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¡Cambiar el poder sin tomar el mundo…¡ ¿O cómo es la cosa?

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“Con el enemigo, ni tatito así…”
Ernesto “Che” Guevara

¿A quién se refería el Che en esa famosa y utilizada frase? ¿Quién, en realidad es el enemigo?

En la América nuestra, nuestramérica, la de Bolívar y los libertadores, la de la Revolución Cubana y de toda una historia continua de rebeliones y revoluciones, pero en especial la nuestra de hoy, la de Chávez, ocurren procesos maravillosos desde el punto de vista de la historia real. Y decimos de la historia real para diferenciar la vida de los pueblos, de todo ese montón de “conocimiento” encuadernado en textos y bibliotecas que solo sirven para “estudiar” y muy poco para vivir.

Pareciera, sin embargo, que ese hermoso devenir está retrocediendo. Pareciera que el poder mundial y sus sirvientes locales están retomando el control de la situación.

Esa aparente situación nos lleva a hacernos algunas preguntas. Porque no es únicamente ¿para dónde? y ¿Por qué…?  Parece que en este momento es esencial responder ¿con quién…?

Pero, además, se plantea el asunto de si el estado debe ser modificado para que nos sirva o si debe ser cambiado de cuajo y simplemente eliminado… El asunto de la organización vs la estructura. Y así.

Desde hace algunos años, décadas ya, en esa pequeña región del mundo llamada “Europa” se ha desarrollado una lectura del marxismo (que no de Marx) según la cual el cambio del capitalismo al socialismo debe realizarse por medios democráticos. Ya desde la URSS se había comenzado la política de la coexistencia pacífica, es decir la coexistencia entre dos modelos antagónicos en el concepto, pero que por razones “prácticas” deben compartir el geoespacio y lo que es más importante y fundamental, necesitan compartir el mercado. Se insiste desde algunos que fue Kruschev el creador de esa concepción en la que luego se fundamentó la perestroika y el glasnost. Pero realmente, tiene raíces muchos más básicas en la misma URSS. Pero bueno ese no es el asunto del cual queremos hablar ahora.

Comentábamos que en la Europa reaparecieron procesos según los cuales el transito al socialismo es un problema que se puede muy bien resolver por la vía evolutiva, lo cual permitiría evitar las molestias de la violencia revolucionaria y la incomodidad de la lucha de clases. Surgieron posturas diversas: desde el capitalismo estado del final de la era soviética, con sus políticas de conciliación que se impusieron a los partidos comunistas fieles a Stalin, hasta todo ese fuerte proceso de revisionismo y reformismo que pide a gritos construir un Marx a su imagen y semejanza, al cual, por ejemplo, le quitemos a Hegel (pero no tanto por la dialéctica sino por el método que Marx construye desarrollándolo y criticándolo) o se construa otra “dialéctica marxista” de corte positivista y determinista (es decir anti-dialéctica) que como diria el mismo Marx no pasaría de ser “escolástica”.

Todas esas formas de “ver” el mundo, que por ser evolucionistas se hacen no-históricas o más bien ahistóricas, se fundamentan en “las necesidades” de Europa. Y por ello reconstruyen un andamiaje eurocentrista contra el cual Lenin ya había arremetido, quebrando la ideología oficial, en el socialismo de la época del Primer Congreso de la Internacional Comunista. Por ejemplo, en ese congreso, Lenin exigió que se eliminara de los documentos la palabra “barbaros (presente hasta en el Manifiesto Comunista) referida a los pueblos que luchaban contra el colonialismo europeo. Por ello, los partidos comunistas de la época y en especial el ya stalinizado PCUS, aprovecharon su muerte, la de Lenin, para crear un leninismo sin Lenin de la misma forma que ya se estaba construyendo, en buena parte, un marxismo sin Marx.

Ya en la Tercera Internacional, los esquemas evolucionistas, negadores en lo concreto de la lucha de clases y del carácter insurreccional de la revolución socialista, florecieron y se establecieron, ahora bajo la protección de la doctrina del “etapismo”, doctrina que aún controla muchos escenarios y muchas mentes…

En américa, la nuestra, desde hacer algunos años también, cosa que por cierto algunos partidos comunistas oficiales y extraoficiales ignoran o se niegan a reconocer, surgen formas de pensamiento que intentan desde una (re)lectura nuestra (no local, nuestra) ubicar el pensamiento marxiano en un nuevo contexto.

