Ingrese

FOTO DE PERFIL

CABECERA PAGINA

¡Hay que cerrar todas la bibliotecas públicas, y rápido!

Compartir

PICT0118El FBI, templo del saber, ha cometido un error al cerrar a Megaupload, y es que actuó tarde y en el lugar equivocado. El problema comenzó, de verdad verdad, cuando empezaron a crearse bibliotecas públicas, pues a partir de ese instante mucha gente, indeseable, pudo leer libros que no solo no puede comprar, sino que no tiene intenciones de comprar.

Esto último ya es suficientemente grave, pero lo es aun más el hecho de cualquier persona pueda ir a una biblioteca pública y leer un libro por el que no ha pagado y hasta puede copiarlo y llevárselo para su casa y estudiarlo. Es escalofriante pensar la cantidad de muchachos de barrio, negritos y mulatos enfermando sus mentes con conocimiento por el cual no pagaron (y peor si uno piensa que no son sólo libros, sino películas, música, y todas esas cosas que en manos inadecuadas se convierten en armas de destrucción masiva).

Compartir

Leer más: ¡Hay que cerrar todas la bibliotecas públicas, y rápido!

Mérida: ¿Por qué la gente el 17 de Enero en Mérida, decidió salir a la calle a bailar la tonada....

Compartir

Qué es lo que pasa cuando el pensamiento oficial, se institucionaliza o burocratiza, a tal punto de desconocer o hacerse de oídos sordos ante las peticiones de algunos sectores de nuestra sociedad. Posiblemente sea esto el elemento que permite avanzar en la construcción de la conciencia de clase necesaria, que a su vez dé paso a un proceso de análisis dialéctico que impulse la profundización de los procesos emancipatorios populares.

Compartir

Leer más: Mérida: ¿Por qué la gente el 17 de Enero en Mérida, decidió salir a la calle a bailar la tonada....

De Burócrata a Burócrata. Por Francisca J. Pérez

Compartir

El peligro no está solo en los yanquis, en los escuálidos, o en el cáncer. El peligro está en los BDA

Advertencias

Si usted No logra llegar al final de este trabuco es porque usted es un BDA y está muy ocupado firmando.

Si usted es un escuálido confeso sepa que no tiene derecho ninguno a reproducir ni integral ni parcialmente estas líneas, de hecho ni siquiera le doy derecho a recordarlas.

Foucault, Weber, el poder y la burocracia

Decía Foucault que el poder es omnipresente y multiforme. El poder no tiene una sola fuente, está en todas partes, en todas y cada una de las relaciones que establecemos. El discurso es un vehículo de poder, el lenguaje articulado, pero también la gestual. La jerarquía es fuente y base de poder como también lo es el territorio. Pero no el territorio nacional, sino el espacio, la forma en que nos apoderamos de él, cómo lo usamos.

La pareja, la paternidad y la maternidad, la docencia, la relación médico – paciente, la que se establece entre el guardia – y el privado de libertad, son todas y apenas algunas de las relaciones de poder más evidentes. La forma en la que nos relacionamos con nuestros hijos o con nuestros padres; con nuestra pareja; con nuestros alumnos o con nuestros maestros; con nuestros colegas o con nuestros jefes; es expresión y vehículo del poder que reside en esa relación. El hogar, el aula y la oficina son espacios de poder.

A estas alturas el lector se estará preguntando de qué diablos va la cosa y qué tiene que ver Foucault con la burocracia, si más bien ese es un asunto de predilección de Weber. Pues la cosa va más o menos así: el fenómeno burocrático y las relaciones sobre las cuáles se erige, son en definitiva un asunto de poder; pero no sólo del poder macro, del poder del Estado, que también, sino del poder que emana de las relaciones concretas que se tejen entre los seres humanos, y en este caso entre los funcionarios, desde los funcionarios y a veces también hacia los funcionarios; a veces desde su autoridad moral, pero la más de las veces desde su jerarquías nominales, desde los memorandas que inundan los archivos y destruyen los bosques, y desde el tamaño y lugar que ocupa el escritorio.

Lo que quiero decir entonces, es que entre Weber y Foucault pareciera haber un espacio de confluencia analítica que permitiría observar la burocracia desde el ejercicio concreto del poder, o del micro poder.

De seguro en un plano positivo, ideal, en el que estas relaciones estarían definidas por la primacía de la solidaridad, del compromiso, de la probidad, de la honestidad, el ejercicio concreto del poder sería un ejercicio sano y positivo. Y en ese punto preciso se nos agotaría el análisis posible que aquí proponemos.

Pero el hecho es que, las más de las veces, el fenómeno burocrático, en sus dimensiones macro y micro, se nos presenta con un marcado acento negativo, en el que las relaciones no están ni siquiera guiadas por la solidaridad, el compromiso, la probidad, la honestidad, mucho menos por el sano ejercicio del poder en positivo, del poder que moviliza y construye; sino más bien están ancladas en un ejercicio primario del poder que se resuelve en la dominación pura y simple. Ni hablar de cuán lejos está esta práctica del Proyecto revolucionario.

