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Cuando una muerte puede ser la celebración de la vida • A propósito del fallecimiento, el pasado 25 de febrero, de la dramaturga chilena Isidora Aguirre, autora de más de treinta obras teatrales. por Andrea Jeftanovic

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Isidora, a ti no te gustaba hablar de la muerte, decías que no querías morir porque te gustaba demasiado la vida. Pero al mismo tiempo, en tus obras dramáticas y en tus novelas los fantasmas andaban por acá y por allá; invocabas a Lautaro, a Bolívar, a Miranda, a los hermanos Sagredo de Ranquil, a los desaparecidos de Yumbel, a Neruda, a tu madre. Una vez esbozaste una definición de la muerte que apunté por ahí: “Puede ser que la muerte sea un desprenderse del dolor de la parte física y de todo lo que tú también mentalmente manejas y que ese sea un estado en que tú puedas sentirlo, gozarlo, no sé, nunca vamos a saber. Además yo pienso que si existe un Dios que nos creó, nos dejó esa incógnita para que no nos aburriéramos”.

En tus novelas especialmente encarabas la muerte, y también tus íntimas ilusiones, tus dolores y hablabas de los afectos muertos o de la muerte de los afectos. Ahora que atraviesas esa otra dimensión y descifras el misterio, no creo que te vayas a aburrir. Tendrás la oportunidad de abrazar a Laura Cupper y retomar las tertulias en esa casona en la calle Rosas de Doy por soñado todo lo vivido. También podrás entregar por mano esa bella novela epistolar, Carta a Roque Dalton, dedicada al poeta salvadoreño. Los imagino caminando por el Malecón de La Habana contagiados por el entusiasmo de la meta de los diez millones de zafra que por ese entonces se prometía el pueblo cubano. Podrás curar una a una las heridas de la injusta muerte de Roque.

También estarás con Jacobo, el protagonista de Santiago de diciembre a diciembre, esa historia durante el año de la campaña de Allende, cuando las parejas hacían el amor antes o después de leer el Manifiesto Comunista. Cuando la pasión tenía espesura y estaba enhebrada a alguna utopía. Quizás puedas detener la bala mortal de Balmaceda en Balmaceda, diálogos de amor y muerte y las voces corales sabrán encauzar la revolución sin tragedias.

Pero también hay futuro. Verás en un mes publicada tu novela Guerreros del sur, dedicada a un pueblo que necesita tanta fe en sus pacíficas batallas. Y tal vez, des los últimos ajustes a esa novela inédita, Palmira y Lorenzo, de esa relación de amor que ha atravesado los tiempos y las latitudes. Isidora o Palmira espera a Lorenzo o Tomás con lápices y pinceles y un gran lienzo.

Fuiste una dramaturga valiente, corajuda. No dudaste en ir a los basurales para entrevistar a los personajes que protagonizarían Los Papeleros, ni dejaste de conversar con las mujeres de las “tomas” para escribir Población Esperanza junto a Manuel Rojas, o de viajar en citroneta a Ranquil, cordillera adentro para escribir sobre la matanza de campesinos para Los que van quedando en el camino; fuiste con papel y lápiz a conversar con las pergoleras, viajaste a Yumbel para hacer esa obra que en medio de la dictadura denunciaba el horror de los detenidos desaparecidos (Retablo de Yumbel). Y también, viviste en una ruca mapuche con la familia Painemal para escribir Lautaro.

Y podría seguir con una a una de tus obras. Ir a los lugares y hablar con los protagonistas era parte de tu riguroso método de investigación, esa realidad se complementaba con acuciosas lecturas históricas, documentación diversa para quedar ensamblada en textos dramáticos inteligentes, bellamente escritos, que a veces incluían canciones y dichos populares. Y cuando no había protagonistas vivos los imaginaste, llamaste a sus espíritus hasta tu habitación en la calle Rengo para que te susurraran ese secreto que no estaba escrito en los libros de historia.

