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Caminos y agentes del saqueo en América Latina

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Nos encontramos actualmente en un momento de crisis. Crisis sistémica que no anuncia una caída o estallido inmediato, sino que es la expresión de la vocación mutante del capitalismo y de su capacidad de adaptación o readecuación a las condiciones cambiantes del acontecer no sólo económico sino social. Si bien el carácter sistémico de la crisis muestra la insustentabilidad civilizatoria del capitalismo, ni lo elimina de manera natural, ni le impide buscar su recomposición. La crisis da paso a una mucho mayor concentración de la riqueza y el poder y concede condiciones de fuerza y al mismo tiempo de vulnerabilidad a un poder cada vez más exclusivo y excluyente que, en su arrogancia, va poniendo en operación mecanismos variados de soporte y de articulación o cohesión en un entorno crecientemente contradictorio.

La crisis cíclica, en las circunstancias actuales, es indicativa de la incapacidad del mercado para garantizar por sí solo las condiciones generales del proceso de acumulación del capital y de apropiación privada de la riqueza y, en ese sentido, apela a los mecanismos de contención social para asegurar aquello que el mercado no logra cohesionar y controlar, sobre todo cuando la economía capitalista es al tiempo legal e ilegal. A nadie escapa que la crisis económica no está tocando los sectores ilegales que sin duda contribuyeron a generarla y muy probablemente serán parte de su solución.

Como quiera, la crisis exige un cambio de estrategia y un cambio de modalidad de dominación que abarca todas las dimensiones de la organización social, territorial y política del sistema, sobre todo porque la necesidad de restablecimiento de las condiciones generales de valorización correspondiente a los momentos de ajuste cíclico, característicos del funcionamiento regular del proceso de acumulación de capital, ocurre ahora en un contexto de cuestionamiento integral, de crisis sistémica, de incapacidad para resolver internamente la contradicción progreso-depredación que proviene de los fundamentos mismos de la sociedad capitalista como lugar del dominio de la naturaleza por el hombre.

Por este motivo la crisis actual no es solamente financiera ni se resuelve con subsidios y ajustes estatales o con fusiones y centralización del capital. Eso permite seguir adelante pero simultáneamente agrava la situación de suicidio técnico en que se encuentra irremediablemente el capitalismo, a pesar de su capacidad para mantener al mundo entero bajo sus reglas de funcionamiento, aun sabiendo que tienden, paradójicamente, a la insustentabilidad de la vida misma.

La IIRSA como estrategia de poder hegemónico

La fuerza interna del capitalismo se defiende y se reconstruye permanentemente a través del diseño de un conjunto de estrategias integrales, multidimensionales, que se despliegan planetariamente, entre las que se encuentran los megaproyectos de reordenamiento territorial, que son necesariamente también de reordenamiento político, como el de la Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica, IIRSA. La principal virtud de proyectos como IIRSA es la de ser capaces de restablecer y potenciar las condiciones generales de la valorización, más que la de generar negocios suculentos en su propia puesta en práctica, cosa que también ocurre.

Observados desde una perspectiva amplia, la IIRSA y el Plan Puebla Panamá son dos partes de un mismo proyecto: los dos fueron supuestamente ideados por algún Presidente de la región, en un caso Fox, en México, y en el otro Cardoso, en Brasil. Con toda la distancia cultural, intelectual y política que hay entre ambos, presuntamente al mismo tiempo diseñaron dos proyectos similares y geográficamente empatados. Las negociaciones y puestas en práctica específicas varían de acuerdo a las condiciones subregionales, pero los fundamentos de los proyectos no: construir una infraestructura de comunicaciones, transportes y generación de energía que constituya un ágil y dinámico sistema circulatorio que permita enlazar las economías regionales al mercado mundial.

