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[ENTREVISTA] - Britto García: "El saldo es positivo aunque ha habido corrupción, equivocaciones y despilfarros”

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El escritor -con más de 70 títulos publicados- considera que, en el plano cultural, lo mejor de la intelectualidad ha estado a favor del bolivarianismo. De los creadores de la oposición, rescata a los que antes fueron de izquierda

“El saldo en lo económico, social, político y cultural es positivo, aunque ha habido casos escandalosos de corrupción, políticas equivocadas y despilfarros”. Tal es, comprimido en una frase, el balance que hace el polifacético intelectual Luis Britto García del proceso político que comenzó hace un cuarto de siglo, con la asonada militar del 4 de febrero, y que, ya en el ejercicio del poder, está arribando a la mayoría de edad: 18 años.

En entrevista exclusiva con Contrapunto, Britto García, baluarte del chavismo en el plano cultural, ahondó en el tema de la relación de los creadores con la revolución bolivariana a lo largo de este tiempo. “El bolivarianismo tiene una intelectualidad de lujo, aunque a veces no ha sabido qué hacer con esos talentos y ellos han seguido trabajando como si estuvieran en la oposición”, dijo.

Britto García (Caracas, 1940) es un laureado novelista, poeta, dramaturgo, humorista, articulista, ensayista, guionista cinematográfico, dibujante, abogado y profesor universitario. En sus ratos libres (que, pese a todo, le quedan) ha sido astrónomo, navegante y submarinista.

Ofrecemos una versión del diálogo con este prolífico pensador que ya tiene en su haber 72 libros publicados, incluyendo uno sobre la identidad del venezolano que está apenas saliendo de los hornos.

–Se cumple un cuarto de siglo del 4 de febrero y van 18 años de revolución, dividida en dos etapas: el tiempo de Chávez y el tiempo después de Chávez. ¿Usted qué balance hace?

–Lo primero que hay que tener en cuenta son los inconcebibles avances logrados en las áreas social y económica durante el bolivarianismo. Me complace repetir que uno de cada tres venezolanos está estudiando; uno de cada nueve está en educación superior, en su mayor porción gratuita; somos el quinto país del mundo con mayor matrícula universitaria. Eso es importantísimo. La pobreza general bajó a niveles de 24% y la pobreza crítica, a menos de 4%. Venezuela subió del rango de desarrollo humano bajo, que tenía el siglo pasado, al rango medio y luego al rango alto. Además, tenemos el índice de Gini más favorable de la América Latina capitalista, lo que significa que somos el país más igualitario en lo social y económico después de Cuba. La talla promedio del venezolano subió dos centímetros y la expectativa de vida se elevó dos años; la cantidad de viviendas que se han construido y adjudicado en los últimos años es tremenda. Son logros verdaderamente impresionantes.

–En el plano político, se consolidó uno de los puntos del proyecto bolivariano, que era la unión cívico-militar, lo que le ha dado una estabilidad grande y el apoyo de las masas favorecidas. Durante todo este tiempo la inversión social ha estado por encima de 62% de los egresos del sector público. Incluso, tengo entendido que se incrementó aún más en los últimos años. Los resultados son, pues, prodigiosos. Yo diría que hay un saldo positivo. Como en todos los procesos humanos, hay imperfecciones. Ha habido casos notables de corrupción, afortunadamente gran parte de ellos están siendo procesados y perseguidos. También ha habido políticas equivocadas y derroches en actividades que no resultaron útiles. Ha habido respeto a la democracia. Tenemos un sistema electoral prácticamente inobjetable. Cuando ha habido una derrota, el bolivarianismo lo ha reconocido de manera inmediata. Se ha reducido el secular abuso contra la oposición. No ha habido presos políticos en el sentido propio. Cuando ha habido un preso que además ejercía la política ha sido sometido a un enjuiciamiento llevado a cabo por tribunales, con derecho a la defensa. No ha habido casos notables de torturas ni desaparecidos. El cuadro es eminentemente distinto a la IV República. Durante el tiempo de Chávez no hubo suspensión de garantías y apenas ahora, durante el gobierno de Maduro, se declaró un estado de Excepción. No ha habido allanamiento a universidades, como sí pasó en la etapa anterior, y, por el contrario, se han creado 16 nuevas universidades.

