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Los CLAP mas allá del abastecimiento y la producción

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Clap Campo

El capitalismo es repulsivo, profundamente repulsivo. Todas las formas de dominación son repulsivas, pero en el capitalismo, esta repulsiones son un principio básico de la organización social. El carácter repulsivo del capitalismo es lo que la teoría liberal llama libertad.   J. Holloway

En la revolución el problema no es tomar el poder del Estado, el verdadero, único y transcendental problema es construir el Socialismo, de lo contrario se restaurará el capitalismo. En esta etapa de nuestra revolución, los medios de producción están siendo utilizados indiscriminadamente por la burguesía apátrida, subordinada al imperio dirigido desde los EEUU para obligarnos a capitular en nuestra firme determinación de ser un pueblo libre, soberano y socialista. El desmantelamiento, saboteo y destrucción de los medios de producción y distribución de los productos básicos que permiten satisfacer nuestras necesidades materiales no tiene otro objetivo que el bloquear nuestro acceso a la alimentación, la salud y al resto de bienes y servicios que producimos los trabajadores, persigue este estratagema deshuesar nuestra economía y rendir a la revolución por hambre. La realidad hace que sea necesario acceder con urgencia a los medios de producción, pero no basta con acceder a ellos, el éxito depende si y solo si estos medios son socializados. Es decir si son verdaderamente controlados por el trabajo asociado a ellos. Ya nuestro Comandante Hugo Chávez lo sabía y en múltiples oportunidades se refirió a ello, nos habló de le necesidad de democratizar la economía, donde el hecho económico se realiza mediante la democratización de los actores productivos, quebrando en consecuencia las relaciones de poder establecidas y generando un nuevo modelo de producción que facilite la aparición de nuevas relaciones sociales en la producción, donde el individuo se exprese definitivamente como un ser social y se pueda desmontar la estructura de jerarquización que comanda la producción capitalista. No trata entonces de un cambio de mando, sino en el acto mismo de mandar, en el Socialismo la producción es comandada colectivamente y en ello participan todos los trabajadores, el mando debe ser una acción de la clase trabajadora consciente y por tanto colectiva que se logra mediante la auto organización democrática de la producción y con ella de la sociedad, que ya como abstracción no podrá oponerse y suprimir al ser social.

Es allí en donde los trabajadores evolucionamos para ser actores protagónicos de los cambios sociales y avanzamos en la comprensión de lo que somos a partir de nuestro origen, profundizamos en el conocimiento de la realidad y amplificamos sustancialmente los niveles de conciencia revolucionaria necesaria para la acción socialmente transformadora, la que a su vez seguirá aumentando como consecuencia de la lucha de clases permanente en la sociedad capitalista. La revolución en su dinámica conlleva una aceleración de la ampliación de la conciencia revolucionaria, abriendo caminos para la comprensión cada vez más profunda y precisa de la realidad, identificando con perfecta claridad a los actores sociales en el tablero de la confrontación de clases. Por eso las revoluciones avanzan en la misma medida que impulsan y desarrollan los niveles de conciencia de los pueblos que luchan y las ejecutan, ellas no generan mundos nuevos de la nada.

La humanidad ha desarrollado su proceso emancipatorio recorriendo un largo camino de conflictos, en la civilización occidental el transito del esclavismo al feudalismo y luego al capitalismo, pero el conflicto continua, ahora hacia el socialismo. Todo un devenir histórico signado por la lucha de clases como el motor fundamental que impulsa la trayectoria del Homo sapiens desde el primitivismo hasta un ser social que imperiosamente aspira pasar del reino de la necesidad al reino de la libertad. (F Engels)

Es en medio de esta confrontación de clases donde se generan nuevas formas de organización social, fuera de ella ninguna aparece de la nada, estas en su proceso de constitución se nutren de las experiencias pasadas, por eso van adquiriendo formas de autodeterminación, que les permite expresar elevados niveles de autonomía y de ejercicios de poder, condiciones que le son necesarias para desbordar las relaciones de explotación y dominación del modelo de producción existente, en nuestro caso el modelo capitalista, monoproductor, rentista, dependiente y neocolonial.

