Ingrese

logo tatuytv

10años pagina

Historias: ¿Contratiempo del olvido?

Compartir

 escenarios-incertidumbre-francisco-torreblanca

“La humanidad es la traza de

múltiples historias contadas

en la noche de los tiempos”

(Del libro “Revelaciones del olvido”)

 

Los balances de fin de año y los propósitos de año nuevo suelen invocar una idea de historia que se supone permite ubicar una línea que nos permita dibujar los contornos del horizonte de expectativas sobre los cuales se pueda desplegar la vida colectiva. A medida que los horizontes involucran a una mayor proporción de las sociedades que conviven en el planeta, el horizonte se va ampliando y se desdibuja.

El que el horizonte se desdibuje ante la presencia de una pluralidad de sociedades y de intereses sería ya una alerta temprana para que no cometamos el error de suponer que la historia universal es una y tiene existencia independiente de nuestras perspectivas. Pero parece que preferimos cerrar los ojos ante lo evidente y procuramos seguir creyendo que se trata de una sola y la “misma” historia para todos. Pero en estos tiempos, todo parece haberse esfumado en el aire y, esencialmente, se ha esfumado la historia. Pero este esfumarse de la historia nos deja sin aliento temporal para asumir el futuro y entonces, nos quedamos reducidos de forma casi ontológica e inevitablemente epistemológica, al presente.

Veamos con detenimiento este esfumarse de la historia para revelar lo que nos queda brillando en su ausencia. Para ello, deberemos hacer frente a lo que hemos definido como la alienación del futuro.

Alienarse del futuro es, sin lugar a dudas, una de las formas predilectas para no hacer frente al mundo. Se opta por ignorarlo. La idea de ignorar al mundo es un ejercicio que luce atractivo porque implica suspender dos de los factores sobre los cuales se juzga el desempeño de todo aquel que lidera a los otros: la continuidad y la coherencia. Al quedar ambas suspendidas, todo acto del presente será apreciado en términos de su valor estético o, con mayor precisión, su valor inmediato. Sin embargo, el valor inmediato es efímero. Por ello, lo que se nos plantea en el presente con los balances de fin de año tiene un valor más estético para abrir cauce al olvido que un proceso de hacer memoria y con ello, plantearse las preguntas realmente trascendentales de la historia. La historia no está para dar cuenta del pasado sino para mirar el futuro y tratar de inferir los posibles escenarios que se derivan del acaecer reciente y más profundo de cada época. Si esto se constituye en el modo dominante de ser y participar en la transformación del mundo, entonces estaríamos en presencia de algunas de las razones sobre las cuales se explica el ascenso del consumismo al poder. Curiosamente, lo que estamos diciendo acá es que el modo como la historia se desdibuja responde al consumo de la cultura y del mundo en su totalidad.

Lo notorio del consumo es, que en el caso particular de Venezuela lo hemos visto quizás caracterizado como herencia del rentismo petrolero y probablemente haya un vínculo allí que es de interés revisar. No obstante, el tema del consumo es mucho más universal y la arista que nos interesa atender ahora es el consumo de lo que nos acaece como procesos de naturalización que requieren esencialmente del olvido para que se hagan naturales.

Se dirá que hace “tanto tiempo” que hacemos colas que la hemos naturalizado y se nos olvida cómo eran los procesos de abastecimiento antes. Se nos dirá que antes los venezolanos podíamos viajar cuando quisiéramos y que eso era señal de que vivíamos mejor. En un afán casi trágico por reescribir la historia, se nos intenta mostrar que en el pasado vivíamos mejor. Pero, ¿Quiénes vivían? ¿Quiénes viajaban?

Lo que se avecina con la incertidumbre acelerada por eventos mundiales como el regreso de la derecha denominada alternativa en países de Nuestra América, la llegada de un “desconocido” al gobierno de la nación más influyente del planeta, el re-surgimiento de Rusia como potencia mundial y el despertar del gigante asiático que hace estremecer las cuerdas de orden mundial, nos obliga a dejar de lado el olvido porque podremos “naturalizar” conductas que pertenecen a tiempos de barbarie. Esa es la tarea esencial que se avecina para los habitantes del planeta tierra: No dejar caer en el olvido los horrores de las guerras y los horrores de las devastaciones en territorios en nombre del progreso y la materialidad. Entender que el peor olvido es que somos partícipes de cuidar el planeta porque somos los únicos capaces de entender su extinción.

La muerte, la más contundente de las verdades que el ser humano conoce, debería ser razón suficiente para que las historia no queden sumidas en el olvido. Porque esencialmente son las historias las que no registran los errores y los fracasos, los logros y las conquistas de la que ha sido capaz la humanidad en su propia forja de espacios para crecer. Pero, habiendo alcanzado los límites materiales para crecer entonces apelamos al olvido para seguir haciendo lo que ya parece ser contraproducente: Empujar más allá de sus límites, la capacidad del planeta.

El olvido es la condición fundamental para que sigamos haciendo lo mismo que hemos hecho para sitiar al planeta en un afán de tener más que sólo unos pocos finalmente aprovechan. Andamos sobre el borde del abismo empujando el mundo a su extinción y nosotros con él, en un alarde de olvido y soberbia que rayan en la estupidez. Probablemente, sea tan sólo un consuelo adjudicarlo al olvido lo que es probablemente, el signo de la derrota del género humano como cuidador del planeta.


A Tiempo: La posibilidad de un mundo más justo parece alejarse en tiempos donde la justicia es objeto de negociación para perdonar delitos contra todos o sentenciar a aquellos que han optado trabajar para los demás. Los actos de justicia deben ser transparentes y notorios. La justicia es virtud ciudadana porque ocurre ante los ojos de todos.


Emergencias: Comienza en breve, la segunda oportunidad para que​ un poder legislativo este a la altura de la historia y no se empeñe en el olvido. Reconocer los errores ante los otros, incluso los históricos es el primer paso para volver a estar en las historias de los pueblo

Compartir