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Keymer Ávila: La OLP ha servido para mermar derechos y posicionar la lógica del enemigo

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Lo primero que advierte Keymer Ávila –investigador del Instituto de Ciencias Penales de la UCV, profesor de Criminología en Pre y Postgrado de la UCV, colaborador del Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos de la Universitat de Barcelona– es que no resulta fácil establecer qué es la llamada Operación de Liberación del Pueblo

“Desde que se inició la OLP, el 13 de julio del año pasado –dice y se lamenta Ávila–, he estado buscando algún documento oficial en donde esto se explique: una Gaceta Oficial, una presentación escrita en alguna página web o algún documento formal; sin embargo, hasta ahora no he encontrado nada sustantivo, solo declaraciones y videos propagandísticos que parecen hechos por el mismo Rambo”.

—¿Cómo pudiéramos conceptualizarla, entonces, según ese discurso?

—La OLP, como su primera palabra lo indica, es un esquema de operaciones y procedimientos llevados a cabo conjuntamente por distintos cuerpos de seguridad: Cuerpo de Policía Nacional Bolivariana (CPNB), Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y Guardia Nacional Bolivariana (GNB), dentro de cada uno de los cuales tienen un peso importante los respectivos “grupos especiales”. Es de advertir que el mismo hecho que actúen distintas fuerzas conjuntas dificulta posteriormente la asignación de responsabilidades.

Su objetivo inicial, según los discursos oficiales, era liberar “áreas donde operan elementos de grupos delincuenciales, quienes se dedicaban especialmente a actividades del paramilitarismo colombiano, bandas criminales, sicariato, extorsión y secuestro”. Este primer discurso fue variando, no siempre ha sido coherente, y hasta en alguna ocasión se intentó darle un matiz preventivo y de reinserción.

—¿Ha representado alguna novedad en los esquemas de lucha contra el hampa?

—tal como lo he comentado antes, los operativos de este tipo no son novedosos en el país. La profesora Tosca Hernández estudió este fenómeno hace unas tres décadas, Rosa Del Olmo también hizo una aproximación a ellos. Gracias a estos trabajos podemos recodar, por ejemplo, al Operativo Oriente en la década de los sesenta, a la Operación Vanguardia en los setenta y más recientemente al Plan Unión en los ochenta, al que Alí Primera le dedica unas estrofas en su canción “El derecho al derechito”. En el cine venezolano, por ejemplo, La quema de Judas y Disparen a matar hacen alusiones a este tipo de operativos

—¿Qué ha significado en la práctica, qué dice en tanto paradigma?

—Mira, después que se quiso hacer una refundación de la República con una nueva Constitución –hoy por cierto amenazada por parte ambos bandos políticos–, luego de haber hecho tantos esfuerzos por diseñar un nuevo modelo policial –con una excelente legislación, todo un bloque normativo complementario, haber creado un Consejo General de Policía y hasta espacios institucionales para su formación–, que se venga ahora a implementar este tipo de operativos policiales significa, lamentablemente, que no hemos avanzado nada, y que los aparentes avances se quedaron solo en el diseño, en el deber ser, en el mundo de las ideas, pero no lograron ejecutarse ni institucionalizarse.

Pareciera que no se logró posicionar el nuevo paradigma de la policía civil, especializada y garante de los derechos humanos. Lo que terminó prevaleciendo fue el viejo paradigma, no solamente de la misma policía de la cuarta, sino también de la militarización de la seguridad ciudadana, que tampoco era una novedad. Son los mismos cuerpos armados que tanto fueron cuestionados por la izquierda durante la cuarta república. Uno de los aspectos que habría que analizar en el contexto actual sería la policialización de la política. Que sería el fenómeno que –según explica Marcelo Sain– ocurre cuándo los políticos dejan de ejercer el gobierno sobre la seguridad ciudadana, para entregarle ese ejercicio a militares y policías.


Lo que dicen las (pocas) cifras

—¿Ha contribuido en algo a contrarrestar la criminalidad?

—Lamentablemente, el acceso a las cifras durante los últimos lustros ha sido sumamente precario, y un análisis sin información confiable, sin datos, sin estadísticas, puede convertirse en mera especulación. Los números dispersos que eventualmente han dado en el marco de estos operativos no son claros, no tienen una línea base ni factores de comparación, como para poder medir si han incrementado la resolución de casos, potenciado la capacidad investigativa del Estado, ampliado la seguridad de la ciudadanía en términos de protección de su vida, de su integridad física y del goce pacífico de sus derechos. Por ejemplo, un dato muy básico: ¿aumentaron o disminuyeron los homicidios en el país?