Ya desde la época de la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, reunida en Buenos Aires (junio de 1929), dos pensamientos paralelos trazaron caminos opuestos a esas corrientes anti-históricas eurocentricas. Por un lado, Teodoro Roca, vocero de la (olvidada) Reforma Universitaria de Córdoba que desde sus espacios cuestionaba no solo la explotación del trabajo y los trabajadores, sino y muy particularmente, las formas de dominación política de las subjetividades. Y por el otro Mariátegui, fundador, sin dudas, del marxismo nuestramericano, quien con sus tesis puso en jaque ese eurocentrismo galopante que dominaba todo el pensamiento comunista de la época, razón por la cual sus ideas y propuestas fueron mantenidas en silencio, entre otras cosas acusadolo de localismo, silencio del cual fue rescatado solo por el Che y Fidel y por los actuales procesos bolivarianos.

Desde Mariátegui, en América, la nuestra, han surgido una cantidad de procesos y pensadores que se enfrentan definitivamente a ese pensamiento muy elaborado y hasta atractivo, del neo-eurocentrismo o eurocomunismo, apoyado en pensadores que escriben bonito, como Negri por ejemplo, que solo intentan por una vía fuertemente emparentadas a las metafísica postmodernas eliminar la historia y así hacer desaparecer al sujeto histórico. Es decir, convencernos de que existen procesos sociales que ocurren por sí mismos, particularmente, por la existencia innegable de un capitalismo no solo global (cosa cierta) pero especialmente homogéneo (cosa absolutamente falsa). Capitalismo global que se fundamenta, llamativamente, en un tener como centro una situación local: Europa.

Negri afirma así, que el imperialismo pasó a una etapa superior, sin países imperiales, por cierto. Etapa que él denomina “Imperio. Forma social extraña, especialmente por su carácter difuso, pues como un dios estaría en todas partes sin radicar en ninguna y contra la cual, dado su carácter definitivamente global no es posible actuar, apenas amoldarse y sobrevivir (o algo así).
La sociedad se convierte de esta forma, en algo explicado desde una suerte de “marxismo sin sujeto” y que termina entonces en un “proceso” que se limita a plantear la adaptación a una situación que es esencialmente invariante, inmodificable y que por lo tanto carece no solo de intenciones sino de participantes definidos. Alicia en el país del espejo, pero peor...

Nombrábamos hace rato a Mariátegui y deberíamos nombra a muchos otro pensadores y procesos que desde nuestra América han visualizado que ese camino, eurocéntrico y acomodaticio y que hace que en la Europa actual pocos sepan para donde van, no pasa de ser sino una expresión del triunfo momentáneo de la hegemonía dominante. Y que por lo tanto es indispensable, para continuar viviendo, la construcción de una nueva hegemonía, no de otra sino de una nueva, nuestra hegemonía, una que redescubra nuestros contextos, que reencuentre nuestros sujetos y que desde ahí mire a la cara y a los ojos del enemigo, que en nuestro caso esta clarito.

Quedémonos ahora, con la imagen del Che, síntesis dialéctica del pensamiento más radical de una lectura de Marx y Lenin desde nuestramerica, es decir desde nuestra real realidad, la de nuestros propios pueblo y procesos. De ese pensamiento que no es, ni podría ser, ni será, calco o copia, sino esencialmente una invitación, o más bien una convocatoria a reconstruir a Marx, el real, pero desde nuestra realidad, para que deje ser dos o tres frases hechas y se renueve como arma y herramienta para la lucha necesaria e inevitable.

¡Por qué solo si el camino se hace ahora de lucha, podremos garantizar que el futuro sea nuestro!

Nos encontramos enfrentados a la fuerza inmensa de la hegemonía global del capital: Nos enfrentamos a un enemigo de mil cabezas. Cabezas que van desde sus sirvientes locales, agentes políticos de todos los partidos de la derecha, la supuesta burguesía “nacional”, las transnacionales, los agentes directos del imperio, las empresas de comunicación y pare de contar: Y por ese otro terrible enemigo, representado por las conciencias fetichizadas de nuestro pueblo que sigue creyendo que el asunto es simplemente consumir y que está dispuesto a seguir ciegamente al que le garantice que puede seguir haciéndolo. Conciencias ubicadas tanto dentro como fuera de ese sujeto genérico que llamamos “chavismo”.

El enemigo está claro. Pero el camino también: La organización activa y consciente del pueblo para la lucha. Para esa lucha no solo necesaria, sino inevitable por la construcción de una nueva hegemonía.

Es decir, organización revolucionaria para luchar y tomar el poder para la construcción de una nueva sociedad, pero desde el pueblo y con el pueblo.

El enemigo está clarito y la acción también. ¡No hay otro camino y no queda casi tiempo ya¡

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Respuesta

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kate

 

"Karate ni sente nashi"/(“El Karateca no da el primer golpe”) Gichin Funakoshi 1

A Maduro lo derrocará @DolarToday si no le da respuesta. El verbo derrocar cabe perfectamente pues incluso si el mandato presidencial es abortado por el revocatorio o enmienda, estaría siendo impulsado básicamente por una fuerza extra-territorial.

