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[AUTOCRÍTICA] Chavismo en dolor mayor. Es tiempo del avance popular

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VenezuelaMovilizada

Que fácil es, en estos tiempos, darle una patada a la mesa. Abandonar todos los sueños a causa de la situación realmente existente, que estamos padeciendo todos los ciudadanos de esta patria. Ahora es hasta cómodo señalar los errores de la “dirigencia”, que han sido varios además. Escurrir el bulto como dicen en el argot popular. Lo cierto es, que bastante hay que decir sobre lo que en la actualidad vive nuestro pueblo, pero lo más importante es que hay mucho por hacer, y en ese HACER, debe privar la idea de liberación definitiva de nuestro pueblo. Con todo esto, podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el proyecto político más hermoso que ha construido la sociedad venezolana a lo largo de su historia ha sido el de la Revolución Bolivariana.

La Revolución se ha planteado a lo largo del tiempo, como una posibilidad, como una suma de voluntades que permitan transformar una realidad determinada, una realidad que no da cuenta de los intereses y las necesidades del pueblo. Es abrir las posibilidades de construcción de un proyecto histórico que esté a la altura de los clamores del pueblo, de sus aspiraciones colectivas, que nos permita reproducir la vida con dignidad, que nos haga dueños de nuestra fuerza de trabajo y que con nuestro actuar podamos consolidar una ética liberadora. Son esas las cosas que se vienen discutiendo desde el movimiento popular, desde las comunas, las cuales agrupadas en espacios organizativos crean y re-crean una nueva subjetividad desde el trabajo, desde el vínculo social, desde la posibilidad de la vida.

El proyecto político de la revolución Bolivariana logró durante la primera década 2000-2010, reducir la brecha entre ricos y pobres, cuestión que se ha vuelto a abrir  de manera exacerbada, pues para nosotros los pobres, la realidad nos pinta un panorama de imposibilidades, mientras que para la clase dominante el derroche y la abundancia forma parte de un proceso de acumulación que se ha aparejado con una práctica delincuencial, que le genera jugosos dividendos. Es decir, de la crisis de los pobres, genero lucro para mis intereses particulares. Con esto evidenciamos, que la crisis es para los desposeídos de siempre, incluyendo a la mal llamada clase media, mientras que el gansterismo económico sigue arrojando ganancias exorbitantes que van a parar a los bolsillos de quienes hablan del país con la boca llena de comida.    

Bastantes logros ha alcanzado la Revolución Bolivariana en su corta historia, y al mismo tiempo ha sufrido muchos retrocesos que el pueblo lamenta. En Junio del 2015, Venezuela recibía un reconocimiento por parte de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), producto de su empeño y de su lucha en contra del hambre, un reconocimiento internacional, que resonó en el mundo capitalista, y por su “mal” ejemplo, desde el poder mundial había que silenciar a escala global todos los avances que desde la patria de Bolívar se venían consolidando. Para ese entonces Venezuela se encontraba entre los 29 países, que para el momento habían alcanzado el cumplimiento de varias de las metas del milenio, lo que significaba un avance importante. Sólo dos años después, la misma FAO, alertaba sobre la crisis alimentaria en el país, representando una regresión histórica, a sabiendas de la manipulación mediática que ha existido sobre el tema, lo cierto es que los indicadores actuales muestran en definitiva otra realidad, en comparación con años anteriores. En ese sentido, no es que los premios de la FAO sean de extrema importancia para nuestra revolución, el asunto es que la realidad nos está diciendo que debemos prender las alarmas, porque nuestro pueblo está hoy en día más vulnerable que nunca, y eso es una realidad innegable, en consecuencia, debemos actuar con contundencia para que la revolución cumpla con su ontología, es decir su papel histórico.            

Basta con andar por las calles, con hablar con la gente. El lamento es diario, el dolor mayor se traduce en indignación, y la revolución es la única capaz de sentir éste dolor, de transformar esta realidad. Con políticas públicas que demuestren protección para el avance emancipador, podemos restablecer la esperanza.    

El Horizonte es por la dignidad y la rebeldía popular siempre en revolución.

Nuestra revolución, hoy más que nunca debe convertirse en referente moral, debe ser consecuente con sus principios, con nuestro pueblo, incluso con los que aun siendo de nuestra misma clase social, nos “adversan” políticamente.  Lo único que tenemos, los revolucionarios, los explotados, los de abajo, es nuestra fuerza de trabajo y la moral, y de esta última depende la posibilidad de mantenernos vivos políticamente. Si nos dejamos arrebatar estos dos elementos estamos perdidos, y cuando hago esta afirmación, estamos ante la muerte de la esperanza en el seno del pueblo, seguidamente viene la despolitización, y ¡Zas! La Burguesía renace con todo su aparataje simbólico, y armamentístico, a hacer tabula rasa, es decir, a desaparecer de la historia las aspiraciones históricas del pueblo.             
En éste escenario hay muchos ridículos y absurdos sociales, como el hecho de que muera un niño por falta de algún medicamento, o escuchar a la burguesía trapera hablar del hambre del pueblo. Estos últimos, culpables del desplazamiento de las grandes mayorías, negadores de la vida y la dignidad. Por tanto la Revolución Bolivariana, debe hacer un profundo acto pedagógico de la mano con nuestro pueblo. Predicar con la práctica.      

