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[CONTRATIEMPO] - El diálogo: ¿Instrumento de emancipación o contratiempo de la revolución?

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10-02-08dialogo

El diálogo es un juego que tienen los comunistas.

A mí no me interesa.

(A. Pinochet)

El problema con el diálogo en estos tiempos es que ha sido presa de aquello que se supone es el punto final en el cual todas las acciones parecen justificarse ante los ojos del presente, a saber, funciona o no. Que el diálogo sea presa de un punto final ya es una mala señal para la práctica dialógica. Pero veamos de cerca de que hablamos cuando establecemos al diálogo como un concepto que más de contenido pragmático lo guía la aspiración de un concepto regulador ya no en términos normativos sino en es suerte de limbo que es lo práctico. A saber, la puesta sobre la mesa de lo discutible los fundamentos sobre los cuales construimos nuestros propios discursos y evaluamos hasta dónde ellos son justificación válida para nuestro actuar a futuro. Esta última condición es fundamental guardarla: Nuestro actuar futuro guiado por una racionalidad crítica.

El diálogo al momento de medirlo en términos de resultados usualmente se hace como si se tratase de cuantificar sobre los avances logrados sobre el campo enemigo. Efectivamente, algo de eso se da en el proceso de diálogo porque pareciera inevitable que al diálogo lo secunda la negociación para concertar acomodos. Pero, ¿Será esa la única posibilidad del diálogo? ¿No estaremos abandonando eso que queremos precisamente construir como novedoso desde la experiencia de América Latina? ¿Qué es eso?

Dialogar supone el ejercicio de construcción del espacio común en el cual dos lógicas (racionalidades) se confrontan y entran a debatir sobre lo que les permite reconocerse en conflicto. Pero el conflicto requiere aceptar que existe un algo común que se encuentra en disputa. ¿Qué es lo común? Precisamente acá es donde hace su entrada la singularidad histórica del diálogo desde los márgenes de la existencia. El diálogo desde la exclusión que es la América india, negra..la América sin nombre y sin sujeto todavía. Es allí, en ese espacio no conquistado por la modernidad y la negociación que es menester construir la nueva lógica del diálogo desde los márgenes. Porque esencialmente el diálogo se constituye acá en una construcción que es autoreferencial para cada uno de los involucrados. Porque el diálogo asume o presume una racionalidad sostenida por un sujeto que ha sido legitimado. Por eso es que quizás el modelo de diálogo eurocéntrico que se inspira en seres comprometidos y constituidos en la autonomía del sujeto parecen quedarse a la vera del camino cuando hablamos del diálogo intercultural. Pero, ¿Qué es el diálogo intercultural?

Probablemente, lo primero que deberíamos destacar que es un diálogo que deberá reconocer y conjugar tiempos históricos distintos. Es decir, no necesariamente se encuentran relatos que se disputan la continuidad de una trayectoria única sino que probablemente sólo sean compañeros de viaje por una ruta que es común de dos historias distintas. Este asunto es de vital importancia entenderlo, porque al no hacerlo se corre el riesgo de reproducir el “diálogo” de las culturas que encubrieron al otro, ese del cual nos habla Dussel como caricatura del diálogo y precursor de la modernidad. Porque la modernidad es esencialmente un proyecto excluyente que se construye sobre el predominio e imposición de un sólo modo de concebir al sujeto. Esto nos conduce al núcleo de esta reflexión parcial sobre el diálogo.

El diálogo puede ser entendido como la re-constitución del sujeto ante la presencia del otro que le invita y le obliga la tarea de construirse. En nuestro caso, la construcción supone un proceso de largo aliento porque pasa por entender incluso la idea de racionalidad, la propia y la ajena, lo cual puede significar la reconstrucción del modo como se da la relación social. Si nos quedamos con el concepto del diálogo en esta instancia primaria entonces habremos alcanzado un estadio previo a la búsqueda de la negociación como producto acabado del diálogo. El primer producto y el imprescindible para la dimensión emancipadora del diálogo es la reconstitución del sujeto. Por eso es que el diálogo puesto en términos de facciones que representan colectivos deberá suponer el ejercicio de un debate al interior de cada posición que se construye entre los que dicen representar a los dialogantes. Es precisamente acá dónde el valor de cualquier forma participativa se convierte en ventaja para la constitución crítica del sujeto y desventaja para una acción eficiente. De este modo, el diálogo es factor crítico para dos procesos que parecen estar en las antípodas que son una racionalidad práctica que busca conocer los fundamentos que guían las acciones de los colectivos y los fines que van más allá de las acciones inmediatas y, por otra parte, la racionalidad instrumental que procura que cada grupo pueda avanzar en la realización de sus intenciones. En conclusión, probablemente haya un equívoco en el proceso de diálogo que se da entre dos facciones que no están preocupadas en convencer al otro sino en aniquilarlo. El asunto se convierte en dramático porque se va constituyendo en un diferir sostenido de la constitución positiva, es decir con proyectos, aspiraciones y modos de realizarlo dentro de cada una de las facciones. Es a la final, la procura de convivir sin proyectos pero seguros porque no hay otros, lo cual es una ilusión totalitaria.

Una revolución, en ocasiones, no es más que el percatarse de la necesidad de constituir un nuevo sujeto histórico a la luz de las circunstancias históricas y coyunturales de narrativa que aspiran en constituirse en la historia. En estos tiempos, esto además de tener ese tufo totalitario de los fascismos, es el camino perfecto para que se mantengan las hegemonías de las historias que precisamente se tratan de subvertir. El diálogo en consecuencia, será contratiempo de la revolución cuando sólo se trate de la táctica de dilatar el tiempo para la confrontación que se presume violenta pero que desde ya engendra una violencia estructural al interior de cada facción en el cual el diálogo no prospera.

A Tiempo: Probablemente seamos testigos en los tiempos por venir de un modo de hacer la política que será descarnado. Absolutamente pragmático donde el mentir no será señal de debilidad sino de astucia. Estos modos usualmente terminan en la inevitable confrontación bélica. El 20 de enero, se juramentará como presidente de la principal potencia militar, uno de esos. Un ser sin aparente contención ética. Para no alarmarnos demasiado, el que sale fue premio Nobel de la paz por sus intenciones y un genocida por sus actos. Cualquier juicio antes de las acciones, es un prejuicio.

Emergencias: Las candidaturas en Venezuela parecen agolparse en la estrecha puerta de la oportunidad y la prudencia. Veremos muchas candidaturas y muchas ya están en el ruedo. Poder saber preguntarnos por el peso histórico de cada una, es tan vital como saber que el único ser que se equivoca más de dos veces, es el humano.

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