Para seguir aclarando porque recurro a Foucault diré que un elemento fundamental de su reflexión sobre el poder tiene que ver con que la sociedad no puede ser efectivamente transformada si no se modifican los mecanismos capilares y cotidianos del poder. Y la burocracia, a la vez que es aparato de Estado, es una estructura gigantesca constituida por millones de estructuras capilares y cotidianas de poder. Estructuras capilares que no por pequeñas tienen poco impacto. Al contrario, las estructuras capilares del poder que residen en la burocracia tienen un potencial gigantesco de reproducción del sistema porque en ellas se recrean formas de dominación, cuyo origen es extrínseco, como la dominación asociada al género, a la estética, y a la jerarquía de cualquier naturaleza; formas de dominación que tienden a minar las pretensiones de Revolución, de Igualdad, de Justicia Social, etc..

En resumidas cuentas, a lo que quiero llegar es que mientras la burocracia siga siendo lo que es, y en ella se cobijen toda suerte de relaciones malsanas de dominación -perdonen la redundancia, muy difícilmente la Revolución pueda seguir avanzando y consolidándose.

Semblanza de un burócrata contrarrevolucionario

Esas estructuras capilares de poder que pueblan el aparato burocrático adquieren forma y contenido por la acción de los hombres y mujeres que las pueblan. Es decir, las estructuras capilares de la burocracia no tienen existencia objetiva -eso sería un contrasentido. En realidad, son la concreción subjetiva del poder, encarnadas en mujeres y hombres con nombre y apellido.

La pregunta obligada ahora, es que cómo se expresan esas relaciones de dominación que determinan las estructuras capilares del poder en el ámbito de la burocracia, qué es lo que caracteriza a esos hombres y mujeres, devenidos en burócratas, que frena, e incluso imposibilita, la transformación del Estado burgués y el avance de la Revolución.

Por un lado su percepción de la autoridad como un instrumento de dominación, y por el otro lado, la alienación.

El burócrata sabe, o al menos intuye, que la objetivación de su relación con el Estado lo convierte en un "administrador" de recursos, financieros, humanos, espaciales, temporales, sustantivos, etc.. Sabe o intuye que la autoridad nominal que se le delega lo convierte en un ejecutor del poder del Estado. Sabe o intuye que su condición de burócrata supone una estrecha relación con el poder de la información (en casos excepcionales con el conocimiento). Pero confunde ese poder, que en principio podría servir para crear, construir, movilizar, impulsar, con su capacidad de dominar. Es decir no se siente un elegido por la confianza delegada y la responsabilidad que se le asigna. No se siente elegido para construir. No. Se siente un elegido para dominar al otro.

Luego, el burócrata es un alienado en varios sentidos: no tiene consciencia de aquello que define su existencia: su condición de trabajador, de asalariado, de hombre o de mujer, de padre o de madre, de hijo o hija, mucho menos de su eventual condición de revolucionario, por lo que en nombre de la Revolución masacra los derechos de los trabajadores.

Así las cosas me parece que una buena categoría alternativa a la del burócrata contrarrevolucionario es la del Burócrata Dominador Alienado (BDA), pues ella designa a aquel burócrata escuálido estructural -inconsciente pues de su práctica escuálida. Creo que esto resume bien su estirpe y evita la confusión con el burócrata-contrarrevolucionario-escuálido-militante que se ha infiltrado en el aparato del Estado con la vocación consciente de sabotear la Revolución.

El BDA es entonces, aquel que ejerce la autoridad no desde su estatura moral -que probablemente no tenga, sino desde el cargo que le dieron. El cargo que ostenta -porque lo ostenta, no lo ejerce, lo hace sentirse patrón y olvida que de él se espera, como operador político, liderazgo. Entonces obviamente se enfrasca en el ejercicio del poder que limita, constriñe y domina; y relega, cuando no descarta completamente, el poder que moviliza, que potencia, que construye. Ese poder que Lenin y que Gramsci encontraban en la ideología revolucionaria.

Cuando además de ostentar el cargo se cree líder, sin serlo, descubre una súbita vocación histriónica y cuando se ve en el espejo se siente elegido, casi se siente puro y descubre que puede imitar los ademanes del Comandante. En ese punto imita un liderazgo que le queda muy grande, lo vacía de contenido, y llega a pensar que sus colaboradores son sus súbditos, que deben ser dóciles pero útiles.

