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Balotaje en clave continental

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El próximo 22 de noviembre, Argentina asistirá al primer balotaje de la historia del país, confrontando dos modelos políticos antagónicos: el expresado por el Frente Para la Victoria, actualmente en el gobierno, y el encabezado por la coalición conservadora PRO+UCR, que busca retomar el poder político en el país luego de doce años de gobiernos kirchneristas.

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INFOGRAFIA: Califican de paliza votación contra bloqueo a Cuba

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Medios de prensa internacionales divulgan diferentes comentarios realizados en el mundo a raíz del apoyo unánime a Cuba en las votaciones efectuadas en Naciones Unidas contra el genocida bloqueo estadounidense.

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VIDEO: Drones, la máquina asesina de los globalizadores

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Los documentos obtenidos por la página web The Intercept muestran que un 90 por ciento de los muertos por los ataques con drones estadounidenses han sido inocentes civiles, incluyendo niños y mujeres.

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La ocupación del gran Caribe y el ajedrez de la dominación mundial

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 Imagen: Observatorio Latinoamericano de geopolitica


El 12 de enero de 2010 fue un día de mucha incertidumbre, pero también de muchas confirmaciones. Puerto Príncipe, lo más cercano a un centro urbano moderno en el país más pobre del hemisferio occidental, fue sorprendido con un terremoto de 7 grados de intensidad que dejó al pueblo, al presidente y al propio Dios sin casa, al derrumbarse incluso el Palacio Presidencial y la Catedral.

Ese pequeño pedazo de La Española, pionero en la sublevación independentista, se debate hoy entre una catástrofe económica que lo ha sumido en la pobreza y le ha cancelado la autosuficiencia alimentaria[2], una catástrofe natural comparable a un bombardeo, y una nueva ocupación militar que refuerza su condición de colonia.

Inmediatamente después del terremoto, y a pesar de la presencia de las tropas, supuestamente de paz, de la Misión de Naciones Unidas (MINUSTAH) -cuya vocación represora ni en esos momentos cesó-, la población haitiana se volcó a rescatar a los sepultados por escombros y organizó 450 campos improvisados de refugiados, aportando comida y abrigo a los damnificados.

Nos conmueve profundamente la extraordinaria solidaridad manifestada por la población de la región metropolitana que durante los 3 primeros días después del terremoto supo responder por la autoorganización, construyendo 450 campos de refugiados que contribuyeron a salvar miles de personas prisioneras de los escombros e hizo posible la supervivencia de 1.5 millones de personas gracias al hecho que compartieron en forma comunitaria todos los recursos disponibles (alimento, agua, ropa).[3]
 
La callada resistencia y organización del pueblo haitiano, que ha sido necesaria para soportar la presencia de las tropas extranjeras de la MINUSTAH y que se ha forjado a lo largo de muchas batallas, algunas espectaculares y otras cotidianas, fue el entramado que dio los primeros auxilios y que sigue peleando hasta hoy por defender la autodeterminación del pueblo haitiano. La autoorganización popular, la solidaridad humana y el hartazgo por la sucesión de ocupaciones e imposiciones fueron la argamasa de un trabajo de rescate oportuno y consistente durante los tres primeros días después del terremoto.

No había caos en Haití, como los medios de comunicación aseguraban, sino organización popular, autónoma, no institucional. Surgieron los topos, como en el terremoto de México y en tantos otros; aparecieron cocineras y enfermeros; acudieron los médicos cubanos, que desde hace 11 años trabajan apoyando al pueblo de Haití, y que entendieron dónde estaba su misión en esos momentos.

Pero al cuarto día todo empezó a ser interrumpido, al tiempo que la abundante ayuda humanitaria enviada por el mundo permanecía sin ser entregada a sus destinatarios. Las difíciles condiciones del país, es cierto, no facilitaron la distribución rápida. No obstante, fue la idea de mantener bajo control el reparto, y no la urgencia de rescatar vidas, lo que puso en acción a la MINUSTAH. Soldados bien armados impedían, por órdenes superiores, los movimientos de los rescatistas y de la población en busca de apoyo. No rescataban, reprimían y ordenaban. Con una actitud prepotente y altanera, y la amenaza de sus metralletas, formaban a la gente en largas colas bajo el sol para recibir un poco de agua y alimento mientras los medios de comunicación, como siempre liderados por CNN, mostraban imágenes extraídas de contexto que permitían colocar como sentido común la idea de una situación de creciente caos e ingobernabilidad, que justificaba la presencia militar ya no sólo de los integrantes de la MINUSTAH[4], sino ahora de nuevos contingentes de ¡tropas de asalto!