Los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) tienen que ser una clara manifestación de este proceso, deben desarrollarse y desplegarse dentro de una relación de poder existente (capitalista), por eso estará en conflicto permanente con ella, con la especulación, el acaparamiento, la mercantilización, la acumulación de riqueza, el bachaqueo, el engaño y toda forma de ganancia capitalista, pero lo que es más transcendente es la necesaria democratización del trabajo socialmente necesario para que cada CLAP pueda cumplir sus objetivos con eficiencia y eficacia política. La planificación, organización y ejecución de todo lo concerniente a satisfacer las necesidades básicas de la población es una batalla que tiene carácter estratégico, en ella se avanza o se retrocede, se gana o se pierde la revolución. Por eso no se puede coaccionar, limitar, ni excluir la participación de nadie, todos los que quieran participar, deben hacerlo, todos los que quieran luchar, deben luchar con dignidad social, con autonomía.

Debemos ser capaces de reconocer y organizar nuestras propias fuerzas y eso solo lo puede hacer el pueblo en lucha con autonomía y autodeterminación, ya lo demostró el 13 de abril de 2002. Esa es nuestra gran fortaleza, organizarnos y funcionar totalmente fuera de la lógica del capital, en donde siempre estaremos desarrollando relaciones sociales no mercantilizadas. En los CLAP el trabajo colectivo de la clase nos da la posibilidad de satisfacer nuestras necesidades construyendo un modelo de abastecimiento y producción cuyas relaciones son de solidaridad, cooperación y amor para vivir con dignidad, que son en sí mismas premonitorias de lo nuevo, del Socialismo que se construye día a día y que nos lleva más allá del capital.

Deben ser los CLAP expresión genuina del poder popular no dependientes del Estado, la sociabilización más allá del gobierno-Estado que aún se rige en gran parte por la lógica del capital, no solo en lo organizativo asumir los ámbitos económicos, sino también lo político, un espacio de encuentro para el debate clarificador y formativo, el análisis de las experiencias y el abordaje y formulación de proyectos comunitarios de producción e intercambio y por sobre todas las cosas evitar que se transformen en espacios grupales, estériles y sectarios. Asumir el abastecimiento y la producción constituye en sí un acto liberador que debemos entender en toda su magnitud y esplendor, no se trata que los CLAP son un instrumento liberador que nos permitirá crear condiciones materiales para ser libres, sino todo lo contrario, somos capaces de crear los CLAP porque somos hombres y mujeres libres con capacidad para planificar y construir nuestro destino, que no es otro que el reino de la libertad, “La liberación de la clase trabajadora debe ser producto de la acción de la misma clase trabajadora” (Marx), en otras palabras “Los esclavos deben ser libres para su liberación antes de que puedan ser libres“ (H Marcuse). Entender que los CLAP son una realidad desde el mismo inicio de esta revolución, porque han estado en la conciencia de los revolucionarios desde mucho antes del triunfo de la revolución, o es que podría construirse el socialismo sin la democratización de la economía.

Aunque la primera fase de nuestra revolución permitió la profundización de nuestra liberación política e incremento considerablemente nuestros niveles de conciencia y soberanía, es ahora cuando la elevada conciencia de clase que se ha derivado durante este proceso, nos permite comprender y develar que los movimientos de nuestros enemigos representados en la dupla CAPITAL-DINERO, están determinados por la correlación de fuerzas existentes entre las clases en lucha, así que el abastecimiento y la producción constituyen expresiones de esta lucha separadas en el tiempo y el espacio (primero se produce luego se abastece).

La reciente decisión del City Bank de cesar sus actividades como banco base de la República Bolivariana de Venezuela es un fiel reflejo de este comportamiento, para ellos ya está claro que no ha sido suficiente todo lo que han emprendido contra nuestra férrea decisión de ser un pueblo libre, por el contrario ante cada agresión obtenemos nuevas victorias y avanzamos, ya intuyeron que no podrán con los CLAP, que como consecuencia de la derrota perderán el control del abastecimiento y la producción ya entienden que seremos capaces de crear nuestro modelo, creen que profundizando el bloqueo financiero podrán detener su derrota, sin embargo solo lograran incrementar la incertidumbre en los sectores que tradicionalmente operan en sus áreas de influencia, que bien vale decir cada día se hacen más estrechas ante el avance vertiginoso del mundo multipolar, que coloca al imperio en una situación cada vez más incierta.

“El antagonismo entre el capital-trabajo, más precisamente, mina de incertidumbre el nexo entre las condiciones de explotación y dominación presentes y futuras, nexo sobre el que justamente opera el capital-dinero. Los movimientos de capital-dinero son en este sentido apuestas siempre reversibles a la explotación futura del trabajo. La insubordinación del trabajo puede desmentir las expectativas del capital sobre las condiciones futuras de explotación y dominación y resultar en reflujos masivos de capital-dinero” (Bonnet A R).