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–¿Ese balance abarca el gobierno de Nicolás Maduro o está referido al de Chávez?

–En líneas generales sí lo abarca. Más bien en materia de inversión social, tengo entendido que aumentó el porcentaje, al punto de estar por encima de 70%. Eso es notabilísimo. Ahora, lo que ha sucedido con Maduro es que se recrudeció la guerra económica con un enfoque muy parecido a la que se entabló contra Salvador Allende. Hay unas escaseces provocadas, hay problemas de distribución de bienes. La diferencia con respecto al caso chileno es que esta guerra la desarrollan unas pocas docenas de megaempresas que reciben centenares de millones de dólares preferenciales, hacen importaciones fantasmas y acaparan. Todo eso quedó muy claro en ese libro fundamental de Pasqualina Curcio, La mano visible del mercado. Allí se indica que en los últimos años se ha triplicado a cantidad de dólares asignados para importar bienes básicos, incluyendo medicinas. De alguna forma se está financiando a un pequeño grupo de importadores que luego obtienen ganancias fabulosas, es un negocio obsceno a costa a la carencia del pueblo venezolano.

–Claro que, forzosamente, hay que llegar a la conclusión de que ahí tiene que haber alguna connivencia de las autoridades. El presidente Maduro dice que “se va” por la frontera cerca de 40% de lo que Venezuela importa o produce. Ahora, ¿cómo es eso de que “se va”? ¿Acaso son invisibles esos productos? Evidentemente, alguien deja que se vayan. Por otro lado, el propio presidente dice que se entregaron 60 mil millones de dólares a empresas de maletín para falsas importaciones. Eso demuestra la red de complicidades que ha existido. A mí no me han entregado nunca un dólar preferencial. Una vez me dieron un cupo de 200 dólares para un viaje y tuve que realizar 200 trámites para que me los entregaran… Entonces, ¿cómo es posible que se hayan entregado 60 mil millones de dólares sin garantías de fiel cumplimiento?

–Justo hacia allá apunta el balance del 4F, pues una de las causas de aquella insurrección fue la corrupción galopante que existía. Han pasado 25 años y la percepción que hay en el país es que la corrupción sigue tan campante. ¿No es esa una gran deuda?

–Sí. Ha habido casos escandalosos porque de alguna manera se han infiltrado corruptos en posiciones de responsabilidad y decisión. Evidentemente, esa es una de las grandes habilidades que desarrollan los corruptos. Yo diría que, entonces, una parte de la crisis actual se debe a un factor fuera de nuestro control: los precios del petróleo; pero otra parte es nuestra responsabilidad, son factores controlables por nosotros, tales como el contrabando de extracción, la corrupción cambiaria y la práctica de seguir dándoles dólares preferenciales a empresas que esconden los productos. Es obvio que en eso no se ha procedido con la energía que el caso amerita.

Una intelectualidad de lujo

–¿Cuál es su balance en el plano cultural?
–También hay síntomas de notables progresos. Por ejemplo antes, cuando se filmaba una película o dos en el transcurso de un año, se podía celebrar como si se tratara de un milagro. Ahora se ruedan centenares de películas venezolanas. Por otro lado, las ediciones de libros se han multiplicado y por eso ocupamos el cuarto lugar como país lector en América Latina. Son cosas muy impresionantes.

–¿Cuál ha sido el papel de los intelectuales en este tiempo de bolivarianismo?

–Yo he sostenido siempre que todas las revoluciones han sido preparadas por una vanguardia intelectual. El bolivarianismo no es la excepción. Hubo una vanguardia intelectual en los años 60 y 70 del siglo pasado, cuyos postulados pasaron luego al bolivarianismo. Fue una brillante generación de pensadores y algunos de ellos lograron ver el bolivarianismo en el poder. Federico Brito Figueroa, por ejemplo, vivió los primeros años de Chávez. Tenemos acá a Mario Sanoja, Iraida Vargas, Judith Valencia… El proyecto revolucionario del siglo pasado tuvo adscrita a la inmensa mayoría de la intelectualidad, la más brillante y comprometida. En la medida en que el bolivarianismo se perfiló como un proceso progresista, ha contado con el apoyo de una gran cantidad de intelectuales.

