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Fidel Castro: el Contratiempo de la Muerte

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"Revolución es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad (...) Es no mentir jamás ni violar principios éticos, es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas". (Fidel Castro, 1-5-2000)

Nada que hacer. Cuando un hombre de la talla intelectual, ética y política de Fidel Castro muere, entonces parecieran que todas las posibilidades de un mundo distinto se abatieran sobre la tierra para rendirle gloria y respeto y pronunciar en silencio de rabia, orgullo y respeto, ese juramento que muchos estarán repitiendo por unas cuantas horas, días, meses y años. Serán décadas que su imagen fundacional seguirá siendo el lugar de refugio de las ideas más solidarias, más humanas y en el fondo, las más humildes.

La muerte no sorprende a Fidel. Pues casi que fue al revés. La muerte siempre empujada por las manos alevosas de la cobardía, nunca descansaron en apurar la muerte a Fidel Castro. No pudieron. Y ahora, tampoco podrán. Porque es elemental que desde hace rato, Fidel supo sabiamente asegurar un camino en el devenir del pueblo cubano: La Revolución debe continuar. Así lo digo en aquel 2006 que ahora nos luce tan lejano, para hacerse a un lado de las obligaciones de gobierno y brillar más alto en la conducción ética de las ideas de la solidaridad, la patria grande y el mundo chico. Sobre esas tres tareas colosales que asumió para si Fidel, van estas líneas que agolpan recuerdos, contradicciones y el más sincero respeto por un hombre de talla universal que sin proponérselo para su gloria, talló el siglo XX a su dominio, frase de Silvio Rodriguez para hablar del Ché y que hoy le quito prestada para anunciar a Fidel.

La solidaridad es la nave insignia del pensamiento de Castro con los pueblos del mundo. Nunca cedió a los hombres de poder porque siempre supo que detrás de ello andaban los pueblos signados por el hambre, la exclusión y la desesperanza. Quizás Chávez lo supo decir muy bien: “Los presidentes vamos de cumbre en cumbre y los pueblos de abismo en abismo”. Fidel supo ser el heraldo y estandarte de quienes habitan en el abismo sin importar si pensaban como él. En sus últimos escritos e intervenciones era evidente que su pueblo más querido era la humanidad toda. Lo cual no deja de ser un acto de generosidad colosal, pues ponía delante de cualquier rivalidad, a lo humano. ¿Podrá existir una solidaridad más gallarda que aquella que se ofrenda al que no tiene rostro? Solidaridad con los pueblos, por encima de sus gobernantes signó su acto de acompañar a los pueblos con Africa, América Latina, Asia e incluso los Estados Unidos de América cuando todas las pobrezas emergieron con la fuerza del huracán que abatió a New Orleans.

Patria grande.. llevada a la exhuberancia de pensarla en clave planetaria y convocar a una globalización de la esperanza. Pero no aquella esperanza en los poderes no humanos de cambiar el curso de la historia a pesar de los hombres y mujeres. No. La esperanza puesta en la condición pedagógica que encarnó hasta su último aliento. Supo cambiar el socialismo para convertirlo en mundialismo, esa aún no nombrada tendencia de pensar en nombre del mundo con el centro en una humanidad ávida de armonía con una naturaleza sitiada por las huestes torpes e idiotas del capitalismo. Patria puesta en clave de reconocer al otro como la semilla de lo más propio, significó a Fidel a abrazar a toda aquella idea que pusiera al ser humano en el centro de los derechos y de los deberes. Puesto en su tarea de pensar a la humanidad le concedió lo único posible: La humanidad se piensa en totalidad con la naturaleza o será la primera especie en morir gracias a su incapacidad de realizar la razón de ser especie. Nada simple y contundente. Ese es Fidel.

El mundo chico.. la pequeñez del mundo fue para Fidel quizás su forma de aproximarse a anunciarnos que ya llegamos al punto donde ser dueños del mundo es insuficiente.

Aprendimos con Fidel, porque justamente él nos mostró como aprender, que eso de ser dueños de todo sin saber como cuidarlo es la mayor de las irresponsabilidades. Fue la lección que se empeñó como sabio paciente, darle al imperio más atroz y demoledor que ha conocido la humanidad. Fue su enemigo más íntimo, del imperio, porque lo supo conocer hasta los tuetanos. En una vocación martiana tallada a su estatura de líder del mundo, supo entender que la pequeñez del mundo es más un tema de la tumoración exagerada del ego de los humanos que de la incapacidad de la naturaleza para sostener la avasallante ecuación de ser exprimida hasta el cansancio de todos los hombres y mujeres para sostener un sistema de privilegios del 1% del planeta. Contra ese mundo “chico”, decidió batallar Fidel en su última etapa de la vida terrenal. Mudado ahora a la ciudad de las ideas de un siglo que lo vio crecer para superar la estatura de tantos líderes de naciones más grandes y poderosas, Fidel brilla con luz propia.

Fidel, contratiempo de la muerte. Desde el superar tantos atentados, hasta querer enfrentar la muerte de la especie humana.. fue un hombre que guió el saber de su pueblo para aliviar dolores y quebrantos en tantos hombres y mujeres del mundo. Fidel, la más esperanzadora de las vidas de hombres que no necesitaron de dioses para hacerse buenos, resume su victoria: Hasta la victoria siempre, Comandante.

A TIEMPO: Parece que la incertidumbre de la presidencia de Trump se va disipando con una velocidad que causa espanto. Será un tiempo de oscuridad inevitable. Menos mal que hay aquelos que “Hasta muertos, dan ciertos hombres _luz_ de aurora.” Más que nunca, la luz parece ser la tarea de todos los pueblos, siguiendo a Bolívar, Ché, Chávez y Fidel.

EMERGENCIAS: La muerte del capitalismo como lo conocemos no significa que haya sido derrotado. Apenas se cambia de ropajes para seguir atacando desde la cobardía a la dignidad humana. Atención, los signos de los tiempos cambian, pero hay tareas insoslayables: Estudiar para transformar.

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