La creación de la Gran Misión Abastecimiento Seguro se realiza en el marco de una fuerte y sostenida agresión imperialista que constituye en la práctica la ejecución permanente de acciones de guerra contra la patria, cuyo orígenes son de carácter violento, así sean armadas o no y que nos coloca en situaciones de emergencia nacional, por eso su finalidad es la de garantizar el funcionamiento del estado y la sociedad, el autoabastecimiento, la producción y el estricto control de las diversas actividades relacionadas como el flujo de mercancías y su distribución.

Estamos en un escenario difícil dirían algunos, yo diría estamos en revolución y estamos ante una excelente oportunidad para avanzar en la construcción de un nuevo modelo organizativo de la producción y el abastecimiento donde los CLAP constituyen una de las piedras fundamentales para sentar las bases que permitan desmercantilizar la producción, paso “sine qua non” en la construcción del socialismo del siglo XXI.

El presente es de lucha el futuro es nuestro. (E Guevara).

Bibliografía

Bonnet A R. (2006). El comando del capital –dinero y las crisis latinoamericanas: A 100 años del ¿Que hacer?. Editorial Monte Ávila Latinoamericana.

Bronfeld W, (2006). Estado, revolución y autodeterminación: A 100 años del ¿Que hacer?. Editorial Monte Ávila Latinoamericana.

Holloway J, (1993). Reforma del Estado: Capital global y Estado nacional, cuadernos del sur 16. Buenos Aires.

Holloway J, (2006). Revuelta y revolución o ¡Largate capital!: A 100 años del ¿Que hacer?. Editorial Monte Ávila Latinoamericana.

Marcuse H (1965) El Hombre Unidimensional. Editorial Arial 1988

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El bloqueo de Citibank pretende evitar la recomposición del chavismo

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La formalización del bloqueo financiero a Venezuela con el cierre de las cuentas de Citibank no debe ser separado de la salida de Kimberly-Clark, ni de la renovación de sanciones estadounidenses a funcionarios y militares venezolanos, auspiciada por Chevron Corp. Una fracción importante del poder económico global asume la vanguardia en el asedio contra el país ante la debilidad operativa de la MUD, hoy con sus principales recursos políticos agotados y en una depresión mayor que la de Sheryl Rubio.

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¿Cómo perfilar una política económica antiimperialista?

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En un panorama nacional en que se asoma la amenaza imperialista –definida no solo por la posibilidad de la intervención directa o tipo carta democrática, sino también por la amenaza de entrega por vía de la conciliación– hay que preguntarse, ¿cuáles serían las políticas económicas antiimperialistas, soberanas adecuadas para la coyuntura? ¿qué plan económico debe acompañar las tareas de carácter político y militar, de preparación y denuncia en la palestra mundial?

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Trascender al neoliberalismo

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El-neoliberalismo

 

El meollo de la política económica que la periferia y cada día más, la población de los centros capitalistas, ha venido padeciendo desde que se instauró una condicionalidad acreedora a ultranza por la crisis de la deuda hace más de 30 años, difícilmente calza con el rótulo de neoliberalismo: más parece una gran ofensiva de clase del alto capital con base en préstamos del Banco Mundial y el BID, con aval del FMI y Departamento del Tesoro. Como aclara Chomsky, políticas regresivas como las más perversas y depredadoras del capitalismo decimonónico (porfirista acá) no son algo nuevo y mucho menos son expresión del liberalismo que en su acepción básica es un sistema filosófico, económico y político que promueve las libertades civiles y se opone con principios republicanos, a cualquier forma de despotismo o a regímenes policial-militares.

Nadie olvida el vínculo entre el neoliberalismo y las brutales dictaduras de los 70 (Chile, Argentina, Brasil, Uruguay). Entonces ¿cuáles son los referentes a los que apunta el término neoliberalismo y cuál sería la conceptualización obtenida del conjunto de operaciones vinculadas a esa palabra? Estamos frente a un animal distinto bien delineado por William Domhoff en ¿Quién gobierna Estados Unidos? (Siglo XXI, 1999), por Jeff Faux, en Guerra global de clase (México, UACM 2008) y en fecha más reciente por Leonardo Boff, en Brasil: vuelo ciego hacia la guerra civil, vital entrevista con Blanche Petrich (La Jornada, 4/6/16 p. 31). Ahí describe las operaciones que acompañan al golpe blando neoliberal perpetrado contra Dilma Rousseff por la lumpemburguesía brasileña y Wall Street encabezado por Michel Temer, quien, en pocos días y con sólo 3 por ciento de aprobación, “redujo el salario mínimo –que Lula consiguió aumentar a niveles decorosos–, porque el empresariado lo consideró demasiado alto. Elevó la edad de la jubilación de 65 a 75 años, cuando en el noreste, la región más pobre del país, la expectativa de vida es de 63 años. Abolió las leyes de protección a los trabajadores, que vienen desde los años de Getúlio Vargas (1930-1945 y 1951-1954) para que los patrones puedan negociar directamente los contratos colectivos sin pasar por los sindicatos. Cerró uno de los mejores proyectos sociales, Mi casa, mi vida, que permitía a los trabajadores tener una vivienda propia. Suspendió el sistema universal de salud pública, que va a ser revisado para permitir su privatización (ibid).