Si bien al inicio de la ocupación, en 2004, se había autorizado a la MINUSTAH a colocar hasta 6.700 efectivos militares en Haití, ese tope fue incrementándose hasta alcanzar el 30 de noviembre de 2009 una cifra de 9.065 efectivos uniformados, incluidos 7.031 soldados y 2.034 policías, apoyados por 488 funcionarios internacionales, 1.212 funcionarios nacionales y 214 voluntarios de la ONU. Esta Misión, inicialmente anunciada para restablecer las condiciones que hicieran posible una nueva elección presidencial después de la salida de Aristide, declaró, al poco tiempo, que serían necesarios 20 años para disciplinar y estabilizar a la sociedad haitiana. Con un presupuesto anual promedio de 600 millones de dólares que bien serviría para mejorar la alimentación y salud de la población, la MINUSTAH ha sido denunciada por la organización inglesa Save the Children (No one to turn on to, 2008) por las sistemáticas violaciones sexuales, maltrato o incitación a la prostitución de niñas y niños haitianos, además de ser denunciada por organizaciones de derechos humanos y misiones de observación de la sociedad civil por los atropellos que con toda impunidad se cometen en nombre del restablecimiento de la paz.

Portando cascos azules y no verde olivo para indicar que es una fuerza de paz, sigue siendo un ejército de ocupación, bajo el comando brasileño, conformado con tropa proveniente de 17 países: Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Jordania, Nepal, Paraguay, Perú, República de Corea, Sri Lanka y Uruguay; y personal policíaco en menor cantidad pero originario de un mayor número de países (41): Argentina, Benin, Bangladesh, Brasil, Burkina Faso, Camerún, Canadá, Chad, Chile, China, Colombia, Côte d'Ivoire, Croacia, Egipto, El Salvador, España, Estados Unidos, Federación de Rusia, Filipinas, Francia, Guinea, Jordania, India, Jamaica, Madagascar, Malí, Nepal, Níger, Nigeria, Pakistán, República Centroafricana, Rwanda, Rumania, Senegal, Serbia, Sri Lanka, Suiza, Togo, Turquía, Uruguay y Yemen.

Con el requisito, entre otros, de hablar inglés, los integrantes de la MINUSTAH son beneficiarios de altos salarios y una situación de relativa impunidad, sustentada en un código de comportamiento que admite la sospecha como razón de detención, represión o incluso muerte de los civiles custodiados.[5] La población queda expuesta a la amenaza de ser calificada como sospechosa –y reprimida como tal-, a criterio de cualquiera de los integrantes de la MINUSTAH, quedando colocada a merced de sus caprichos y voluntades.[6]

Aun así, la MINUSTAH -y las otras misiones llamadas humanitarias o de paz por la Organización de Naciones Unidas-, sigue teniendo un régimen distinto al de las fuerzas de seguridad o de guerra, a las cuales quedó subordinada poco después del terremoto.

Efectivamente, apelando a la autoridad que le otorga su supremacía militar, es directamente el Comando Conjunto de Estados Unidos, lanzando la Operación Respuesta Unificada (Operation Unified Respose) a través de su Comando Sur,[7] quien se erige unilateralmente como mando supremo controlando, a partir de ahí, desplazamientos aéreos, marinos y terrestres.

Nadie objeta estos movimientos del ajedrez del poder hegemónico que en muy pocas horas transformaron la geopolítica continental. La comunidad internacional parece haberse hecho cargo de Haití como si fuera un desierto sin capacidad de organización propia ya desde 2004, y mucho más ahora después del terremoto. La comunidad internacional parece aceptar que las disposiciones de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos son universales y que las tropas son necesarias para apaciguar a ese pueblo indómito.