¿Qué tienen que ver los 14 nuevos motores de la economía o el plan de siembra urbana con DolarToday?. Nada. Precísamente. La esperanza oculta del Presidente (no de su equipo económico. Ojalá lo discutieran abiertamente) parece ser que un aumento de la producción cubra necesidades locales y reduzca la sensación de escasez, cuando menos en los rubros fundamentales que podemos producir en el país. Todo eso está muy bien. Llega un poco tarde, pero llega y tendría un buen efecto, de no ser porque el imaginario nacional está secuestrado por esa idea de que nuestra moneda nacional nada vale. La mercancía más valiosa y escasa (en la mente capitalista eso es redundante, pero ni modo) es y seguirá siendo el dólar y el portal criminal se encargará de exprimir ese valor ficticio al máximo.. hasta sacar a Maduro (y, seguro, después, si no llega alguien que les convenga).

¿Cómo puede una página Web derrocar a un Gobierno de un país democrático? El obvio que el mismo Maduro no lo cree posible. Pero es fácil de establecer, usando las palabras del actual VicePresidente Aristóbulo Isturiz hace un par de años “Si quitamos el control de cambio, nos tumban”. Pues bien, la combinación de la caída de los precios del petróleo y el “índice” Dolar Today equivalen a un levantamiento del control de cambio. Sin el ingreso por el petróleo, el gobierno pierde el control directo de la divisa. Prácticamente todo el mundo en este país valida contra el dólar paralelo.

Fíjense que, justamente, se trata de establecer. No de deducir, probar, demostrar usando argumentos científicos o cuando menos verificables de alguna manera. No. Se trata de establecer: posicionar un meme en la mente de los consumidores en términos tales que parezca una verdad sólida que no se cuestione. Y para ello la ciencia sobra. Bastan medios de comunicación con algún matiz de imparcialidad, como la propia página Web, y una situación de angustia y emergencia que impida que la gente reflexione o cuestione el origen y sentido de toda la información que nos bombardea.

Dolar Today ha creado las condiciones para establecer que el socialismo no sirve. Que todo mecanismo de regulación, de la moneda o de cualquier otro bien, está condenado a sucumbir ante la corrupción o ante la ineficiencia. No importa cuán productiva alcance a ser nuestra economía, el “índice” forajido borrará todo rasgo de valor en comparación con la divisa. Eso es muy conveniente para continuar extrayendo el valor de la renta petrolera subceptriciamente, liberando a los Venezolanos del pecado de disfrutar del valor de un bien que se puede vender “fácilmente” más caro que su costo de producción. Es el plan de siempre. Solo que ahora disfrutan de una ventaja táctica con la nueva tecnología de Internet que puede propagar, eficiente e impunemente, esa propaganda desde el exterior y con el apoyo tácito, pero determinante, de los gobiernos de EEUU y Colombia. Así se acaba el rentismo, pero solamente para los Venezolanos.

Dolar Today ha establecido la desconfianza en el gobierno con la gigantesca distancia entre su valor y el “dólar protegido”.  Cualquier persona, ciudadana del país, ve el “índice” y está empujada a pensar (es decir, a dejar establecido que)  “gobierno mentiroso”.  Y, ¿Maduro no hará nada?.  Está a punto de Jaque Mate.2

Remembranza

¿Qué puede hacer Maduro? Declararle la guerra a Dolar Today. En serio. En defensa de los intereses nacionales, luego de sufrir incontables ataques y pérdidas de todo tipo y superando los tímidos intentos por protegerse3, el gobierno de la República Bolivariana debe invocar su soberania y su historial de respeto por la paz, pero también por la justicia, para responder con todo su poder legal al atacante. Y los gobiernos extranjeros o locales deben conocer, sin lugar a dudas, las consecuencias de no apoyar la causa nacional.

¿Qué podemos hacer las y los ciudadanos?  “Artículo 134. Toda persona, de conformidad con la ley, tiene el deber de prestar los servicios civil o militar necesarios para la defensa, preservación y desarrollo del país, o para hacer frente a situaciones de calamidad pública.”3


1 http://shotokan.altavoz.net/p4_shotokan/site/artic/20100522/pags/20100522111647.html "En Karate no existe primer ataque"

2 http://www.el-nacional.com/politica/Tribunal-estadounidense-BCV-Dolar-Today_0_800919998.html Tribunal estadounidense desestimó demanda del BCV contra Dolar Today (26 febrero 2016)

3 http://www.mp.gob.ve/LEYES/constitucion/constitucion1.html Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) Capítulo X De los deberes

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¿Tenemos Moral para seguir gobernando?

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La verdad muchas veces duele y puede doler mucho. Pero para un revolucionario decir la verdad es un deber en sí mismo. Los marxistas siempre hemos dicho la verdad desde el principio del proceso revolucionario porque no hay mayor interés para un marxista que el interés de la revolución socialista.