En  un texto titulado Fidel y la Religión del teólogo Brasileño  Frei Betto (2006), este afirma:

(...)No pienso que nos deba inquietar tanto como la idolatría vigente en varias expresiones de fe que nada tienen que ver con el Dios anunciado y encarnado por Jesús, como es el caso de los que profesan el nombre de Dios en defensa del capital, del colonialismo, de la discriminación social y racial, de la represión contra los trabajadores. Y no es al nivel de las verdades de fe donde se debe establecer el diálogo entre cristianos y marxistas, sino al nivel de la práctica liberadora, de las exigencias de justicia, del servicio desinteresado a la vida de la colectividad. Ese es el nivel del amor, criterio fundamental de nuestra realización humana y de nuestra salvación (...) Es en la práctica liberadora donde se dará la separación entre los que, en nombre de Dios, luchan por el proyecto de la vida y los que se inscriben en el partido de la muerte. Esa misma práctica acerca a los cristianos y a los ateos comprometidos con la construcción de una sociedad fraterna, donde los bienes de la vida sean igualmente repartidos (P. 62).    

Así, la práctica debe ser consecuente con el discurso, de otra manera estaremos reproduciendo una psicosis colectiva, donde la incongruencia marca la opinión pública, se pierde la credibilidad y la moral desaparece entre quienes predican una idea y actúan a la inversa. Esto último es lo que ocurre con relación a la distribución de alimentos por medio de los CLAP's, pues los mismos son adquiridos por las comunidades, cuando tienen suerte, cada 4 meses, incluso algo peor, ahora son distribuidos por las UBCH's, haciendo selectivas las entregas de los mismos en las comunidades populares, es decir, sólo a los “Chavistas”. Craso error, pues una Revolución se plantea para atender a todo su pueblo, se debe a su pueblo, o en últimas circunstancias debe ser responsable con los débiles y desposeídos. Uno pudiera preguntarse, ¿qué culpa tienen los niños, que viven en el seno familiar de una parranda de “escuálidos recalcitrantes” de un sector popular? ¿Quienes son los elegidos para negarle el pan al hambriento?    

En consecuencia, uno de los aportes más extraordinarios del proceso revolucionario, es haber abierto la posibilidad de consolidar un sujeto histórico con conciencia de clase, es decir, esta voluntad colectiva, con su empuje nos metió en la lucha por la historia y el porvenir. Lo contradictorio está en las concepciones que sobre estos asuntos asume una dirigencia retrógrada, que cree que el pueblo es un rebaño de ovejas receptora de lineamientos, negándole la posibilidad de asumirse como sujeto histórico, con discernimiento y capacidad para consolidar el autogobierno, concepto manejado por el comandante Chávez, temido por esas estructuras caducas que propician, con sus prácticas decadentes, el retroceso del movimiento popular.

Aquellos dirigentes populares que caminaban por sus barrios con cabeza en alto, a razón de que por su trabajo organizativo les conseguían el alimento a toda su comunidad, hoy andan a hurtadillas, por sus sectores populares, señalados por sus vecinos, viendo morir la moral de lo que había sido una dirigencia emergente, la cual tenía contacto directo con el pueblo. Esos “lineamientos” perversos y pervertidos, delineados por una dirigencia que no le da la cara diariamente a la gente, son los responsables de la muerte de la moral Chavista. En ese sentido, es bien sabido, que la distribución de alimentos por medio de las UBCH's ha sido un error garrafal, pues estamos dando muy mal ejemplo, y eso le pesa a la dirigencia del movimiento popular, los que en definitiva son cara visible de cada cuadra, de cada calle, de cada vereda, y quienes resultan como los “responsables” de que la comida no alcance para todos. Cosa que es una farsa, pues ejemplos abundan, de que para unas comunidades la cosa es de a poquito y para otras hay para todos.

En una entrevista al sub-comandante Marcos del EZLN, en los años 90' éste afirmaba que: La vida no tiene sentido sin la dignidad y la esperanza, pero con miseria y hambre era muy difícil alcanzar estos valores. Así que nos toca, de nuevo, reconstruir voluntades, y para eso hay que abandonar las ambiciones de la lógica partidista, y al mismo tiempo impulsar lo emergente, para que nazca lo que tenga que nacer, pues el empuje popular viene a ser el reflejo de la nueva sociedad, una solidaria, colaborativa, corresponsable, amorosa, culta, trabajadora y libertaria.    

Nos queda luchar por lo que nos queda de moral, de lo contrario no tendremos mañana. Plantarnos con dignidad ante la dirigencia y hacerle el reclamo histórico, no es sino elevar nuestra moral ante nuestra gente, único motivo de nuestra lucha.  

Pásennos la aplanadora del partido de gobierno. No importa, bastante moral tenemos para defendernos.

Para todxs, todo. Para nosotros nada, sólo la consagración de haber cumplido con el deber histórico.

Referencias

Betto, Frei. Fidel y la religión. Ocean sur. Venezuela. 2006.

 

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