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El Chávez Radical: ¿Contratiempo del Gobierno?

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un coño 

“Si no existe la organización, las ideas,
después del primer momento de impulso,
van perdiendo eficacia.”
(Che Guevara, 20-10-1962)


Los eventos que se suceden en la Venezuela del presente pueden mover rápidamente del desconcierto a la euforia y de la alegría inmensa a la tristeza estacionada en cualquiera de las colas que hacemos (virtual y materialmente) para tener acceso a lo que cotidianamente no debería suponer mayor esfuerzo.

Sin embargo, algo de cotidiano se va instalando en el exabrupto de un país que no cuenta con transporte público de calidad y de cobertura para las grandes mayorías. Se hace cotidiano el desandar largas distancias para llegar a un trabajo que será objeto de asalto sin arma y sin protesta ante la avasalladora inflación que se hace aliada del tramposo, el mafioso y el bachaquero para golpear a todos, en cada uno de los que individualmente va a entregar su salario en la caja del abasto, el supermercado o cualquier otro servicio. Esperando el “rescate” del gobierno.

Es casi un asalto cotidiano la incertidumbre que se instala en nombre de la defensa de una libertad de especular que ahora se ejerce casi que en compañía y la custodia de las fuerzas de gobierno. Algo de lo que no se habla es que poco de dictadura tiene un gobierno que se pone acordar precios con los mismos que se empeñan en derrocarlo y. al mismo tiempo, roban las divisas que son, sin ninguna duda, de todos los venezolanos. ¿Qué es lo que ocurre en Venezuela?

La explicación simple podría apelar al expediente de un sistema clientelar que se ha consolidado a través de las políticas asociadas a la distribución de alimentos y poco más. El asunto es más complejo porque es evidente que la gente participó en las elecciones y optó por Nicolás. Algunos argumentarán que por miedo al porvenir, es mejor quedarse con el que ya se conoce antes que intentar asumir el cambio doloroso. Hay las otras explicaciones que sugieren que la gente ha decidido dar espacio a la única posibilidad real de buscar una solución a la situación venezolana sin que eso signifique claudicar ante las imposiciones del enemigo. Acá, en esta última explicación yace el contratiempo por explorar.

Un aspecto fundamental del Chavismo radical ha sido el anti imperialismo y la promoción del mundo pluripolar. Entendiendo por radical aquello que está en la raíz de ese modo de asumir la vida política en la sociedad venezolana de comienzos del siglo XXI, corresponde, explorar la idea anti-imperial en el plano no sólo geopolítico mundial sino en la esencia de la práctica política de todos los días.

Una postura antiimperial efectivamente apunta contra las fuerzas que imponen cursos sobre el destino de los pueblos, a partir del ejercicio indebido de la fuerza. Es en esencia, un acto de barbarie que desconoce y apabulla al dependiente y menos hábil a partir de las competencias del independiente y fuerte. El modo ha cambiado en formas, pero esencialmente sigue siendo un acto de barbarie. El anti-imperialismo parte de una premisa que se supone es “civilizada”. Es un asunto fundado en aceptar la diferencia y propiciar modos pacíficos y dignos para resolverlas. Es en esencia, una ética de la relación con el otro anclado en el ejercicio de una razón dialógica. A saber, una razón que reconoce al otro la posibilidad de sostener y argumentar su discurso aceptando que lo mueve la verdad como meta y punto de partida (no se miente, se aceptan los argumentos y si son convincentes, se aceptan). Una última condición es que el marco donde se da la discusión no está cerrado. Es decir, se puede ampliar el horizonte de debate. Esto último es una premisa fundamental porque es la que permite que las postura enfrentadas evolucionen y aprendan. En el diálogo no hay vencedores y vencidos, sino convencidos. Ese es el anti-imperialismo en su raíz, el radical en suma.

Por eso, el diálogo es un acto esencialmente revolucionario. Porque parte del esfuerzo por consolidar un proceso racional dialógico por encima de la racionalidad de fines-medios que es esencialmente ego-céntrico. El que esto sea fundamentalmente revolucionario es un principio radical. Lo que no lo es tanto son los modos como el diálogo es usado para obtener ventajas y otorgar privilegios a partir de la exclusión de los “sin voz”. Allí radica lo que podríamos decir es el diálogo como herramienta de tutelaje y, en consecuencia, imperialista.

El gobierno insiste en reclamar para si, la condición de protector del pueblo. Pero esto tiene varias implicaciones que es menester recordarlas. La primera es la imposibilidad de asumir ese protectorado como mandato electoral. Quienes eligen las autoridades lo hacen haciendo uso de su libertad y autonomía. En consecuencia, no es para elegir tutelajes que se participó en la ANC y las otras elecciones. El segundo, es que el tutelaje (asumiendo que eso fue lo escogido por el pueblo) no significa la sustitución del pueblo por el discurso del líder a la hora de establecer prioridades y hacer el ejercicio de gobierno. Esta sustitución es peligrosa porque quien dice “proteger” dice encarnar la “voluntad general”. Si eso no es autoritarismo, se le parece demasiado.

El pueblo paulatinamente se va cansando de un diálogo donde su voz no sólo no es escuchada, sino que además, no la tiene. Se sucumbe así a la tentación patriarcal de dejar que hable el “padre” y resulta que hace rato que el pueblo venezolano necesita ejercer su madurez para que podamos superar esa condición de minusvalía propia de las sociedades rentistas.

En estos tiempos de penuria económica y de extravío político, la tentación de los hiperliderazgos es la receta perfecta para darle continuidad a lo que esencialmente debe cambiar de una vez por todas. El que cada quien asuma sus responsabilidades y le sea demandado su cumplimiento de forma contundente y continua es la única fórmula que conocemos para superar el imperialismo domeśtico que se juega peligrosamente entre los idiotas que piden intervenciones y los oportunistas que aprovechan la circunstancia para mantenerse en el poder.

A Tiempo: Un partido que dice pensarse y no se piensa como falible, es un imperialismo perfecto.

Emergencias: La larga transición de un gobierno al otro en México parece la excusa perfecta para el chantaje.

Allende: El deterioro del derecho es una estrategia imperialista para conculcar derechos más allá de las incompetencias de los gobiernos (cualquiera sea su signo)

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