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El regreso al futuro en América Latina

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Quedar atrapado por la persistente defensa de lo conquistado es un riesgo político. En el momento en el que las alusiones al pasado le ganan al futuro, entonces, se puede afirmar que un proceso de cambio atraviesa una fase de agotamiento relativo. Las revoluciones del siglo XXI en América Latina indudablemente han ayudado a cambiar las condiciones sociales, económicas y políticas de la población. Y sin embargo, aún en muchas ocasiones, siguen actuando como si el mundo no hubiera cambiado. La concientización política no transita únicamente por la explicación de lo logrado tiempo atrás. Lo ganado se normaliza y naturaliza con celeridad. Sobre esta base, se construye un nuevo campo de esperanzas. Cada proyecto político se debe oxigenar mirando hacia adelante. Su reproducción depende de cómo se recicle el relato, los símbolos, los significantes-maestros, siempre bajo el trazo de un horizonte estratégico.


Esta advertencia no significa que se deba romper con el pasado. Pensar el futuro no es incompatible con valorar aquello que se ha logrado, con el rescate de las raíces. La memoria de lo conquistado ha de servir como piedra angular para construir lo que se viene. Pero no sirve de nada quedar apresado por el pretérito sin atender a la emergente nueva estructura de clases, y a sus nuevos marcos culturales. Las subjetividades actuales difieren de aquellas fraguadas en pleno padecimiento del tsunami neoliberal. Es esta una nueva etapa en el actual cambio de época latinoamericano. La fase inicial disruptiva está dando el relevo a otra caracterizada más por el repliegue y el reflujo. No es un ciclo despolitizado. Es un nuevo periodo en el que la política se transforma.

Son muchos los factores que cambiaron y deben ser considerados. Entre ellos, un asunto no baladí es la desaparición de líderes imprescindibles (Hugo Chávez, Néstor Kirchner). Aparecieron nuevos candidatos al interior de los procesos con la complicada labor de suceder a quienes fueron sus referentes históricos. Se terminó el tiempo en el que prevalecía la admiración por lo original, por lo insólito. La misma política que fuera novedosa a inicios de siglo XXI ya no lo es; comienza a pasar de moda. Precisamente por ello el desafío está en reacomodarse al nuevo tiempo político-cultural, a los nuevos modos de comunicación, a las redes sociales, al lenguaje y estética de los jóvenes. Hay que buscar cómo actualizar la formación discursiva propia para que continúe instituyendo un campo de aceptabilidad. Se precisa de una pedagogía más acorde a la nueva sociedad; con otras formas de identificar al enemigo histórico. Goliath ya no es visto como tal. David ha crecido y hay que asumirlo.

En lo económico, el viento de cola también ha cambiado de sentido; ahora constituye un verdadero freno que asfixia externamente. No estamos frente al mismo escenario de hace una década. La economía mundial está inmersa en su propia encrucijada sin dar señales de recuperación. Los precios de las materias primas siguen en caída libre. Se abre una etapa montañosa que no se parece en nada a tiempos remotos. En esta ocasión, la responsabilidad para buscar soluciones no recae (afortunadamente) en el FMI ni en ningún otro poder económico ajeno. Esta vez, son los gobiernos progresistas los encargados de decidir qué hacer frente a tales adversidades. No basta con rechazar la senda neoliberal. Se exige la reconstrucción de un camino propio, propositivo, proactivo, que obtenga victorias tempranas para asentar expectativas positivas. La ausencia relativa de una hoja de ruta propia puede jugar una mala pasada. La respuesta ante la demanda de soluciones futuras no puede ni debe estar secuestrada por alusiones constantes al pasado. El regreso ha de ser al futuro.

Toca responder a múltiples desafíos que se vienen de aquí en adelante. Del asalto, hay que pasar a la transformación del Estado. Se acabó con el Estado Aparente pero hay que definir cómo se construye el Estado Integral. Hay que elegir si se replica el Estado de Bienestar o si se opta por una construcción propia que sea innegociable con el capital. Hay que incorporar la eficiencia como criterio indispensable en la gestión pública. También urge caracterizar la sociedad con mercado (y no de mercado) a la que se apunta; redefiniendo qué tipo de relación se quiere con el sector privado, en qué área, bajo qué condiciones de propiedad, con qué reglas de reparto de la ganancia. En este mismo sentido, cabe plantearse qué estrategia elegir para adherir al proyecto colectivo a las diversas clases medias de origen popular que han emergido al calor de una política pública decididamente inclusiva. El proceso de individuación de esta nueva generación se presenta como un obstáculo para esta desafiante tarea. Ignorarlo supondría desconocer al nuevo sujeto político presente en esta coyuntura.

