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[CONTRATIEMPO] El olvido de la historia: ¿El contratiempo de la revolución?

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“No saber lo que ha sucedido antes de nosotros
es como ser incesantemente niños.”
Cicerón

Hace 15 años la insurrección empresarial y la gerencia petrolera sacudió los cimientos de la novel democracia participativa en Venezuela. Se produjo en aquella oportunidad una suerte de giro histórico que nos reveló a muchos que la historia de Venezuela que se habia inaugurado en 1999 parecía signar que el tiempo estaba, por primera vez en siglos, a favor de los más desposeídos en Venezuela.

La insurrección de los ricos y quienes quieren imitarlos en eso de ser ricos, sin tener cómo, reveló las heridas profundas de un modelo rentista que se mostraba no sólo vivo sino además con un arraigo que denotaba que la revolución debía ir más allá de la alteración de los procesos de distribución de la renta petrolera. Debería asumir como reto histórico no sólo cambiar la matriz productiva (que se dijo pero no se hizo) sino además adelantar todos los esfuerzos por emancipar a la sociedad venezolana de la cultura del consumo y de la relación paternalista con el estado. Históricamente eso suponía generar una nueva narrativa que promoviera la imagen del venezolano productor y trabajador en contraparte del oportunista que se oculta en las corporaciones de maletín y de los negocios a la sombra del estado. Es decir, se trataba de superar un modo de ser que se fue incrustando en la sociedad venezolana como deseable, la aspiración de ser que es en buena medida, la forma mediocre de ser porque se trata de acumular riqueza a partir del acto de la especulación generada por el comercio, la forma más expedita de hacerse de la renta petrolera de forma privada. La ecuación siendo fácil tiene mil caminos verdes y alcabalas de diverso cuño: Ser importador es el sueño de muchos que pocos realizan a la perfección para hacer dinero fácil. Comprar barato y vender caro es el lema de esta clase que generosamente se le concede la etiqueta de burguesa.

El olvido de los orígenes de esta “burguesía” comercial es quizás lo que ha permitido que la revolución bolivariana se encuentre en estos tiempos en una suerte de laberinto que requiere la dimensión histórica para entenderlo y entonces, superarlo. No es suficiente el recuerdo pero ayudará a combatir lo que viene ascendiendo peligrosamente hasta el tuétano del ejercicio del poder, a saber, la constitución de un nuevo poder fáctico que está sembrado sobre los mismos vicios y, en consecuencia, generará los mismos resultados adversos que fueron y son la razón del apoyo popular a Chávez, a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y a la formulación de una versión anti-imperialista del gobierno liderado por Chávez. Estas tres instancias, se complementan con lo que fue el anuncio postrero de Chávez: “Comuna, o nada”. El olvido de esta historia pequeña puede dar al traste con la pretensión revolucionaria, independientemente de que el gobierno siga estando en manos del actual partido de gobierno. Este olvido pudiéramos referirlo como el olvido entre los militantes.

Sin embargo, hay otro olvido que es quizás de mayor peso histórico para Venezuela como país. A saber, el olvido de la historia de la democracia petrolera que instauró el modelo que derivó en el 27 y 28 de febrero como el acto final de un modelo que se agotó. No obstante, ese mismo modelo es el que busca constituirse en esperanza en estos tiempos. Se evidencia que no puede hacerlo desde sus propias fuerzas porque perdió toda credibilidad. Apela al expediente más triste para llegar al poder: la de ser la celestina de fuerzas colonialistas que vuelven por sus fueros. ¿Será suficiente para cambiar la historia del pueblo venezolano que, en apariencia, se está construyendo de un modo distinto? ¿Cuán distinta es esta historia? ¿Serán estos últimos 18 años, un accidente de una historia que nos sumerge a los años 30 del siglo pasado? Es decir, ¿un pueblo que sin proponérselo de forma explícita anda en la procura del guardián necesario?. Pareciera que sobre esta posibilidad cabalgan los jinetes que parecen optar por el apocalipsis antes de ceder en su empeño por ser los cancerberos de los capitales que no ven en Venezuela a un pueblo sufriendo, sino una oportunidad para hacer más dinero a partir de nuestras riquezas naturales. Se dice que el gobierno está entregando las riquezas a las trasnacionales y que allí no hay ninguna diferencia en los propósitos bastardos. No hemos escuchado mayor controversia sobre esas decisiones. ¿Serán conveniencias urdidas entre las viejas y nuevas “burguesias”, para seguir construyendo una historia de olvido y exclusión de los pueblos?

El curso de la historia sólo se puede saber hasta el presente. El horizonte debe, y esa es su condición de posibilidad, ser el abierto para las posibilidades de los pueblos. Lo que no nos podemos perdonar en estos tiempos, es hacer del pasado el horizonte sobre el cual volveremos a caer como inocentes y hacer el hazmerreír de nuestros hijos y las generaciones futuras. Para decirlo con Alí Primera: “La inocencia no mata al pueblo, pero tampoco lo salva”. Allí, justamente allí, el tema de la conciencia como instancia salvadora necesitará tener la dimensión histórica como referencia para que la construcción de la comuna sea una respuesta que vaya más allá de la coyuntura para hacerse la circunstancia histórica de una nueva Venezuela.

Emergentes: La respuesta de Estados Unidos ante el ataque de armas químicas en Siria, no es respuesta. En realidad, es un paso en la dirección de un nuevo orden mundial que parece seguir apostando a las fórmulas imperiales. Las fuerzas que lo pueden contener no están listas todavía.. y todos lo saben.

A Tiempo: La justicia en su demora se constituye en un acto arbitrario. Nada debe impedir a un estado ejercer la justicia con todo el peso de la ley, pues al no hacerlo promueve la impunidad y la liviandad, ambas enemigas de la verdad y la justicia. La justicia a conveniencia, no es justicia.

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