–Por otro lado hay que advertir que el bolivarianismo no supo qué hacer con muchos de esos intelectuales. Hay una gran cantidad de talentos que han seguido trabajando exactamente como si estuvieran en la oposición. Por ejemplo, el bolivarianismo cuenta con un pintor de la talla de Régulo Pérez, quien estaba haciendo la caricatura en un periódico, y lo sacaron por alguna razón. Ahora él sigue trabajando en su taller, cuando toda Caracas debería estar llena de murales de Régulo Pérez; igual como la derecha, para recibirlo con los brazos abiertos, le cedió un espacio a un gran mural de Pedro León Zapata. En todo caso, todavía gran parte de la intelectualidad, la más destacada, sigue apoyando al bolivarianismo. Baste pensar en casos como el de Román Chalbaud en artes cinematográficas, o el de Fruto Vivas en arquitectura. El bolivarianismo tiene una intelectualidad de lujo. Aníbal Nazoa fue chavista fanático hasta que murió. No era que estaba “ahí-ahí”, no. Era fanático. Y como él, hay muchos. El bolivarianismo contó y sigue contando con una intelectualidad que lo apoya, aunque no necesariamente está integrada a los aparatos políticos y administrativos de la cultura. Y es hasta mejor que no lo esté, porque eso muestra la relativa independencia de criterio. No son intelectuales de quince y último, sino gente que de verdad, de corazón, aporta a los logros del proceso político y, de manera crítica, señala sus fallas.

–Eso nos conduce a otro tema medular: ¿Cómo ha funcionado la gestión cultural? A veces da la impresión de que no se le da tiempo suficiente a ningún ministro para que sedimente su labor… Aunque claro, el caso suyo fue distinto, porque duró un día en el directorio del entonces Consejo Nacional de la Cultura, pero fue por decisión suya…

–Sí, exacto, me pusieron en un triunvirato, en minoría, con dos personajes que representaban a las viejas mafias culturales y, entonces, preferí renunciar que hacer un papel de figura decorativa. Por esa misma razón he optado por no pronunciarme sobre las gestiones culturales posteriores, porque me podrían decir “Bueno, ¿y por qué tú no te metiste en el brete?”. Ahora, algunas gestiones han sido más largas. Por ejemplo, Francisco Sesto fue uno de los ministros de Cultura que estuvo más tiempo, en diversos gabinetes. En ese caso sí hubo continuidad. Luego ha habido cambios frecuentes, pero, bueno, esas son las cuestiones del poder…

–De la intelectualidad de la derecha, que bastante bulla hace, ¿usted qué rescata?

–En primer lugar, rescato a “la izquierda de la derecha”, porque los intelectuales más brillantes de la derecha fueron intelectuales que hicieron una obra fundamental mientras estaban en la izquierda, y después de que se pasaron no han hecho más nada. Sigo rescatando a Rafael Cadenas, gran poeta. El hecho de que haya cambiado de actitud para mí no hace ninguna mella en su obra poética. También nombraría a (Héctor) Silva Michelena, que fue uno de los creadores, junto a Armando Córdova, de la teoría de la dependencia, que sigue siendo su obra fundamental, una piedra miliar. Él no ha creado una cosa diferente de esa, que es una teoría izquierdista, por más que él ya no lo sea. No se debe hablar de los fallecidos, pero tenemos el caso del gran novelista Adriano González León: País portátil, que yo sepa, es una novela izquierdista y él no hizo después ninguna cosa mejor a favor de la derecha. Otro caso es el de Salvador Garmendia, otro gran escritor, que se fue del lado de la Revolución por desacuerdos que no han debido tener lugar. Su gran obra la hizo mientras estaba con la izquierda, y no se conoce nada de él, ninguna obra, para justificar a la derecha.