Descartando la hipótesis de que los propios Estados Unidos hayan provocado el terremoto,[8] lo cierto es que unas horas después del desastre ya estaba en suelo haitiano la dramáticamente célebre 82 División Aerotransportada, responsable de las invasiones a Dominicana (1965), Granada (1983) y Panamá (1989); y, para el 26 de enero, el número de soldados que se movió hacia Haití, sumando los que hay en tierra y mar, asciende a 12.500 (al 3 de febrero).[9] Nadie sabe a ciencia cierta qué función puedan estar cumpliendo los integrantes de una brigada netamente ofensiva, equipada con armamento sofisticado que incluye misiles, y con capacidad de neutralización y aniquilamiento de fuerzas vivas y la toma de territorios en muy breve plazo. Es decir, una fuerza de asalto de respuesta rápida. Habría sólo que recordar que en Granada y Panamá se trataba de operativos de invasión y ahora de uno, en principio, humanitario.

Más aún cuando esa unidad no está sola; la acompañan en los operativos dos unidades expedicionarias de los Marines, la 22 y la 24, que tienen una larga experiencia también en situaciones de invasión o de lo que ellos llaman restablecimiento de la democracia, como las de Irak y Afganistán. Es decir, el personal relocalizado en Haití para los operativos previstos o visualizados por el Comando Sur se sustentan fundamentalmente en tres unidades expedicionarias cuyos perfil es invasivo, de ataque, de respuesta rápida y de ocupación. No obstante, dentro de las tareas de salvamento o apoyo a la población afectada hay otras instancias, menos evidentemente militares, que están interviniendo, como la Agencia Internacional de Estados Unidos para el Desarrollo (USAID).

Otro elemento del despliegue de fuerzas norteamericanas en Haití, justamente, es el financiamiento de 50 mil radios de mano para distribuir entre la población. Con aportes del Comando Sur y del Comando de Operaciones Especiales (SOCOM), la distribución de las radios la llevarán a cabo miembros del Equipo de Apoyo de Información Militar (Militar Information Support Team) y la propia USAID, que aunque sea para el desarrollo, pertenece al Departamento de Defensa, y con una larga historia vinculada a los golpes militares de los años sesenta y setenta.[10] El objetivo declarado consiste en llegar a la población de Haití a través de la programación de la Voz de América (administrada por el International Broadcasting Bureau) y de los anuncios de servicios públicos de la Fuerza de Tarea de Haití, recientemente constituida.

Además del reparto de radios, la USAID está interviniendo en crear las redes de dotación de ayuda humanitaria en amplias regiones de Haití. Cabe señalar que es una agencia muy bien capacitada para el trabajo de base en pequeñas poblaciones o en el campo, donde tiene una larga experiencia impulsando proyectos, muchos de ellos a través de ONGs locales o internacionales. A través de este tipo de proyectos la USAID ha tejido a lo largo de su historia un entramado de base muy extendido, pero sobre todo implantado en zonas no muy controladas como las de algunas fronteras (entre las que está la de Ecuador y Colombia, o las de Paraguay o Bolivia con Brasil).

Como Haití es un territorio rodeado por mar es una media isla, su frontera a ser cuidada más que porosa está relativamente abierta y ha sido objeto de preocupación en este momento que, en principio, sería de rescate humanitario. Para la vigilancia de las costas el Comando Sur puso en operación algunos aviones no tripulados que son sumamente versátiles porque pueden hacer espionaje y detección de movimientos, captar sonido o imagen, rociar químicos o incluso bombardear. Los hay de diversos tamaños y funciones, de manera que pueden actuar sigilosa u ostensivamente, según se requiera, y todo eso sin arriesgar vidas… de los tripulantes.[11]

En este particular, cabe preguntar: ¿Por qué era tan importante impedir la salida de los haitianos para refugiarse en los territorios cercanos? ¿Se trata de crear cárceles genéticas o de algún tipo similar? ¿No se podía dar refugio aunque sea temporal a los damnificados? O ¿Por qué se cuidan tanto las costas? ¿Cómo son los nuevos cercos?
***
Dadas las circunstancias, y a pesar de todo este despliegue bélico, podría en verdad hablarse de una invasión limpia: el terremoto hizo el trabajo sucio, sin gasto de energía bélica y sin bajas para el invasor.
No hay mejor teatro de operaciones.