En Argentina las movilizaciones y protestas sociales contra las medidas económicas de Mauricio Macri no cesan, ante una amplia ola de despidos de empleados públicos y privados, inimaginables tarifazos hasta de 700 por ciento a servicios, desde electricidad, transporte, salud y habitación. Las agencias de noticias informan que los sindicatos se unifican en defensa del empleo y que la población, al igual que en Brasil, se mantiene en las calles en defensa de los logros sociales que Temer y Macri buscan desaparecer con el aplauso de Obama y Wall Street.


En medio de estas regresiones y tras de 40 años desplegando una guerra de clase que enriqueció a uno por ciento y empobreció a millones, el FMI admitió hace poco que el neoliberalismo es un fracaso. Ahora dice que las políticas de austeridad neoliberal y desregulación de los movimientos de capital aumentaron la inequidad y que esa inequidad, como advirtieron por décadas los críticos, podría haber debilitado el crecimiento, por lo que los gobiernos deben redistribuir más” (B. Dangl, Counterpunch.org 1/6/16). El abismo entre la autocrítica de un ente central de la diplomacia de fuerza de Estados Unidos y la neoliberalización en curso en Argentina, Brasil y su brutal persistencia en México debe aclararse.


En Colombia el FMI amplió la línea de crédito de 67 mil millones de dólares a 88 mil millones de dólares, sin variar la condicionalidad: la nueva embajadora de Estados Unidos dijo que viene a relanzar, con más vigor la atroz Iniciativa Mérida, el diseño de facto de guerra irregular, de intervención/ocupación en clave de guerra al narco y al crimen. Jacobson relanza ¿agregando el antiterrorismo? Lo hace con la mesa puesta: leyes que amplían sin limite la jurisdicción penal militar a lo civil y otras leyes fuertes para proteger la infraestructura petroeléctrica valorada en billones (trillions) que se está traspasando al big oil y a la voraz lumpemburguesía local.


Tanto en Colombia  como en Medio Oriente, Estados Unidos desata los precipitantes de guerra civil. Quiere estados fallidos o en desintegración. En Brasil Boff teme que la fractura del sistema democrático pueda desembocar en una especie de guerra civil. Y eso está en la lógica de Estados Unidos, generar violencia (ibid). En Argentina Macri va rápido con el rollback gringo. Neoliberalizó la economía; retiró el control civil sobre los militares, devolvió la autonomía a las fuerzas armadas, y autorizó dos bases militares de Estados Unidos: una cerca de las fronteras con Brasil y Paraguay y la otra al sur, cerca de la Antártida.

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Frente a la emergencia económica en Venezuela

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BilletesVenezuela

El escenario económico adverso, externo e interno, amenaza luego de muchos años a la revolución política y social en Venezuela. La restricción externa es un hecho irrefutable. Aquello que muchos analistas denominaran viento de cola a favor por los altos precios de las materias primas, hoy se torna como viento en contra. El precio del petróleo se ha reducido en 70%. Además, el estrangulamiento financiero internacional contra Venezuela es constante. A pesar que el país pagó alrededor de 14.000 millones de dólares el año pasado en concepto de deuda externa, el riesgo país jamás se vio mejorado. La banca internacional asfixia para lograr su salida, la neoliberal.

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La “Carta a las izquierdas” de Boaventura de Sousa. Un intento de respuesta.

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Días atrás, el sociólogo y activista global Boaventura de Sousa Santos hizo circular una “Carta a las izquierdas”,  en la cual lanza una serie de preguntas sobre el pasado y futuro de la izquierda, y propone algunas ideas encaminadas a “reconstruir las izquierdas para evitar la barbarie”. Quiero retomar algunas de sus preguntas.

