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[MEMORIA LIBRE] - El Dilema de Juan y la Solución Salomónica

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JuanPiensa

“El Sr. Juan es el presidente de la asociación de vecinos del pueblo. Se trata de una comunidad de agricultores a donde solo se puede llegar en bestia o en 'Jeep'. Tienen entonces el problema de sacar sus cosechas, pues hay que pagar mucho para transportar los productos que serán vendidos en la ciudad. Juan, con otros miembros de la asociación han luchado mucho para conseguir que se arregle la carretera e inclusive han organizado protestas ante el gobernador, por la prensa y por la radio local, pero aún no han conseguido nada. Ante la cercanía de las próximas elecciones, el gobernador le concede una entrevista a Juan en la que le dice que no le convienen los alborotos que Juan está armando, porque está dañando su imagen para la campaña electoral y no hay presupuesto para arreglar la carretera. Entonces, el gobernador propone regalarle a Juan un Jeep nuevo a condición de que no 'alborote más el avispero', es decir, que ni él ni la asociación continuen con sus protestas por la carretera. ¿Debe Juan aceptar el Jeep?”.

Hace cerca de 30 años, un grupo de investigadores de la Universidad de Los Andes, coordinado por la Prof. Lorna Haynes, usó ese corto cuento para plantear el “Dilema de Juan” como una, entre varias herramientas de estudio, de las formas de pensar y de los juicios morales prevalecientes en algunas comunidades campesinas, caficultoras, del Estado Mérida. El dilema se plantea por primera vez con esa pregunta la final, pero no era la única pregunta y, desde luego, lo interesante no era registrar únicamente cada respuesta simple (si o no) sino cada porqué. Otras preguntas iban acompañadas de cambios en el contexto que permitían explorar la sensibilidad de las respuestas de las y los entrevistados. Entre las muchas lecciones aprendidas entonces, una destaca ahora: Al estudiar cómo piensan otros, uno ilumina sus propios pensamientos y creencias.

Invocamos el dilema de Juan acá para proponer un ejercicio reflexivo sobre nuestra forma de pensar política: Que cada uno y una se ponga en el lugar de Juan, se haga la pregunta y su propio análisis de la respuesta. Eso debe ser informativo de nuestras creencias generales sobre el ejercicio político y seguramente iluminará prejuicios y decisiones difíciles.

Pero, y esta es la idea más importante, para caracterizarnos políticamente, con alguna claridad y precisión, un solo dilema no será suficiente. Así que permítanos proponer ir mucho más atrás en la historia de nuestra cultura, para rescatar aquel evento bíblico, narrado en el viejo testamento, en el que el Rey Salomón dirime una disputa entre dos mujeres por un niño que ambas reclaman como suyo[1]. Viendo que ambas mujeres reclamaban contundentemente al niño, Salomón ordena que se use una espada para cortar al niño por mitad y luego dar una parte del cuerpo (muerto, obviamente) a cada reclamante. La mujer que no era la madre, dice la historia, estuvo de acuerdo (“Ni para tí, ni para mí”). La madre, conmovida, humildemente le propuso al Rey que diera el niño a la otra sin hacerle daño. Salomón resolvió así su dilema con toda justicia. El Rey fue compasivo al final. Pero hizo falta que las mujeres creyeran (cuando menos la madre) que realmente iba a hacer lo que propuso.

Hace varias semanas, una amiga, profesora universitaria, me comentaba, mientras recogíamos uno de esos combos CLAP sectoriales que nos permiten rendir el exiguo salario, que su análisis de la situación política nacional es de un irremediable juego trancado. Pero que, mientras las partes se mantienen en conflicto, el gran país sufre un deterioro progresivo de sus condiciones de vida. Opinaba ella que si resulta, como parece, que luego de 4 años de intentos el gobierno no puede convocar la ayuda, aparentemente indispensable, de la oposición para resolver el gran problema económico, quizás lo mejor sería que esos otros asumieran el poder de una buena vez. Quizás así podamos, cuando menos, seguir vivos. Noten, por favor, que esa no es una solución salomónica. En aquella histórica, el mérito salomónico lo tiene la estrategia para hacer surgir la verdad. Esta es una solución generosa que, no obstante, puede terminar muy mal.

Nuestra amiga profesora razonó como la madre auténtica en la historia de Salomón: “que el niño viva, aunque no esté a mi lado”. Pero su propuesta denuncia también una creencia acerca de los políticos: “son capaces de matar al niño antes que cederlo”.

