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[MEMORIA LIBRE] - ¿Dictadura?

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Tributo a Victor Jara y a todas las víctimas de Dictaduras

Tengo que responder en menos de 1500 palabras. No será fácil. Una dictadura es un régimen de gobierno en el que unas pocas personas dictan la conducta de todos los demás. Aparte de los dictadores, nadie más tiene derechos o medios para declarar o defender su opinión o su vida. La dictadura es un régimen totalitario porque todo el poder está concentrado en esos pocos. Dicho eso no se está muy lejos de calificar a una dictadura como un régimen malvado. Pero no es tan simple. Grandes héroes, como el Libertador, han asumido poderes dictatoriales (es decir, fueron dictadores) en algún momento de la historia. Como todo ejército aprende (de una forma u otra), una línea de mando cerrada y estricta (como la de los dictadores) es una estrategia de control muy efectiva en medio de la caótica dinámica de una guerra. Si los soldados tuvieran que elegir quien decide ahora en medio de la batalla, probablemente, la demora, les costaría la vida. Hay sociedades completas, como la Estadounidense, que tienen esa lección a flor de piel y frente al conflicto se pliegan estrictamente a las órdenes del líder de turno, quien puede entonces actuar dictatorialmente. George W. Bush y su Padre son un buen ejemplo. Y también hay ideologías que defienden esa forma de gobierno en algún momento o por alguna razón: Marx predijo que, en la transición hacia el Comunismo, las sociedades socialistas pasarían por la “dictadura del proletario”, etapa en la que el proletariado, la clase obrera, representada por su único partido, tomaría todas las decisiones como en tiempos de guerra. Esa es la justificación para tener un solo partido en algunos regímenes socialistas del mundo, como Cuba y China. Pero fue también la excusa usada por uno de los más grandes dictadores de la historia: I. Stalin, para hacerse de todo el poder y permitirse toda clase de atrocidades. Aunque, hay que decirlo, Stalin fue artífice de la derrota del más grande dictador de la historia moderna: el racista Adolfo Hitler. Al parecer, para ocultar una dictadura ayuda enfrentar a otra. También se acusa de dictador a Mao Tse Tung, el gran timonel Chino y, por supuesto, a Fidel Castro. Pero cualquier examinación seria muestra la gran distancia de estos maestros respecto a aquellos tiranos. Por otro lado, pero también entre las ideologías, la Iglesia Católica Romana designa a El Pontífice, es decir, “El” puente entre Dios y los hombres, que es, según ellos, infalible: no puede equivocarse. Eso no significa que todo Papa sea un dictador, pero seguramente lo hace más fácil si alguno quiere serlo. Lo cual nos ubica en ese lado de la historia de los hombres y mujeres que conducen a su antojo naciones enteras por designio divino: los reinos con reyes y reinas. Todavía quedan unos cuantos. Algunos se disfrazan de democracia diciendo que son una monarquía “constitucional”, con un parlamento electo que designa a un primer ministro, jefe del ejecutivo. Pero el jefe de Estado sigue siendo el Monarca. Solo él o ella y su descendencia tienen ese derecho. Hace muchos años, en una de esas conversaciones de almuerzo, discutía con un ilustrado amigo quien disparó a quemarropas la frase: “Fidel es un asesino”, solo porque según él, era el dictador de Cuba (un país con la penal capital, hay que decirlo).  Alcancé a decir que si matar es el criterio, la entonces saliente Primera Ministra Británica, Margaret Thatcher, se merecía el título de dictadora (mucho menos elocuente que el de Dama de Hierro) solo por enviar a la Armada Británica, cargada con armas nucleares, a destrozar argentinos en las Malvinas. Después me pregunté si ese título lo disputaría su majestad la Reina Isabel o si ella solo seguiría siendo una façade de dictadora. Esto nos puede servir para revisar los criterios “modernos” para decidir si un régimen es una dictadura (y sus líderes los dictadores): que haya elecciones parecer ser uno muy contundente. Si no hay manera de elegir a otro u otra, debe ser una dictadura. Eso deja muy mal parada a la Reina Isabel y a los otros reyes modernos, pero parecer ser característico del modelo aceptado y aceptable de República. A Hugo Rafael Chávez Frías se lo ha acusado de dictador manipulando esa razón: no hubo forma de que su oposición le ganara una elección presidencial. Pero no es que no hubiese elecciones. Es que ganó todas las presidenciales. Tampoco es que no pudiera perder. Perdió una consulta sobre la reforma constitucional. Pero la reforma constituyente, que él mismo promovió, dió origen a una dinámica mucho más intensa de consultas electorales, incluyendo la figura de referendum para sacar del mandato a un líder que no tuviese apoyo popular. Chávez ganó 12 de 13 consultas en menos de 15 años, todas con participación mayoritaria del electorado. A menos que borren toda esa memoria histórica (cosa que es posible si algún dictador se hace del gobierno de todas las mentes), no hay manera de calificar al Comandante como dictador. Con Chávez, en Venezuela hubo “exceso de democracia” como dijo ese otro gran líder popular, Presidente de Brasil, L. I. Lula Da Silva. Pero, al parecer, tampoco es suficiente. “Hitler también ganó elecciones”, me espetó una joven opositora, muy molesta después del último triunfo de Chávez en el 2012. “En este país no hay separación de poderes”, insistió, ya entonces. Si permiten una impresión no verificada, parecía más una molestia porque en este país no hay “repartición” de poderes: es decir, que a cada quien le toque un pedazo del que pueda disponer a voluntad. Es decir, según ellos, no sería una dictadura si tuvieramos millones o, quizás, solo miles o cientos de dictadorcitas y dictadorcitos.  Un país de propietarios en el que cada quien haga lo que le dé la gana con su dominio. Las “cosas comunes” como semáforos, hospitales y escuelas para los pobres, las haría un gobierno muy mínimo que escogeríamos en una rumba electoral cada 4 o 6 años. Otras decisiones “que no deben ser públicas”, como por ejemplo, la tasa de cambio de nuestra moneda respecto a las de mundo, las tomaría una especie de concilio virtual de propietarios en donde cada uno tendría un peso de participación proporcional al valor de sus propiedades. ¿Será posible? Plutocracia es el término que designa un sistema así. Se parece a la palabra Democracia salvo porque la palabra que designa a los comunes, el pueblo (Demo, del griego δημο) ha sido reemplazada por la que designa a los ricos ( πλουτο, Ploutus, significa riqueza en Griego). ¿Una plutocracia es una dictadura?.