–En resumen, la gran intelectualidad que se pasó a la derecha es originalmente de la izquierda, y su obra, por la que serán recordados, es una obra de izquierda. También reconozco que hay una cantidad importante de talento dentro de la oposición. Creo que la ideología es independiente del talento; es un hecho misterioso, pero es así. Hablando de eso, actualmente estoy desarrollando una teoría para algunos de esos casos: la inimputabiidad senil. Se trata de aplicarle a la gente mayor un régimen especial, parecido al que se aplica a los muchachos que cometen delitos. Debe haber una edad de inimputabilidad senil, y a partir de ella, si uno empieza a decir disparates, no se los tienen que tomar en cuenta. Tenemos el caso de Pedro León Zapata, un hombre de quien fui amigo y a quien admiré y admiro. Bueno, Pedro León, por un pleito privado con el presidente Chávez, se pasó a la oposición, pero esa no puede ser la causa para anular toda la obra que realizó mientras militó en la izquierda. Cuando un ñángara estaba preso o enfermo, la seguridad social que tenía se la proporcionaban los artistas plásticos que donaban cuadros para una subasta. Pedro León no solo donaba el cuadro, sino que hacía el afiche y hasta actuaba como rematador en la subasta… Practicaba una solidaridad continua, firme, eficaz, valiosa. Uno no puede denigrar de eso por unas opiniones de último término. Por eso es que planteo la inimputabilidad senil. Espero que si a mí me entra una locura de esas, me perdonen y digan, “es que el pobre perdió la perspectiva”.

ENTREVISTA LUIS BRITTO GARCIA-6

La obra de la intelectualidad de derecha

En medio del diálogo, Britto García se hace algunas preguntas a sí mismo. Por ejemplo, si ha habido aunque sea una sola obra de la intelectualidad de la derecha venezolana para justificar el proyecto derechista. “¿Hay algún libro importante glorificando o justificando el proyecto neoliberal que tuvimos en los años 90? ¿Ha habido un solo trabajo declaradamente de derecha que sea considerado como una obra más o menos perenne, importante?”. Entonces, se responde:

-Yo honestamente creo que no. A mí me encantan los derechistas convencidos. Por ejemplo, me divierte Ayn Rand, una estadounidense de origen ruso que fue una especie de ideóloga anticipada del neoliberalismo a través de una serie de novelas, entre ellas una que tuvo mucha influencia en los arquitectos, llamada El manantial. Me parece que su obra es de una claridad meridiana, no intenta disfrazarse de izquierda. En cambio, si un neoliberal sale a decir que él va a subir los precios por amor al pueblo, ¡hazme al favor! ¿Hablamos como gente seria o como lo que somos? Quién le puede regatear la admiración a Jorge Luis Borges, que era conservador y dio unas declaraciones bastante escandalosas, pero nadie puede negar que era un gran escritor y pensador. Entonces, ¿dónde está el Borges de la derecha? Aparte de Julio, claro...

–Desde ese lado, el de la derecha, se dice que la democratización y masificación cultural que ha propiciado el gobierno revolucionario ha conducido a la pobreza estética y a una producción de un nivel muy limitado. ¿Están equivocados?

–Gran parte de lo que se ha hecho era necesario. Hay que recordar que en la segunda presidencia de Caldera se eliminaron de la educación primaria la historia, la geografía y la educación cívica venezolana. Todo eso se suplantó con una materia llamada Principios que te enseñaba lo qué era una cordillera, pero no qué era la cordillera de Los Andes… La educación se desnacionalizó en virtud de un proyecto de un estadounidense llamado Rudolph Atcon, que planteaba que la educación de América Latina debía orientarse a cosas prácticas, como carpintería, plomería, pero nada de cultura y humanidades. Eso, aunado a los medios de comunicación de masa nuestros, dio origen a una generación desnacionalizada, sin una idea de identidad, de pertenencia. Entonces, era necesario impulsar un producción cultural que recalcara los valores patrios, que se ocupara de Bolívar, de Simón Rodríguez, de Ezequiel Zamora, que fue considerado por la historiografía anterior como un criminal, un bandido; que reivindicara la gesta patriótica, que recuperara a Miranda para el imaginario popular. Eso me parece correcto: que haya insistencia en el folclor, en la resistencia indígena, en la herencia afrovenezolana, todo eso es positivo porque es generación de identidad. Nadie se indigna porque los franceses conmemoren su Revolución; a nadie le parece absurdo que se hagan películas western en Estados Unidos… Entonces, ¿por qué deberíamos nosotros ser los únicos que produzcamos una cultura ausente de nuestros valores patrios?

