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[CONTRATIEMPO] - De la política del cansancio al cansancio de la política

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CONTRATIEMPO CANSANCIO

“El piso imposible de conocer es

aquel sobre el cual se afincan nuestros pies”

(El caminante)

La política en el presente, a nivel mundial, parece haber llegado a una encrucijada donde se encuentran dos grandes fundamentos opuestos para hacerla. Uno de ellos, es la aniquilación del adversario y que pone en práctica el adagio que reza “la política es la continuación de la guerra por otros medios”. El otro se trata de la empatía en la cual, el núcleo del ejercicio es un acto de reconocimiento que encarna no sólo reconocer al “otro” en tanto como un “yo” que lo mueven aspiraciones e intereses cuya legitimidad me es perentorio reconocer y practicar por un simple acto de humanidad.1 Pero también, en ese acto de apertura hacía el otro demando esa misma acción del otro de tal suerte que el ejercicio de reconocer se convierte en una esfera de conocimiento mutuo: Me permito conocer al otro para conocerme mejor quien soy yo. Es decir, el ejercicio de la política es esencialmente una reconstitución de lo que en cada caso cada quien es.

Pero volvamos al choque de esos dos paradigmas que paulatinamente ha ido ascendiendo en las noticias y en los discursos para finalmente encarnarse en el centro del debate de las noticias, ese efímero espacio en el cual creemos que sabemos lo que pasa, pero en realidad sólo son destellos de realidades mediáticas y mediadas con una profunda raíz en lo que no atisbamos a ver. Nos quedamos en lo banal del presente, sin percatarnos que somos marionetas de fuerzas oscuras y en esa misma medida, ilegítimas ante la razón.

Lo primero que deberíamos plantearnos es que de un tiempo para acá se considera al cansancio como un criterio para valorar el ejercicio en la política. El cansancio parece ser el límite a partir del cual se justifica “políticamente” el abandono de la acción política para la conducción colectiva. Pero, ¿Qué queda de esa política que anuncia al cansancio como su límite? Es decir, ¿Qué aspira quien pone una cota al ejercicio de la política? La pregunta surge porque la política siendo un ejercicio de la razón práctica no pareciera tener en el cansancio un mecanismo para detenerse. Entonces, ¿A quién le interesa imponer esa política del cansancio?

En el actual conflicto político que se vive en Venezuela, debemos revisar con cuidado lo que se muestra y estar atentos ante lo que se oculta. Por una parte, se ha exacerbado lo que son los insultos y descalificaciones de los actores y se desconocen los actos de unos y otros. Se da un proceso en el cual las mayorías comienzan paulatinamente a asociar el ejercicio de la política con el intercambio de formas destempladas de referirse al otro. Se oculta por una parte los errores de un modo que resulta grotesco y, por el otro, se ignoran logros que benefician a muchos en el país. La política se extravía porque no está pendiente de la realidad que viven los ciudadanos sino que pugnan por una política que se da en una realidad virtual convenientemente construida por las partes. Puestas las cosas así, pareciera que efectivamente si algo reúne a las facciones en conflicto es demandar al cansancio y el abandono de la política a cada una de sus contrarios, para entonces proceder a continuación, a sugerir que los cursos de acción de los otros son la justificación necesaria para la acción propia. De tal suerte que estamos en presencia de una curiosa coincidencia en mostrar agotada la política como una política. ¿A quién beneficia esta posición? A todo aquel que opta por la vía de la violencia para dirimir el conflicto de poder. Cada quien podrá sacar sus conclusiones y es hora entonces de juzgar que aquella “salida” fue, es y seguirá siendo un acto de violencia política aunque se diga que nunca se llamó a asesinar a los adversarios. Las palabras no son siempre son necesarias para materializar intenciones.

Paulatinamente se va gestando un resultado de la política del cansancio que muestra sus dientes largos en estos tiempos. Se trata de las respuestas de corte neofascista. Esa que surge porque la política efectivamente se cansa. Cuando se reclama al policía necesario, al caudillo imprescindible, a la fortaleza de un estado represor y violador de los derechos humanos. En suma, cuando se opta al terror del estado para que el poder vuelva a las manos que siempre lo han tenido, o en el mejor de los casos, para que se practique el poder desde la represión y no de la construcción agónica de la democracia como forma de gobierno de las mayorías y con las mayorías, entonces la política se ha agotado como lugar de construcción con el otro. El estado como corporación de unos pocos se encarna entonces como la “solución” de quienes sobre el cádaver de lo público y la ciudadanía se entronizan en el poder.

El cansancio de la política es así la derrota de la razón fundada en entender que la política debe practicarse desde la piedad y no desde la aniquilación. El peligro que encarna el que se opte por una política anclada en el desconocimiento del otro hasta su aniquilación es la puerta de entrada a una nueva animalidad que ahora traslada los campos de concentración a países enteros, a fronteras cerradas con muros y a “zonas de silencio”. Cualquiera que sea el nombre con el cual se opte por nombrar la disidencia para desaparecer, en esa misma medida, se estará cavando la tumba para la política de la diferencia y del reconocimiento.

Probablemente, nada es más peligroso que suponer que una política es incluyente porque incluye a quienes piensan de forma similar o, que una política es excluyente porque no beneficia los propios intereses. En suma, esas dos expresiones no son más que pruebas contundentes de que la política no es que está cansada sino que mudó de principios para anclarse en el individualismo extremo. Allí, entonces la política se agota en la inconveniencia de cada cual. Y claro, en ese caso, no hay política posible.

A tiempo: Nada parece indicar que el gobierno de Estados Unidos vaya a respetar la soberanía de los pueblos. Eso lo sabemos, y quizás sea tiempo de que tomemos nota de lo que eso significa para el mundo que ahora conocemos. El miedo es la más terrible, contundente y siempre suficiente razón para aniquilar.

Emergencias: Se percibe un agotamiento en las ideas que conducen a los pueblos a su futuro. Ver que aparece el populismo como mancha en la gestión de gobierno en los pueblos desiguales de nuestra América es un error histórico. Ha sido el pueblo el gran ausente en las gestiones que han conducido a nuestros pueblos a estar al margen en sus propias tierras, su propia historia y su identidad. No debe haber vergüenza en los gobiernos de los pueblos por los pueblos mismos.

1.- En un interesante artículo Sandra Russo resume estas posturas en:”Trump y el Papa”. Página12, 18-2-2017 (ver https://www.pagina12.com.ar/20950-trump-y-el-papa)

 

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