Eras la otra, la misma que contaba sin aspavientos que había tenido la oportunidad de conocer a Alejo Carpentier, el Che Guevara, Fidel Castro, Lezama Lima, Osvaldo Dragún, André Breton, J.L. Barrault, Gerard Philippe, Ionesco. La misma, la otra que odiaba que te saludaran con “es un honor conocerla” porque sabías que se referían al éxito de la Pérgola e ignoraban lo demás, porque eras tan lejana a esas formas protocolares, a la zalamería del poder. La misma a la que le dolía no haber recibido el Premio Nacional porque sabía que se lo merecía hace tiempo, la otra que seguía creando sin detenerse en la mediocridad de las instituciones y de algunos colegas. La que vivía en una ensoñación permanente, la otra que estaba siempre alerta.

Eras la misma, la otra que decía que era comunista pero que creía en Dios. La otra, la misma que con picardía infantil me chantajeaba con chocolates marca Trencito y pasteles (que se iba comiendo de a tercios) a cambio de contarme romances y anécdotas privadas que me hacías prometer no incluir en el libro que estábamos haciendo juntas. La que definitivamente amaba la noche y tenía horarios de adolescente (“que no me llame nadie antes de mediodía”, decías).

Y si había panorama, la que no dudaba en ponerse su abrigo de piel y una capa de lápiz labial para hacernos reír hasta las lágrimas donde fuera con su cuento de la caperucita en veintinueve segundos cronometrados. La misma, la otra que no le gustaba que la fotografiaran pero que dejaba aflorar su coquetería cuando había un hombre cerca. Si me decías que alguien venía a tu casa por el modo cómo te habías arreglado sabía perfectamente si era hombre o mujer.

Prolífica en descendencia ―hijos, nietos, biznietos―, en obra y en amores eras la más joven de todas; la más desprejuiciada, la más ingeniosa, la más seductora, la que tenía un pasado fascinante y un futuro elástico que estaba prendido con agujas de miles de proyectos. Además, tenías un don en tu escritura y en tu contacto con la gente, irradiabas y multiplicabas cosas positivas, redes, proyectos, sueños.

La académica española Carmen Márquez, dice que eras una excelente celestina que unías a personas a las que querías con lazos casi familiares. Un amigo y colega, Nelsón Osorio, me escribe:

Nuestro país, las letras y la cultura de nuestra América pierden con su partida una de las figuras más nobles e íntegras de nuestra época. Nos queda su obra, notable y valiosa, y su ejemplo de consecuencia, integridad y valor. Aunque suene un poco a lugar común, creo que de verdad vivirá en nosotros, que tenemos la responsabilidad de seguir, como ella y con ella, contra viento y marea.

Otra amiga y escritora, Virginia Vidal, dice:

Isidora nos dio tanta vida, tanta dicha, tanto ejemplo, tanta consecuencia, tanta generosidad que algo de ella se queda en cada una de nosotras. Desfilan ante mí escenas de innumerables encuentros: la vez que me llevó a ver a su oftalmólogo; el viaje que hicimos con Rosita Ramírez a Los Andes se nos hizo corto oyendo sus maravillosas historias impregnadas de vida y alegría; los tés en su casa con su infinito mundo; su voz siempre clara y juvenil. Cuando murió Roberto Bolaño, Nicanor Parra dijo: “le debemos un hígado”. A Isidora, Chile la entierra debiéndole el Premio Nacional de Literatura que habría sido menguado reconocimiento a su vasta obra de novelista y dramaturga.

Yo misma tendré que releer con calma nuestra abundante correspondencia, o escuchar las cintas de audio de nuestras extensas pláticas; horas, días, meses, años charlando una frente a la otra.

Isidora o Nené, la otra, la misma; guardiana de la historia, la amistad, el teatro y las letras, tu despedida fue como tu vida: una celebración. Tus casi noventa y dos años de existencia se despidieron con lecturas, actuaciones, videos, música; cuando el ataúd se cerró éramos muchos aplaudiendo de pie en el Teatro Nacional Antonio Varas. Luego bajo el sol de una tarde de febrero, caminó una descendencia familiar infinita, colegas, amigos de diversas generaciones, admiradores, camaradas, se alternaban los “Compañera Isidora, presente” con los “¿Quiere flores señorita, quiere flores el señor?” y la canción de Manuel Rodríguez, “aunque mil veces te maten / tu huella queda encendida”, para avanzar entre la ofrenda de pétalos de las pergoleras en Avenida La Paz. Nos seguía el equipo que está haciendo el documental sobre tu vida y obra, que estoy segura filmaron todo con la vista empañada.