Remembranza
¿Quién gobierna a Venezuela? Nicolás Maduro dice que él y la oposición dice que solo él y sus acólitos. Parecen estar de acuerdo. Pero Maduro no ha podido influir en forma significativa sobre la tasa de cambio real de la moneda durante sus 4 años de mandato. El resultado ha sido una economía forajida con una inflación incontenible que destroza los salarios y que tuvo el efecto, con el que también concuerdan todos, de quitarle el favor electoral a su gobierno lo que, a su vez, llevó a su partido y aliados a perder las elecciones de la Asamblea Legislativa en diciembre de 2015.  La incapacidad de Maduro para lidiar con ese efecto económico es particularmente notoria porque ese fue justamente el objetivo de gobierno que él escogío, luego de tener que asumir la presidencia en las difíciles condiciones tras la sospechosa enfermedad y muerte del Comandante Chávez. Su mejor alegato es que se enfrenta contra el Imperio norteamericano y sus lacayos locales que intentan, con sus manipulaciones económicas y mediáticas, convertir a Venezuela en una Plutocracia. Pero aquella no es su única pata coja, aunque sea fundamental. La inseguridad, es decir el crimen común, está a pedir de boca. Los robos de cosas menudas, como los celulares por ejemplo, son cosa de todos los días, quizás porque son extremadamente redituables y no hay sistema policial o judicial que los contenga. Muchos historiadores se resistirían a calificar como régimen totalitario a uno que no puede contener a unos malandros de calle. Claro está, no todo el electorado estudia historia (aunque los profesores de castellano los obliguen, de niños, a leer “Se llamaba SN”). Pero ni siquiera es esa la última debilidad del Gobierno de Maduro. Mucho del éxito político de su predecesor se puede atribuir a las respuestas en salud: Misión Barrio Adentro. Maduro trata de cabalgar la idea insistiendo en planes como 100% cobertura para esa misión. Pero es una ilusión que se desvanece al advertir que en un país que acaba de perder a un querido Presidente por culpa de un cáncer, NO HAY, en este momento, ni un solo centro de radioterapia público (es decir, como un derecho que contempla la constitución) operativo para que Jacinto Dávila, hombre de pueblo, quien no pudo pagar una de esas primas superinfladas por un seguro médico, pueda enfrentar la terrible enfermedad. Quiero una Patria que razone y resuelva esas debilidades. ¿Ustedes no?

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