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MEMORIA LIBRE - La última decisión de Maduro

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Como Presidente, claro está. Respetuosamente, le deseamos a Nicolás Maduro una vida larga y saludable. Pero el desafío para que permanezca en el gobierno parece insuperable. La dramática situación económica del país parece empujarnos, como ha ocurrido antes, a la búsqueda de una salida rápida a través del cambio de Presidente.

La oposición tiene la iniciativa electoral. Quieren un referendum revocatorio. Este no ha ocurrido y, al parecer, no ocurrirá antes del 2017 debido a un trámite burocrático. Hay normas para regular los tiempos del proceso y la verificación de las condiciones y, desde luego, el gobierno insiste ahora en cumplirlas a cabalidad. Un referendum en el 2017 tendrá efectos muy distintos a uno en el 2016 porque, también por diseño legal, y en este caso constitucional, el correspondiente sucesor presidencial provendría de bandos distintos en cada escenario. Ahora sería el Presidente de la Asamblea Nacional, con un mandato para convocar elecciones en breve. Entonces sería el VicePresidente del Gobierno con la indicación de completar el mandato original de Maduro.

Desde luego, la oposición ha puesto el grito al cielo contra esa burocracia. Son normas que ellos siempre conocieron y si no las han aprovechado se debe, seguramente, a su propia burocracia interna. Es, además, sumamente sospechoso (de incapacidad) que no hayan aprovechado el empuje de una gran marcha para convocar a acciones de presión más contundentes, a menos claro que hayan comenzado a reconocer que no podrán con la burocracia o que su contundencia solo proviene de la violencia y esta esté comenzando a ser contraproducente.

En cualquier caso, la revolución peca contra su propio credo al esconderse tras la burocracia. Pierde la iniciativa electoral y, en las actuales circunstancias, será difícil que la recupere. Uno habría querido una consulta, no sobre quién preside el gobierno (¿Cuándo superaremos el presidencialismo?) sino sobre cuál modelo económico queremos. Es decir, una consulta menos pasional y menos animosa y más racional y generadora de sentido común: ¿Quiere este país una economía de libre mercado sin regulación alguna o una economía regulada?. ¿No es esa una pregunta válida? ¿Ingenua? ¿Acaso no podríamos resolver el conflicto en las urnas?. ¿Acaso esa pregunta no nos obligaría a mirar lo que realmente importa?.

Parece que seguimos atrapados en la “contingencia”. Y, entretanto, nos desbarrancamos por un abismo económico que nos transforma en una sociedad de depredadores que no pierden chance para “producir”, dinero desde luego, a costa de cualquier mecanismo de regulación que se instale para proteger a los que tienen menos. Si nos preguntáramos por eso abiertamente en una elección y la mayoría favoreciera aquella respuesta, uno podría asumirla como parte del juego democrático. Pero que nos empujen en esa dirección de cualquier otra manera, no es democrático.

La “contigencia” sin embargo, parece demasiado regular ahora. Hemos regresado al país de la carrera inflacionaria en el que el dinero no alcanza a muchos, pero a otros les sobra porque se genera a sí mismo. Un país de los dueños del capital que no proviene de producir, sino de captar la renta.

El gobierno alega que eso se acabó porque ya no hay renta que captar. Pero el petróleo sigue vendiéndose y no a los precios más bajos de nuestra historia. Además, tenemos otras “iniciativas” extractivas complementarias, como arco minero. Si de verdad estuvieramos superando el rentismo, arco minero no estaría en el menú. Es una respuesta desesperada, pero es la respuesta de siempre.

Y podemos incluso modelar este sistema que no es contigente sino que es el mismo de siempre. Seguiremos teniendo una sociedad rentista y la burocracia que la sostiene. En un ejercicio académico, hicimos esta caracterización de un país inflacionario:

“Un país inflacionario es un buen lugar para endeudarse. La inflación devora los ahorros, pero también las deudas, en el corto plazo. Una cantidad depositada gana intereses que suelen ser menores que el ritmo de la inflación, con lo cual el saldo neto es pérdida. Por esa razón, es preferible no acumular dinero sino bienes materiales o deudas. El ritmo inflacionario hará que, en mediano plazo, el ingreso sea ajustado. Por lo tanto, cualquier deuda pendiente se volverá despreciable”. Graficamente:

Si hay inflación entonces desaparecen los ahorros.