De pronto miramos y estaban las tres generaciones de “Carmelas” abrazadas: las actrices Carmen Barros, Elena Medel y Ema Pinto. Por supuesto que hubo lágrimas, la sensación de corte, la intuición de un vacío que se aproxima. Pero también una muerte así es en un punto una celebración de lo que puede ser la vida, la vida de una artista excepcional e imprescindible.

28 de febrero del 2011

Andrea Jeftanovic es escritora, autora de Conversaciones con Isidora Aguirre, Frontera Sur, 2009.

Fuente: La Ventana (portal informativo de la Casa de las Américas)

http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=6032

(Solo las fotos se modificaron, tomadas de Internet)

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Cortesía del Ejército Comunicacional de Liberación

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imagen Cortesía del Ejército Comunicacional de Liberación

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La Universidad para la Humanidad que está en peligro. Por Integración Universitaria

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“Por eso, nosotros consideramos que el mejor sistema es aquel que le brinda la oportunidad de ir a la universidad, no al privilegio sino a la inteligencia…”

Fidel Castro. Discurso 1960

Hablar de la Universidad es hurgar en las ideas que sustentan la vida de la sociedad, lo que piensa y hace esa sociedad, lo que anhela y construye, lo que siente y busca, es escudriñar en la ideología que dirige al conjunto social.

El actual debate sobre la Ley Especial de Universidades abre un espacio para la confrontación entre visiones políticas e ideológicas en torno no solo a la Universidad,  sino al Conocimiento y todas sus manifestaciones: científicas, tecnológicas, artísticas y humanísticas. Se disponen al combate desde las posiciones más rancias del conservadurismo burgués, pasando por posiciones conciliatorias pequeño-burguesas hasta llegar a las más radicales y auténticas posiciones revolucionarias. No nos interesa aquí abrir discusión para responder a las infamias y mentiras de la derecha, intentaremos hacerlo desde la cordura y el rigor que exige un problema de esta magnitud, y dentro de territorio revolucionario.

Reconocemos a la Universidad como expresión de un contexto Histórico-Social determinado. No podemos aislarla, es manifestación directa del momento histórico que vive, del tipo de sociedad que la resguarda en su seno, no vive en una urna de cristal ni se ha convertido en un castillo de marfil; palpita y vibra al calor y con la energía de la gente, del pueblo, y por ende debe estar a su servicio, para garantizar la vida plena de la especie humana y de todo el ecosistema que la aloja.

Sin embargo, la universidad con minúscula, incapaz e indolente, con que dispone hoy la nación venezolana muestra su verdadero rostro: un pequeño estado dentro del estado, que ostenta el rol de aparato de reproducción, validación, legitimación y difusión de la ideología dominante, que es la de la clase dominante. La universidad no es jamás un espacio neutral y apolítico, periférico de la ideología; es en esencia y por antonomasia el más refinado aparato ideológico, que alimenta con su cosmovisión al resto de los espacios que componen el consenso capitalista llamado a ejercer la dominación espiritual y material de las clases desposeídas, a dominarnos más por la ignorancia que por la fuerza. Por ello, las universidades juegan un papel central en la lucha de clases. El Initium sapiantae timor domini (el origen de la sabiduría reside en el temor a Dios) del escudo de la Universidad de los Andes es ejemplificante; en esta frase se evidencia la influencia eclesiástica (que son quienes intermedian con ese Dios al que debemos temer) y el carácter hegemónico de ese Dios, encarnado luego en Fray Juan Ramos de Lora, y hoy en tantos rectores que creen tener su licencia divina y su autoridad monástica para ostentar del poder hecho conocimiento y del conocimiento hecho mercancía.