Un único proyecto de mercantilización total de la naturaleza para uso masivo desde el centro de México hasta la punta de Tierra del Fuego. No se trata de la explotación de los elementos naturales para uso doméstico, ni local ni nacional, sino de su explotación de acuerdo con las dimensiones de un comercio planetario sostenido, en un 50 %, por empresas transnacionales. La infraestructura que se propone –y que se requiere-es justamente la que permitirá a América Latina convertirse en una pieza clave en el mercado internacional de bienes primarios, a costa de la devastación de sus territorios, abriendo nuevamente esas venas de la abundancia que sangran a la pachamama y que alimentan la acumulación de capital y la lucha mundial por la hegemonía. El diseño de esta infraestructura va del corazón a las extremidades, del centro de Sudamérica hacia los puertos en el caso de IIRSA y de Colombia-Panamá hacia la frontera con Estados Unidos en el caso del Proyecto Mesoamericano, nuevo nombre del Plan Puebla Panamá.

La dimensión de la explotación del territorio de América Latina y de extracción de sus elementos valiosos se encuentra en relación con los niveles crecientes demandados por una economía mundial que responde a las vertiginosas necesidades de multiplicación de las propias ganancias mucho más que a las necesidades reales de la población del mundo, y llama a una agilización de la circulación de mercancías para reducir al máximo los momentos improductivos del capital. El nivel de extracción y producción de las empresas involucradas, aun cuando su origen sea local, se ha modificado en proporción a esta nueva demanda de recursos. Casos como el de Vale do Río Doce son sintomáticos de las nuevas dinámicas: empresa enraizada en la producción minera en una zona de gran abundancia de yacimientos es poco a poco extranjerizada a través de la colocación de acciones en la bolsa de valores de Nueva York o similares y sus niveles de producción, ya grandes, se multiplican de acuerdo con las necesidades de valorización de los capitales propietarios. El ritmo de los trenes que transportan el hierro al puerto se incrementó y la cantidad de vagones cargados se multiplicó en los últimos años, asegurando con ello la posesión privada, fuera de la tierra, ya en calidad de mercancía, de un elemento natural que se ha convertido en parte importante de la disputa hegemónica. Con esto se acrecienta el saqueo del que han sido objeto los pueblos latinoamericanos desde hace más de 500 años, con los inicios de la conquista-colonización, y se somete a los territorios, espacio de la relación naturaleza-sociedad a una depredación salvaje e irreversiblehace más de 500 años, con los inicios de la conquista-colonización, y se somete a los territorios, espacio de la relación naturaleza-sociedad a una depredación salvaje e irreversible (3).

La exportación de materias primas, vista por los analistas macroeconómicos como un signo de desarrollo y prosperidad, está alterando las condiciones mismas de la vida por su carácter masivo y por responder a necesidades ajenas a las de las sociedades locales. Y lo mismo ocurre con las modernas vías de transporte que se proponen y se están habilitando con la IIRSA. Las rutas de la IIRSA colocan al enorme territorio sudamericano a disposición de las necesidades de saqueo de los recursos estratégicos, como puede observarse en el mapa 1 que muestra lo que yo considero el diseño estratégico de la IIRSA .

Ahora los canales interoceánicos no buscan la ruta más corta entre océanos sino la más vasta, la más rica. Los 80 kms del Canal de Panamá son ahora sustituidos por 20 mil km de la ruta amazónica. Esta diferencia de criterios pone en evidencia que la conexión tiene otros propósitos que los buscados en el pasado, de conformidad con el aumento de capacidades y envergadura de la apropiación capitalista. Con las rutas de la IIRSA se asegura no solamente la extracción de recursos de cada una de sus partes, sino que esa extracción se realice de manera articulada. Se vinculan intereses nacionales o locales con intereses transnacionales e incluso estratégicos.

Las rutas de IIRSA pasan por las fuentes de agua, minerales, gas y petróleo; por los corredores industriales del subcontinente; por las áreas de diversidad genética más importantes del mundo, por los refugios indígenas y por todo aquello que es valioso y apropiable en Sudamérica. La ampliación de los caudales de los ríos para dedicarlos al tránsito intenso está poniendo en riesgo los pantanales y degradando las condiciones de vida de especies animales y vegetales al tiempo que violenta los modos de vida de comunidades aledañas o vinculadas; la explotación y exportación masiva de minerales castiga a la selva con un tráfico pesado constante que va comiéndose rápidamente la mancha amazónica y amenaza los glaciares; las modalidades locales de organización de la vida se ven confrontadas con una dinámica vertiginosa que no les corresponde y que las altera externa e irreversiblemente.

 

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