Ingrese

logo tatuytv

10años pagina

La vergüenza chavista: A propósito del diálogo

Compartir

ochoa contratiempo dialogo

Probablemente el tiempo se encargue de poner en su justa dimensión lo que significó históricamente las formas de diálogo que se cultivaron en el proceso constituyente venezolano. Hay, sin embargo, un elemento que comienza a emerger en la política de estos días en Venezuela que parece desandar buena parte de los avances, incluso ontológicos, sobre el sentido de una discusión política franca y abierta en Venezuela. Decimos ontológicos porque alcanzamos la cota de definir un nuevo sujeto político que emergió de la invisibilidad de muchos para erigirse en co-responsable y protagonista de batallas memorables como lo es el triunfo de la insurrección popular constitucionalista que dio al traste con el golpe del 2002. O, la no-violencia activa con la cual el pueblo venezolano estoicamente conquistó el derecho de ser dueño de su recurso natural más importante, el petróleo, en la confrontación del 2003.

El pueblo olvidado y marginado que se transforma en sujeto político con Chávez está fuera del marco de la negociación que se da en el plano de un diálogo de co-existencia política. Decir que el diálogo es entre cúpulas no es una mentira. En realidad, la sombra de la duda es lo suficientemente grande como para que no existan sospechas de que el proceso de diálogo encarna inevitablemente un proceso de negociación que puede convertirse en una vergüenza para muchos. Pero, especialmente nos interesa destacar acá lo que quisiéramos denominar la vergüenza chavista. Para ello, debemos primero exorcisar la vergüenza que se desea imponer sobre esta forma de construcción de un sujeto político nuevo: el chavismo.

Una constante de la forma despectiva con la cual la derecha se ha referido al chavismo es en términos de su condición marginal, poco fundamentada e incluso negada en términos metafísicos. Más en concreto, al chavismo se le ha despachado con la caricatura de “marginales con un pedazo de pan y una botella de aguardiente debajo del brazo”. El materialismo oportunista e inmediatista del “rancho” es la forma con la cual se ha caricaturizado la “vergüenza” de apoyar a un proceso constituyente novedoso en América latina. La insistencia en personalizar en Chávez y con ello al chavismo, como un oportunista irredento es el esfuerzo de las clases dominadoras y mediaticamente influyentes para imputar al chavismo una condición de vergüenza estructural. Esa vergüenza nunca alcanzó su objetivo, salvo cuando se dieron los desplazamientos políticos y económicos que van a dar lugar a una suerte de situación de marginalización creciente que alcanza a amplios estratos de la población para construir una especie de lucha intra-clases para que la clase dominante salga ahora como redentora.

La fórmula fue aprovechar el incremento de la identidad de una nueva clase en Venezuela construida desde la dimensión de la inclusión y el acceso universal a bienes que no son de acceso igualitario en otras latitudes del planeta. Al identificarse en ese estrato, la tarea ahora es secuestrarla en su condición de propietario y consumidor para que irrumpa la crisis de la sobrevivencia y de afiliación a una clase que ha sido artificialmente construida. La lucha entre clases explotadas está servida. Y esa es precisamente, la mayor de la verguenza chavista.

No haber capitalizado el diálogo para superar el conflicto entre miembros de las mismas clases explotadas en Venezuela es lo que debe mover a la dignidad de los chavistas. Porque esencialmente el llamado de la unidad es, para efectos de la construcción del estado comunal, una unidad entre las clases explotadas y marginadas de los procesos económicos capitalistas, oligopólicos y mediáticos. De tal suerte que la mayor vergüenza es no ser protagonistas del diálogo político y económico con los sujetos que son esencialmente los que fueron sacados del anonimato con Chávez. La construcción del estado comunal debería ser punto fundamental del diálogo porque ese ha sido uno de los focos de ataque frontal y soterrado de la derecha desde que se hizo con la mayoría parlamentaria. No es casualidad que se ataque la ley de telecomunicaciones, la ley orgánica de ciencia, tecnología e innovación, que se pretenda criminalizar los actos de entrega de propiedades a las comunas. Incluso, hay un afán por restituir formas de producción y propiedad que darían al traste con las incipientes iniciativas comunales.

Esa es la mayor vergüenza chavista: No saber defender ni abrir los espacios para que los esfuerzos más innovadores y que podrían constituir una nueva avanzada en el pensamiento político en América Latina pudiera tener vida. Es una verguenza fundamental porque va al corazón de la construcción de una identidad politica.


A Tiempo: La dimensión de estudiante en Venezuela ha sido exacerbada hasta el cansancio en el plano de la rebeldía como reacción casi hormonal contra toda autoridad. Sin ser desmesurado, sería interesante que los estudiantes observaran con cuidado contra quien quiere que se rebele la juventud en estos tiempos. Eso revelará que el verdadero enemigo de su rebelión es quien le pretende dictar los modos de rebelarse. No es un asunto hormonal, sino de trascendencia en la historia.


Emergencia: La forma como el rector de la ULA ha decidido hacer del conocimiento objeto de diatriba judicial, revela cuan lejos se está de aquello que se supone es el ejercicio autonómico universitario. Bien pudiera ocurrir que los editores de las revistas que hacen vida en la ULA demanden ante el mundo académico universitario del planeta, la nueva versión del incendio de la biblioteca de Alejandría. Claro, el asunto sería cómico sino fuera porque procura el rector hacerse dueño de aquello que se supone es el garante para que el conocimiento sea patrimonio de la humanidad.

Compartir