No informan nada. Al menos la fiscal general nos dio unos datos concretos en su Informe Anual, en el que se puede apreciar que los homicidios siguen siendo muy altos, se encuentran en 58 por cada 100.000 habitantes, una de las más altas de la región, la segunda después de Honduras.

La pregunta sería: ¿cómo pudiera evaluarse el impacto de las OLP sobre el fenómeno delictivo, con estos datos tan precarios? Es difícil, pero no imposible.

—¿Por ejemplo?

—Lo primero que habría que revisar es el impacto que la OLP tiene sobre la criminalidad que proviene de los propios cuerpos de seguridad. Lo que jocosamente Leoncio Barrios, en uno de sus artículos para Contrapunto, denominó como el fenómeno “2 en 1”. Esto tampoco es una novedad: La quema de Judas, a la que acabo de aludir, es un película del año 1974 y te da un perfil del policía para ese momento. La profesora Tosca Hernández, cuando estudió los operativos en los años ochenta, concluyó que aumentaban la comisión de delitos por parte de la policía, ya que este tipo de plan represivo permite y fomenta la extralimitación policial en el ejercicio de sus funciones. En estos operativos los funcionarios son sometidos a situaciones de permanente estrés, en donde la violencia ilegítima surge como una reacción normal que puede hacer que pierdan de vista las limitaciones legales que les son impuestas, y allí puede resultar muerto cualquiera.

Así, por ejemplo, cuándo vemos las cifras, el Ministerio Público nos dice que hubo unos 245 fallecidos a manos de las OLP durante 2015, y a comienzos de febrero de este año, un diario de circulación nacional tituló con bombos y platillos que habían “abatido” a más de 200 personas sólo durante el mes de enero. Esto nos da un total de unas 445 personas fallecidas a manos de las OLP en seis meses. Toda esta información es pública y está en los medios. Si tomamos una de las pocas fuentes estadísticas de este fenómeno que se encuentran disponibles, como son las de PROVEA, que viene contando los casos de muertes por intervención de la fuerza pública durante los últimos 25 años, vemos que el promedio de ese período es de unos 163 casos al año.

Sólo en medio año de OLP ya se ha elevado en 173% el promedio anual de este tipo de muertes. Esta cifra es gravísima y es apenas una aproximación, la cifra real es mucho más elevada. Primero, porque solo se está hablando de muertes en el marco de la OLP y no del resto de las muertes a manos de los organismos de seguridad que no tienen esta etiqueta; segundo, porque los casos que cuenta PROVEA son sólo los que trascienden a la prensa. Cuando PROVEA contabiliza 200 fallecidos a manos de las policías, fácilmente ese número puede ser unas cinco veces mayor. Así fue, por ejemplo, entre 2005 y 2007, cuando se contrastaron sus cifras con las que publicó el Ministerio Público sobre ese tipo de casos.

—¿Y en cuanto a la criminalidad en general?

—Es la otra parte que habría que evaluar: cuál es el impacto que la OLP tiene sobre la violencia criminal en general. Y lo que te voy a decir no tiene nada que ver con pacifismo ni con comeflorismo. De lo que se trata es de la administración racional de la violencia del Estado. De evaluar costos y beneficios, sin sacrificar la necesaria garantía de los derechos humanos de toda la ciudadanía. Con la OLP se ha iniciado una guerra irregular que lo que trae es más inseguridad para todos. No se trata ni siquiera de un simple escenario situacional de enfrentamiento entre policías y delincuentes; más bien se trataría, por una parte, de la cacería de civiles, y por la otra, de la emboscada contra miembros de las fuerzas de seguridad. En un círculo vicioso en el que la violencia estatal reproduce y potencia la violencia social y delictiva, retroalimentándose ambas entre sí.

Luego de los procedimientos de la OLP se han visto en los medios ataques con granadas, bandas delictivas con armas de guerra. ¿De dónde el hampa saca esos juguetes? ¿La OLP es el método más eficaz para contrarrestar esas situaciones? ¿No sería más eficaz una labor seria de inteligencia y contrainteligencia? ¿No habría que limpiar la casa por dentro antes? ¿Cómo ha seguido la Cota 905 después del debut de la OLP por esos lados?

Un consenso peligroso

—¿Qué puede decirnos esa política acerca del Estado que la implementa y la sociedad que la aplaude?