Si desaparecen los ahorros entonces compras y hay deudas.

Si hay deudas e inflación entonces hay ajuste de ingreso.

Si hay ajuste de ingreso entonces desaparecen las deudas.

Si hay inflación entonces desaparecen las deudas.

Es una caracterización parcial y desafía eso que llamaríamos sentido común de un economista liberal. Por ejemplo, no incluye la cacareada “verdad económica” según la cual todo ajuste de ingreso (e.g. aumento de salario) “causa” inflación. Pero tampoco la contradice. De hecho, la única contradicción que se perfila es una supuesta entre las deudas que se adquieren y las que desaparecen. Pero se debe tener presente que las deudas no se cancelan con la inflación. Solo se vuelven despreciables. Es un aspecto de la dinámica que es sutil, pero es real y verificable. Aquel préstamo que significaba un 20% de sus ingresos cada mes pasa, luego de un ajuste desesperado del gobierno, a ser un 2% de sus ingresos. Realmente no es muy sutil.

Esto explica que parezca haber un acuerdo entre los dos extremos para no hacer nada contra la inflación. Tanto los inconscientes del furtivo Dolar Today, como los incapaces del gobierno, que imprimen más billetes, salen beneficiados. Es un mecanismo para que los que adquieren bienes en este país, los paguen más fácilmente. Esa es la causa de que, en toda nuestra historia petrolera, sigamos siendo un país inflacionario. El sistema solo amenaza con quebrarse cuando, como bien señalaban algunos alumnos despiertos al leer el modelo anterior, el ajuste del ingreso definitivamente no alcanza la inflación. Esa es la situación actual en la que, para sobrevivir, uno tiene que defender ese viejo modelo de auto-estafa nacional rogando por un aumento porque el salario no alcanza.

Hay mas evidencia de que la Revolución ya no defiende la transformación esencial. Los que están en el gobierno han aprendido a jugar el juego de siempre: burocracia para sostener el status quo. Eso a su vez explica que las instituciones públicas se petrifiquen, como una CANTV que juega con las tarifas y sus servicios, pero no dispone un sistema de reclamos (tiene un sistema pero no sirve), o una Corpoelec que olvidó de inmediato todas las lecciones aprendidas este año con la programación y notificación de cortes y racionamientos y, vuelve como siempre, a lasuspensiónarbitraria y sin explicación, o una policía nacional bolivariana que adoptó el viejo modelo de las alcabalas móviles permanentes que, todos sabemos, solo sirven para una cosa: matraquear.

Remembranza

Si desean una lista más larga, les invitamos a revisar las memorias previas. Por lo pronto, permítannos una descarga: a los opositores que nos convocan a luchar contra la burocracia electoral, ¿donde estaban Uds cuando los convocábamos contra todas las otras burocracias y su máquina inflacionaria?. “Produciendo” dinero, seguram

Lamentaría informarles, aunque no mucho, que si no consiguen doblegar el brazo burocrático y hacer ese referendum este año, les espera un juego muy frustrante. Podrán usar las elecciones regionales para ventilar el descontento y ganar una tajada mayor de la burocracia. Pero, si van por un referendum en el 2017, el Presidente podría ejercer su atribución constitucional y designar a un nuevo Vicepresidente. El Profesor Aristóbulo Isturiz es un hombre respetado por el país. Es un gran logro suyo haberse granjeado ese respeto, en contra de aquella vieja sociedad racista. Pero la revolución va a necesitar un hombre que convoque pasiones para tener algún chance de superar el declive electoral.

Diosdado Cabello puede ser ese hombre. Nicolás Maduro bien puede designarlo como vicepresidente antes del referendum 2017 y, entonces, los opositores tendrían que escoger entre apoyar a Nicolás, a Diosdado o abstenerse. Jaque Mate.

 


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