Ignora los roles que desempeñan sus súbditos, quise decir, sus colaboradores: hombre, mujer, padre, madre, hijo, hija -por aludir solamente los roles más corrientes y más inmediatamente importantes de los seres humanos, y entonces socarronamente los hace "trabajar" 18 horas al día, los somete a guardias de fin de semana todas las semanas, aunque sea para no hacer nada, sin importarle si tienen familia o no, o si simplemente necesitan un poco de descanso. El BDA nunca leyó el Principito por lo que no entiende la diferencia entre una orden justa y un absurdo que solo demuestra su sed de poder, de allí que las guardias-de-no-hacer-nada le resulten tan importantes a su ego. Y todo eso en nombre del compromiso, porque el que no cumpla es escuálido.

Tan escuálido como aquel que se le ocurra preguntar por la continuidad de su contrato, por el aumento de su salario, por el pago de las 40 horas extras semanales, por el beneficio de la guardería, por el tiempo de estudio o de ocio, o por las siempre insuficientes dos horas de permiso diarias para la lactancia que le otorga la ley a las madres. Porque la defensa de los derechos de los trabajadores en la más pura tradición obrerista ha resultado ser síntoma de escualidismo.

Y he aquí otro de los rasgos de la psicología del BDA: su autopercepción es en realidad una sobrevaloración infundada de sus cualidades -si llegara a tenerlas o que cree que tiene. Él se mira en el espejo y ve al más comprometido de todos, al más militante de todos, al chavista más puro y al más inteligente -después del Comandante, claro.

Él no necesita tiempo de calidad con sus hijos, sus hijos son un daño colateral; no pasa tiempo con sus padres enfermos porque él no es médico, y no amamanta porque BDA que se respete no siente ternura por un recién nacido, lo mira como la mano de obra barata que habrá de explotar el sistema capitalista si él no cumple con su trascendental tarea revolucionaria de joder a otro.

Así la enfermedad del hijo, es la excusa del súbdito flojo, o expresión de la miopía de aquel que no entiende la trascendencia de la Revolución. La enfermedad del padre ya es ceguera; y el tiempo de ocio sin duda es escualidismo avanzado.

De suerte que en esta Revolución que se ha planteado resituar a la humanidad en el centro de todo y al amor como el sentimiento motor, los lazos que naturalmente los seres humanos tejemos con amor, son síntoma de inconsistencia revolucionaria, o sea, de la enfermedad del salto de talanquera, o sea, de escualidismo.

Así, por ejemplo, el BDA, sobre todo si es hombre, prefiere no trabajar con mujeres o madres. Evita contratar mujeres en edad de parir, y si por error o destino le toca una preñada no pelará una ocasión para hacerle saber cuán incómoda resulta su preñez en la consecución de la Revolución (que él, ya lo sabemos, no práctica).

El BDA, en su falsa consciencia cree que es posible hacer la Revolución a pesar de los trabajadores, de las mujeres, de los hombres, de las madres y de los padres, y obviamente a pesar de los hijos, porque en su alienación perdió la capacidad de identificar al hombre y a la mujer nuevos en la generación de relevo, es decir, en los hijos, que antes de ser de la patria nos toca formarlos a nosotros, sus padres.

Los medios que emplea el BDA son, como el poder, multiformes, pero sin duda tiene predilección por los memos. De alguna manera, ellos son la concreción de su masculinidad, incluso cuando el BDA es una mujer. Pero ojo, esta masculinidad refiere a la masculinización del poder en las sociedades patriarcales, para más señas machistas, aquellas en las que la dominación es una transposición directa de la posición del misionero.

Pero volvamos a los memos. Los memos son el arma más poderosa de un BDA. Son un arma efectiva para la dominación porque son el instrumento administrativo por excelencia que permite a la vez deshumanizar la relación de trabajo y naturalizarla, o mejor, cosificarla, incluso reificarla. Con ellos se convocan reuniones, y se evade el debate; se dan instrucciones, y se evita la discusión; se instrumentaliza la acción política, y se anula el sentido revolucionario.

Desencántense (y que viva Sartre) el memo no es un instrumento para garantizar la memoria institucional o la transparencia de la administración.

Si el BDA viene llegando al cargo, evitará expresamente leer cualquier documento de la administración anterior -si es que le dejaron alguno, porque en su autoveneración llega convencido de que lo hará mejor que el anterior, es más, llega convencido de que al anterior lo sacaron por escuálido. De hecho, partirá del principio de que todos los empleados que quedan en el equipo de trabajo no sólo son escuálidos sino que además son parte de un complot internacional para destruir su liderazgo, que ya dijimos no tiene. Y en esa lógica se rodea de amigos, amigotes y amiguetes, con o sin lazo consanguíneo, que no importa lo burro que sean, si están dispuestos a constituir a su alrededor la sociedad del mutuo halago.

