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[ABORTO LEGAL] Cuerpos-territorios y cambio social

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Los  pañuelos verdes – millones de pañuelos – en las calles de Buenos Aires, desbordadas de cuerpos en reclamo por su voz, nos señalan cambios. Cambios importantes y definitorios para la vida en los territorios. Si bien los marcos normativos son parte de las luchas de nuestros colectivos y organizaciones feministas, campesinas, obreras, urbanas, afrodescendientes, indígenas y por la diversidad sexual,  las prácticas de estos colectivos superan  con creces este plano y plantean signos de cambios y disrupción en el orden social y discursivo que gobierna a los cuerpos. Lo normativo no precede a la acción pero si la constriñe y amenaza. Las estadísticas de millones de mujeres pobres que mueren día a día en abortos clandestinos, en el ejercicio de su derecho a la vida – por decidir cómo vivirla, no sólo en términos materiales si no en clave de liberación –  son hechos imborrables de la memoria histórica de nuestro continente.

Los calificativos sobran y expresan una disputa. La saturación discursiva – plagada de eufemismos – habla por sí misma: malparto, expulsión, libre interrupción del embarazo, aborto terapéutico, aborto ético, aborto ilegal, aborto químico, aborto inducido, aborto espontáneo, aborto mecánico, aborto fallido, aborto retenido, aborto séptico, aborto accidental, aborto delictivo, aborto libre, aborto legal;  de todas estos términos, el último expresa como parte de la campaña por el aborto legal en Argentina– en oposición a las limitaciones deterministas y modernas de las discusiones biologicistas de colectivos opuestos- un asunto de fondo, sustancial para el cambio social:  el cuerpo como un territorio sobre el cual la vida se expresa y sobre el que reposan interconexiones fundamentales con lo social, lo natural y lo espiritual como un todo, y que se encuentra limitado y constreñido en su expresión, de su potencia. Criminalizado. Deslegitimado.

Exploremos por un momento, como “ordena” la RAE el término:

aborto

Del lat. abortus.

    m. Acción y efecto de abortar.
    m. Interrupción del embarazo por causas naturales o provocadas.
    m. Ser o cosa abortados.
    m. Engendro, monstruo.

abortar

Del lat. abortāre.

    intr. Dicho de una hembra: Interrumpir, de forma natural o provocada, el desarrollo del feto durante el embarazo. U. menos c. tr.
    intr. Biol. Dicho de un órgano: Desarrollarse parcialmente sin que llegue a ser funcional.
    intr. Med. Dicho de una enfermedad: Desaparecer antes del término natural.
    intr. p. us. Dicho de una empresa o de un proceso: Fracasar, malograrse. El intento de repoblación forestal abortó.
    tr. Interrumpir, frustrar el desarrollo de un plan o proceso. El piloto abortó el despegue.
    tr. p. us. Producir o echar de sí algo sumamente imperfecto, extraordinario, monstruoso o abominable.

Absolutamente, todas estas acepciones llevan una carga negativa, un estudio interesante y profundo es realizado por Velarde (2014) sobre las evolución histórica de las diversas connotaciones del término en los diccionarios en español. En sus conclusiones señala que  hay un esfuerzo lexicográfico considerable en la búsqueda de acepciones “políticamente correctas” (nos preguntamos ¿correctas para quién?) que matalexicograficamente no son reconocidas como eufemismos y en su mayoría se formulan sin un ajuste conceptual a la realidad de la práctica. Igualmente señala que el uso del término interrupción es inadecuado y por lo tanto eufemístico ya que implica una acción que luego puede continuar en el tiempo.  De destacar es el hecho de que – en la evolución de las definiciones del término – se calificara al aborto como un delito o acción ilegal lo que indica la intención de ordenamiento político no típico para un diccionario, como un texto con función idiomática y no enciclopédica.

Por otro lado, destaca el hecho de que el único actor humano asociado a la acción es la “hembra”. Es evidente que nuevas acepciones se necesitan y que estas están emergiendo de la acción colectiva social [1].

Hagamos un repaso por algunos de las consignas de la Campaña por el Aborto Legal y Gratuito en la Argentina: “Ni una menos”, “Ni una sola mujer muerta por aborto clandestino”, “El aborto clandestino es femicidio de Estado”, “cada muerte por aborto clandestino es un femicidio por un Estado ausente”, “Mi cuerpo es mío y yo decido”, “en mi cuerpo decido yo”, “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, “las ricas viajan las pobres se desangran”, “saquen sus crucifijos de nuestros úteros”, “quiten sus rosarios de nuestros ovarios”, “aborto legal estallido social”, “mi derecho a decidir no me hace delincuente”, “aborto legal una deuda de la democracia”, “Aborto Legal Seguro y Gratuito”, “las mujeres deciden, la sociedad respeta, el Estado garantiza, las iglesias no intervienen” , “#juntas abortamos”.