–¿Cuál es la obra emblemática de la cultura bolivariana?

–Hay una frase de Hegel que dice que el búho de Minerva emprende el vuelo cuando se acerca el crepúsculo. A veces las obras cumbres de un periodo determinado se hacen cuando ese periodo está a punto de pasar o ya ha pasado. Nosotros todavía estamos en el pleno auge del debate sociopolítico de la revolución. Además, se producen tantos libros que muchas veces uno no tiene oportunidad de captar algunas obras geniales. Por ejemplo, Sol Linares tiene una narrativa esplendorosa, y el hermano de ella, Daniel Linares, también. De repente cuando uno está en el medio del bosque, los árboles no le dejan ver la totalidad. Evidentemente habrá un proceso de decantación a favor de obras que tengan mayor perennidad, pero todavía es temprano para hacer un balance crítico. Sin embargo, yo podría insistir en preguntar: ¿Dónde está la gran obra de la derecha, de la “gente pensante”?

–Ahora que se han producido intentos de diálogo entre los políticos del gobierno y los de la oposición, ¿no sería conveniente que los intelectuales de ambos bandos hicieran su propia mesa de diálogo, a ver si logran acuerdos?

–No creo. Pienso que el intelectual necesita la soledad, aun dentro de un tumulto revolucionario. Los libros no se escriben solos. Yo tengo más de 70 títulos porque vivo encerrado en esta casa, escribiendo. Es obvio que yo no voy a convencer a un intelectual de la derecha para que se sume al socialismo; y es obvio que ningún intelectual de la derecha me va a convencer a mí, por decir algo, de que solo una minoría tiene derecho a recibir cierto tipo de educación. Nuestro debate debe estar en las obras. Qué mayor diálogo que el que podía establecerse entre Federico Brito Figueroa, con su Historia Económica y Social de Venezuela, si alguien de la derecha hubiese escrito algo de ese nivel. Nadie le ha contestado todavía nada. No hay una obra de la derecha que sea equiparable, no hay una “Historia Oligárquica y Clasista de Venezuela” que le dé una explicación derechista a lo que explicó Brito Figueroa desde la óptica socialista. La poesía de Aquiles, quien vivió y murió siendo ñángara, es un argumento en sí misma. En fin, el debate intelectual se da a través de las obras de cada autor. Ellas lograrán o no convencer a la gente. En cambio, reunirse en un auditorio para insultarse, no creo que tenga mayor relevancia.

–En tiempos de Revolución han surgido sellos estatales nuevos, como El perro y la rana, pero alguna gente, conocedora del tema, advierte que se han menoscabado logros importantes de la IV República en el campo editorial, como la Biblioteca Ayacucho y Monte Ávila Editores. ¿Usted qué cree?

-Bueno, tanto la Biblioteca Ayacucho como Monte Ávila siguen funcionando, aunque con menos producción por la crisis del papel y los insumos. Pero, en términos globales, el crecimiento de las iniciativas editoriales ha sido bestial. Ha habido momentos en que se editaba más de un título diario. En líneas generales, el balance es positivo. Lo que pasa es que cuando un sector se amplía mucho, paradójicamente, genera un atasco. Al multiplicarse las posibilidades de editar, infinidad de gente acude con sus manuscritos y se forman colas muy largas. Es una situación parecida a la crisis eléctrica. Venezuela es uno de los países de mayor consumo tiene en kilovatios-hora y la electricidad cubre 95% de la población. Es más fácil que haya una crisis eléctrica en Venezuela que en un país en el que nada más el 30% de la población tenga servicio de luz eléctrica. Al ampliarse las posibilidades de impresión y distribución de libros, aumenta también el número de obras que sus autores esperan publicar. La multiplicación de títulos y de tendencias ha sido sumamente grande. Yo creo que existe una magia mediante la cual cada libro llega al lector que lo necesita, sea por azar, por oportunidad o por necesidad maravillosa, pero es obvio que multiplicando la cantidad de libros se ha facilitado que exista ese encuentro.

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