Si el BDA en cambio va de salida, entenderá su salida como la concreción del complot yanqui contra su gesta revolucionaria, y cual adeco, destruirá todo cuanto papel haya generado, borrará los archivos de su computadora y como gesto de continuidad dejará un lápiz en la gaveta de ese escritorio que le garantizó por algún tiempo su supremacía por sobre una cuerda de bolsas, incluyendo los aduladores que lo rodeaban, y que quedarán desempleados tan pronto como llegue el próximo BDA.

Si el BDA cree estar en la cresta de la ola, los memos no le son suficientes. Una de las cosas que debe hacer cuando está en el apogeo de su dominación, es concentrar absolutamente todos los poderes. Nada de encargarse de liderar procesos, orientarlos, darle sentido y contenido político. No. El BDA, debe concentrar todos los poderes al mejor estilo del Príncipe, debe encargarse de las vacaciones, de las primas de profesionalización, de los permisos, de las actas, de la repartición de la correspondencia -por aquello del secreto de Estado, de los correos electrónicos, debe estar en todos los actos -cosa de que lo vean, no debe reunirse jamás con alguien de menor rango que el suyo y bajo ningún concepto debe compartir méritos con nadie, o sea, BDA que se respete no reconoce el trabajo de los demás... parafraseando a Ludovico, el BDA se apropia del trabajo de los demás, pero no a través del salario, sino de la plusvalía ideológica.

Claro que en su alienación ya no sabe que es el salario, mucho menos lo que es la plusvalía, y ni remotamente lo que es el trabajo intelectual. Porque además no lo practica.

El BDA cree saber de todo, dice saber de todo y opina de todo, pero pocas veces sabe de algo y si se le increpa sobre algún tema de su (in)competencia se siente atacado y reacciona con vehemencia contra su interlocutor, lo acusa de insubordinación o desacato a la autoridad si tiene el chance, y sin falta, lo descalifica tratándolo de escuálido, ante lo cual no hay prácticamente ninguna defensa posible, si no es enfrascarse en dimes y diretes sobre quién es más chavista y quien menos escuálido. 

El BDA suele ser además muy ágil (ágil, no inteligente) para evitar el debate político fundamental, no se caza ninguna pelea de altura. Básicamente es un cobarde. Lo de él es siempre subterráneo. No pelea por sus principios -no los tiene, ni por los de la Revolución. El pensamiento del Che que reza "Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo" le resulta ajeno. A lo más se dará golpes de pecho por la tragedia Libia y el bloqueo contra Cuba, pero seguirá siendo indolente frente a la injusticia que ocurre en sus narices.

En el fondo -y también en la superficie, el BDA es desleal y cobarde -ya lo hemos dicho, porque aún cuando logre resentir la injusticia, no tiene los cojones para pelear contra ella.

El BDA es un hombre y una mujer, de memos y de quince y último.

Mea culpa

Dice la tradición judeo cristiana que el que esté libre de pecados que lance la primera piedra. Yo no estoy libre de pecados y por eso me doy golpes de pecho.

Yo he sido una BDA.

He creído que antes y después de mi solo podían haber Ramos Allupses o Radonskis.

Me he creído revolucionaria, militante e inteligente.

Me he creído pura.

Me he masculinizado.

He creído que hay que sacrificarlo todo por la Revolución.

He maltratado gente.

He despreciado la importancia de un salario justo y una relación laboral estable y favorable.

He repartido memorandas a diestra y siniestra y he querido concentrarlo todo.

Lo que me hace apenas distinta es que al menos me he dado cuenta, y estoy en el tránsito de superar mis propias miserias y mezquindades, mientras ustedes están en el tránsito hacia la Mesa de la Ultraderecha.

Por eso le agradezco a quienes pretenden asfixiarme, amedentrarme, amilanarme, que lo sigan intentando porque han de convertirse en la fuente más poderosa para elevar mi moral revolucionaria.

Yo quiero ser distinta de ti, y de ustedes.

Yo quiero que mis colegas me recuerden por haber sido solidaria aunque sea una vez, por haber entendido sus alegrías y sus tristezas, por haber reconocido sus aportes y haberles dado mérito.

Quiero verme a mi misma como quien lucha en la medida de sus posibilidades pero con honestidad, con probidad y con un compromiso a prueba de cargos.

Quiero verme en el espejo sin sentir vergüenza.

Quiero verme como una mujer revolucionaria que habiendo entendida en la sonrisa de mis hijos que la Revolución empieza por casa, los ayudó a crecer en el amor, el respeto y la solidaridad, procurando que sean el hombre nuevo, y que no se conviertan en los escuálidos de mañana.

Antecrítica

No faltará quien creyéndose letrado de izquierda, saque a colación que Foucault era homosexual y murió de sida. A él o ella, gracias por darme un elemento más de caracterización del BDA: el BDA generalmente es homófobo.