El Capital, amo y señor de la sociedad moderna, no escatima esfuerzos en el uso y reconocimiento de la universidad (hija directa de la división social del trabajo) como la gran fábrica de conocimiento-mercancía, con su respectivo valor de cambio listo para intercambiarse en el mercado. No es conocimiento orientado para resolver el problema del hombre en libertad, ni para garantizar la mayor suma de felicidad posible, menos para el bienestar social de toda la sociedad, ¡no! es burda mercancía que solo quien tenga como comprarla podrá disponer de ella y todo el poder que la acompaña. Y para ello están los propietarios que compran el conocimiento para convertirlo en más mercancías, orientadas a resarcir las necesidades (deseos) del mercado y jamás las necesidades sociales, así como jamás es cuestionada la validez y legitimidad de dicho conocimiento, que goza de la aprobación de la sacrosanta ciencia burguesa. Este conocimiento-mercancía adquiere las formas de patente, propiedad intelectual…, monopolizados por las grandes corporaciones.

Son estos elementos los que consideramos medulares en el debate de la Ley.

Ahora bien, se requiere más que buenas intenciones jurídicas para superar esta lógica, y entender la dimensión política de la batalla a librar en medio de la siempre estranguladora legalidad burguesa. Sin su superación, no quedaría espacio sino para el pacto y la conciliación, para la convivencia con el enemigo y la negociación de principios fundamentales. Bajo estas condiciones no sería posible nunca la transformación radical de la Universidad, persistiendo la restauración en su tentativa de perpetuar el control del capitalismo y la burguesía.

Para ello hace falta definir con claridad la relación entre la Revolución y la Universidad y por otro lado garantizar la movilización de un fuerte y numeroso grupo de estudiantes, profesores, investigadores…, en torno a la discusión profunda y la defensa de los principios del Socialismo y del derecho de las mayorías al acceso al conocimiento y a la actividad intelectual transformadora.

Requerimos de una Universidad que esté a tono con el momento histórico, armonizada con el Socialismo, proyecto rector de la sociedad venezolana, porque así lo decidió el pueblo eligiendo a Chávez. Hay que decirlo sin medias tintas, la Universidad debe poner la investigación, desarrollo, difusión y socialización del conocimiento al servicio del bienestar material y espiritual de toda la sociedad, premisa fundamental del Socialismo.

El ingreso, la administración de los recursos, la planificación del egreso, la actualización curricular, las líneas de investigación científica, desarrollo tecnológico,  desarrollo artístico, cultural y humanístico, la difusión para la socialización no pueden quedar en manos del caprichoso gobiernito universitario, que ha traído a la Universidad a este abismo, pero tampoco debe quedar a merced del populismo pequeño burgués que en nombre de la democracia participativa y protagónica plantea salidas de forma a problemas estructurales; no se socializa ni se desarrolla el conocimiento creando espacios igualitaristas de participación, no se combaten los privilegios profesorales por un simple cambio de nomenclatura, el sobredimensionamiento per se del saber popular y las tradiciones ancestrales no compensa las exigencias tecno científicas del Socialismo. El Estado debe intervenir activa y categóricamente en la incorporación de la política universitaria a la macropolítica nacional e internacional; la autonomía no puede ser el capricho de rendirle tributo al Capital para negar el derecho a la humanidad a resolver sus problemas fundamentales, que hoy ponen riesgo la existencia del planeta.

La universidad debe privilegiar la inclusión social, que es el derecho de todos a acceder a la educación universitaria, pero también debe privilegiar la inteligencia, el talento, el amor a la búsqueda del conocimiento, la verdad en tanto sea capaz de transformar la sociedad en aquella donde el humano y la naturaleza sean el centro; luchar por la propiedad social del conocimiento reconociéndolo como constructo social e histórico, cuya apropiación solo puede ser para el bienestar social, impulsar una educación para la emancipación, que refunde la relación entre profesores y estudiantes bajo principios de respeto, solidaridad… Una Universidad que no solo ofrezca la igualdad de oportunidades que tanto defiende el capitalismo, sino garantice también la igualdad de posibilidades y condiciones necesarias para el desarrollo pleno de todas las capacidades y potencialidades del estudiante, del investigador, del profesor. Que luche contra los privilegios que ostentan las autoridades y los profesores pero destaque la excelencia, la entrega, el afán por investigar y estudiar, impregnados de la más auténtica conciencia del deber social para indagar y dar respuesta a los grandes problemas de la humanidad.

