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[CONTRATIEMPO] La Constituyente como ejercicio democrático: ¿Contratiempo originario?

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Constituyente

“Miente toda historia muerta que tiene igual sanción para los mártires
y para los verdugos, para los que han muerto en las hogueras
y para los que las encendieron”

José Ingenieros. “Las Fuerzas Morales”

La convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) sigue siendo el tema de quiebre político más importante del período gubernamental que arrancó el 10 de enero de 2013. Es casi una tragedia histórica que el período que iniciara sobre el triunfo electoral de Chávez y que, en su ausencia le corresponde liderar a Nicolás Maduro, nos devuelva la pregunta sustancial con la cual comenzó la nueva historia constitucional en Venezuela y se diera inicio al experimento de una democracia protagónica, co-responsable y participativa. Es tragedia porque pareciera generarse una singularidad histórica en el ciclo inaugurado por Chávez. Las singularidades históricas causan incomodidad porque pueden cambiar los signos de los tiempos. Los signos de los tiempos no son más que los modos de lectura que hacemos los humanos de cuánto nos acaece.

Allí radica una discusión que se dio con muy poco eco en los medios y sepultó, lamentablemente, lo que es fundamental como principio constitucional: la convocatoria de la ANC es un ejercicio de soberanía popular. La razón para ello debe consagrarse como principio constitucional. Caso contrario, estaremos en la continua procura de quienes puedan convocar a la ANC en una puja incesante que demolerá a la constitución como instrumento rector de la constitución del venezolano. Sin lugar a dudas, este es un contratiempo originario que deberemos atender desde la altura en la cual nos coloquen las circunstancias de este momento histórico que es, pese a todos, un momento constituyente.

Probablemente, el espíritu constituyente pudiera apelar a las circunstancias de lo sucedido el 16 de julio en la siempre incierta Venezuela. El hecho de conseguir largas horas de espera para ensayar el voto revela una voluntad que trasciende el aprender a votar. Fue una tozuda, sorprendente y contundente respuesta a propios y extraños de que el pueblo venezolano, con aciertos y desaciertos, asume su tiempo histórico como tiempo constituyente. A todo el espectro político venezolano, desde los oportunistas que se enriquecen a la sombra del estado hasta los terroristas intelectuales y materiales que han dado muestras de ignorar todo orden, les urge por su propia conveniencia, que nos planteemos la convivencia en Venezuela como un asunto que nos ocupa a todos, nos compromete e interpela en lo personal, vecinal, institucional e incluso en lo educacional en todos los estratos. La constituyente es así el núcleo sobre el cual deberemos poder mirar a los “otros” sin el espanto del odio, de la indiferencia, de la soberbia y del asalto.

El tiempo constituyente está instalado entonces porque no es un tema de holgura para re-pensar instituciones. Es una urgencia porque las instituciones se han hecho pequeñas e insuficientes para atender lo que ha significado una explosión de pluralidades que se asumen sujetos de derecho pero también, el revelado de posturas y convicciones secesionistas, entreguistas, oportunistas por hacer de la nación de Bolívar el mejor negocio en este momento que se pueda hacer en el planeta. No se trata tan sólo de un gobierno. Es la misma idea de gobierno la que está ahora puesta en el banquillo de los acusados. Por primera vez en muchos años, los poderes imperiales han decidido quitarse la careta ante la ineficiencia y el fracaso continuo de una oposición en Venezuela que no opone porque no propone, que no gana porque nunca compite y, finalmente, no ha podido arrastrar desde la convicción de la humildad a la convicción de la ambición desmedida, a la mayoría de los venezolanos. Ese es un tema digno de estudio y análisis: ¿Por qué ser chavista si eso no te da beneficios? Probablemente, la pregunta comienza a ser insuficiente. Probablemente, quien apoya el tiempo constituyente lo mueva el espíritu de Chávez pero no de la figura centelleante y exultante del líder sino el “espíritu” en su acepción más puro: lo esencial de Chávez. Nos basta para este momento señalar apenas algunas características de esa esencia: La convicción de ser sujeto político en tanto soberano, el apego a la paz como la derrota de las ambiciones imperiales y el apego a las formas de la democracia en sus múltiples formas como la única salida a los laberintos colectivos. No son convicciones fáciles de sostener. Se ha puesto el mayor empeño en descalificarlas todas y en reducirlas al insulto y la barbarie. Pero algo nos dice, que el pueblo es sabio y paciente.

Se dará el proceso constituyente porque hace rato que el pueblo decidió y apostó que incluso para cambiar el curso de la historia, o acaso porque de eso se trata el acontecimiento de estos tiempos, la única posibilidad es constituirnos como unidad. No se trata de que la constitución de 1999 tiene todas las respuestas y que es perfecta. Es más simple, las preguntas que ahora se hace el pueblo venezolano no tiene respuestas en el libro que Chávez alguna vez comparara con el Popol Vuh. Son tiempos constituyentes porque son tiempos de mengua de la humanidad, en esos casos, la constituyente es inevitablemente un contratiempo de origen, desde el comienzo y es por ello que es menester que volvamos todos no sólo a reformular nuestros sueños, sino a ampliarlos para construirlos despiertos.

Emergentes: Nada sugiere que posterior a la constituyente se calmen los intereses bastardos que acosan a la sociedad venezolana. Más le vale a la sociedad venezolana toda, preguntarse si a quienes vienen a salvar son sus almas o sus alforjas. Los piratas nunca han cuidado las vidas, mucho menos lo harán ahora.

A Tiempo: Cada acto de voto que se haga este domingo, será un acto heroico pero también una advertencia a todo quien gobierna en el vasto territorio de Venezuela. No será sino la victoria del pueblo y en eso debemos ser absolutamente certeros en celebrar la vida y recordar los muertos que la insensatez y la barbarie de unos pocos han cobrado como ofrenda por la sencilla razón de pensar diferente.

A destiempo: El silencio de esta columna no tiene otra excusa que los contratiempos de no poder acompañar como se quiere, y tener que conformarse con lo que se puede. Paz en el corazón y luz en el entendimiento.

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