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[CONTRATIEMPO] - El Miedo: ¿Contratiempo constituyente?

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La agresión siempre es

un acto inspirado por el miedo.

(Libro de las revelaciones)

La pregunta sobre la pertinencia de la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente es quizás una pregunta tardía tomando en cuenta que se ha desatado desde el lunes 1 de mayo una suerte de huracán de temores que amenaza con arrasar incluso la propia iniciativa que marcó un cambio en la situación de conflicto y guerra de baja intensidad que se libra en las calles de algunas ciudades y, quizás con mayor intensidad, en las ideas y convicciones de muchos venezolanos.

Probablemente estamos urgidos de soluciones políticas que trasciendan la dimensión de la solución jurídica a la cual somos tan dados cuando entendemos que se trata de sujetar las decisiones a un marco de legalidad que en el caso particular de estos momentos es insuficiente. Para abordar esta suerte de situación excepcional es menester revelar el piso sobre el cual descansan nuestras aseveraciones. Pero, tal revelado debiera estar acompañado por una disposición similar desde las distintas posturas que han aflorado en el espectro político venezolano. Sin miedo a lidiar con la pluralidad, quizás podríamos abonar muchas lecciones para una sociedad que necesita aprender con urgencia lo que son los propios enunciados de la constitución. Para ello, vamos a revelar nuestro propio marco de referencia.

El llamado a una Asamblea Nacional Constituyente es un acto que surge del reconocimiento del agotamiento de aquello que constituye el núcleo sobre el cual nos reconocemos como co-partícipes en la construcción de una sociedad. No es poca cosa. Ese agotamiento no necesariamente implica el fracaso de un modelo sino, y quizás este sea el signo sobre el cual se acumulan las mayores tensiones y temores, se trata de un cambio cualitativo de la sociedad que demanda una re-formulación del sustrato sobre el cual descansa el encuentro con el otro. La situación no es nueva en el continente latinoamericano. De hecho, no debemos olvidar los vientos constituyentes que abonaron al Chile que se encaminaba a una democracia del olvido y a la Colombia que apostaba a una democracia no violenta. Esas sociedades avanzaron para una nueva constitución desde la necesidad de reconocer nuevos actores y nuevas situaciones. No fueron populares en el sentido de convocar a los ciudadanos a ejercer el derecho de convocarla, elegirla y aprobarla. En ambos casos, se quedaron cortos en eso de la participación popular, pero en todo caso, el tema es que se trataba de incorporar elementos que hicieran viable la sociedad.

Pero, ¿De qué viabilidad se trata? Seguramente existirán quienes se estén planteando este tema solamente en el ámbito económico y la viabilidad se entiende como sobrevivencia material. Probablemente la atención se haya concentrado allí porque esencialmente la precariedad ha sido el camino para hacer inviable el gobierno en Venezuela. Pero, ¿Será esa la causa y solución al problema de la viabilidad? Allí estriba uno de los miedos sobre los cuales la MUD, el ala más mediática de la oposición, parece paralizarse y opta entonces por el sendero de la derrota bélica del oponente. La constituyente como respuesta, convierte a la MUD en un enemigo bélico y demuestra, quizás con dificultad para sus adeptos más radicales, que en realidad no le interesa un cambio democrático sino la conversión de Venezuela en tierra arrasada por la violencia y más particularmente con la siembra del terror a todo lo que pueda sonar a justicia social, igualdad de oportunidades y reparto equitativo de la renta petrolera. Probablemente, ese mismo escenario es el que ha conducido al gobierno a otorgar todo el poder de vuelta a quien ostenta la soberanía. Suena casi paradójico y trágico que al pueblo de Venezuela se le convoque a dirimir en condiciones de orfandad material y de poco aliento ideológico, el proyecto de sociedad que deberá refrendarse en el evento constituyente. Esto debiera demostrarnos que estamos realmente en una situación de mucho apremio político. Veamos esto.