—El nacimiento del Estado moderno descansa en el monopolio del uso de la fuerza y en su debida administración; esto es así desde las primeras elaboraciones teóricas de Hobbes hasta los planteamientos más recientes de Weber. El Estado de Derecho debe hacer uso de la fuerza sólo para proteger derechos concretos de las personas, y para ello debe existir un riesgo real que esa fuerza intenta repeler o neutralizar. El Estado lo que debe buscar es la pacificación, contener la violencia, y reservarse su uso exclusivo para proteger a sus ciudadanos, en especial a los más vulnerables. Mal puede el Estado ser el generador, promotor y potenciador de la violencia. Si esto es así, está ejerciendo mal su rol y se desdibujan su naturaleza y su razón de ser. A menos que lo que se quiera es volver al Estado Absoluto, a la Edad Media, en dónde las lógicas son otras.

Respecto a los aplausos o no por parte de la sociedad pueden darse lecturas diversas, te doy dos:

La primera y para mí más importante, es la perspectiva de los derechos. Los derechos fundamentales de las personas, en especial los que tienen que ver con su vida, integridad personal y libertad ambulatoria, no pueden ser sometidos a consulta popular. La democracia tiene sus límites y la reducción de estos derechos no tiene que ver con complacer o no a las mayorías. Esto en parte es lo que sostiene el Garantismo penal de Ferrajoli o lo que otros llaman el Derecho Penal Mínimo: de lo que se trata es de proteger a las minorías frente a las mayorías, en un marco en el que todos puedan coexistir. El Derecho Penal debe ser la ley del más débil contra el más fuerte. El ejemplo clásico es el siguiente: cuando se comete un delito, el más fuerte en esa situación es el delincuente y el más débil es la víctima, allí debe intervenir el Derecho Penal para proteger a esta última de su victimario. Pero a la misma vez debe proteger a ese victimario de las fuerzas solidarias con la víctima que operarán en su contra y que de seguro serán más fuertes que él, tales como el Estado, las fuerzas de seguridad, sectores de la propia sociedad, etc. De esta manera, busca tanto la prevención de delitos como la prevención de penas arbitrarias o desproporcionadas.

La segunda lectura es más sociológica: la gente aplaude este tipo de operativos más desde las emociones y pulsiones negativas, que desde la racionalidad, el conocimiento y las experiencias cercanas. Te doy un ejemplo: yo he conocido a doñitas muy dulces y decentes que cuándo ven las noticias de sucesos lo primero que dicen, apretando el puño, es “hay que matarlos”. Pero esas mismas doñitas, cuando vieron el video de las ejecuciones en Aragua del año pasado, bajaron esa efusividad y cambiaron de parecer.

Me explico: cuándo la gente no tiene ni idea de cómo funcionan realmente el Sistema Penal y su aparato policial, pide mano dura y le otorga discursiva y políticamente un cheque en blanco a sus operadores. Solo cuándo el sistema y sus operadores lo tocan de cerca es que comprenden el horror y las arbitrariedades que estas instancias pueden llegar a cometer. Dicen “hay que matarlos” “hay que llevárselos presos a toditos” “todos esos son una cuerda de malandros que no se merecen nada”, eso lo dicen en la abstracción, en la generalidad, desde la distancia. Y lo sostienen hasta que le tocan a un hijo, a un sobrino, al marido, al vecino o a algún conocido cercano. Es allí cuándo el “chip” se les resetea y pasan de la película a la realidad.

—¿Por qué, incluso pasado el entusiasmo inicial, es tan unánime el aplauso social, mediático y político?

—Por parte de la población, tiene que ver con la dimensión sociológica y de desconocimiento que acabo de comentar. Ya desde lo mediático y lo político hay otras racionalidades mucho menos inocentes.

Los medios tienen sus intereses particulares, económicos y políticos; los medios casi nunca están en el “medio”. Y en estos momentos la mayoría están alineados con la oposición o con el gobierno, por lo que actualmente no son más que cajas de resonancia de los bandos políticos, son sus aparatos de propaganda. Sin embargo, y acá está la esencia de tu pregunta, sobre la OLP hay un consenso autoritario con el que sólo ganan las élites políticas y pierde el ciudadano de a pie.

El discurso opositor ha tenido como bandera el tema de la inseguridad y se ha caracterizado por acusar al gobierno de complaciente, blandengue y timorato con el hampa. Mal puede ahora cuestionar una política que prácticamente ha estado pidiendo a gritos. A muchos sectores de la oposición, en especial a los más conservadores y reaccionarios, en el fondo les encantan estos operativos, creen en ellos. Algunos de sus opinólogos más bien han dicho que quieren que esos operativos se institucionalicen, que los hagan a cada ratico, que les “entra un fresquito con la OLP”, que por fin están haciendo algo, etc., etc.

