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[CONTRATIEMPO] - El sentido de lo “nuestro”: El contratiempo de nuestra época

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Algo debemos hacer y pronto, porque lo peor que le puede pasar a un pueblo es entregar la esperanza fundamental de que su destino es tarea de ese mismo pueblo.

“Si el hombre es formado por las circunstancias

entonces es necesario formar humanamente las circunstancias”

(Marx, K. Engels, F. La Sagrada familia

o Critica de la Critica Critica)

¿Quienes somos nosotros? La pregunta pudiera resultar natural y entonces nos abocaríamos a responderla sin darnos cuenta que ha ocurrido una fractura que generada en el lenguaje nos resquebraja la idea de unidad de la humanidad toda. Ante la pregunta quienes somos, decidimos acometerla sin pensar que hay una pregunta anterior que nos puede condicionar la respuesta a la pregunta ya lanzada. Esto, planteado por Richard Rorty, filósofo norteamericano hace décadas, nos permitirá abordar la pregunta que queremos plantear a la actual coyuntura política, social y económica en Venezuela.

Probablemente, se este dando en este preciso instante cuando Ud. lee esto, una duda sobre la diferencia real que hay en la pregunta. Si es así, bienvenido. Usted forma parte de eso que podríamos decir constituye el signo de nuestro tiempo: No aceptamos ya esencias como formas de definición para lo humano. El tema no es un simple acto de malabarismo de la palabra o, en el mejor de los casos, filosófico. En realidad, se trata de la realización del modo como nos vamos presentando ante nosotros mismos y a los demás desde una humanidad que se hace provincial, partidaria y entonces, partidista. La humanidad asumida como distinción dentro de la propia especie parece un desarreglo semántico. Sin embargo, la situación es mucho más severa, más vivencial. Se trata de una suerte de insuficiencia de los conceptos para universalizar bondades y derechos. Ante la insuficiencia de los recursos, la humanidad adquiere la condición de ser estrecha, con bordes, con límites. Si la humanidad no incluye a todos los humanos, entonces los derechos humanos son una ficción moral. Siendo así, todo nuestro entorno moral se derrumba como un castillo de arena ante el mar y queda desnuda, la humanidad.

La humanidad en condición de precariedad recrea formas fascistas de gobierno y de relación entre los que deben necesariamente interactuar en la cotidianidad. Porque apelaremos a lo humano para justificar lo terrible y no para celebrar lo admirable. Es decir, diremos que es humano errar, robar, asesinar y dejaremos los actos humanitarios de la solidaridad, el desprendimiento y el acompañar como actos heroicos. Es verdad, serán posibles pero no serán demandados ni considerados como distinciones de la humanidad. Será, en buena medida, humanitarios. Bueno, hasta que alguien venga a secuestrar lo humanitario como instrumento para implantar el dominio de unos sobre otros, porque el otro no puede valerse por sí mismo.

En Venezuela, en este momento se va instaurando en el debate cotidiano una suerte de minusvalía colectiva que demanda que seamos salvados por agentes de afuera. Lo dicen incluso intelectuales que parecen desconocer a propósito que en estos tiempos nadie salva a nadie sin obtener una ganancia, porque es esencialmente humano..¿O no?.

De tal suerte que nos toca a los venezolanos desde cualquier posición que la vida nos haya puesto, el adelantar esfuerzos para reclamar que es suficiente con que no nos sigan imponiendo sus formas de rescatarnos, sus democracias representativas que invisibilizaron a tantos por tanto tiempo. Que no es que disfrutemos las colas, pero que es una respuesta desde el silencio de que seguimos apostando por los cambios. Pero tampoco se trata de un cheque en blanco a quienes ahora nos gobiernan, sin olvidar que en el gobierno están representadas todas las fuerzas políticas que hacen vida en el país. ¿No lo cree?...mire a su alrededor y pregunte por sus alcaldes, sus consejos municipales, comunas, consejos comunales, gobernadores, los que sin ser electos nos gobiernan los gustos: los medios de comunicación, las élites de la agroindustria y de la exportación. Bien, entonces debemos entender que somos parte de un juego macabro que bien pudiera llamarse, los juegos del hambre. Son juegos terribles porque adelgazando nuestro presente buscan que les regalemos el futuro de lucha, de diferencias, de tareas siempre pendientes, de humanidad inquieta e inquietante.

Los venezolanos nos debatimos entre creer que existe una sordera descomunal en el gobierno o es un simple acto de estrategia en una guerra que no parece menguar sino exacerbarse a ratos en los cuales toda victoria del pueblo es rápidamente secuestrada por quienes siguen creyendo que el poder les es otorgado para siempre, y entonces deciden seguir apretando el cuello a la esperanza de muchos. No parece acertado que sigamos acordando con los verdugos los términos de sobrevivencia del condenado. Algo debemos hacer y pronto, porque lo peor que le puede pasar a un pueblo es entregar la esperanza fundamental de que su destino es tarea de ese mismo pueblo. Al buen entendedor, pocas palabras más.

La batalla que se libra en la Venezuela del 2017 va escalando niveles en lo continental, en el mundo. Es la lucha que se da entre quienes instalan el desastre para erigirse en salvadores. “La inmigración no es un derecho, sino un privilegio”, la más reciente frase incómoda de Trump nos pone de cara ante el muro que ahora se erige. No todos tienen derecho a escapar a las masacres empujadas por fuerzas oscuras, sino aquellos a quienes se les otorga el privilegio de sobrevivir. ¿Queremos alguna otra prueba de los juegos que ahora jugamos, bien pudieran llamarse del hambre?

Contra este muro se levantan las banderas de la dignidad que no se enfrentan al poder para derrotarle sino para enseñarle que en la solidaridad pequeña, la del barrio, la de la esquina, la de los que teniendo poco comparten porque siendo insuficiente es preferible que sea de todos. De este tamaño es el reto que se erige en el campo de restituir a la humanidad un valor que supere la ficción moral que señalamos al principio. No es de los gobiernos ni de los poderosos la tarea de hacer de la humanidad un valor universal. Se trata de los pobres, los desheredados, los muchos y desiguales que pueblan cada vez más las tierras de este planeta bien llamado Tierra.

Emergencias: Seguir creyendo que resolver el eslabón final de la cadena garantizará la pulcritud de todo el proceso de provisión de bienes y servicios es una derrota anticipada. Alguien parece no querer aprender lo que venimos experimentando desde hace tiempo.

A Tiempo: La inocencia de declarar la economía venezolana como especulativa es inadmisible en estos tiempos. Poco sentido tiene que adjudiquemos a la economía venezolana como signo, lo que es un acto de piratería y barbarie de los poderes fácticos. Así no tiene sentido ser parte del gobierno. Por un simple acto de honestidad.

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