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200 años de Frankestein

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luis britto monstruos

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Cuatro inteligentes monstruos se reúnen en 1816 a orillas del lago de Ginebra en la villa Diodati para disfrutar un verano de juegos neuróticos y creaciones poéticas. No son la mejor compañía el narcisista e incestuoso Lord Byron, su tímido médico Polidori, el enervado poeta Percy Shelley y su amante María Wollstonecraft Godwin, atormentada por la reciente pérdida de una hija prematura. Querrían hacer frívolas excursiones para huir los unos de los otros; pero el año anterior ha reventado el volcán Tambora en Indonesia: durante los tres años inmediatos un velo de ceniza oscurece el sol, el atroz invierno se prolonga indefinidamente, se pierden las cosechas y centenares de miles de campesinos se ven reducidos a comer pasto y buscar refugio en las ciudades, donde son rechazados por la violencia. Como los convidados en El Angel Exterminador de Buñuel, los cuatro neuróticos están condenados a la mutua compañía.

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Llueve Soberanía

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- Malos tiempos corren para el panamericanismo, la estrategia de Estados Unidos para dominar América Latina y el Caribe mediante organizaciones subsidiadas como la Unión Panamericana desde 1899 y la OEA desde 1948.

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Bachacos Matavotos

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Le habla uno a los políticos de salvar soberanía, socialismo o integración latinoamericana, y es como si oyeran llover.

Hay que hablarles de votos, el único lenguaje que entienden, pero que quizá no terminan de comprender.

¿Cuántos votos cuesta cada producto subsidiado que el gobierno con gran sacrificio pone en el mercado a precio solidario y el bachaco caníbal  revende o exporta a diez o veinte veces su valor?
Supongamos que un voto, aunque un envase de leche regulado a 70 bolívares y revendido a 2.000 bien pudiera costar todos los de una familia extensa.

¿Cuántos productos acapara diariamente un bachaquero, impidiendo que puedan llegar al pueblo, al cual están destinados?
Digamos conservadoramente que diez, aunque hay bachacos artesanales que salen de cada cola con paquetes más grandes que ellos.

¿Cuántos son los bachacos?
Ninguna cifra oficial los cuantifica: sabemos que  hay megabachacos que  desaparecen 60.000 millones de dólares preferenciales, bachacos medios con gandolas que exportan gasolina y galpones donde se pudren millones de huevos, y bachaquera de hormiguero que expulsa a golpes a cuanto ciudadano intenta entrar en las colas que ellos fabrican. Una encuesta informal nos lleva a redondear una cifra de 300.000.

¿Cuál es su calendario laboral?
Con márgenes de beneficio que superan de lejos los del narcotráfico, bachaco no descansa: destruye al país 365 días al año.

¿Y qué?
-Si cada producto bachaqueado cuesta un voto, 3.000.000  de productos bachaqueados por día durante 365 días matan 1.095.000.000 votos al año.

Pero, ¿no vale la pena conservar el voto bachaco?
-Perdón, ni un solo bachaco votará jamás a favor del socialismo que le permite destruirlo. Digamos que son 1.098.000.000 votos difuntos.

¿Qué se hace contra los bachacos?
Nada. Hasta ahora sólo tres gremios ejercían solidaridad automática, se consideraban por encima de toda ley y podían contar con la impunidad: millonarios,  comunicadores y motorizados. Ahora a los bachacos no sólo no se los castiga: se los premia.

¿Pero no satisfacen una necesidad?
Desde luego. La cadena que va desde el megabachaco que devora dólares preferenciales al galponero y al montacolas no debe ser interrumpida: es la soga que debe ponerse al cuello todo aquél que desee perder el poder.

Bueno, pero  eso será por un ratico.

Pescuezo no retoña, y país devorado por bachacos menos.

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La planta insolente de la OEA

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oea planta insolente

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Sólo en una oportunidad la oposición se había rebajado a solicitar explícitamente una intervención contra su propio país. En 1902, tras ser derrotada estruendosamente en la revuelta de caudillos mal llamada “Libertadora”, la oposición promovió una intervención de Inglaterra, Alemania e Italia, que con 15 acorazados bloquearon y bombardearon Venezuela. “La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria”, proclamó el presidente Cipriano Castro, y a su llamado, todo el país, como un bloque, incluido el doctor José Gregorio Hernández, se alistó para resistir. Los acorazados levaron anclas. Es el tema de una película de Román Chalbaud, sin estrenar hace tres años porque faltan unas divisas para pagar los efectos especiales.

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¿Los venezolanos somos perezosos?

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MISHA GORDIN 19

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Según los que viven de nuestro trabajo, sí. Durante la Conquista, Fray Tomás Ortiz llama a los indígenas “haraganes, ladrones, mentirosos”;  Gonzalo Fernández de Oviedo jura que  “muchos dellos, por su pasatiempo, se mataron con ponzoña por no trabajar, y otros se mataron por sus propias manos”. Hacia 1888 La francesa Jeny de Tallenay sostiene que “el indígena es inteligente, pero perezoso”, el jurista Núñez de Cáceres, que el indígena es “naturalmente perezoso”. Todavía en 1988 afirma Arturo Ochoa Benítez  que “el venezolano no ha aprendido que el trabajo es un elemento necesario (…) El no haber aprendido a trabajar ni a valorar el trabajo lo ha conducido al facilismo”. Cría fama, y échate a dormir.

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Britto García: "Es necesaria la acción del Estado para importar directamente, controlar y sancionar"

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Alimentos-acaparados

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Insisto en comentar los medulares trabajos de Pascualina Curcio Curcio, que no han sido tan divulgados como lo merecen. Sobre la escasez actual de bienes básicos mienten ciertos medios privados que se debería a la falta de otorgamiento de divisas preferenciales para la importación, y al control de precios, que impediría a los capitalistas obtener las exorbitantes ganancias que merecen.

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