Por parte del gobierno, éste se encuentra afrontando crisis en diversos frentes, uno más complicado que el otro: el político, el económico, el institucional, el securitario, seguido de un largo etcétera. El problema transversal es su legitimidad y autoridad. ¿Cuál es la manera más sencilla y simbólica que tiene a mano para aparentar autoridad y a través de ello tratar de conseguir legitimidad? ¿Asumiendo las decisiones económicas que tiene que tomar? ¿Asumiendo el control institucional real del aparato del Estado? ¿Puede realmente hacerlo? ¿Tiene la capacidad para ello? ¿No resulta más sencillo montar un gran espectáculo bélico con un despliegue enorme de funcionarios? Eso es concreto y se ve… Y si además te presentan miles y miles de detenidos y cientos de muertos, todos supuestamente “choros y malandros”, está demostrando no solamente fuerza y autoridad, sino que además se muestra como muy eficiente, con independencia de que todo eso sea verdad o mentira, eso es lo de menos. Total, las víctimas serán los más humildes y miserables de las sociedad, los que no tienen dolientes, los que no se convierten ni en noticia ni en trending topic, a menos que sea para presentarlos como victimarios, como los monstruos de la sociedad. Para eso sí son muy útiles, para chivos expiatorios en este caldo de cultivo de tantas incertidumbres y tantas inseguridades.

¿Habrán sido algunos de estos sectores, golpeados por la OLP, los que en diciembre les pasaron factura? Es posible…

—¿Para qué ha servido, qué cosas ha generado la OLP?

—Mira, en una síntesis de estas cosas que ya hemos comentado, yo diría que ha servido para mermar capacidades: mermar el Estado de Derecho, y con ello los derechos de todos nosotros; mermar al nuevo modelo policial y todo su bloque normativo; mermar la autoridad de los controles institucionales externos que deben tener los organismos de seguridad, como el de los fiscales, jueces y defensores del pueblo. Como ha servido para incrementar las muertes a manos de los cuerpos de seguridad del Estado, los allanamientos y detenciones arbitrarias de los más humildes, la inseguridad de todos.

También, para facilitar la militarización de la seguridad ciudadana y posicionar la lógica del enemigo en la praxis institucional cotidiana de las fuerzas de seguridad, que salen a cazar plagas: bachacos, gorgojos, etc…; para fortalecer el posicionamiento político y el poder de militares y policías en el país; para otorgarle un cheque en blanco a militares y policías, para que hagan su voluntad con nosotros.

Y, no por último, para intentar distraer la atención de otros problemas que resultan ser más complejos para el poder político, tales como los económicos, los de legitimidad y gobernabilidad.

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Carta Abierta para el Presidente Maduro ¿Cuál es el rumbo a Rectificar? (Primera Entrega)

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Este documento constituye un aporte de nuestro colectivo a las discusiones que buscan dilucidar el rumbo económico de la Revolución Bolivariana.

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¡Cambiar el poder sin tomar el mundo…¡ ¿O cómo es la cosa?

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“Con el enemigo, ni tatito así…”
Ernesto “Che” Guevara

¿A quién se refería el Che en esa famosa y utilizada frase? ¿Quién, en realidad es el enemigo?

En la América nuestra, nuestramérica, la de Bolívar y los libertadores, la de la Revolución Cubana y de toda una historia continua de rebeliones y revoluciones, pero en especial la nuestra de hoy, la de Chávez, ocurren procesos maravillosos desde el punto de vista de la historia real. Y decimos de la historia real para diferenciar la vida de los pueblos, de todo ese montón de “conocimiento” encuadernado en textos y bibliotecas que solo sirven para “estudiar” y muy poco para vivir.

Pareciera, sin embargo, que ese hermoso devenir está retrocediendo. Pareciera que el poder mundial y sus sirvientes locales están retomando el control de la situación.

Esa aparente situación nos lleva a hacernos algunas preguntas. Porque no es únicamente ¿para dónde? y ¿Por qué…?  Parece que en este momento es esencial responder ¿con quién…?

Pero, además, se plantea el asunto de si el estado debe ser modificado para que nos sirva o si debe ser cambiado de cuajo y simplemente eliminado… El asunto de la organización vs la estructura. Y así.

Desde hace algunos años, décadas ya, en esa pequeña región del mundo llamada “Europa” se ha desarrollado una lectura del marxismo (que no de Marx) según la cual el cambio del capitalismo al socialismo debe realizarse por medios democráticos. Ya desde la URSS se había comenzado la política de la coexistencia pacífica, es decir la coexistencia entre dos modelos antagónicos en el concepto, pero que por razones “prácticas” deben compartir el geoespacio y lo que es más importante y fundamental, necesitan compartir el mercado. Se insiste desde algunos que fue Kruschev el creador de esa concepción en la que luego se fundamentó la perestroika y el glasnost. Pero realmente, tiene raíces muchos más básicas en la misma URSS. Pero bueno ese no es el asunto del cual queremos hablar ahora.

