Ingrese

FOTO DE PERFIL JUNIO

CABECERA DE PAGINA

[SEMILLAS] Rescatando la soberanía alimentaria en el páramo andino

Compartir

IMG-20180711-WA0010

Pueblo de Gavidia en el páramo andino (Foto: Ricardo Vaz)

En el remoto pueblo de Gavidia, en el estado Mérida, se desarrolla una experiencia muy interesante: el rescate de la papa y otros rubros nativos; algo fundamental en términos de soberanía alimentaria. En este artículo hablamos de esta experiencia tras visitar el lugar y hablar con una de las personas que en ella participa, Cantalicia Torres.

Cantalicia Torres, más conocida como “Alicia”, forma parte de la cooperativa Vertientes de Agua Viva. Tiene actualmente 12 miembros, un número que se ha mantenido más o menos constante, señala Cantalicia, mientras algunos salen y otros entran. El nombre tiene que ver con la idea inicial, que todavía no ha sido abandonada, de lanzar un proyecto de embotellamiento de agua, a partir de una fuente muy natural en Gavidia.

Este pueblo se encuentra a una altitud de más de 3500 metros, donde viven cerca de 70 familias. Sumando los otros dos pueblos a la vista, Micarache y las Piñuelas, el total es de cerca de 600 personas. Subsisten mayoritariamente a base de lo que producen, y generalmente tienen que bajar 13 empinados kilómetros hasta Mucuchíes, capital del municipio, para comprar otros rubros como azúcar o – algo importante que Cantalicia señala – café, ya que en la altura que se encuentran no pueden sembrarlo.

Sin embargo, la principal actividad de la cooperativa es el rescate de la papa nativa. Según nos explica Cantalicia:

“Comenzamos cuando la profesora Liccia Romero vino a hacer su tesis en Gavidia, y a Bernabé -uno de los fundadores de la cooperativa- le gusta mucho ser “rescatista” de lo antiguo, entonces decía que no íbamos a dejar que desapareciera esta papa. La diferencia es que la papa nativa produce una cosecha entre 8 meses y un año, mientras con la papa comercial llega a salir una cosecha a cada 5 meses. Así que por ser menos rentable los campesinos dejaron la papa nativa.”

El rescate de la papa nativa se torna fundamental en el momento actual, no solo por cuestiones generales de soberanía alimentaria, sino porque en la situación actual del país, con un bloqueo económico y comercial, la importación de semillas por parte del estado se vuelve mucho más difícil. En el caso de la papa comercial (también llamada papa granola), es traída de países como Canadá. De igual modo, las semillas importadas por el sector privado tienen un alto costo para los (pequeños) productores.

En este momento se están produciendo 8 tipos de papa, aunque existan muchas más. Y las diferencias respecto a la papa comercial no se resumen a la frecuencia de la cosecha. Señala Cantalicia que, mientras la papa comercial se pudre rápidamente, la papa nativa puede durar hasta un año tras ser cosechada. También la semilla se mantiene durante bastante tiempo sin dañarse.

IMG-20180711-WA0009

Variedades de papa nativa (Fuente: EcoFestival de la Papa Nativa)

Así mismo, la agricultura que se practica es mucho más amigable para la tierra. Aunque la siembra sea manual o con bueyes, esta es biológica, sin elementos agroquímicos. Las plagas se controlan con trampas, o con humus de lombriz, producido localmente en canteros. Y también el abono es orgánico, originado del ganado.

Pero no solamente la papa está siendo rescatada en el páramo andino. Nos cuenta Cantalicia que

“Además de la papa también hay otros rubros que se rescataron, como la cuiba, la ruba o la mashua. No son rubros que se comercializan normalmente, pero nosotros los tenemos acá. Eran rubros nativos, de los Andes, que prácticamente desaparecieron de la dieta. Sin embargo, tienen excelentes propiedades nutritivas.”

