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[MEMORIA LIBRE] - Mujeres al trote CLAPS

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¿Cual es la Ciencia del Comité Local de Abastecimiento y Producción Socialista (CLAPS)? Con esa pregunta en mente, intentemos describir una de las miles de operaciones de los CLAPS que se realizan en estos tiempos de guerra económica en Venezuela. Es un recuento desordenado de una experiencia CLAPS vista de cerca, pero en tercera persona.


Tres mujeres, líderes de un CLAPS urbano con más de 360 familias organizadas en 4 rutas de distribución. El equipo es más grande, desde luego, pero no supera las 20 personas, lo cual tampoco dice mucho porque la teoría CLAPS falla en contemplar que estas operaciones no pueden depender de la contribución voluntaria de tiempo ocioso. Todas estas personas ocupan todo su tiempo laboral cuando ayudan al CLAPS deben dejar de hacer lo que regularmente hacen para ganarse la vida y para cuidar a sus familias. Los CLAPS no se hacen sobre tiempo ocioso. Un detalle conceptual, claro está, pero seguro será de valor científico algún día.

Volvamos con las tres mujeres. Será imposible hacerles justicia con una descripción de su complejidad. Podría, inclusive, escapársenos algún calificativo patriarcal que resultaría, además, insultante. Así que permitan por favor, una descripción reducida: Una de ellas es una guerrera, militante irreductible con un temperamento de fuego. Otra es una jefa natural, controladora y organizada. La tercera es una pensadora cuidadosa, disciplinada y sumamente devota.

Fuerza, Control y Devoción coordinan un CLAPS que debe distribuir más de 300 bolsas de comida entre  esas 360 familias, en apenas 4 días para toda la “operación”. La operación comienza con la recolección del dinero para pagar por la bolsa. Desde luego, eso depende del censo previo de la familias. No es una cuenta simple. Serán 5000 bs por bolsa (son bolsas, no cajas).

Desde el momento en el que son informados, las y los convocados tienen menos de 24 horas para entregar el pago por cada bolsa. Son horas de tensión mientras recolectan más de un millón de bolívares resguardados en casas particulares y apenas con la protección de los vecinos. Pero el dinero comienza a llegar. A poco de tener que cerrar el plazo, se vuelve aparente que no llegará todo el dinero para las 360 bolsas. Deben depositar pronto para garantizar el despacho 24 horas más tarde.
Con cerca de 1.100.000 bolívares, van al banco con el primer depósito. Las recibe una enorme cola.  En el banco estaba otra compañera haciendo la cola 4 horas antes. Otros CLAPS depositaban y hasta las 2 pm recibían depósitos. Los miembros de los otros CLAPS ayudan, proporcionando el número de cuenta, que tampoco llegó en su momento, y otros consejos para evitar complicaciones. Cuando finalmente toca su turno en taquilla, la cajera les exige que los billetes deben venir empaquetados y con suficientes ligas. Una de la tres va por más ligas. No permitirán que ese ridículo gesto de desprecio bancario las intimide.

Logran hacer el primer depósito.  Pero el estado mayor parroquial redujo el tiempo y produjo información inadecuada y confusa que les hizo perder aún más tiempo. Así que para entonces ya es seguro que no recogerán el dinero para asegurar el resto del envío.  Algunos vecinos no se dan por aludidos. Otros obviamente no tienen el dinero. ¿Cómo decirles que el tiempo se acabó y ya no podrán comprar la bolsa, si llegan unos pocos minutos tarde, quien sabe si después de haber hecho milagros para conseguir el monto?.
Este es un momento para un evento que seguramente pasará desapercibido para la gran máquina de guerra. La guerrera decide que esas otras bolsas se deben comprar y que ella conseguirá el dinero en préstamo. Nadie debe perder la oportunidad de la bolsa. No es un préstamo real, como esos con intereses que nos enseñan y luego obligan a cobrar. Tampoco es una “inversión” porque ella no recibirá ningún beneficio. Solo se está arriesgando, por compromiso colectivo, a perder su dinero, como veremos.

Permitan un dato adicional, captado por mera coincidencia. Resulta que el dinero que consigue la guerrera son sus ahorros puntuales (¿quien puede ahorrar realmente con esta inflación?) destinados a comprar una lavadora para su pequeña familia que depende de ella. Es una cantidad significativa para cualquier asalariado regular. Pero la Guerrera insiste en usarlo y logra pagar, en medio de una de esas curiosas tormentas de fallas bancarias, la cantidad necesaria para comprar todas las bolsas que debían.