Comentábamos que en la Europa reaparecieron procesos según los cuales el transito al socialismo es un problema que se puede muy bien resolver por la vía evolutiva, lo cual permitiría evitar las molestias de la violencia revolucionaria y la incomodidad de la lucha de clases. Surgieron posturas diversas: desde el capitalismo estado del final de la era soviética, con sus políticas de conciliación que se impusieron a los partidos comunistas fieles a Stalin, hasta todo ese fuerte proceso de revisionismo y reformismo que pide a gritos construir un Marx a su imagen y semejanza, al cual, por ejemplo, le quitemos a Hegel (pero no tanto por la dialéctica sino por el método que Marx construye desarrollándolo y criticándolo) o se construa otra “dialéctica marxista” de corte positivista y determinista (es decir anti-dialéctica) que como diria el mismo Marx no pasaría de ser “escolástica”.

Todas esas formas de “ver” el mundo, que por ser evolucionistas se hacen no-históricas o más bien ahistóricas, se fundamentan en “las necesidades” de Europa. Y por ello reconstruyen un andamiaje eurocentrista contra el cual Lenin ya había arremetido, quebrando la ideología oficial, en el socialismo de la época del Primer Congreso de la Internacional Comunista. Por ejemplo, en ese congreso, Lenin exigió que se eliminara de los documentos la palabra “barbaros (presente hasta en el Manifiesto Comunista) referida a los pueblos que luchaban contra el colonialismo europeo. Por ello, los partidos comunistas de la época y en especial el ya stalinizado PCUS, aprovecharon su muerte, la de Lenin, para crear un leninismo sin Lenin de la misma forma que ya se estaba construyendo, en buena parte, un marxismo sin Marx.

Ya en la Tercera Internacional, los esquemas evolucionistas, negadores en lo concreto de la lucha de clases y del carácter insurreccional de la revolución socialista, florecieron y se establecieron, ahora bajo la protección de la doctrina del “etapismo”, doctrina que aún controla muchos escenarios y muchas mentes…

En américa, la nuestra, desde hacer algunos años también, cosa que por cierto algunos partidos comunistas oficiales y extraoficiales ignoran o se niegan a reconocer, surgen formas de pensamiento que intentan desde una (re)lectura nuestra (no local, nuestra) ubicar el pensamiento marxiano en un nuevo contexto.

Ya desde la época de la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, reunida en Buenos Aires (junio de 1929), dos pensamientos paralelos trazaron caminos opuestos a esas corrientes anti-históricas eurocentricas. Por un lado, Teodoro Roca, vocero de la (olvidada) Reforma Universitaria de Córdoba que desde sus espacios cuestionaba no solo la explotación del trabajo y los trabajadores, sino y muy particularmente, las formas de dominación política de las subjetividades. Y por el otro Mariátegui, fundador, sin dudas, del marxismo nuestramericano, quien con sus tesis puso en jaque ese eurocentrismo galopante que dominaba todo el pensamiento comunista de la época, razón por la cual sus ideas y propuestas fueron mantenidas en silencio, entre otras cosas acusadolo de localismo, silencio del cual fue rescatado solo por el Che y Fidel y por los actuales procesos bolivarianos.

Desde Mariátegui, en América, la nuestra, han surgido una cantidad de procesos y pensadores que se enfrentan definitivamente a ese pensamiento muy elaborado y hasta atractivo, del neo-eurocentrismo o eurocomunismo, apoyado en pensadores que escriben bonito, como Negri por ejemplo, que solo intentan por una vía fuertemente emparentadas a las metafísica postmodernas eliminar la historia y así hacer desaparecer al sujeto histórico. Es decir, convencernos de que existen procesos sociales que ocurren por sí mismos, particularmente, por la existencia innegable de un capitalismo no solo global (cosa cierta) pero especialmente homogéneo (cosa absolutamente falsa). Capitalismo global que se fundamenta, llamativamente, en un tener como centro una situación local: Europa.