Con suerte alguien aludirá que Weber criticó el materialismo histórico... a él o ella le digo que no está demás trascender los manuales y leer un tantito más. Refúteme que las afinidades electivas no son consciencia de clase y que el tratado sobre la dominación desmiente el rol de las fuerzas materiales.

Sobrarán los que noten que evité meter en esto al Comandante Chávez, a ellos: Patria Socialista... y Muerte a los BDA!

No faltará quien diga que me mueve el resentimiento. Y si, porque si algo merecemos todos es ser tratados con dignidad.

Compartir

¿Quién escuchará la voz del pueblo?

Compartir

Paul Walder

Punto Final

El movimiento estudiantil ha mutado en una corriente ciudadana que no se agota en su crecimiento. En medio de su expansión, desarrolla nuevas fuerzas, suma causas y demandas, y reflexiona sobre sí misma. El domingo 21 de agosto cerca de medio millón de personas colapsó el Parque O’Higgins en una jornada por la educación pública; y el jueves 25 de agosto, una marcha de unas 400 mil personas se desplazó por el centro de Santiago.

Junto a las consignas acotadas desde mayo pasado al fin del lucro en la educación, a su calidad y gratuidad, nuevos discursos han comenzado a circular, impulsados por decenas de organizaciones sociales que representan múltiples demandas de la sociedad civil. Dentro de la aparente hinchazón de nuevas demandas, que pueden abarcar desde la renacionalización de los recursos naturales, una reforma tributaria, cambios al sistema privado de pensiones, y, por cierto, una educación pública de calidad y gratuita, entre otras, hay un hilo que organiza todas estas aparentemente dispersas demandas en una: el necesario cambio a la actual institucionalidad neoliberal, cristalizada en una Constitución que consagra el devenir económico a los intereses del sector privado y el político, a un modelo binominal escasamente representativo. Podemos afirmar que esa semana de agosto ha sellado un nuevo avance en el desarrollo de este movimiento. La conferencia de prensa conjunta del jueves 25 de los dirigentes estudiantiles, sindicales y representantes de organizaciones de la sociedad civil, marcó una nueva forma de hacer política, cuyas principales características están en la fuerza de las bases presentes en las calles y en la pluralidad y heterogeneidad de sus representantes. Pero la gran transformación está en el mismo discurso, que trasciende y pone como piedra de tope a la institucionalidad vigente. Por primera vez en más de veinte años se eleva y extiende un relato crítico que cuestiona el modelo político económico instalado durante la dictadura y vigente hasta estos días. La CUT ha levantado unas pocas demandas. Pero el cumplimiento de ellas significaría el desmantelamiento del modelo de libre mercado. Aun cuando éstas no apuntan, ni mucho menos, a la instalación de un modelo socialista, su simple mención requeriría una transformación radical de las actuales estructuras. La ciudadanía organizada ha comprendido que la única salida a sus demandas pasa por el cambio de la institucionalidad. Porque la consigna que exige el fin al lucro en la educación requiere, necesariamente, una modificación de las bases, de la esencia, del actual modelo. Si consideramos que el actual sistema educacional está estructurado en torno al mercado, que lo convierte precisamente en un mercado, sólo un cambio estructural desde sus mismos fundamentos y concepción lograría satisfacer las demandas de educación pública de calidad y gratuita. Trabajadores en las calles

El malestar ciudadano no está acotado a cambios al sistema de educación, aunque sí son compartidos por los millones de padres y apoderados tensionados por el modelo de mercado. Los otros múltiples reclamos que levantan las decenas de organizaciones sociales han sido canalizados, aun cuando los trascienden, en los cinco o seis ejes que ha esbozado la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), los que apuntan al mismo nudo que contiene el actual modelo de educación. Porque el lucro, que es el fin último del modelo de mercado, cruza todas las actividades sociales y humanas. Cuando los trabajadores exigen el fin del sistema privado de pensiones, un nuevo Código del Trabajo o una salud pública de calidad, apuntan al corazón mismo del modelo que desde hace treinta años se instaló y posteriormente consolidó como sistema para beneficiar a las grandes corporaciones. Aquel pacto entre las elites políticas y empresariales tenía como condición el desmantelamiento del Estado, tanto como ente productivo y a la vez como prestador de servicios. El proceso privatizador, que traspasó al sector privado todas las funciones públicas que respondían a necesidades básicas de la población, convirtió aquellos derechos adquiridos en servicios, en bienes de consumo. Cuando Sebastián Piñera dijo que la educación era “un bien de consumo”, simplemente develó una creencia profundamente arraigada en el pensamiento neoliberal.Las dos jornadas de protesta han servido de prueba y posterior reflexión para los movimientos sociales. La paralización parcial de las actividades laborales el miércoles 24 se estrelló con problemas endémicos de la organización sindical, desde la baja tasa de sindicalización, la poca capacidad de convocatoria que tiene la actual desgastada y polémica dirigencia de la CUT, así como su vinculación con la Concertación, pero también el temor de los trabajadores a perder sus empleos. Las amenazas levantadas por el gobierno a través de los jefes de servicio público, así como la informalidad y precariedad laboral en el sector privado, dieron cuenta de ese fenómeno. La fuerza del movimiento ciudadano continúa en manos de las organizaciones y bases estudiantiles. Pero en estos tres meses de convulsiones se han sumado con una velocidad y fuerza inédita todo tipo de asociaciones, desde las medioambientales, de género, vecinales y políticas, las que surgen tanto en los barrios pobres como en los de clase media. Todas ellas en un proceso de creación de orgánicas y de profunda reflexión política. En todas ellas se comparte con especial intensidad el cambio a la actual institucionalidad. El legado de la Concertación