La ruba es una papita, la cual llaman “papa lisa” o “ñuco”. Hay dos variedades, una de ellas verde o amarilla, y otra que es rojita, nos explica Cantalicia. Es un poco más babosa que la papa y la utilizan, por ejemplo, con el ají para hacer salsas picantes. La cuiba es similar a la zanahoria, y es muy rica. Se come en ensaladas, sancochos, jugos y hasta cruda. La mashua es picante, aquí la utilizan principalmente en salsas, y dicen que es muy buena para quienes tienen diabetes. También su hoja se puede utilizar para tomar, haciendo té o infusión.

IMG-20180711-WA0008

Cuibas, uno de los tubérculos andinos rescatados en Gavidia (Fuente: EcoFestival de la Papa Nativa)

El aislamiento – por lo remoto del pueblo de Gavidia – y el hecho de no poseer un camión que les permita llevar la producción a mercados, hace que los productores de Gavidia, cuando tienen que vender parte de su producción, estén totalmente a merced de los intermediarios. Ellos vienen con sus camiones y terminan efectivamente imponiendo un precio que permite tremendas ganancias en la reventa.

A pesar de esto, poco a poco se va quebrando el aislamiento. Por un lado son cada vez más los campesinos que se enteran de esta experiencia y se acercan para adquirir semillas de papa nativa, extendiendo de este modo su cultivo. Por otro lado, surgen también programas de consumo organizado que permiten una mayor protección frente a los intermediarios, tanto en los consumidores como en los pequeños productores.

El colectivo “Mano a Mano, intercambio agroecológico”, similar a otras iniciativas que se desarrollan en el país, tiene un componente de organización directa de los campesinos, lo que incluye la cooperativa Vertientes de Agua Viva, para vender directamente a la gente productos agrícolas a precios justos. Más allá de eso, es un mercado que busca impulsar ciertos rubros nativos que han sido olvidados, además de proponer a los productores el cambio de la agricultura convencional hacia la agroecología. Sin embargo, la agudización de la crisis – señala Cantalicia – también afecta la regularidad y extensión de este tipo de iniciativas.

IMG-20180711-WA0011

Mercado agroecológico “Mano a Mano” (Fuente: página facebook del colectivo “Mano a Mano”)

Cuando hablamos del rescate de las semillas nativas, es importante señalar que el uso de semillas transgénicas (importadas) tiene dos problemas fundamentales (1). El primero es la imposibilidad de reproducir o reutilizar las semillas, ya que tienen patentes, lo que deja los campesinos enteramente dependientes de multinacionales como Monsanto (ahora Bayer), que adquieren posiciones monopolistas en el mercado. Y el segundo, relacionado con el anterior, es que la utilización de semillas transgénicas requiere también la utilización de herbicidas como el glifosato, con consecuencias nefastas para la salud y para el ambiente.

En ese sentido, la ley de semillas aprobada en diciembre de 2015, tras un proceso de tremenda movilización y organización popular, fue un importante paso para lanzar las bases hacia un modelo de agricultura ecológica que permita asegurar la soberanía y la seguridad alimentaria de Venezuela.

La experiencia en Gavidia es, valga la expresión, una pequeña semilla en este camino. No se trata de glorificar un modelo de agricultura de subsistencia, o de añorar un pasado idealizado, sino de entender que la soberanía alimentaria, en cuanto elemento fundamental para cualquier proceso emancipatorio, implica un control sobre toda la cadena productiva, y eso empieza por las semillas (2). El reto es fortalecer y articular este tipo de experiencias, transformando un conjunto de rincones en un caudal de dignidad y poder popular.


Notas

(1) Esto sin siquiera hablar de los efectos de los alimentos transgénicos para la salud.

(2) Por supuesto, hay un paso anterior que tiene que ver con la propiedad de la tierra.

Un agradecimiento especial a Silvana Solano por habernos acompañado a Gavidia y por sus comentarios y sugerencias sobre el artículo.

Compartir