Negri afirma así, que el imperialismo pasó a una etapa superior, sin países imperiales, por cierto. Etapa que él denomina “Imperio. Forma social extraña, especialmente por su carácter difuso, pues como un dios estaría en todas partes sin radicar en ninguna y contra la cual, dado su carácter definitivamente global no es posible actuar, apenas amoldarse y sobrevivir (o algo así).
La sociedad se convierte de esta forma, en algo explicado desde una suerte de “marxismo sin sujeto” y que termina entonces en un “proceso” que se limita a plantear la adaptación a una situación que es esencialmente invariante, inmodificable y que por lo tanto carece no solo de intenciones sino de participantes definidos. Alicia en el país del espejo, pero peor...

Nombrábamos hace rato a Mariátegui y deberíamos nombra a muchos otro pensadores y procesos que desde nuestra América han visualizado que ese camino, eurocéntrico y acomodaticio y que hace que en la Europa actual pocos sepan para donde van, no pasa de ser sino una expresión del triunfo momentáneo de la hegemonía dominante. Y que por lo tanto es indispensable, para continuar viviendo, la construcción de una nueva hegemonía, no de otra sino de una nueva, nuestra hegemonía, una que redescubra nuestros contextos, que reencuentre nuestros sujetos y que desde ahí mire a la cara y a los ojos del enemigo, que en nuestro caso esta clarito.

Quedémonos ahora, con la imagen del Che, síntesis dialéctica del pensamiento más radical de una lectura de Marx y Lenin desde nuestramerica, es decir desde nuestra real realidad, la de nuestros propios pueblo y procesos. De ese pensamiento que no es, ni podría ser, ni será, calco o copia, sino esencialmente una invitación, o más bien una convocatoria a reconstruir a Marx, el real, pero desde nuestra realidad, para que deje ser dos o tres frases hechas y se renueve como arma y herramienta para la lucha necesaria e inevitable.

¡Por qué solo si el camino se hace ahora de lucha, podremos garantizar que el futuro sea nuestro!

Nos encontramos enfrentados a la fuerza inmensa de la hegemonía global del capital: Nos enfrentamos a un enemigo de mil cabezas. Cabezas que van desde sus sirvientes locales, agentes políticos de todos los partidos de la derecha, la supuesta burguesía “nacional”, las transnacionales, los agentes directos del imperio, las empresas de comunicación y pare de contar: Y por ese otro terrible enemigo, representado por las conciencias fetichizadas de nuestro pueblo que sigue creyendo que el asunto es simplemente consumir y que está dispuesto a seguir ciegamente al que le garantice que puede seguir haciéndolo. Conciencias ubicadas tanto dentro como fuera de ese sujeto genérico que llamamos “chavismo”.

El enemigo está claro. Pero el camino también: La organización activa y consciente del pueblo para la lucha. Para esa lucha no solo necesaria, sino inevitable por la construcción de una nueva hegemonía.

Es decir, organización revolucionaria para luchar y tomar el poder para la construcción de una nueva sociedad, pero desde el pueblo y con el pueblo.

El enemigo está clarito y la acción también. ¡No hay otro camino y no queda casi tiempo ya¡

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kate

 

"Karate ni sente nashi"/(“El Karateca no da el primer golpe”) Gichin Funakoshi 1

A Maduro lo derrocará @DolarToday si no le da respuesta. El verbo derrocar cabe perfectamente pues incluso si el mandato presidencial es abortado por el revocatorio o enmienda, estaría siendo impulsado básicamente por una fuerza extra-territorial.

¿Qué tienen que ver los 14 nuevos motores de la economía o el plan de siembra urbana con DolarToday?. Nada. Precísamente. La esperanza oculta del Presidente (no de su equipo económico. Ojalá lo discutieran abiertamente) parece ser que un aumento de la producción cubra necesidades locales y reduzca la sensación de escasez, cuando menos en los rubros fundamentales que podemos producir en el país. Todo eso está muy bien. Llega un poco tarde, pero llega y tendría un buen efecto, de no ser porque el imaginario nacional está secuestrado por esa idea de que nuestra moneda nacional nada vale. La mercancía más valiosa y escasa (en la mente capitalista eso es redundante, pero ni modo) es y seguirá siendo el dólar y el portal criminal se encargará de exprimir ese valor ficticio al máximo.. hasta sacar a Maduro (y, seguro, después, si no llega alguien que les convenga).

¿Cómo puede una página Web derrocar a un Gobierno de un país democrático? El obvio que el mismo Maduro no lo cree posible. Pero es fácil de establecer, usando las palabras del actual VicePresidente Aristóbulo Isturiz hace un par de años “Si quitamos el control de cambio, nos tumban”. Pues bien, la combinación de la caída de los precios del petróleo y el “índice” Dolar Today equivalen a un levantamiento del control de cambio. Sin el ingreso por el petróleo, el gobierno pierde el control directo de la divisa. Prácticamente todo el mundo en este país valida contra el dólar paralelo.