 

Al observar los reclamos levantados por la CUT y las organizaciones sociales -todos o cualquiera de ellos tal vez objeto de reformas más o menos profundas en un modelo capitalista-, en Chile serían objeto de un cambio radical, de una revolución. Porque todo el patrón económico no sólo está atado a la misma Constitución neoliberal, sino la institucionalidad edificada durante los últimos veinte años se ha modelado según las necesidades de las grandes corporaciones. Los múltiples tratados comerciales o de inversión extranjera se suscribieron para amparar en esta tierra las operaciones de las grandes corporaciones. Un cambio al sistema de fondos de pensiones y de Isapres, muchas en manos de consorcios extranjeros, traería sin duda una reacción de grandes proporciones.El caso de la educación es sólo uno más entre muchos, aun cuando muy emblemático. Hacia finales de diciembre pasado, en pleno proceso de postulación a las universidades, el Servicio de Información de la Educación Superior del Mineduc (SIES), publicó que las 58 casas de estudio que entregaron sus datos obtuvieron ingresos, en 2009, por más de cinco mil millones de dólares. Una cifra impresionante y, como sucede en otros mercados, también muy concentrada: las cuatro primeras universidades del ranking de ventas controlan el 40 por ciento del mercado. Los estudiantes hoy luchan contra poderes de estas magnitudes. Durante los años de la Concertación, los sucesivos gobiernos, en medio de la fiebre de la globalización comercial impulsada por los organismos financieros internacionales y la Organización Mundial de Comercio, firmaron unos cincuenta tratados comerciales y de inversiones, entre los que destacaron los TLC con Estados Unidos, la Unión Europea y China. Prácticamente toda la política exterior de esos gobiernos se apoyó en la apertura comercial y la desregulación de los mercados, cuyos efectos son, precisamente, los motivos del malestar e indignación ciudadana. Tras unas tres décadas de crecimiento de este modelo, es posible afirmar que Chile es uno de los países del mundo más desregulados y más abiertos comercialmente, lo que significa también que es una nación que ha entregado toda su institucionalidad a los intereses de las grandes corporaciones. Es por ello que durante décadas fue el “modelo” para Latinoamérica y el mundo, un artificio publicitario que sólo tuvo cámaras para las grandes corporaciones y sus espurias estadísticas. Cuando la realidad se impone sobre la publicidad, las tasas de crecimiento económico, las ganancias corporativas o las mismas estadísticas de empleo (precario) sólo refuerzan el proceso de concentración de la riqueza y de aumento de la desigualdad. Chile se ha construido sobre la base de la conveniencia de los grandes inversionistas y del esfuerzo y expoliación de sus ciudadanos. Esta figura, durante décadas disimulada por los aparatos comunicacionales de los gobiernos, los medios y la publicidad, hoy surge y se exhibe en toda su impudicia. La obscenidad de las estadísticas de la desigualdad ha copado las redes sociales y el habla cotidiana. Una derecha cristalizada 

 

 

 