1-¿Puede el capitalismo ser reformado con el fin de mejorar la suerte de los dominados o esto sólo es posible más allá del capitalismo?

El capitalismo sí puede ser reformado, lo ha hecho muchas veces, lo hace constantemente, aunque su norte no sea “la suerte de los dominados”. Pero incluso el capitalismo puede ser reformado para “mejorar la suerte de los dominados” (Estado desarrollista, Estado de bienestar); pero no para mejorar la suerte de todos, ni menos aun, para poner fin a las múltiples relaciones de dominación. Esto último sólo puede ser posible “más allá del capitalismo”, aunque seguramente no como lo propusieron los clásicos del marxismo (desde Marx hasta Fidel Castro).

Y es que las relaciones de dominación han resultado ser menos directas y más multifacéticas de lo previsto. Incluyen el tema de la propiedad (de los medios de producción), pero no se limitan y ni siquiera se sustentan solo en esto. El fracaso de la “regulación comunista de la producción” anunciada por Marx debe hacernos replantear a fondo toda la cuestión.

 2-¿La lucha social debe ser conducida por una clase (la clase obrera) o por diferentes clases o grupos sociales?

Las sociedades de los siglos XX y XXI son multi-clasistas, pero también, multi-étnicas, multi-raciales y multi-culturales. La inaudita pretensión de la estrategia neoliberal de globalización de homogeneizar el planeta para reencausar la acumulación a escala mundial es tan imposible como la totalización de los mercados y del homo economicus, a menos que la humanidad estuviese dispuesta a optar por el suicidio colectivo. La radicalización de la democracia (¡democracia real ya!) no es congruente con la tesis de clases o pueblos “elegidos”. Y con ello, también debemos desechar la tesis del “centralismo democrático”: ningún centralismo democrático es congruente con la democracia real.

3-¿Debe llevarse a cabo dentro de las instituciones democráticas o fuera de ellas?

Las instituciones son como un rosal: rosas y espinas al mismo tiempo. No podemos vivir sin ellas pero tampoco podemos vivir sometiéndonos a ellas. Los seres humanos somos libres en el grado en el cual seamos capaces de relativizar “la ley” (el orden de las instituciones autorreferidas), en función de las necesidades de la vida. La libertad no está en el cumplimiento de la ley (orden institucional), sino en la relación de los sujetos con la ley. Considerando la ley del mercado (el mercado autorregulado), la libertad consiste precisamente en poder someterla a las necesidades de los sujetos concretos. El reconocimiento  mutuo entre sujetos corporales y necesitados implica necesariamente la relativización de cualquier ley (institución) en función de este reconocimiento.

En el terreno de la producción material, la libertad no consiste en un “reino de la libertad” que se realiza plenamente, sino en la anticipación de una plenitud conceptualizada por una acción humana que se impone al poder ciego del “reino de la necesidad”. La regulación, bajo control común, del intercambio entre los seres humanos y con la naturaleza, para que las leyes de la necesidad no se conviertan en un poder ciego que se dirige en contra de la vida de los sujetos, y para aprovecharlas racional y dignamente. El ser humano es libre para afirmar su vida frente a las leyes, las instituciones y los ídolos.

 

4-¿El Estado, en sí mismo, es una relación de dominación o puede ser movilizado para combatir las relaciones de dominación?

La misma dialéctica trascendental que ocurre con respecto a las instituciones, sucede en el caso del Estado, que es, de hecho, una macro institución. Ciertamente el Estado es “relación de dominación”, pero también es “síntesis social”. Mucho se aclara si dejamos atrás las tesis abolicionistas sobre el Estado y el mercado.

Veamos el caso del llamado “Estado de derecho”, tal como lo analiza Franz Hinkelammert (Véase por ejemplo, Crítica de la razón mítica):

El núcleo duro del Estado de derecho es el principio de contractualidad. Este está constituido a partir de relaciones contractuales entre individuos-propietarios, que consideran que el hecho de relacionarse mutua y voluntariamente mediante estos contratos los hace libres. El propio Estado de derecho decide quiénes son individuos y quiénes no. Por eso, todavía en el siglo XIX y muchas veces hasta ya avanzado el siglo XX, no concede este status de reconocimiento legal como individuo-propietario y, por consiguiente como ciudadano, a los esclavos, a las mujeres, a los subyugados del apartheid, a los inmigrantes, a los homosexuales, ni a los indígenas; que viven en las fronteras del Estado de derecho. Más aun, tampoco el Estado de derecho concede a los ciudadanos ya reconocidos como tales el derecho a la resistencia frente a las leyes contractuales del mercado. Es democracia de ciudadanos, aunque no todos (incluso sólo una minoría) sean ciudadanos.