Seguramente, las últimas derrotas en Argentina (presidencial), Venezuela (legislativa) y Bolivia (referendo para la re-postulación de la fórmula presidencial) se explican en parte por esta excesiva presencia del pasado en el debate sobre el futuro. No es la única razón, pero sí es una cuestión fundamental en este ciclo corto de elecciones perdidas. Es inapropiado hablar por el momento de fin de ciclo. Se avecina un estadio desconocido en clave política. No sabemos qué va a pasar a futuro. La controversia está servida. La derecha ha decidido enterrar su funesto pasado con promesas para el mañana. Los gobiernos progresistas aún tienen dificultad para modificar el tiempo verbal de su propuesta. Por ahora, esto le ha concedido una ligera ventaja electoral a la derecha latinoamericana que viene con la lección aprendida tras muchos años de fracasos. Estamos en plena guerra de expectativas. Y ésta no se gana mirando por el retrovisor.

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El día que el “cambio” derrotó a la Revolución

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reformismo

Artículo especial para la edición 113º de la revista Periferia. 

La derrota sufrida por las fuerzas revolucionarias en Venezuela el 6 de diciembre, encienden las alarmas y obligan a la dirigencia del proyecto revolucionario a revisar y analizar a profundidad lo ocurrido, no solo desde el ámbito electoral, sino fundamentalmente desde los principios del proyecto histórico que se ha asumido como ruta de navegación hacia el Socialismo.

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Conceptos sobre la derrota electoral del gobierno en Venezuela

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6d

Me escriben desde distintos lugares pidiéndome una apreciación, más que sobre Venezuela, sobre el significado de las elecciones recientes de diciembre. Puedo ofrecer criterios desde fuera de Venezuela, o sea sin poder palpar e internalizar lo que los distintos sectores de su población viven. Es decir, cómo experiencian sus conflictos. Sin este referente existencial resulta difícil ofrecer un juicio político adecuado, especialmente por el papel que juegan los medios masivos y “democráticos” de ‘información’ en el subcontinente. En otro ángulo, puede resultar necesario ofrecer una opinión en una Costa Rica mayoritariamente desinformada sobre las realidades políticas de los latinoamericanos y en particular sobre procesos como el venezolano que, con sus aciertos y errores, van a contrapelo de lo que se quiere, los grupos dominantes quieren, los costarricense deseen. La experiencia venezolana es “mal ejemplo” para los políticos costarricenses y sus medios por sostenida, por traer a los escenarios políticos las experiencias de sectores postergados y humildes, ahora mejor o peor organizados, por ser un proceso que llamó a una articulación constructiva de los pueblos (y Gobiernos) latinoamericanos y caribeños, y que realizó acciones en ese sentido (ahí está el ALBA), y que, con estos alcances, puede ser caracterizada como popular, nacional y antimperialista. No es el menor de sus méritos que con estos caracteres haya logrado el apoyo, no sin trabajo, de sus Fuerzas Armadas. El proceso, que en esta elección de diciembre del 2016 tuvo como cabeza electoral al Partido Socialista de Venezuela, obtuvo un 42% del electorado. Esto, con una economía jaqueada y acosada. Obviamente, este 42% fue derrotado por un 58% de la oposición agregada en una Mesa de la Unidad Democrática. Entonces, se da una derrota, pero ésta es electoral aunque puede alcanzar significado institucional. Una oposición, que ha de verse si seguirá junta, domina numérica y cómodamente la Asamblea Nacional (Parlamento). Pero no está sola allí y tampoco domina en el resto del sistema político institucional.

Luego, aquí hay un primer factor: una derrota en las urnas no implica necesariamente una derrota del sistema político que ha ido construyendo, mejor o peor, el liderazgo chavista con contenido popular desde inicios de este siglo. No es una derrota de su sistema político institucional. Por el contrario, lo confirma porque el proceso popular venezolano tiene carácter electoral. Y el 42% de los votos, con una abstención del 26% (más baja que las presidenciales en Costa Rica) no es poca cifra aunque la elección haya estado polarizada. De cualquier forma, no constituyó un plebiscito. El 42% de los ciudadanos venezolanos votó a favor de seguir el proceso. No es poco. Es una derrota, pero tampoco este 42% es una votación que pueda subestimarse porque el referente central de esa votación lo determina, o debería determinarlo, un cambio del sistema de poder (bloque de poder) que ha existido históricamente no solo en Venezuela sino en América Latina. Lo que intenta Venezuela lo intentó Chile, con más limitaciones en cierto sentido, a inicios de los 70 del siglo pasado (Allende fue electo con poco menos del 39% de los votos) y la experiencia sobrevivió tres años. El proceso venezolano con contenido popular ya superó los 15 años. Hoy sufre una derrota electoral significativa, pero es eso, una derrota electoral. Superarla puede hacerse con trabajo político, corrigiendo o extirpando lo que está mal y reforzando lo que da muestras de estar bien. Fuerza institucional existe. Incluye a las Fuerzas Armadas. No es poco. Se trata de una fuerza que hay que sostener y mejorar.