Como un extraño recodo de la historia, es la misma derecha que instaló el modelo la que hoy se estrella con sus consecuencias. Pero ya parece tarde para desmantelar un monstruo cuyas garras se hunden a través de todo el tejido social. La derecha, que ha regresado al poder ejecutivo tras veinte años en el cogobierno binominal, que volvió para exprimir los espacios aún olvidados por el mercado, ha comenzado a constatar que ya no quedaba ni mercado ni consumidores.La respuesta que entregó el gobierno a las exigencias estudiantiles es una muestra clara de la estrechez de movimiento que tiene. Aumento de becas, rebaja de tasas de interés y condonación a deudores morosos simplemente apuntan a morigerar algunos de los múltiples efectos nocivos que una educación basada en el mercado y el lucro provocan en sus consumidores. El gobierno, relacionado hasta sus más profundas raíces con el gran empresariado, no puede y no quiere alterar la concepción mercantil de la economía, porque sería atentar contra sus propios intereses, contra el motivo de estar en el gobierno. La derecha y el conservadurismo están en la política para cuidar sus privilegios. La historia no sólo parece tener curvas, también pliegues y arrugas de difícil extensión. La derecha llega al gobierno con una sola idea: más mercado, lo que la paraliza ante cualquier otro guión. El gobierno de Piñera, lleno de intereses empresariales, no sólo no puede acceder a las demandas de la calle por sus evidentes conflictos de interés, sino también por el peso insoportable de la institucionalidad económica. El clamor ciudadano trasciende sus propias demandas. Porque sus requerimientos, por reformistas que parezcan, son, ante la cristalizada institucionalidad neoliberal, revolucionarios. No porque aspiren a un sistema socialista, sino porque pasan, necesariamente, por la ruptura institucional. Las gruesas capas que han solidificado la Constitución de Pinochet, desde el reforzamiento de Ricardo Lagos hasta los múltiples acuerdos comerciales y legislativos, convierten a este cuerpo neoliberal en un nudo gordiano a prueba de los más valientes. Gobierno sin rumbo El gobierno de Piñera, en este brete, no tiene ni tendrá una respuesta que logre satisfacer las demandas estudiantiles y ciudadanas. No desmantelará la concepción de mercado en la educación, como tampoco lo hará en el sistema de salud o previsional, ni tocará las grandes líneas de la ley laboral. No lo hará al menos por dos grandes motivos: Piñera está en La Moneda para cautelar los intereses de la derecha económica, aquella misma que hace 38 años empujó a los militares a dar el sangriento golpe de Estado. El otro motivo tiene relación con la institucionalidad levantada por la dictadura hace treinta años, sobre la cual se han erigido enormes fortunas. Este poder, que se expresa a través de los partidos de la Coalición por el Cambio, en las figuras del mismo gobierno y por los medios de comunicación corporativos, hará cualquier cosa para mantener el statu quo.Hay también otro factor, que deriva de la misma figura del presidente. Es un inversionista, un especulador, pero no es un estadista. Su programa inicial, aquel gobierno de excelencia, tuvo en la mira una simple gestión de la institucionalidad neoliberal instalada hace treinta años y conducida durante veinte por la Concertación. Piñera es incapaz de traspasar o alterar esa condición de administrador. Tal vez lo único que puede hacer hoy es administrar la crisis. Pero es una opción muy riesgosa, que ya da graves muestras de error. En pocas semanas, ante la explosión ciudadana, la policía ha dado señales de una extrema violencia, con millares de detenidos, centenares de heridos, allanamientos y un adolescente asesinado. Y en esta misma dirección, la televisión pública, seguida muy de cerca por los medios empresariales, junto con criminalizar al movimiento ciudadano, ha comenzado a despertar a los peores fantasmas de la historia reciente. De continuar este proceso, los grandes perjudicados serán los ciudadanos y, por cierto, el gobierno, ya bastante castigado incluso por sus mismos electores. La prensa de derecha insiste en la capacidad de la oposición para desarmar el movimiento ciudadano. Pero no sabe, o no quiere saber, que las organizaciones sociales están desde hace mucho tiempo alejadas de la Concertación, relación que se ha traspasado a la ciudadanía. No sólo en 2009 el electorado no votó por la Concertación, sino que hoy las encuestas le entregan aún menos apoyo que al gobierno. Tal vez la única salida que tiene la oposición es canalizar las demandas ciudadanas, que la llevarían por el necesario desmantelamiento institucional, a un quiebre. Ante el nuevo escenario político expresado en las calles no le queda otra opción que reestructurar su misma concepción de la política. Esto significa abrirse y acoger la voz del pueblo. PAUL WALDERPublicado en “Punto Final”, edición Nº 741, 2 de septiembre, 2011


Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
www.puntofinal.cl
www.pf-memoriahistorica.org
Suscríbase a PF!!

Compartir

Auxilio. Por Edgar Gutiérrez

Compartir

(Alguien me puede decir quién podrá defenderme de CANTV-ABA)

El problema es simple y escribo esta nota de queja, por aquello de que “el que no llora no mama”. En realidad no tengo demasiadas esperanzas de alguien le pare a esto, pero uno de los gustos más sabrosos de la venezolanidad es el quejarse.

Mi conexión a Internet (ABA 1024K) la cual pago con dificultad, y que mantengo porque la necesito y no por razones de trabajo (remunerado) sino porque mi trabajo político y social me obliga a mantenerme en contacto y en búsqueda permanente de Información, NO SIRVE en el 60% del tiempo.

Ya deje de llamar al 0800-CANTV-00 porque allí unos amables jóvenes me atienden y muy amablemente me piden que haga determinadas pruebas con el modem, que mire si cierta lucecita titila y por ahí. Ellos no tienen la culpa (bueno, creo que no es problema de culpa, no estamos hablando de un peo psicológico) ellos hacen lo único que pueden hacer para no decir que “ni puta idea” de que es lo que pasa.

