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[LA MANDARRIA] El liderazgo y La Demagogia.

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Es innegable reconocer que al momento de tener a un líder frente a tus ojos, así hablando de tú a tú un discurso coherente, lleno de gracia, lleno de verdades que te resuenan en los huesos; logras mirar la realidad de un modo distinto, te sientes co-partícipe de algo y ese algo lo define justamente las palabras de ese líder. No hay nada más sabroso que un discurso político repleto de información para entender cosas sobre la vida, la economía, la cultura, la política, en fin; todos los temas posibles. El Poder de la Palabra se hace materia gracias a la actitud de un líder que comunica verdades para transformar la realidad social, así es posible ir emancipando conciencias. En contraposición a esto existe la demagogia. Veamos.

La demagogia, cuya etimología deviene de los vocablos griegos: demos (pueblo) y ago (dirigir) es acuñada en tanto definición como una estrategia o mecanismo implementados para inducir a un Pueblo a determinadas acciones de tipo político bajo la convicción de lo dicho a través del discurso, el cual se usa como método de persuasión para alcanzar fines específicos incluso caprichos. Actualmente, se considera que la demagogia no es más que una manera de manipular a los individuos de una sociedad con el propósito de que éste actúe según la conveniencia de quien dirige tal discurso. Aristóteles en su obra La Política, se refería a la demagogia como una manera distorsionada de la democracia, puesto que las intenciones de un demagogo es engañar a quienes lo escuchan mediante artilugios discursivos, a fin de convencerlos de algo que jamás sucederá o se dará de una manera distinta a la ofrecida.

Un demagogo puede que logre sus fines y lo logre de manera recurrente pero, según relata la historia, todo demagogo va perdiendo ese efecto que produce su discurso en la gente una vez que el agotamiento se hace presente, cuando ya no hay manera de engañar y el Pueblo logra reconocerlo. Un demagogo no puede considerarse líder porque entre uno y otro los marca la diferencia de una intencionalidad para construir lo bueno, lo socialmente bueno y una intencionalidad para embaucar al Pueblo y usarlo como medio para la legitimar e incluso legalizar acciones contrarias al clamor popular.

Pura demagogia, demagogia pura: Un demagogo dice y argumenta, a veces argumenta de manera satisfactoria a veces no. Comúnmente su discurso se distancia mucho de la acción práctica; formula promesas que no cumple, desestima la crítica y la reflexión e incluso, puede llegar a burlarse del Pueblo, caricaturizándolo.

Liderazgo limpio en la praxis: Un líder hará una relación constante entre lo que dice y hace y no necesariamente se trata de hacer lo que dice, sino que se trata de una actitud que dialoga con el discurso y se va adecuando según lo que la realidad práctica le va arrojando y esto lo socializa a las masas, lo discute, lo reflexiona y, en consecuencia, modifica, construye y reconstruye.

La mejor manera de reconocer si estamos frente a un demogogo o frente a un líder es relacionar lo que dice con lo que hace, con lo que sucede en su acción práctica. No basta con que el discurso sea emocionante y conmovedor, bonito y que se parezca al lenguaje popular, su coherencia se evidencia en los argumentos del mismo y seguidamente, sobre lo que sucede en la realidad.

Pongamos el Ojo Pelao en nuestros entornos comunitarios, espacios de formación, centros de trabajo, en medios de comunicación e información, en todos lados; miremos analíticamente para reconocer a nuestros líderes y a los demagogos, de los segundos, hay más de uno suelto por ahí.

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