Estados Unidos desplegó eficientemente todo un operativo de guerra y se ha ocupado mucho más de controlar que de apoyar. Se hizo cargo de las comunicaciones controlando no sólo el aeropuerto sino todos los movimientos en las costas, al punto que el Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, sostiene que Estados Unidos “…está aprovechando una desgracia terrible de un pueblo hermano para asentar presencia militar permanente, en una estrategia de militarización, de control en el continente”[12], y el presidente Evo Morales llama a una reunión de las Naciones Unidas para detener la escalada. Pero ni la ONU está en condiciones de interpelar las decisiones interventoras de Estados Unidos, ni los halcones están en disposición de soltar la presa. El imperio ha tomado muy en serio la pérdida estratégica que han significado los procesos revolucionarios recientes en Latinoamérica, al punto que las nuevas bases militares colocadas en Colombia tienen entre sus objetivos “…enfrentar las amenazas […] de los gobiernos contrarios a Estados Unidos”.[13]

Además del buque hospital USNS Comfort, con capacidad de atención simultánea de mil elementos que curiosamente atienden sólo alrededor de 100 pacientes diarios, se colocó en las costas de Haití, que por la cercanía (74 kilómetros) son también las costas de Cuba, un portaviones nuclear (USS Carl Vinson) y dos buques de asalto anfibio (USS Bataan, USS Nassau). Todas estas naves, en realidad, son bases militares itinerantes que complementan las posiciones en tierra y que otorgan una mayor versatilidad y flexibilidad a las redes de control militarizado.

El Comfort tiene costumbre de recorrer esas aguas y se ha colocado en una posición entre Haití y Cuba, flanqueando la curva del Gran Caribe.[14] Es un buque que transita regularmente en esta región tocando algunos puertos una vez y otros en la siguiente, en una rutina de ejercicios (ver mapas) que le han permitido un conocimiento muy detallado del área. La tripulación incluye médicos pero, como es habitual en este tipo de ejercicios u operativos, también investigadores de disciplinas diversas que aprovechan para perfeccionar los conocimientos geológicos, biológicos, sanitarios u otros y hacer algunas prospecciones relacionadas con la composición de los suelos, los arrecifes o el fondo del mar.

Los otros tres buques asignados a la Operación Respuesta Unificada en Haití son de ataque. El portaviones nuclear carga misiles entre otros pertrechos. El personal y equipo movilizado a la zona hasta el 15 de febrero era ya abundante, como lo muestra el cuadro:

 Fuerzas de rastreo en Haití

Presentes el 15 de febrero
En ruta o en preparación para ser desplegadas
63 helicopters
USNS PFC Dewayne Williams (AK-3009)
82nd Airborne
SS Cape May
24th MEU
SS Gopher State
22nd MEU
SS Cornhusker
USNS Comfort
MV Huakai
USS Carl Vinson
MV Alakai
USS Nassau
USNS Big Horn
USS Ashland
 
USS Mesa Verde
 
USS Gunston Hall
 
USS Bataan
 
USS Carter Hall
 
USS Fort McHenry
 
USS Underwood
 
USS Higgins
 
USS Normandy
 
USS Bunker Hill
 
USNS Lummus
 
USNS Sacagawea
 
USNS Henson
 
SOUTHCOM assessment /C2 team
 
AF Special Ops & air control personnel
 
6 U.S. Coast Guard cutters
 
 
 


En cuanto a la organización de las fuerzas desplegadas, de acuerdo con información oficial, se han creado oportunamente dos nuevas Fuerzas de Tarea:
 
El Comando Sur de Estados Unidos ha establecido la Fuerza de Tarea Conjunta- Haití (JTF-H) para observar los esfuerzos de ayuda de los militares de Estados Unidos en Haití y ha nombrado al teniente general del Ejército de Estados Unidos Ken Keen como su comandante. Más de 20.000 militares norteamericanos, 23 navíos y más de 120 aviones están apoyando las operaciones para proveer ayuda y cuidado a más de tres millones de haitianos afectados por el terremoto del 12 de enero.[15]
 
Ken Keen es el Military Deputy Commander (Comandante suplente o adjunto) del Comando Sur y tiene amplia experiencia en la región, además de haber comandado la Fuerza de Tarea Ranger en la Operación Tormenta en el Desierto y de haber formado parte del Comando Conjunto del EUCOM en 2007-2009. Se trata de un militar de la más alta categoría y experiencia en zonas de guerra y conflicto, en plenas funciones, con trabajo reciente en áreas de alto riesgo estratégico. En América Latina fungió como Oficial de las Fuerzas Especiales en Panamá (1977-1980); Oficial del Grupo de Entrenamiento Militar en Honduras (1980) en una de las épocas más conflictivas de la región; Comandante del Grupo Militar de Estados Unidos en Colombia (2001-2003), en la primera etapa del Plan Colombia; Comandante del Ejército del Sur de Estados Unidos (2005-2007) y estudiante en el Comando Brasileño y el Colegio del Comando General en Brasil (Brazilian Command and General Staff College) (1987-1988). (http://www.southcom.mil/AppsSC/pages/dcdrBio.php). No hay que descuidar este último dato y los vínculos que implica, sobre todo teniendo en cuenta el papel de las Fuerzas Armadas brasileñas como comandantes de la MINUSTAH.