La oposición habla del final del chavismo. Pero este chavismo es institucionalmente democrático, como lo muestra la elección en que la oposición gana con un 58% de los votos y se reconoce sin problemas su triunfo electoral. Mario Vargas Llosa, quien después que le concedieron el Nobel de Literatura ha retornado a su prematura ancianidad cavernaria, escribe: “Ahora lo importante es tener conciencia de que una fiera herida es más peligrosa que una sana y que los zarpazos del régimen moribundo pueden hacer todavía mucho daño a la golpeada Venezuela” (El País, Edición América, 14/12/15). ¿El opositor político una “fiera herida” y peligrosa? No es exactamente habla democrática. Vargas Llosa desea que la victoria electoral de sus amigos sea el inicio de un aplastamiento político y social. Puede llegar a serlo, pero por el momento no lo es. Al 42% que votó por el proceso y a sus dirigentes les toca evitarlo.

En Costa Rica la caverna menos torva admite que “La oposición tendrá que administrar sabia y serenamente su victoria, pues el cisne chavista todavía no ha cantado” (C. Urcuyo, La Nación: 13/12/2015). No está escrito que “el cisne” chavista muera. En este momento es minoría electoral, pero también expresa los tiempos que corren. El “chavismo” además resulta de una producción venezolana enraizada en su historia; si se lo trata con propiedad, prosperará. La Mesa de la Unidad Democrática es también producción venezolana (con alguna ayuda de sus amigos), pero por el momento es solo una alianza electoral ganadora.El banquete solo en apariencia les está servido. Ellos mismos pueden encargarse de liquidar su cena. Esta liquidación también sería parte de raíces históricas. Venezuela no tiene experiencia de existencia democrática. Su primer paso hacia ella la ha abierto el chavismo (con aciertos y errores). Los amigos de Vargas Llosa pueden sepultarla. Como se advierte, se juegan en ese país muchas más cosas que el control de una Asamblea y la salida de la cárcel de algunos dirigentes, queridos por algunos y menos queridos por otros. Y no estoy hablando de sentimientos chavistas.

II

Una segunda cuestión es que si el proceso iniciado por Chávez en Venezuela sigue una vía electoral, por el momento innegable y positiva, pero al mismo tiempo se propone no solo encabezar gobiernos sino desplazar a un bloque de poder y configurar un nuevo bloque político-cultural de poder, entonces una de sus tareas centrales consiste en intentar ganar toda próxima elección. Esto porque se trata de un proceso largo y, además, con enemigos (no solo opositores) poderosísimos. Entre los últimos están las personificaciones de la lógica de la economía mundial en curso, de una base económica local distorsionada (rica en petróleo pero al mismo tiempo débil por rica en petróleo) y marcos categoriales e imaginarios lentos de transformar porque provienen en parte de la cúpula del aparato clerical católico. La transformación no es tarea de unos cuantos gobiernos ni tampoco responsabilidad exclusiva de los dirigentes gobernantes. La población venezolana debe desear los cambios, educarse en ellos, constituir su identidad desde sí mismos en ellos. Por eso se trata de un proceso revolucionario. Si no, no lo sería. Solo se asistiría a un cambio de amos y tal vez lo que antes estaban económicamente peor mejorarían algo su situación. No es el peor mundo posible, pero se supone que no es el que una experiencia revolucionaria desea. Alguien habló alguna vez de un ser humano nuevo. Eso es lo que se desea. Pero tiene que irlo construyendo la gente misma, no se puede imponer.

Entonces, como parte del proceso, hay que ganar cada elección (entendidos como espacios autoeducativos y político-culturales) y cada mandato tiene que tener claro que se debe consolidar institucionalmente avances para que no puedan ser revertidos sin protesta popular y ciudadana si se llega a perder alguna elección. Si el proceso está claro, cada elección puede enfrentarse con aliados diversos con los que se puede tener discrepancias. Un error grave es polarizar los procesos sociales prematuramente porque ello facilita a los enemigos polarizar los eventos electorales. Es, en parte, lo que viene ocurriendo en Venezuela. Por la vía electoral, para avanzar sin polarizar no existe receta. Hay que aprender a leer la realidad interna y ser, como escribiría un neoliberal, proactivo con meta popular para incidir constructivamente en ella. Avanzar e incidir se relacionan con ir más lejos y distinto, pero también con consolidar, fortalecer, despejar caminos, inventar otros. Receta, que se sepa, no existe, porque un proceso político alternativo, popular, no tiene la capacidad ni la oportunidad para elegir sus enemigos. Una referencia persiste: la gente debe desear los cambios y protagonizarlos (si es así no importa equivocarse) y también ese buen deseo puede acompañarse de críticas. Interpelar y ser interpelados se llama ese juego. O diálogo constructivo. Pero “construir” no siempre significa ‘avanzar sin transar’. Se puede convenir en un paso atrás, pero no para descansar.

