperialista, liderado por el grupo minoritario dominante del mundo, hacia el planeta mismo, han llevado a la especie humana al umbral de su propia extinción.

Estamos obligados a derrotar el modelo capitalista monoproductor-dependiente, que en nuestro caso es llamado rentismo petrolero. Paralelamente debemos derrotar a la guerra económica que nos han impuesto como castigo por sublevarnos al imperio. Ante los retos planteados, proponemos al ecosocialismo como nueva propuesta civilizatoria.

Consideramos firmemente que sólo el ecosocialismo puede cambiar las condiciones de Venezuela y del mundo, de una manera realmente radical y consustanciada con los intereses de las grandes mayorías del país y del planeta.

La discusión debe priorizar y orientar: ¿En qué crecer? ¿En qué decrecer? ¿Quién controla los procesos productivos? ¿Cómo vamos a producir? ¿Cómo operamos la justa distribución de la riqueza? ¿Cómo mantenernos austeros y evitar creer que nadamos en la abundancia?

El primer objetivo nacional del 5to Objetivo Histórico de la ley Plan de la Patria dice claramente: “construir e impulsar un modelo económico productivo ecosocialista, basado en una relación armónica entre el hombre y la naturaleza, que garantice el uso y aprovechamiento racional, óptimo y sustentable de los recursos naturales, respetando los procesos y ciclos de la naturaleza.”

Nuestro país debe emprender un camino de productividad a todo nivel, pero esta productividad debe estar sujeta a los límites biofísicos, impuestos por la ecosfera. No existe tal cosa como crecimientos económicos perpetuos o recursos infinitos. La extracción de recursos renovables no puede superar la capacidad natural de regeneración de los mismos. La emisión de residuos no debe superar las tasas ecológicas de asimilación y procesado.

Los flujos de entrada y salida de los sistemas y procesos productivos se deben concatenar en un solo flujo circular, es decir, saludable; donde debe haber un cierre del ciclo total de producción. Producción-distribución-consumo-residuo-reuso/reciclaje-producción.

Nuestra conducta debe estar sujeta a la eco-ética. Una nueva ética que guiada por valores de corresponsabilidad social y de una relación responsable hacia la naturaleza, nos permitirá definir nuestro desarrollo con criterios de sustentabilidad. Una sustentabilidad que quedaría delimitada por los ritmos saludables de los ecosistemas; el uso preponderante/exclusivo de la energía proveniente del sol; y el cierre de los ciclos de la materia y energía.

El ecosocialismo debe reconocer, recrear y fortalecer nuestro carácter identitario e intercultural. Este carácter, a su vez, debe estar fundado en ese extraordinario y rico mestizaje (caribeño-europeo-indo-afro-caribeño), con sus valores, signos, significaciones y complejidades que son los sustratos de la cultura de la sustentabilidad.

Un proceso de transición hacia el ecosocialismo debe sustentarse y avanzar en varias dimensiones y niveles socio-político-culturales. Los cuales se aspira tengan coherencia, visibilidad, coincidan, puedan coordinarse, articularse, hacer sinergia y complementarse. Para esto se han definido seis principios, llamados Principios Ecosocialistas, para orientar la marcha hacia la nueva sociedad.

PRINCIPIOS ECOSOCIALISTAS
  1. La autocontención
  2. La precaución
  3. La interculturalidad
  4. La eco-ética
  5. La igualdad social
  6. La participación

Petición/comunicado completo en gopetition, suscribámoslo.

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