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[LA MANDARRIA] - La Constituyente y su Convocatoria Impertinente.

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En esta ocasión, veremos a la impertinencia desde sus dos acepciones más comunes. Vamos con la primera:

El llamado a la Constituyente para muchos es inadecuado e inoportuno.

Se considera que no es el momento histórico para hacer dicha convocatoria toda vez que el Soberano aún se encuentra en una etapa -bastante incipiente por cierto - de comprensión en torno a lo que ha sido y es este proceso político. Es luego de aceptar y entender las realidades que se desenvuelven en el contexto nacional, cuando sería materialmente y moralmente posible avanzar hacia transformaciones que verdaderamente trastoquen las estructuras sobre las cuales se desarrolla la vida política, económica, social y cultural  de un país.

Lidiar con los patrones culturales impuestos y legitimados por la hegemonía, es todo proceso que requiere de años en constante lucha social, cuyas acciones concretas no estén únicamente sustentadas en las “bondades de la renta petrolera”. El Socialismo no es sinónimo de “Renta Socialmente Bien Distribuida” y, el Estado Comunal, se construye a pulso con un Pueblo que sea de carne y hueso y no de discurso panfletario.

¿Existe en este momento en Venezuela una aceptación generalizada de refundar al Estado institucionalizando mecanismos que hasta el momento han sido – en una buena mayoría- laboratorios inacabados de captación y distribución local de renta? ¿Tenemos base moral para erigir principios radicales en nuestra Carta Magna? ¿Es eso compatible con lo que estamos viviendo actualmente en nuestro escenario cotidiano?   

Ahora miremos a la impertinencia desde su otra acepción:

Para otros, la convocatoria a la Constituyente es un hecho perturbador.

Por su contenido,por la posibilidad de desaparecer del ámbito jurídico aquellas vías que legalizan el trabajo explotador, la mercantilización del conocimiento y la perdurabilidad de los monopolios económicos ( y con estos, todas sus lógicas alienantes). Obviamente eso es muy peligroso, peligroso para quienes detentan el poder económico en nuestro país y abriría el espacio para incorporar otros modos de trabajo y otros modelos económicos que faciliten los caminos para mitigar la desigualdad social.

Entre estas dos impertinencias nos hallamos, pero, como diría mi Abuela: “La Peor Diligencia es la que No se Hace” y un Pueblo no debe perder la Esperanza.  Incorporémonos y participemos, esa sería una buena práctica democrática, bien desde el acuerdo o  bien desde la disidencia

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