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[LA MANDARRIA] Una Democracia Falaz

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LaManda

Luego de un movido domingo de participación “civil” para unos y “popular” para otros, nos proponemos a disertar un poco en torno al entendimiento que, de manera generalizada, tenemos en relación con la Democracia. Históricamente nos han enseñado que en un país en donde se celebren muchas jornadas electorales,  es un país profundamente democrático. A mayor participación en dichas jornadas, más validez tendrá una elección. ¿ Y qué es una elección? Es un proceso mediante el cual cada ciudadano y ciudadana tiene la posibilidad de ejercer un voto (o sufragio) directo y secreto para decidir y elegir a la persona que en representación suya (o mía, y/o nuestra) tomará las decisiones que orienten la vida del país según sea el escenario: municipal, regional o nacional.

Ahora, un plebiscito es aquel mediante el cual se le consulta a la población “electoral” sobre asuntos de orden público o sobre asuntos que tengan impacto en un país.  Según parece, tanto en una elección como en un plebiscito, lo medular está en manifestar una opinión y una voluntad, es decir, si logro manifestar mi voluntad respecto a algo o brindar mi opinión, entonces quiere decir que soy tomado en cuenta y tengo la posibilidad de determinar -junto con otros- el destino de asuntos públicos. Eso por supuesto, es una manifestación de ejercicio democrático según -reitero- lo que se ha enseñado. En caso contrario, cuando es escasa o nula participación la de la gente en estos procesos, afirmamos que hay debilidad o carencia en la legitimidad y en consecuencia, una democracia débil.

Bien, revisemos el concepto “Democracia”. En su sentido más literal es gobierno o poder ejercido por el Pueblo. También es concebida como un sistema cuyo propósito es establecer un conjunto de principios normativos que faciliten la convivencia política y social, todo esto sustentado en la Libertad y otros Derechos Colectivos. Se dice que la Democracia puede ser  ejercida de manera directa o indirecta (plebiscito y elecciones son los estandartes de esta última y las decisiones a futuro serán tomadas según lo determine la “mayoría de quienes participen”).

Ahora, ¿Cómo puede Todo un Pueblo ejercer el poder o gobierno y además ponerse de acuerdo para facilitar la convivencia política y social de un país si sólo se toma en cuenta a la mayoría? ¿Qué sucede con la minoría? ¿No es Pueblo?  ¿Cómo queda el ejercicio de su gobierno allí?. “Ponerse de acuerdo” y “Decisión de Mayorías” son tan antagónicos como el agua y el aceite. ¿Dónde quedan los procesos de reflexión para decidir en torno a los asuntos de Todos? Creemos que el sentido democrático – el verdadero- no apunta a decisiones tomadas por “mayorías” sino por un “ Conjunto de Totales”, entendiendo que el concepto Pueblo sólo tiene sentido desde la diversidad y particularidad de sus integrantes. Dicho de otro modo, un Pueblo Democrático es aquel que promueve espacios de mayor participación para discutir y decidir colectivamente y de manera directa sobre asuntos de la vida pública, esos espacios deben ser plenamente abiertos, sin censuras ni condicionamientos y cuanto más sectores de la población sean convocados, mayores posibilidades habrá de consensos en las resoluciones conclusivas.

De esta manera, lo otro, lo de ir a votar y que luego cuenten los votos a favor y en contra, es un ejercicio que disimula tras la vestidura de Democracia, el hecho de que una mayoría se imponga sobre una minoría que disiente o que no desea votar por las opciones que se le presentan y eso robustece el hecho de establecerse hegemónicamente por sobre los que son menos.

La Democracia, si pretende ser un sistema que respete procesos naturales a la vida en común y a la convivencia política y social; debe ser ejercida en comunidad y con responsabilidad, de lo contrario, es una falacia que oculta intenciones de dominio y sometimiento.

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