Las luchas de emancipación que se extendieron durante todo el siglo XIX, lograron introducir derechos humanos en este Estado de derecho, y el mero Estado de derecho se fue transformando en un Estado con derechos humanos fundamentales (Estado constitucional, Estado social de derecho). Se trata de una larga lucha, a veces exitosa, a veces terminando en derrota; pero que transforma progresivamente el Estado de derecho en un Estado constitucional con la garantía, en algunos casos (derechos individuales, políticos, civiles), y la procuración,  en otros (derechos económicos, sociales, culturales), de ciertos derechos fundamentales. Sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial el Estado de derecho adquiere este sentido de Estado constitucional. Cuando los movimientos populares de los años 80 y 90 del siglo pasado en América Latina reclaman el Estado de derecho, se refieren desde luego a este Estado de derecho constitucional (y social).

Sin embargo, en el mismo momento histórico en que este logro se obtiene (época del Estado de bienestar, desarrollismo), el Estado de derecho entra en una nueva fase de retroceso, ahora conducida por el proyecto neoliberal. Cuando los derechos humanos (a la educación, a la salud, etc.) entraron en conflicto con la propia estrategia de globalización (cero distorsiones para el capital transnacional), en nombre de la cual se ejercía ahora el poder, estos derechos fueron progresivamente denunciados, marginados o eliminados como “distorsiones” del mercado (distorsiones que el mercado sufre), y el Estado de derecho dejó de ejercer su función de protegerlos.

En este contexto, los nuevos movimientos populares surgen en nombre de los derechos humanos aplastados y en nombre de su recuperación y ampliación. Surgen frente a la estrategia de globalización y ahora igualmente frente a la subversión y vaciamiento del Estado de derecho.

Hoy, casi todos los movimientos alternativos se ordenan alrededor de la defensa de estos derechos humanos de emancipación. El desafío es transformar el Estado de derecho en un sentido contrario a lo que está aconteciendo con la estrategia de globalización neoliberal, que pretende reducir nuevamente el Estado de derecho a su núcleo contractual.  Desde la perspectiva de los movimientos alternativos se trata de un Estado de derecho que asuma estos derechos humanos para darles validez en la sociedad actual y en la sociedad alternativa.

Sin embargo, hay que tener presente que se sigue tratando de una relación conflictiva. El Estado de derecho en su desnudez es como el mercado totalizado: aplasta a los sujetos de los derechos humanos.  Por consiguiente, para enfrentar esa dinámica destructora, tanto el Estado de derecho como el mercado han de ser recuperados en cada momento por su encauzamiento e interpelación desde los derechos humanos.  Los movimientos de liberación nacidos en el siglo XIX tendieron más bien a la negación de la propia institucionalidad (mercado, Estado, etc.).  Hoy, por el contrario, se trata de penetrar y atravesar la institucionalidad en función de estos derechos humanos. El ser humano en cuanto sujeto (corporal, concreto, necesitado) es el criterio de juicio sobre todas las leyes y todas las instituciones.

Por último, digamos algunas palabras sobre la siguiente afirmación de de Sousa Santos:

 

“La izquierda es un conjunto de posiciones políticas que comparten el ideal de que todos los seres humanos tienen el mismo valor y constituyen el valor supremo. Este ideal es puesto en duda siempre que hay relaciones sociales de poder desigual, es decir, de dominación”.

 

Podemos asegurar –siempre siguiendo a Hinkelammert-, que el pensamiento crítico moderno resulta de dos sentencias fundadoras establecidas por Marx:

 

1-El pensamiento crítico hace “… su propia sentencia en contra de todos los dioses del cielo y de la tierra”, que no reconocen que “el ser humano es el ser supremo para el ser humano” (de su tesis doctoral, 1841).

 

2-El pensamiento crítico hace “… su propia sentencia en contra de todos los dioses del cielo y de la tierra”, en cuyo nombre “el ser humano sea un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable” (de su Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, 1844).

 

Como referencia de la crítica, Marx establece un “ser supremo”, habla incluso de divinidad. Pero este ser supremo es secular, no es un Dios externo. El ser supremo para el ser humano es el propio ser humano. Sin embargo, no es el ser humano que es y que se considera ser supremo. Es el ser humano que no es, el ser humano que debería ser. Y lo que debería ser es… ser humano.

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