Fíjense que, justamente, se trata de establecer. No de deducir, probar, demostrar usando argumentos científicos o cuando menos verificables de alguna manera. No. Se trata de establecer: posicionar un meme en la mente de los consumidores en términos tales que parezca una verdad sólida que no se cuestione. Y para ello la ciencia sobra. Bastan medios de comunicación con algún matiz de imparcialidad, como la propia página Web, y una situación de angustia y emergencia que impida que la gente reflexione o cuestione el origen y sentido de toda la información que nos bombardea.

Dolar Today ha creado las condiciones para establecer que el socialismo no sirve. Que todo mecanismo de regulación, de la moneda o de cualquier otro bien, está condenado a sucumbir ante la corrupción o ante la ineficiencia. No importa cuán productiva alcance a ser nuestra economía, el “índice” forajido borrará todo rasgo de valor en comparación con la divisa. Eso es muy conveniente para continuar extrayendo el valor de la renta petrolera subceptriciamente, liberando a los Venezolanos del pecado de disfrutar del valor de un bien que se puede vender “fácilmente” más caro que su costo de producción. Es el plan de siempre. Solo que ahora disfrutan de una ventaja táctica con la nueva tecnología de Internet que puede propagar, eficiente e impunemente, esa propaganda desde el exterior y con el apoyo tácito, pero determinante, de los gobiernos de EEUU y Colombia. Así se acaba el rentismo, pero solamente para los Venezolanos.

Dolar Today ha establecido la desconfianza en el gobierno con la gigantesca distancia entre su valor y el “dólar protegido”.  Cualquier persona, ciudadana del país, ve el “índice” y está empujada a pensar (es decir, a dejar establecido que)  “gobierno mentiroso”.  Y, ¿Maduro no hará nada?.  Está a punto de Jaque Mate.2

Remembranza

¿Qué puede hacer Maduro? Declararle la guerra a Dolar Today. En serio. En defensa de los intereses nacionales, luego de sufrir incontables ataques y pérdidas de todo tipo y superando los tímidos intentos por protegerse3, el gobierno de la República Bolivariana debe invocar su soberania y su historial de respeto por la paz, pero también por la justicia, para responder con todo su poder legal al atacante. Y los gobiernos extranjeros o locales deben conocer, sin lugar a dudas, las consecuencias de no apoyar la causa nacional.

¿Qué podemos hacer las y los ciudadanos?  “Artículo 134. Toda persona, de conformidad con la ley, tiene el deber de prestar los servicios civil o militar necesarios para la defensa, preservación y desarrollo del país, o para hacer frente a situaciones de calamidad pública.”3


1 http://shotokan.altavoz.net/p4_shotokan/site/artic/20100522/pags/20100522111647.html "En Karate no existe primer ataque"

2 http://www.el-nacional.com/politica/Tribunal-estadounidense-BCV-Dolar-Today_0_800919998.html Tribunal estadounidense desestimó demanda del BCV contra Dolar Today (26 febrero 2016)

3 http://www.mp.gob.ve/LEYES/constitucion/constitucion1.html Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) Capítulo X De los deberes

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¿Tenemos Moral para seguir gobernando?

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16-01-27flechas

La verdad muchas veces duele y puede doler mucho. Pero para un revolucionario decir la verdad es un deber en sí mismo. Los marxistas siempre hemos dicho la verdad desde el principio del proceso revolucionario porque no hay mayor interés para un marxista que el interés de la revolución socialista.

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El regreso al futuro en América Latina

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Quedar atrapado por la persistente defensa de lo conquistado es un riesgo político. En el momento en el que las alusiones al pasado le ganan al futuro, entonces, se puede afirmar que un proceso de cambio atraviesa una fase de agotamiento relativo. Las revoluciones del siglo XXI en América Latina indudablemente han ayudado a cambiar las condiciones sociales, económicas y políticas de la población. Y sin embargo, aún en muchas ocasiones, siguen actuando como si el mundo no hubiera cambiado. La concientización política no transita únicamente por la explicación de lo logrado tiempo atrás. Lo ganado se normaliza y naturaliza con celeridad. Sobre esta base, se construye un nuevo campo de esperanzas. Cada proyecto político se debe oxigenar mirando hacia adelante. Su reproducción depende de cómo se recicle el relato, los símbolos, los significantes-maestros, siempre bajo el trazo de un horizonte estratégico.