Desde este punto de vista, la forma política como se llegó a estas elecciones no debe repetirse, pero la derrota electoral no significa un final del proceso.

Todavía resulta prudente destacar un aspecto en este apartado. ¿Qué hacer cuando el enemigo y los opositores (la dirección siempre estará en manos de los enemigos) boicotean la economía y falta de todo o se especula y los votantes se van con quienes prometen remediar el caos porque toda la culpa es del Gobierno, en este caso de Maduro? Se puede agregar: la polarización (que se debe intentar evitar) falsamente ideológica se facilita por las fallas o desplome de la economía.

Lo primero que habría que decir es que ningún país latinoamericano, incluso Brasil, puede evitar que sus enemigos desquicien la economía. De hecho, hasta sin enemigos estas economías resultan desquiciables. Se trata de economías muy abiertas y que requieren de muchos insumos que provienen del exterior y, además, sin capacidad para presionar en los mercados existentes. Se tiene que tener claro esto para evitar sugerir o prometer a la población lo que en determinados momentos no resultará sostenible. Pero el proyecto mismo debe desde un inicio tener un plan de empleo, producción y abastecimiento de emergencia (o de guerra, si se prefiere) que se orientará a todos pero dará preferencias a los sectores más empobrecidos, rurales y urbanos, y a las capas medias bajas, a las mujeres solas, etcétera. Un abastecimiento de emergencia implica consumir con austeridad y producir y repartir con decencia (sin corrupción y venalidad cero). Implica aprobar legislación dura para castigar el acaparamiento y la especulación y más dura todavía si ella es protagonizada por sectores o grupos en el gobierno. Los castigos judiciales deben ser expeditos y públicos. Nadie debe salvarse de la cárcel por hacer buenos negocios (y política hostil) con las necesidades ciudadanas y populares. Por lo tanto ha de tenerse conocimiento de los mecanismos que podrían tornar eficaz, en el país y por regiones, la satisfacción de las necesidades de la gente en un marco de austeridad. En el caso venezolano, por ejemplo, la distribución sistémica puede pasar por los aparatos militares. Y el transporte y distribución al menudeo, en distintos planos, puede estar a cargo de las juventudes de las organizaciones, de los estudiantes y de la ciudadanía organizada en áreas y barrios. Se debe tener cuidado aquí de no golpear al pequeño comerciante. El ethos consiste en hacer de la necesidad fiesta, disciplina, encuentro, diálogo, crecimiento político. No es factible llevar a cabo revoluciones sin experimentar sufrimientos, pero los revolucionarios pueden transformar este sufrimiento en paso de victoria y robustecimiento de sentimientos positivos y articulaciones constructivas. Hay que dar especial atención aquí a los empobrecidos, a las capas medias urbanas y a los pequeños productores rurales. Fomentar su organización autónoma. No se debe permitir que las privaciones los desesperen y los envíen al bando rival. Y nada de celebraciones por los éxitos económicos (en particular en la distribución). Se trata de la guerra del abastecimiento y la producción. Se saluda lo que se hace y se vitorea cada logro, pero en el espíritu de una resistencia heroica y haciendo que las gentes sean protagonistas. Nos quieren matar de hambre, pero aquí estamos hambrientos y con sed, pero en la lucha. Y a quien se sorprenda delinquiendo, a la cárcel. Justicia pronta y cumplida. Y se publicita. Que se sepa.

El “que se sepa” anterior remite al frente de guerra de la comunicación social. Los medios de los poderosos de siempre tienen una organización continental y van a favor de la corriente tanto porque interpelan el aparente “sentido común” de las gentes como porque son los medios que la gente ve y escucha y repite mayoritariamente. No se les puede tocar porque de inmediato gritan “¡libertad de expresión!, van a la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, a la Conferencia episcopal respectiva y a CNN y ya están montados. Por supuesto, mienten descaradamente, tergiversan, especulan, ridiculizan, conspiran. La fuerza con que circulan es su debilidad. Debe combatírselos bajo la bandera de que “Mienten” y por equipos especializados que recogen sus principales mentiras, día a día, semana a semana, mes a mes. Hay que mostrar y desnudar día a día sus mentiras. Ellos no pueden parar de mentir y uno no debe parar de mostrar que mienten. Así, en la medida que más mienten, gritan y circulan, más van perdiendo credibilidad. La contraofensiva tiene que hacerla prensa, televisión y radio responsables. No adulatoria ni existista ni mentirosa, sino responsable. Pero esta última por sí sola, perdería porque los otros tienen el dinero y apoyo internacional. La principal batalla es por ello la que socializa que los medios enemigos mienten y que a los periodistas profesionales se les violan derechos humanos al obligarlos a mentir. Por lo demás, es lo que hacen.