La otra Fuerza de Tarea creada, la 48, tiene sede ni más ni menos que en Cuba, en la base de Guantánamo, y por ahora se ocupa de coordinar “…los activos de tierra y aire para entregar oportunamente la ayuda humanitaria a Haití” según Patricia Wolfe, comandante de la Fuerza, quien recuerda que:
 
El suministro oportuno de esta ayuda es sólo posible por la estrecha proximidad de la Base Naval de la Bahía de Guantánamo (GTMO) con el área afectada. GTMO es obviamente una posición clave para atender los requerimientos estratégicos en esta región. (http://www.navy.mil/search/display.asp?story_id=50733)
 
De manera que si esto no es una ofensiva de guerra contra Haití tal vez sí lo sea para sus vecinos. Las nuevas posiciones ocupadas no sólo rodean el Caribe sino que cortan el paso entre Cuba y Venezuela y, mediante triangulaciones con las bases de la zona, crean condiciones de aislamiento para cada una de las islas caribeñas.
Cuba, por lo pronto, queda cubierta por todos los flancos y la entrada al Golfo de México, rico en yacimientos petroleros, se cierra para posibles competidores.

Las dos regiones latinoamericanas que abastecen las mayores cantidades de petróleo a Estados Unidos son en este momento Venezuela y México, y ambos pertenecen al área del gran Caribe, o quedan circunscritos en ella. De manera que la ocupación de Haití es una jugada que pega en el terreno económico, geoestratégico y político, simultáneamente.

Con las dos nuevas Fuerzas de Tarea a partir del desastre, una con sede en Haití y otra ubicada en Guantánamo, se puede pensar que estamos en el inicio de una reorganización completa de la estrategia militar en esta región o por lo menos de la de la parte operativa, con miras más ambiciosas que en el pasado, y preparando condiciones de intervención inmediata en cualquier situación y lugar que así lo requiera, desde su perspectiva, en el área. Bien puede tratarse de un conflicto social o del resguardo del petróleo, ambos bajo el criterio de la defensa de la seguridad nacional de Estados Unidos.

Con las viejas y nuevas bases en Colombia, las potenciales bases en Panamá, Palmerola, Guantánamo, Aruba y Curaçao, Estados Unidos tiene una situación de total control de movimientos en la región caribeña, o amazónico-caribeña. México queda cercado en el Golfo y sometido por la Inciativa Mérida, y en coordinación con Colombia como parte del corredor de contención que Estados Unidos ha ido propiciando para detener los procesos de transformación en el continente.

¡Buena jugada! Haití queda ocupado, Cuba rodeada, la IV flota ondeando sus banderas en todo el Caribe y Venezuela acosada.Pero en el Caribe no hay guerra. El Caribe es una zona de paz… y catástrofes.

 

Referencias
[1] Como parte del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica participaron en la investigación Humberto Miranda, David Barrios y Rodrigo Yedra.

[2] Durante los últimos 30 años del siglo XX, Haití fue golpeado por el neoliberalismo como el resto de los países del continente, aunque, por su historia colonial, en que toda la población autóctona fue eliminada y sustituida por africanos convertidos en esclavos, y por los largos y cruentos años de dictadura, su fragilidad era incluso mayor. En este periodo pasó de ser un país autosuficiente en el campo de granos básicos, particularmente arroz que es el elemento esencial de la alimentación haitiana, a importar el 80% del que se consume en el país. Del total de la dieta alimenticia se pasó de una producción interna del 90% a importar el 55% de la misma, con las implicaciones de pérdida de autodeterminación y soberanía correspondientes (Ver Sánchez, José Tomás, ¿Qué hacemos en Haití?, www.ea.com.py).

[3] PAPDA et al, Haití: ¿Qué perspectivas después de la catástrofe?

[4] Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití.