Esta advertencia no significa que se deba romper con el pasado. Pensar el futuro no es incompatible con valorar aquello que se ha logrado, con el rescate de las raíces. La memoria de lo conquistado ha de servir como piedra angular para construir lo que se viene. Pero no sirve de nada quedar apresado por el pretérito sin atender a la emergente nueva estructura de clases, y a sus nuevos marcos culturales. Las subjetividades actuales difieren de aquellas fraguadas en pleno padecimiento del tsunami neoliberal. Es esta una nueva etapa en el actual cambio de época latinoamericano. La fase inicial disruptiva está dando el relevo a otra caracterizada más por el repliegue y el reflujo. No es un ciclo despolitizado. Es un nuevo periodo en el que la política se transforma.

Son muchos los factores que cambiaron y deben ser considerados. Entre ellos, un asunto no baladí es la desaparición de líderes imprescindibles (Hugo Chávez, Néstor Kirchner). Aparecieron nuevos candidatos al interior de los procesos con la complicada labor de suceder a quienes fueron sus referentes históricos. Se terminó el tiempo en el que prevalecía la admiración por lo original, por lo insólito. La misma política que fuera novedosa a inicios de siglo XXI ya no lo es; comienza a pasar de moda. Precisamente por ello el desafío está en reacomodarse al nuevo tiempo político-cultural, a los nuevos modos de comunicación, a las redes sociales, al lenguaje y estética de los jóvenes. Hay que buscar cómo actualizar la formación discursiva propia para que continúe instituyendo un campo de aceptabilidad. Se precisa de una pedagogía más acorde a la nueva sociedad; con otras formas de identificar al enemigo histórico. Goliath ya no es visto como tal. David ha crecido y hay que asumirlo.

En lo económico, el viento de cola también ha cambiado de sentido; ahora constituye un verdadero freno que asfixia externamente. No estamos frente al mismo escenario de hace una década. La economía mundial está inmersa en su propia encrucijada sin dar señales de recuperación. Los precios de las materias primas siguen en caída libre. Se abre una etapa montañosa que no se parece en nada a tiempos remotos. En esta ocasión, la responsabilidad para buscar soluciones no recae (afortunadamente) en el FMI ni en ningún otro poder económico ajeno. Esta vez, son los gobiernos progresistas los encargados de decidir qué hacer frente a tales adversidades. No basta con rechazar la senda neoliberal. Se exige la reconstrucción de un camino propio, propositivo, proactivo, que obtenga victorias tempranas para asentar expectativas positivas. La ausencia relativa de una hoja de ruta propia puede jugar una mala pasada. La respuesta ante la demanda de soluciones futuras no puede ni debe estar secuestrada por alusiones constantes al pasado. El regreso ha de ser al futuro.

Toca responder a múltiples desafíos que se vienen de aquí en adelante. Del asalto, hay que pasar a la transformación del Estado. Se acabó con el Estado Aparente pero hay que definir cómo se construye el Estado Integral. Hay que elegir si se replica el Estado de Bienestar o si se opta por una construcción propia que sea innegociable con el capital. Hay que incorporar la eficiencia como criterio indispensable en la gestión pública. También urge caracterizar la sociedad con mercado (y no de mercado) a la que se apunta; redefiniendo qué tipo de relación se quiere con el sector privado, en qué área, bajo qué condiciones de propiedad, con qué reglas de reparto de la ganancia. En este mismo sentido, cabe plantearse qué estrategia elegir para adherir al proyecto colectivo a las diversas clases medias de origen popular que han emergido al calor de una política pública decididamente inclusiva. El proceso de individuación de esta nueva generación se presenta como un obstáculo para esta desafiante tarea. Ignorarlo supondría desconocer al nuevo sujeto político presente en esta coyuntura.

Seguramente, las últimas derrotas en Argentina (presidencial), Venezuela (legislativa) y Bolivia (referendo para la re-postulación de la fórmula presidencial) se explican en parte por esta excesiva presencia del pasado en el debate sobre el futuro. No es la única razón, pero sí es una cuestión fundamental en este ciclo corto de elecciones perdidas. Es inapropiado hablar por el momento de fin de ciclo. Se avecina un estadio desconocido en clave política. No sabemos qué va a pasar a futuro. La controversia está servida. La derecha ha decidido enterrar su funesto pasado con promesas para el mañana. Los gobiernos progresistas aún tienen dificultad para modificar el tiempo verbal de su propuesta. Por ahora, esto le ha concedido una ligera ventaja electoral a la derecha latinoamericana que viene con la lección aprendida tras muchos años de fracasos. Estamos en plena guerra de expectativas. Y ésta no se gana mirando por el retrovisor.

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