Se debe apuntar que en Venezuela, probablemente, y visto desde afuera, se cometieron al menos tres errores: no se tenía un plan económico de emergencia, se equivocó la ruta en la lucha por la información y comunicación sociales y los dirigentes centrales /Chávez, Maduro), especialmente el segundo, menos dotado, en lugar de jugar un papel de mitos vivientes (convocadores, catalizadores) personalizaron el proceso revolucionario y asumieron como protagonistas todos los conflictos. En América Latina esto ayuda a una polarización que, ya se señaló, no ayuda al proceso de desplazamiento de un bloque de poder y configuración de otro alternativo. Lo alternativo no es el socialismo sino la manera cómo lo interioriza la población y cómo lo materializa en la existencia cotidiana. Una existencia cotidiana nueva cuyo eje es la no discriminación. Por ahí va el socialismo o como se le quiera llamar. Por supuesto esa existencia cotidiana es expresión y condensación de muchos otros procesos.

III

Pienso ha quedado claro que la administración Maduro, gobierno que ha dado continuidad al proceso popular chavista, ha sufrido una derrota electoral importante, pero no decisiva en términos del proceso como tal, puesto que las cifras pueden ser revertidas más adelante. La reversión depende en parte del Gobierno, pero su actor determinante son sus bases sociales, ese 42% de ciudadanos que respaldó con sus votos a quienes administran este momento del chavismo. La administración Maduro debe autoexigirse sabiduría, cautela y firmeza, admitir interpelaciones e interpelar porque es el gobierno de Venezuela, de sus ciudadanos (este es uno de los desafíos de la vía parlamentaria: pueden surgir ‘enemigos’, pero si no delinquen, y eso lo resuelve la legislación y los tribunales, deben ser tratados como ciudadanos), aunque tenga un proyecto estratégico y busque desplazar un bloque de poder para asentar otro y, al hacerlo, busque transformar el carácter de los poderes sociales. No es sencillo, pero tanto la lucha armada (Cuba) como la vía electoral hacia la producción de un orden distinto, por alternativo en sentido fuerte, son vías complejas y con desafíos que se debe políticamente resolver sobre la marcha y con sabiduría.

En todo caso la fuerza motriz de un proceso revolucionario la portan los movimientos y movilizaciones sociales populares y ciudadanas (esto último en el caso de la vía electoral). Así, la fuerza del gobierno reside en la capacidad de incidencia de esos sectores populares para dar su carácter al proceso. Es probable que la experiencia venezolana no haya asumido en exceso (tal vez no lo ha asumido del todo) este factor. A la distancia se le ve personalista, caudillista, siguiendo una tradición que viene desde la Colonia (y quizás de antes, de las culturas originarias), caudillismo que se complementa con el énfasis en la pareja organización partidaria- masas, donde estas últimas son relativamente pasivas, presencia en la calle, consigna. Las direcciones dirigen entonces, con mayor o menor ilustración, con mayor o menor corrupción (en el sentido de extravío de carácter, no de venalidad) a sus masas. Este tipo de experiencia ha fracasado. No se discutirá aquí por qué. Ahora, la vía electoral propende hacia la figura recién descrita lo que no quiere decir que la lucha armada, bajo ciertas condiciones, esté libre de ella.

Ahora, sin efectivo protagonismo popular no existirá ni hombre nuevo ni revolución efectiva. No es un mal deseo de este expositor, sino una comprobación de lo que ha ocurrido en la historia de las sociedades modernas. Pongamos un ejemplo relativamente “neutro”, para evitar polémicas. Diversos sectores de la burguesía y sectores medios ilustrados empujan las revoluciones burguesas europeas que concretarán las sociedades de la modernidad. Tienen apoyo de “masas”. Pero “secuestran” su energía, la misma que les posibilitó ganar batallas contra el rey, la nobleza y los curas con la noción de ciudadano (e individuo). Cada individuo un ciudadano. Es decir alguien que acepta/asume el orden burgués como parte de su identidad. Estas masas descompuestas en individuos ciudadanos pueden interpelar al Estado pero solo en los términos que ese Estado concede escuchar. Bueno, esta es la historia que no pueden repetir las revoluciones que se desean populares y alternativas. En ellas las gentes, los sectores deben interpelar desde sí mismas, con voz propia, a todas las personificaciones de instituciones y estructuras. “Interpelar” no debe entenderse como algo grosero o imperativo, etcétera. Lo que busca enfatizar es que los movimientos populares no constituyen ‘masas’. Pueden hacer presencia numérica alta, pero sus grandes números no constituyen ‘masas’. En ellos impera una calidad diferencial determinada. Esto es tal vez lo que en Venezuela no termina de asumirse. Y lo que podría conducir a una derrota, esta vez sí, sistémica.

 

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