[5] La sospecha se ha ido instalando como elemento de justificación para acciones punitivas de parte de las fuerzas públicas, negando así las atribuciones de las instancias de justicia. En el caso de las misiones humanitarias o de paz, cuyo propósito declarado consiste en restablecer y/o garantizar las condiciones para un funcionamiento regular de las instituciones democráticas, es un total contrasentido permitir tal grado de impunidad.[6] En estas circunstancias las violaciones a los derechos humanos quedan virtualmente legalizadas ante la paradoja de que las fuerzas concebidas para restablecer lo que en el lenguaje oficial se denomina gobernabilidad, en realidad imponen situaciones de vaciamiento del sentido de justicia.

[7] Como sabemos, el Caribe forma parte del Área de Enfoque (AOF) del Comando Sur, y es por ello que este Comando es el encargado de llevar a cabo las operaciones en territorio y aguas circundantes haitianos.
[8] Lo mismo ocurrió con el ataque a las torres gemelas. Algunos investigadores y periodistas han sostenido que se trató de un autoatentado para justificar los cambios drásticos de política militar que le sucedieron. Y en este caso ya circulan escritos basados en informaciones sobre el Proyecto HAARP con base en Alaska, sosteniendo la hipótesis de la capacidad de generar cambios climáticos y catástrofes como el terremoto en Haití.

[9] http://www.abn.info.ve/noticia.php?articulo=217451&lee=16

[10] Esta agencia acaba de ser expulsada de Bolivia por su presunta participación en la campaña de desestabilización del país y en los intentos separatistas de los grupos oligárquicos internos junto con la embajada de los Estados Unidos.

[11] Para mayor detalle sobre estos aviones consultar Ceceña, Yedra y Barrios, 2009, op. cit.

[12] “Bolivia teme que Haití se convierta en otra base militar estadounidense”. En DiarioCoLatino.com, San Salvador, enero 28, 2010. http://www.diariocolatino.com/es/20100119/internacionales/75895/

[13] Department of the Air Force 2009 Military Construction Program, Fiscal Year (FY) 2010. Budget Estimates (Justification Data Submited to Congress) en Ceceña, Ana Esther, Barrios, David y Yedra, Rodrigo 2009 El águila despliega sus alas de nuevo. Un continente bajo amenaza (Ecuador: Observatorio Latinoamericano de Geopolítica-Fedaeps).

[14] Este buque no solamente atiende el área del Caribe. De agosto de 1990 a abril de 1991 el Comfort fue enviado al área del Comando Central para atender al personal militar norteamericano participante en las operaciones Escudo del Desierto y Tormenta del Desierto. De enero a junio de 2003 fue enviado a apoyar la operación en Iraq y durante 56 días sirvió como un centro flotante de atención en el Golfo Pérsico. (http://www.med.navy.mil/sites/usnscomfort/Pages/MSCRecentMissions.aspx)

[15] Consultado en la página de internet del Comando Sur el día viernes 29 de enero de 2009.   http://www.southcom.mil/AppsSC/factFiles.php?id=138

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FRONTERAS: Nuevos horizontes para una geopolítica integracionista (I parte)

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Colombia Venezuela map

Sólo imaginemos a un país, con una extensión territorial modesta, con un reservorio de recursos naturales importante, ubicado estratégicamente en el plano geográfico de un continente en el que se ha desarrollado fundamentalmente una economía de puerto, de extracción, con una relación de subordinación con las grandes potencias económicas del mundo capitalista. Un país que, entre mares y tierra, tiene 5.161km de Fronteras compartidas con 14 países de una misma región, debería edificar una política fronteriza que permita resguardar sus recursos, proteger su soberanía, desarrollar con contundencia una política integracionista de solidaridad entre los pueblos y ser referente geopolítico en el plano de la resistencia al imperialismo. Justamente ese país es Venezuela, y estamos convencidos que la nueva geopolítica Bolivariana, internacionalista, viene haciendo esfuerzos importantes para consolidar los elementos que nombramos, entre otros más que se han venido trabajando desde que abandonamos, en 1999, el proyecto entreguista de la patria, propio del capitalismo ramplón.

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La geopolítica del agua del siglo XXI

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Agua

Un impactante análisis de Peter Engelke, becario del Atlantic Council, y de Russell Sticklor, investigador del Stimson Center, contempla las guerras del agua como el próximo gran detonador de conflictos globales, en el influyente portal The National Interest (http://goo.gl/EUXIF9).

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