Al dia siguiente, el tercero, salen temprano a buscar las bolsas a un punto muy distante. Ellas mismas y otras pocas cargan los dos camiones, cuyo flete es pagado en el sitio. Los camiones arriban esa misma noche al lugar de residencia de una de ellas. Una improvisada brigada de 9 hombres, incluyendo a 4   estudiantes de la UNES, se encarga de descargar casi 7 toneladas de alimentos y ordenarlas en un pequeño apartamento en menos de 1 hora. La bolsa va a incluir: 4 kg de pastas, 2 lt de leche líquida larga duración, 4 kg de arroz, 1 kg de azúcar, 1 kg sal, 4 kg de harina de maíz y 2 lt de aceite. Es una súper bolsa, más pesada que la caja CLAPS importada desde México.

Al amanecer del 4to día, comienza el empaquetado de las bolsas. A media mañana comienza el despacho casa por casa. Devoción ha hecho un increíble trabajo con el censo y logra ubicar el 100% de las bolsas a su cargo, casa por casa. Pero otras rutas no tienen ese perfil. Algunas personas deciden ir directamente al pequeño apartamento convertido en centro de acopio.
No salió muy bien. Las personas haciendo cola y el empaquetado en simultáneo con la entrega hacen que la operación se complique en el poco espacio disponible. Se entregan bolsas sin que el beneficiario o beneficiaria entregue allí mismo el ticket que recibió al hacer el pago. Hay un riesgo claro de que en esta confusión no se recupere el aporte generoso de la Guerrera. Fue preciso dispersar la cola reiterando el compromiso del casa por casa que demanda todavía más esfuerzo del equipo.

Por si esas fuentes de angustia y el cansancio tras 4 días de trabajo no fuesen suficientes, también ocurren actos de deslealtad vecinal. En la entrega casa por casa, una vecina recibe su bolsa transparente en la puerta de su casa, firma recibido, lleva su bolsa adentro y regresa poco después reclamando a gritos que le han robado su harina de maíz. La despachadora trata de explicarle que la harina (4 paquetes) estaba en la bolsa que recibió y que no se desarmó durante el transporte. Pero ella insiste que no. El asunto se resuelve, justo al borde, porque le despachador adjunto, en lugar de la fotografía que toman con su celular en cada entrega, hizo un video y dió chance para observar claramente los 4 paquetes al momento de entregar la bolsa. La vecina jugaba al drama para conseguir más harina de maíz (o deshonrar al CLAPS).

Llega el quinto día de la operación. Todavía no se han entregado todas la bolsas. Se consolida el miedo por la seguridad del improvisado almacén. No es una operación simple. No tenían experiencia. No hubo preparación. Hay poca información, muchas limitaciones y poco tiempo. Pero lo lograron.

Remembranza

La operación CLAPS es una acción de guerra. El trote CLAPS es paso de guerra. Esto debe estar claro para todas y todos a bordo. Lo está para quienes se oponen.

Quizás no sea muy objetivo, pero lo que provoca decir de esta operación CLAPS es que estas mujeres son capaces de cualquier cosa. Fuerza, Control y Devoción es justamente lo necesario para enfrentar la tarea de producción, la todavía pendiente P en el CLAPS.  Lo único que realmente las amenaza es la ruptura interna, el quiebre de sus filas, cosa que, a su vez, puede ocurrir debido a una serie insoportable de fallas externas (como la acumulación de deslealtades o la falta de instrucciones claras y apoyo oportuno).

La operación CLAPS tiene un beneficio fundamental que debe ser destacado: es inspiradora. En medio de todas las dificultades combinadas, con la oposición empoderada desde afuera y haciendo todo lo que puede por trancar el sistema, una universidad pública dedicada a la fragua de más golpes contra lo público, el fuego “amigo” de algunos grupos desenfocados, con actos de violencia, que defienden raros privilegios con banderas de izquierda como “no a la privatización” y el arma nuclear de la oposición: al alicate de los precios indexados a Dolar Today, la operación CLAPS tiene el efecto impresionante de devolver la iniciativa y reconectar el entusiasmo, aún con tantas fallas y carencias. Ojalá no la echen a perder los oportunistas y habladores de pendejadas, quienes creen que politizar es hacer propaganda o repetir consignas o quienes creen que producir es “meter un proyectico” insustancial para que lo financien a ciegas desde Miraflores.  

¿Hemos dicho que el CLAPS es un asunto de mujeres? De ninguna manera. Es un asunto de todas y todos. Hemos dicho que las virtudes de estas mujeres hacen toda la diferencia. Ellas son, como fue el Comandante en su momento, el reservorio de dignidad y nobleza necesario para rescatar a este país de esta locura de la economía salvaje.

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