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CONTRATIEMPO - La construcción de la identidad latinoamericana como contratiempo del presente

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¿Ser en el Sur? ¿Sur o no Ser?

¿Sur y Ser? Ser del Sur.

(Del libro “Sur, una interrogante”)

La huella dejada en estos últimos años sobre el mapa político latinoamericano no deja de ser reveladora de una necesidad de hace siglos pero que ahora adquiere la densidad de las urgencias y con ello, los tiempos se agolpan como caballos desaforados para acelerar la pregunta por la identidad de los latinoamericanos.

La pregunta es incómoda porque es en si misma, una pregunta que demanda quizás más que una respuesta, un plano desde el cual las diferencias que afloren, las inevitables y necesarias, puedan ser comprendidas como enriquecedoras y no como mutiladoras de los consensos de procesos de re-constitución de los sujetos políticos que han sido sometidos a procesos civilizatorios castrantes de las diferencias y peculiaridades construidas en la etapa previa a la llegada de la modernidad de las manos de los europeos.

El uso del término modernidad lo hacemos acá en el sentido de la propuesta de Dussel quien pone la conquista del continente americano y su previa invención, como un precursor de la modernidad. La razón de poner la modernidad tan previa a la fecha de su origen en Europa es que la necesitamos para que la idea de la identidad no sea trastocada desde la propia historia de la identidad de la narrativa europea. Lo esencial, es que América Latina es un otro que ha sido encubierto con los ropajes, creencias e incluso aspiraciones que se conjugan en la clave del invasor y del conquistador. De tal modo que cuando hablamos de la construcción de la identidad latinoamericana debemos estar prestos a tratar de construirla desde su diferencia y no su coincidencia con la identidad europea. Esta demanda nos permitirá caracterizar tal identidad por la vía de la antítesis de una identidad totalizadora.

La identidad latinoamericana requiere descubrirse a si misma como un otro en penuria. Es decir, debe comenzar por construir la solidaridad no desde la postura de quien da sino paradójicamente de quien recibe. Lo cual quiere decir que se trata de plantearse el ejercicio de la solidaridad como una unidad en la cual se encuentran dos sujetos en un proceso de liberación de las formas de suficiencia y sometimiento. En este sentido, el dar se da desde una condición de plenitud y se recibe en ella misma. Esa plenitud no es propia de cada individuo. Es propia de una cultura del “Buen vivir” puesta en clave del florecimiento de un otro en penuria en contraste con una autonomía imperialista. Su origen no es desde el avasallamiento de lo otro y del otro sino de la cautela del cuidado y de la imposibilidad de gobernar en su totalidad.

En segundo lugar, la ubicuidad del sujeto latinoamericano dependerá de los procesos de pluralidad étnica, cultural y política. No se trata de encubrir al otro detrás de la fachada de la alianza de las economías sino de la rica y no siempre conveniente diferencias entre los pueblos que están para enriquecer las miradas y no simplificarlas. Deberá permitir el ejercicio de los gobiernos locales como procesos de co-responsabilidad que trasciende el territorio para comprometerse con una condición esencial del latinoamericano como resultado y proyecto: crisol de culturas. En consecuencia, las formas imperialistas de conducción quedan excluidas como formas de relación ancladas en la imposición de la fuerza que excluye. En este sentido, es fundamental entender que la identidad latinoamericana construida desde los pueblos deberá resistir toda forma de colonización o neocolonización económica, política y cultural. Para ello, quizás sea menester revisar las formas en los cuales los gobiernos en la región han concebido y conducen sus políticas de integración regional. Esto es de singular importancia porque si las políticas están fundadas en los procesos de acumulación de capital y de construcción de bloques para negociar desde las posiciones hegemónicas del control de los recursos de América Latina, el proceso de neo-colonización se acelerará inevitablemente. En ello, pareciera que el tema de una mirada ecológica sobre el modo de conducción en América Latina no es sólo un tema de principios de conducción sino un imperativo geopolítico ante las actuales circunstancias. Venezuela, Bolivia y Ecuador, países que se erigen en la vanguardia de gobiernos pos-neoliberales deberán revisar y hacer los ajustes necesarios para que su política económica no esté anclada en el pasado. Se dirá que está en su poder hacer uso soberano de sus recursos. Pues este discurso deberá compadecerse con los aliados que se suman para hacerlo.

Finalmente y sin pretensión de haber sido exhaustivo en esta primera iteración sobre el complejo tema de una identidad latinoamericana como proyecto emancipador, es menester señalar el principal enemigo contra la construcción de una identidad latinoamericana. Es evidente que el poder de la división de los pueblos se ha trasladado más allá de sus gobiernos, al ejercicio sostenido y descarado de los medios de comunicación como procesos de anclaje neocolonial. En una lectura de la realidad de los pueblos como amenaza, los esfuerzos se han centrado en conducir la política al ejercicio de la decisión individual y al proceso de neurotizar la política por la vía del hostigamiento que funciona como una amenazante tenaza sobre el cuerpo social de los pueblos. Una primera de ellas es la de identificar la posibilidad de éxito a la conducta esencialmente individualista. Con ella se reduce el espacio social a la batalla que ha librado cada individuo contra el mundo obviando esencialmente el capital social con el cual cada individuo cuenta para seguir adelante. Usamos el término capital social para hacer el juego con el discurso, pero eso esencialmente es la red social que soporta desde la solidaridad y la diferencia lo que cada quien hace y puede avanzar en consecuencia. La otra parte de la tenaza la constituye el “error” que significa haber optado por apoyar las salidas colectivas como materia de política de estado. La ecuación está hecha: Si el éxito es mi logro individual entonces, ¿Por qué debemos ayudar al que no puede? Y nos olvidamos que acaso siempre se comenzó con la condición de posibilidad que desde afuera, alguien nos diera una mano en la forma de una escuela, un dispensario o un transporte. Hablamos acá esencialmente de lo material para superarnos. Pero eso no es todo y quizás, es hora de ir sabiéndolo, no es tampoco lo más importante.

En conclusión, acaso nos atenaza para la acción tener que reconocer que tenemos mucho más en común con el excluido de la esquina que con el modelo que invade nuestras habitaciones a través de la televisión para mostrarnos lo que podemos aspirar. No nos damos cuenta que lo que aspiramos realmente no es sino para que otros, unos muy pocos, lo logren gracias a la idiotez de muchos. Esos muchos que somos nosotros.

A Tiempo: El retroceso de la oposición en términos del apoyo que revelan las encuestas (asumiendo que son un indicador preciso) es una clara señal de un proceso de descomposición de la política como mecanismo de resolución de las diferencias. El diálogo al señalarlo como muerto por parte de los dirigentes de la derecha, revelan un talante violento, excluyente y en esa misma medida inconstitucional. Ojalá podamos vernos allí todos los venezolanos que vemos como bueno acabar con el diferente.

Emergencia: Lo sucedido en Argentina contra la canciller venezolana no es un accidente. Constituye un acto de agresión contra una mujer, una representante de un gobierno latinoamericano y finalmente, un acto en contra del estado venezolano. Cualquier venezolano que se ponga del lado de la agresión contra Venezuela deberá pensar de nuevo su afiliación ciudadana. No es poca cosa la agresión y, en esa misma medida, no es poca cosa lo que vamos aprendiendo de una confabulación gigantesca contra la sociedad venezolana. Quien crea que es una agresión al gobierno, deberá de nuevo revisar lo que se oculta detrás de este acto bochornoso de imponer sobre los pueblos, los intereses de los pocos.

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