La desconfianza en los políticos o, cuando menos, en la imposibilidad de que cedan ante intereses superiores (a los suyos) parece ser una característica cultural. Ha estado con nosotros mucho más de treinta años. Seguramente se mostró también cuando Ud leyó el dilema de Juan (“Cuando no, esos políticos corruptos chantajeando al pueblo”). En aquel estudio hubo respuestas opuestas, sí y no, que coincidían en el porqué: “No, para no ceder ante el corrupto”, “Sí, pero no dejaría de protestar para no ceder ante el corrupto”.

Pensando en eso, intente por favor, responder estas preguntas sobre el dilema de Juan: ¿Habrá alguna posibilidad de que el gobernador no sea un corrupto? ¿Será posible que su oferta haya tenido una forma ligeramente diferente y que realmente ese Jeep haya sido ofrecido como un paliativo para la comunidad porque realmente no hay recursos para una mejor solución?. ¿Será posible que el gobernador no haya propuesto un chantaje sino una honesta súplica de compresión ante una situación difícil? ¿Puede imaginarlo?.

Si no puede, no se apure. Confieso que yo tampoco lo logro cuando el papel de gobernador lo hacen ciertas personas. En ocasiones es muy difícil superar ese rechazo visceral que nos inspiran personas o circunstancias que nos han hecho sufrir, aún sin querer. Le agradezco que lo haya intentado.

Pero, ¿Qué tal si no hiciera falta?. ¿Será posible una configuración de ese universo del cuento en la que no hace falta confiar en o desconfiar de el gobernador? ¿Será posible saber toda la verdad sobre el gobernador y esa gobernación y poder verificar que lo que dice es cierto o nó y si, de verdad, no hay recursos para resolver el problema? ¿Será posible la transparencia perfecta de los servidores públicos? ¿Puede imaginarlo?.

Intentemos ahora un ejercicio mas complejo con el dilema de Salomón. Un ejercicio de interpretación: El bebé representa el control del país. El líder de la Izquierda es representado por una de las mujeres. El de la Derecha por la otra mujer. No digamos todavía quien es la madre. Pero note, por favor, que Ud no es Salomón. El Rey representa ahora a Dios, la Evolución, el Karma, el Pueblo, el Mercado o cualquier otra fuerza superior a la que Ud le pueda conceder el control final de nuestros destinos. Ahora sí: Ud es uno de los líderes (elija cual!) pero es también la madre conmovida, decidida a lograr que el niño viva, aún si no es con Ud. ¿Será posible que el Rey no sea tan cruel como para matar al niño si las mujeres no se ponen de acuerdo? ¿Será posible otra estrategia, igualmente efectiva, para averiguar quien es realmente la madre? ¿Testigos confiables? ¿ADN? ¿Puede imaginarlo?.

¿Qué tal si no hiciera falta? ¿Qué tal si fuese posible establecer quien tiene la razón? ¿Qué tal si pudiésemos conocer toda la verdad, sin límites? ¿Puede imaginarlo?.

El acceso irrestricto a toda la verdad parece un sueño imposible (solo Dios sabe). Pero el acceso total y transparente a los detalles funcionales y operativos fundamentales de un Gobierno NO es imposible. Es complejo. Requiere entender, en alguna medida, el juego de intereses que rodean (y secuestran) la información. Requiere tomar medidas para proteger la privacidad de los involucrados. Pero no se trata de tecnología inalcanzable. Es Posible. Prácticamente posible.

Establecer las reglas nacionales para la transparencia pública es una acción factible para una Asamblea Nacional Constituyente. Pudo haber llegado más lejos en esa dirección con la ayuda de todos los sectores políticos. Pero, inclusive si algunos se sustraen del esfuerzo, los demás pueden lograr una buena aproximación a las reglas de transparencia pública que nos permita, a todas y todos los ciudadanos, saber cuál es la verdad y quienes son los verdaderos responsables de cada efecto político y económico sobre la nación.

Remembranza

¿Qué puede hacer la ANC para superar la debacle cambiaria? Sin todos los opositores, no mucho. Queda claro que ellos apuestan a seguir con el desangre del valor económico nacional. Al gobierno solo parece quedarle la acción punitiva como recurso. Pero esas acciones contra una operación de guerra desde el exterior siempre tendrán un alcance limitado y sumamente incierto. La única acción de profundo impacto que puede dictar la ANC es esa regla nacional de transparencia: crear medios y mecanismos efectivos para que las y los Venezolanos conozcamos nuestras verdades. Desde la asignación de divisas y las estructuras de costo públicas, hasta los fondos de los funcionarios e instituciones públicas y privadas. Una verdadera contraloría social, con el peso de la prueba proporcionalmente sobre los hombros de quienes tenga poder, es la única manera de restaurar la integridad de la nación. La transparencia es la solución salomónica.

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