El discurso del gobierno hace unos meses atrás se orientaba a la posibilidad de diferir las elecciones ante las circunstancias particularmente anormales que aquejaban a la sociedad venezolana y que de algún modo sugerían la imposibilidad de una decisión política ante los imperativos de una necesidad atroz. Ahora, a escasos meses de esgrimir ese argumento la oferta para construir un espacio político con la oposición es la de precisamente ir a la "madre de las elecciones". No se trata sólo de elegir gobernadores o elecciones regionales. Ni siquiera se trata de una elección de presidente adelantada (lo cual sería, inconstitucional). Se trata de poner sobre la balanza del debate político lo que es el proyecto de sociedad que nos regirá en los próximos años. Pero hay más, es exponer en público la "nueva sociedad venezolana". Este asunto es quizás lo que en estricto sentido juega a ser la más profunda sacudida política en la Venezuela de los últimos 20 años.

En breve, se trata de presentar un examen en las peores condiciones materiales para medir el impacto del cambio político impulsado por Chávez y lo que se adelantó con la constitución de 1999. Sería justo recordar que aquel momento constituyente se construyó sobre una promesa electoral. Este otro se hace bajo la amenaza de una guerra entre hermanos. Siendo la diferencia de contextos tan amplia, queda por preguntarse si es momento de apelar a las formas. Sin fijar posición sobre un debate que deberá dirimirse a la luz de la interpretación del espíritu de la constitución en lo que se refiere a la convocatoria, queda pendiente dirimir lo que significa poner a toda la sociedad venezolana a dirimir el futuro de sus instituciones. Para algunos, se trata de un salto al vacío. Para nosotros, se trata de la oportunidad que nos queda para pensarnos en términos políticos y no en clave de confrontación fratricida.

Hay quienes piden el referendum previo a la realización de la constituyente bajo una premisa de economía electoral que supone atar la convocatoria a la figura disminuida de Maduro. ¿Será sensata esa apuesta? Hay otros que sugieren llevar adelante la elección de la Asamblea, porque al final será el pueblo quien vote a favor o en contra de una nueva constitución pero abriría una válvula para dirimir diferencias o al menos discutirlas. Pero, existen los que le asalta la duda sobre la elección por sectores porque esa "jugada" pone el acento en una orgánica de la sociedad venezolana que no está regida por la fórmula electoral que privilegia la decisión individual y sin compromiso con un entorno que podrá demandar y juzgar sus actuaciones cuando lo haga en nombre de los trabajadores, estudiantes, indígenas o cualquiera que sea el sector que diga representar. Allí, radica quizás un tema que comienza a gestar una forma de democracia que parece acercarse a la forma protagónica y co-responsable de la que se enuncia en la constitución. ¿Será posible andar ese camino?

Probablemente, todo está en los miedos que atenaza a uno y otro sector en no poder contar con el control de las mayorías y eso precisamente revela que lo que está en juego es menos el proyecto de país que las relaciones de poder que queden instauradas una vez que finalice el proceso de debatir y aprobar o no una nueva constitución. Los miedos escalan a niveles que solamente se puede resolver en ese laberíntico proceso que es la violencia, si se trata de imponer una gobernabilidad desde el autoritarismo y la soberbia. Parece que quien huye a la constituyente, le huye a la tarea política por excelencia. ¿Podrán sobrevivir a este tiempo?

El juego en torno a la constituyente apenas comienza, andaremos seguramente aprendiendo mucho de lo que ha sido la organización que se instauró a la luz de esta constitución que hoy se convierte súbitamente, en la más codiciada y protegida de las herencias que se han dado los venezolanos desde el fin de siglo XX. Pero esa herencia debe rendir los frutos de entregarnos a la paz entre los venezolanos.

Emergentes: El que la universidad rehuya al debate constituyente es quizás un daño irreversible a la majestad de una institución. No es un tema de partidos, es un tema de privilegiar el debate y la discusión doctrinaria. La tradición de 200 años debiera servir para mucho más que ocultar miserias e insuficiencias. La universidad en todas las manifestaciones que tiene en Venezuela debe ser la luz de un debate fundamental para erigirse en Alma Mater. No hacerlo, es negar su propia alma.

A Tiempo: Muy mala señal para nosotros mismos que contemos los muertos por conveniencia y decidamos ensuciar nuestras calles con excremento. Demasiada miseria para un pueblo noble. ¿Qué buscan realmente? Entre el asco y el convencimiento, es evidente que la escogencia por el segundo es lo sensato. Entonces, ¿Por qué llenar de porquería a nuestro país?

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