¿Qué cómo sé eso del 60%? Pues los que vivimos pegados de internet (y no precisamente para chatear) sabemos que eso es fácil de medir. Y dije 60% para ser benevolente.

Pero el rollo verdadero no es que a fin de mes me cobren la factura completa. El rollo verdadero es hasta cuando coño en Venezuela “revolución” seguirá siendo sinónimo estricto de “ineficiencia” y de “incapacidad”.

Y entonces mi pregunta a esta altura es: ¿Para qué sirve toda esa publicidad que afirma que la cobertura de Internet en Venezuela es una de las más altas de la Galaxia, si eso es mentira? ¿Alguien me puede explicar cómo beneficia eso a la “revolución”?

Por favor las respuestas no me las envíen por internet (por razones obvias). Y disculpen el “leve” tono sarcástico de esta nota, pero es que esta uno hasta las huevas de toda esta desfachatez…

Edgar.

Compartir

¿Tolerancia, moderación?. Por Edgar Gutiérrez

Compartir

En estos días esas palabras se están poniendo de moda, hay personas que reclaman que debemos ser tolerantes y moderados.

Yo no se qué opinan ustedes, pero parte de mi opinión va en el video que les recomiendo que busquen (abajo pongo el link) y oigan a todo volumen, está subtitulado, por si no sabemos el idioma original (como es mi caso) de la canción. El volumen es para que nos llegue hasta los tuétanos, por si las imágenes no fuesen suficientes.

El resto de mi opinión es esta: Hay artículos en Aporrea que califican a Mario Silva de intolerante, particularmente porque insultó a Enrique Otero. Les confieso que hace algún tiempo deje de ver asiduamente "La Hojilla", las razones no caben aquí pues se perdería el sentido de esta nota. Pero llamar hijoeputa a Henrique Otero, ¿es una ofensa?

Yo creo que existe la condición de "hijoeputa".

Miren voy a explicarme. Hace tiempo fui muy amigo de una mujer, una extraordinaria mujer que trabajó como "caminadora" en los alrededores de Sabana Grande hasta que la mataron (la historia completa sobra, en este momento). Ella tenía una hija, bueno realmente, tiene una hija, la cual (mujer ya y con hijos) se siente diariamente orgullosa de su madre, y aunque nunca ha sido trabajadora sexual dice que en la vida lo único que ha hecho es seguir el ejemplo de su mamá. Ni ella es una hijoeputa, ni su mama era una puta. Desgraciadamente algunos cuando ven una mujer trabajadora sexual, ven solo una "puta", así como cuando ven un niño reventado por una bomba ven un "daño colateral" Pero también he conocido otras personas hijos de mujeres extraordinarias que son unos perfectos hijoeputas. (Por ejemplo, yo no se si saben que Obama escribió un prólogo de una biografía de Nelson Mandela, coño se necesita ser bien hijoeputa...)

Yo tuve el gusto de conocer a Miguel Otero y a su esposa. Gracias al dios de los ateos, nunca conocí a Miguel. Creo que él más que hijo de ellos, es un accidente.Pero no es mi intención hacer un fastidioso tratado acerca del "hijoputismo" quería más bien terminar mi opinión sobre la tolerancia y la moderación.

Camaradas, en términos de lucha de clases, la tolerancia (y la moderación) es traición. Y si no, miren con cuidado las imágenes de la canción.

Esta canción es de Tiken Jah Fokoly, un cantante de Reggae de Costa de Marfil.

Es uno de "esos" que cantan con el alma. Y como buen anarquista pone toda su música en la red, los videos los pone en baja resolución para que todo el mundo pueda bajarlos y verlos. Es un pana de los buenos. El único problema que tengo con el es que una vez dijo "Yo puedo perdonar, pero no olvidar" y yo me acuerdo entonces de eso otro loco (esta vez más cercano) que se llama Ernesto. En una ocasión estando preso en México, le responde a su mamá una carta muy dura. Ella le pide tolerancia (en realidad "moderación", pero para los efectos es lo mismo) y él le responde (vean la carta completa en http://www.sancristobal.cult.cu/sitios/Che/carta05.htm "No sólo no soy moderado sino que trataré de no serlo nunca, y cuando reconozca en mi que la llama sagrada ha dejado lugar a una tímida lucecita votiva, lo menos que pudiera hacer es ponerme a vomitar sobre mi propia mierda"

Insisto, estoy seguro que mis enemigos nunca serán tolerantes conmigo y con los míos y apenas puedan nos matarán, y si no a nosotros, a todos los otros, como hacen todos los días. Entonces ¿Qué significa moderación, tolerancia y todo frente a tanta mierda?

Concluyo: Reivindico el hecho innegable de que Henrique Otero en un hijoeputa por derecho y merito propio. Su madre no tiene nada que ver con eso.

Compartir