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[MEMORIA LIBRE] - ¿Quién le teme a la Constituyente?

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ChavezConst

¿Qué puede resolver la Constituyente?. Todo. En los asuntos humanos de esta Patria, desde luego. El proceso constituyente produce el texto del contrato social que nos define como nación y que queda grabado en la Constitución. Allí puede quedar establecido qué queremos hacer de este país y de nosotros. Es una gran declaración de intención que dice qué queremos, mucho antes de decir cómo lo lograremos, detalles que suelen quedar relegados a las leyes de menor rango y que realmente no sería necesario definir si el sentido común sirviera.

Pero el poder de resolverlo todo no proviene de su condición de contrato solamente. Proviene de las causas de esta crisis. Lo que sufrimos hoy y hemos sufrido durante los últimos 5 años es un proceso de sabotaje sistemático del Estado, orquestado con la intención de desmontarlo o cuando menos conquistarlo para una parcialidad político-económica: la del libre mercado. Eso no es nuevo. Pero los métodos lo son aún menos. Son las mismas estrategias usadas en la Venezuela rentista de la cuarta república que terminó quebrada y corrompida: un mecanismo complejo y oscuro para la propiciar la inflación que desvaloriza la economía nacional y promueve el fraude extractor de renta por la vía de la divisa en fuga. Venezuela ha sido un país de alta inflación en toda su historia contemporánea porque nunca supimos diseñar mecanismos sanos para producir y distribuir renta en esa economía capitalista que heredamos y que muchos consideran todavía un destino inescapable. Una maraña de trampas y tramposos hipócritas termina siempre drenando el valor del dinero en favor de unos pocos. Y este maldito problema es común a la cuarta y a la quinta República. El Comandate Chávez apenas pudo atajarlo, con la ayuda del ingreso petrolero. Maduro no ha podido.

Poner el modelo económico del país sobre la mesa constituyente no debería fallar como estrategia para resolver ese problema. Todos los puntos de vistas sobre la innegable realidad de una economía aplastada, en la que las y los ciudadanos apenas pueden cubrir sus gastos de vida, a pesar de una dinámica establecida de ajustes salariales recurrentes y de un sistema de control de precios de la canasta básica. ¿Cómo lo resolvemos? ¿Aboliendo todos los controles?. ¿Controlando mejor?. ¿Alguna otra combinación?. ¿Hablamos de Dolar Today? ¿Hablamos de la economía que queremos como nación?

Ese es el tipo de discusión y eventual acuerdo que terminaría con la guerra económica. Maduro pudo invocar el acuerdo antes y con otro mecanismo constitucional (el referendum). La Asamblea Nacional pudo proponerlo. Algunos de la bancada mayoritaria lo propusieron. Pero nos hicieron jugar a que los políticos podrían representar el problema y fallaron miserablemente (algunos muy a propósito). Ahora, habiendo llegado a la situación en la que los poderes instituidos no se ponen de acuerdo y declaran la guerra, tenemos una situación para la constituyente.

¿Para cambiar qué?, seguro alguien volverá a preguntar. Ocurrió también antes de la constituyente de 1999: muchas personas, en el medio académico, insistían que ya todos los derechos estaban claramente establecidos y que no hacía falta cambiar ni una letra constitucional. Se equivocaron y se equivocan ahora. Todos los documentos humanos son perfectibles. La Bolivariana es, ciertamente, un gran avance en muchos aspectos, pero puede ser mejorada, particularmente para plantear aquellos derechos y deberes económicos que nos protegerían de guerras como la que nos tortura ahora.

Pero será muy difícil, como ocurrió con la propuesta de Reforma del Comandante, contener el afán perfeccionista por un lado y el miedo por el otro, con lo que se incrementará la tensión y la dificultad para ponerse de acuerdo. No será un proceso fácil. Así como todo se puede resolver, también todo se puede terminar de dañar.

Sin embargo, esas situaciones al borde son exactamente los mejores escenarios para exhibir los principios fundamentales. Si alguien nos pidiera señalar ese concepto esencial que no está en la Boliviariana y que esta nación requiere señalaríamos este: Gobierno Abierto.

Un gobierno abierto es uno que se deja auditar, de verdad, por su sociedad. Si esta nación se sacudiera el secretismo, el control de la información de Estado por parte de intereses particulares, se sacudiría también el amiguismo, el compadrazgo y el privilegio injusto. Si esta nación se permitiera recoger y resguardar sus datos y ofrecerlos abiertos y con libertad y respeto a todas y todos, todos y todas podríamos aprender de nosotros mismos y corregir nuestros defectos. Nos obligaría a diseñar métodos para asignar la mejor persona para cada tarea. La transparencia es la base de Justicia. La Justicia es ciega, pero no todos los demás lo somos.

No es un concepto trivial. Es objeto de manipulación. Por ejemplo, no se trata de que ventilar todo secreto personal. Todo lo contrario. Un gobierno abierto, porque entiende el valor de los datos, protege celosamente los datos personales de los ciudadanos, incluyendo a los funcionarios. Pero recoge y abre, es decir, muestra a todas y todos, los datos de la actividad institucional pública para que el pueblo pueda auditarla y controlarla con justicia. Para mencionar solo un caso, si supieramos como otorga CADIVI/Cencoex las divisas, el poder especulativo de Dolar Today quedaría muy disminuido. Si supieramos qué, cómo, cuándo y quienes realizan cada tarea, escoger las o los mejores ejecutores sería más fácil.

Todo eso es tecnológicamente posible. Solo se requiere asumirlo como intención nacional. Es decir, constitucionalizarlo.

Remembranza

Lamentablemente, la situación se ha deteriorado en extremo. A diferencia de otras épocas, la capacidad de magnificación de efectos y de propagación del odio y del rechazo que poseen los medios de comunicación de la oposición, redes sociales incluidas, es gigantesca. Han logrado sembrar en el imaginario de buena parte de la población la convicción de que esta es una dictadura y que los partidarios del gobierno son criminales que no merecen consideración alguna. Solo eso explica la furia en las confrontaciones y la insidia en el mensaje dirigido a los más jóvenes.

Nada de lo que podamos decir ahora será suficiente para honrar a las víctimas y consolar a las familias. Pero uno no puede dejar de denunciar la evidencia de que se trata de una masiva operación de manipulación dirigida a hacernos creer que podemos resolver con violencia lo que no hemos siquiera discutido en paz. Verdad, Perdón, Confianza son palabras muy difíciles de asimilar cuando el Dolor y la Rabia se imponen. Esa es la diferencia entre la Vida y la Muerte para las y los homo sapiens sapiens.

No obstante, el Presidente tiene que ir por la confianza. Necesita tomar medidas más efectivas para paliar la crisis. Para comenzar, necesita librar a la constituyente de ser recibida como una táctica dilatoría para que su gobierno entregue el poder cuando está diseñada justamente para lo contrario. Un gobierno que invoca una constituyente está cediendo su poder. Debemos tener elecciones regionales en corto plazo. Y, desde luego, El Presidente debe insistir en que se apegará al dictamen constitucional transfieriendo el poder a la Asamblea Constituyente tal como ya declaró solemnemente.

No será fácil para la Izquierda. La tradición marxista no ayuda con sus predicciones deterministas. Los cuadros que ahora dirigen no se conectan muy bien con el pueblo. Nuestra inspiración fundamental vuelve a ser Hugo Chávez: el guerrero que se comprometió a una revolución socialista democrática basada en la consulta regular al pueblo en quien confió plenamente. Ya hemos probado que funciona. Bien, ¿Quién dijo miedo?

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