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Si CAMILO regresa…Carlos Medina Gallego

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Hoy se cumplen 45 años de la desaparición física  de una de las figuras más emblemáticas de la historia de la segunda mitad del siglo XX: El sacerdote revolucionario CAMILO TORRES RESTREPO, muerto en combate el 15 de Febrero de 1966, cinco meses después de haber ingresado a la guerrilla del Ejercito de Liberación Nacional –ELN-.

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Leer más: Si CAMILO regresa…Carlos Medina Gallego

Nuestra venganza personal.

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Tenía los ojos grandotes y hermosos. Y eran más lindos aun cuando se llenaban de sorpresa y de alegría. Yo sentía una cosa extraña por todas partes cuando esos ojos íntegros me miraban. Bueno ella era toda bella, morena clara, pelo largo, diecisiete años, activa, camarada, feliz. En ese momento todo era muy complicado, los cámaras de la unidad no teníamos tiempo, ni autorización para “perder el tiempo” enamorándose… Pero, nosotros no entendimos eso y nos enamoramos. Ella era una niña y yo casi también. Visto desde hoy, creo que jugábamos a un juego de adultos del cual no conocíamos las reglas, y no me refiero solo al amor, también a la guerra. Era así, sentarnos juntos en las reuniones, rozarnos mientras usábamos el multígrafo o las bateas y buscar excusas para trabajar juntos. Después supe que todos los otros cámaras sabían, solo nosotros creíamos que no. Esa tarde fui a buscar el paquetico que tenía que entregar, el deposito (así llamábamos aquella casa) estaba sola, extrañamente. Debía haber otros cámaras ahí, pero solo estaba ella. Más tarde, mucho más tarde fue que note eso. En aquel instante sentí que la casa estaba llena de ella y solo eso importó. Ella me dio las indicaciones que habían dejado para mí y me dio además un o unos besos y un mundo… Salí de la casa caminando a varios centímetros del suelo, tenía que ir a cumplir la tarea, era la tarea… Llegue a la casa cerca del parque, hice lo que tenía que hacer y me luego me fui a la casa del viejo, teníamos una reunión para planificar algo… Llegue temprano, no había demasiado tráfico y solo me tarde como 2 horas en la tarea, pero había gente allí, cosa también inusual porque no se debía llegar demasiado temprano y menos tarde a ninguna parte. Había un ambiente raro y todos callaron cuando entre. Pensé salir, creí que estaba interrumpiendo algo, pero me llamaron y alguien me dijo: Allanaron el depósito (así llamábamos aquella casa) y Carmen murió. Yo no recuerdo bien que paso luego… Sé que me recosté en un sofá que había allí sin pensar, sé que alguien me trajo un café y un cigarrillo, creo que después me dieron algo de comer, no estoy seguro, y en la noche algún cámara me arropo, hacia frio… mucho, mucho frio, siempre he pensado que fue el viejo, no sé. En la mañana, temprano, me pare, me lave la cara (la cara, no el rostro) y salí a la calle, había nuevas cosa que hacer, había tareas, había que seguir… Muy pocas veces después en todos estos años, hable de ella. Hoy siento necesidad de gritarle a las personas que la mataron que nuestra venganza personal es que Carmen nunca murió. Hay mil razones, seguramente, pero yo puedo ser testigo verdadero de una, ella no puede morir porque hay alguien que la ha seguido amando toda la vida, alguien que ha vivido otras vidas, que ya no es “el loco Fabricio” que ella conoció, que ha amado a otras mujeres, que ha gritado, llorado, reído, que ha estado triste, que ha sido feliz y que hoy aún, después de tanto tiempo, se para en las mañanas y se lava la cara y se prepara para seguir… para continuar… Y tratar de hacer que Carmen y tantos otros que la han dado vida a la historia, no mueran nunca…. Aun cuando estemos llenos de interrogantes sin respuestas, y hasta de dudas y rabias, solo hay una cosa que hacer: continuar…. Esa será nuestra venganza personal…

Fabricio (el loco)

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