Asoman en las voces de las calles elementos suprimidos en el sentido común, y que los ordenes discursivos opacan en el tratamiento discursivo sobre el aborto: 1) la criminalización histórica sobre la mujer que decide sobre su cuerpo; 2) la función del Estado como regulador de la política pública del cuido (que en el caso de la penalización sobre el aborto es evaluada como criminalizante y femicida); 3) la injerencia de la Iglesia católica sobre el cuerpo de las mujeres;  4) la criminalización de la pobreza y la segregación de clases producto de la inequidad para el acceso a un aborto medicamente asistido; 5) la necesidad de la comunidad y los procesos de comunización como soporte para el ejercicio político individual y 6) la determinación ontológica entre vida o muerte que subyace a las condiciones socio-bio-políticas que rodean al aborto.

El empoderamiento sobre el cuerpo es un elemento macroestructural de la campaña, esto se expresa en las acciones que recaen sobre la mujer quien como es quien el agente que “decide” sobre su cuerpo y excluye de esta decisión al orden institucional del Estado y la Iglesia. Igualmente “abortamos” en comunidad con otras mujeres (=“juntas”), lo que denota una acción colectiva. Igualmente la acción colectiva  se presenta de forma determinante por la escogencia lingüística para la demanda de un ultimátum como el “ni una menos”, como forma agónica de determinación temporal de la acción del otro (que mata, que desangra, ausente, femicida) y uno de los lemas protagonistas de la campaña. Aquí además ocurre una operación de tipo intertextual que hace referencia a la vinculación de las luchas feministas entre sí, ya que “ni una menos” refiere a otros discursos como el de las acciones colectivas contra las violaciones y femicidios en otros lugares del mundo.

El paso que los colectivos de mujeres en Latinoamérica están dando hoy, de forma determinante y con contundencia en las calles, abre debates estructurantes de la reproducción de la vida, como la solidaridad y la liberación de los cuerpos. Plantea una forma de resistencia desde el cuerpo [2] no sólo individual sino colectiva con impactos aún no determinados sobre los territorios pero previsibles como cambios societales sustantivos.

En el caso de esta lucha, las territorializaciones  posibles – en el entendido de que la territorialización no es sólo un proceso geográfico sino además corporal, espiritual y político [3] – pueden ser el sustrato de una sociedad diferente en la medida en la que se interseccionen la rabia, el amor, la indignación y la potencia que llevan las calles Argentinas hoy con las demandas de otras luchas por la reproducción de la vida [4] – con dinámicas pluritemporales y pluriespaciales –  como las luchas campesinas, indígenas o afrodescendientes.

¡Aborto legal para cuidarnos todxs!

[1] Para los Estudios Críticos del Discurso (Fairclough, 1992, 2001) la relación discurso y sociedad es una relación dialéctica y da cuenta de los cambios sociales.

[2] Muy en el espíritu que expresaba Julie Barnsley (2006) en su libro El cuerpo como territorio de la rebeldía: “Se hace imposible desvincular los procesos y las relaciones que establece el hombre durante su vida de los componentes psicobiológicos, históricos, religiosos e ideológicos. Nuestros entornos son las manifestaciones de nosotros y nosotros el reflejo de ellos. Este permanente diálogo e intercambio entre el espacio íntimo del cuerpo y los espacios externos es fundamental y determinante para nuestro comportamiento y el desarrollo de la civilización” (p.17)

[3] Territorio en el sentido que propone Machado Aráoz (2014) y como espacio de vida y proyecto político (Santos, 1996 y Porto Goncalves, 2002; en Machado Aráoz, 2014) donde se conjuga lo material y lo simbólico, el cuerpo y el espacio, en un proceso de apropiación.

[4] Las lecturas que desde los feminismos comunitarios hacen Silvia Federicci, las comunidades de mujeres zapatistas, Silvia Rivera o Julieta Paredes son significativas para resignificar las voces que hoy nos levantamos por el aborto legal y contra los femicidios y nos reconocemos como voces por el cuido y la comunización.

Bibliografía

Barnsley, J. (2006). El cuerpo como territorio de la rebeldía. UNEARTE

Fairclough, N. (1992). Language and social change. Polity, Cambridge.

Machado, H. (2014). Territorios y cuerpos en disputa. Extractivismo minero y ecología política de las emociones. Intersticios. Revista sociológica de pensamiento crítico, 8(1).

Velarde, M. C. (2014). La ventura del aborto en los diccionarios del español. In Del discurso de los medios de comunicación a la lingüística del discurso: estudios en honor de la profesora María Victoria Romero (pp. 213-223). Frank & Timme.

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