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Si se conmovieron por Sakineh Ashtiani, ¿por qué no les interesa Teresa Lewis?

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Gennaro Carotenuto. Giornalismo Partecipativo

Traducido para Rebelión por Gorka Larrabeiti

Tendrán la misma edad más o menos, y a ambas las han acusado de haber matado a su marido. Ambas han sido condenadas a muerte en sus respectivos países: el escuálido régimen de los ayatolás iraníes y la gran democracia estadounidense.

Pero mientras ha habido una campaña mundial de solidaridad que acaso haya salvado la vida de Sakineh Ashtiani, Teresa Lewis será ajusticiada en silencio mediante una inyección letal este jueves a las 21 en la cárcel de Greensville en Virginia.

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Chile, ¿Patria de todos? Por Manuel Cabieses. Revista Punto Final

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La huelga de hambre que mantienen 31 presos políticos mapuches en las cárceles de Concepción, Lebu, Angol, Temuco y Valdivia, exigiendo entre otros puntos la no aplicación de la ley N° 18.314 (o Ley Antiterrorista), que coarta las garantías constitucionales referidas al debido proceso y a la presunción de inocencia, nos lleva a preguntarnos si efectivamente Chile es la patria de todos o si hay algunos ciudadanos nacidos en este país que son tratados como indeseables, a los que hay que tolerar pero que ojala no existieran.

En Chile, la existencia de una población indígena, sobre todo de mapuches, ha sido un “problema” desde la invasión de los conquistadores españoles hace más de 500 años. Incesantemente se les ha negado su condición de pueblo y procurado su integración al país creado por los invasores -pero siempre como parte de la clase explotada-, sea por la vía de las armas, de la ley, o por ambas.

No se trata de una patológica inclinación anti-mapuche de las autoridades del país. Se trató, desde Diego de Almagro hasta Sebastián Piñera, de la apropiación de sus tierras; de la típica voracidad capitalista para el enriquecimiento de los dueños de los medios de producción. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, en el marco del mercantilismo, la conquista de nuevas fuentes de riqueza y mercados se perpetró para acumular riquezas para el creciente Estado-nación europeo, una “economía al servicio del Príncipe”, como diría Adam Smith. Y se explotó a los habitantes originarios produciendo oro y plata para banqueros, comerciantes y mineros alemanes como Jakob Fugger, los Welser y otros, quienes financiaron el descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo prestando dinero a la Corona española.

Tras la Independencia, en el caso de Chile, los criollos decidieron unificar el territorio nacional escindido por el país mapuche. En las Paces de Quilín, el 6 de enero de 1641, España había reconocido al pueblo mapuche su independencia y el territorio comprendido entre los ríos Bío Bío, por el norte, y Toltén por el sur, cinco millones de hectáreas que quedaban fuera de la Capitanía General de Chile. Según Bengoa, “tal condición no fue una ‘graciosa concesión’ de su majestad, sino que costó aproximadamente medio millón de muertos al pueblo mapuche”. Los negocios de la burguesía y los terratenientes criollos debían hacerse cruzando por mar entre los puertos de Talcahuano y Corral. El 2 de julio de 1852, Manuel Montt promulgó la ley que creó la provincia de Arauco, cuyos límites eran el Bío Bío y el Toltén. Fue el fin jurídico de la patria mapuche. Diez años después, el Estado chileno penetró militarmente 200 kilómetros y fundó Angol. En 1878 levantó Traiguén. En 1881, Temuco y en 1883, Villarrica. José Bengoa dice: “A partir de la derrota militar de 1881 y la ocupación de Villarrica de 1883, cambió la sociedad mapuche internamente, como también su relación con el Estado y la sociedad chilena. La reducción territorial fue el elemento central y evidente del cambio ocurrido (…) A los mapuches se los sometió al rigor de la civilización; se les entregaron pequeñas mercedes de tierras, se los encerró en sus reducciones, se los obligó a transformarse en agricultores. El guerrero debió transformarse en ciudadano y el pastor de ganados en campesino, productor de subsistencia”. En los siglos XX y XXI, las empresas forestales, hidroeléctricas, mineras y gasíferas de los principales grupos económicos chilenos y transnacionales, que atentan contra el ambiente, la economía local y la cultura, amenazan lo que resta de tierra mapuche.

Hoy, mientras la reforma procesal penal rige para todos, a los imputados mapuches se les aplica la Ley Antiterrorista, que niega los principios garantistas y aumenta desproporcionadamente las penas. Según la periodista Lucía Sepúlveda, de la Comisión Ética contra la Tortura, hasta junio pasado había ciento seis mapuches encarcelados, condenados o procesados en relación con el llamado “conflicto mapuche”, casi el doble de hace un año. De ellos, según el abogado José Aylwin, del Observatorio Ciudadano, en la actualidad hay 58 procesados por Ley Antiterrorista (cinco condenados, 42 en prisión preventiva y 11 cumpliendo medidas cautelares).

La Ley Antiterrorista fue impuesta en 1984 por el dictador militar Augusto Pinochet para perseguir la resistencia a la tiranía. De acuerdo con esa ley, el delito de incendio puede considerarse atentado terrorista si su intención fuera “producir temor en la población o en una parte de ella”, aunque no constituya una amenaza directa contra la vida, la libertad o la integridad física de nadie. En virtud de esta ley, y con autorización del juez, el Ministerio Público puede ocultar a los imputados y a sus abogados defensores la identidad de testigos (para ello se suele usar pantallas, distorsión de la voz o capuchas). Ello viola la letra “e” del artículo 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos -ratificado por Chile- que garantiza a toda persona acusada el derecho “a interrogar o hacer interrogar a los testigos de cargo y a obtener la comparecencia de los testigos de descargo y que éstos sean interrogados en las mismas condiciones que los testigos de cargo”.

La Ley Antiterrorista se aplicó durante los gobiernos de la Concertación -y se sigue aplicando en el gobierno de la derecha- para amparar a las fuerzas del Estado, que con violencia e impunidad han violentado a ancianos, niños y mujeres, y cobrado la vida de jóvenes como Alex Lemún, Johnny Cariqueo, Matías Catrileo y Jaime Mendoza Collío. La mayoría de estos hechos fueron denunciados por el Dr. Rodolfo Stavenhagen, cuando era relator especial sobre Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de los Pueblos Indígenas de Naciones Unidas. No sólo la ONU, sino también la Comisión Pastoral Mapuche de la Zona Sur, de la Iglesia Católica, ante el asesinato de Jaime Mendoza Collío en agosto de 2009, declaró: “Como Iglesia hemos advertido nuestra preocupación por la progresiva criminalización de la demanda mapuche, reduciéndola a un asunto policial…”.

Los presos políticos mapuches actualmente en huelga de hambre exigen también el fin del doble juzgamiento. A varios se los está procesando en relación con un mismo hecho por la justicia militar y, paralelamente, por la justicia penal.

Recientes juicios orales han sobreseído a estos “terroristas”. El Tribunal Oral en Lo Penal de Temuco, por ejemplo, absolvió a Luis Sergio Tralcal Quidel (33) del cargo de incendio en un fundo de Forestal Mininco Crecex S. A. “No existe prueba alguna que establezca qué actos concretos de naturaleza ilícita habría ejecutado el acusado, con lo que no es posible imputarle participación criminosa alguna”, estableció el tribunal. Sin embargo, Tralcal estuvo once meses en prisión preventiva antes de ser declarado inocente.

La palabra “patria” viene del griego patrius y de la expresión latina terra patria, que significa “la tierra de los padres”. Ser mapuche es ser “gente de la tierra”. Si de patria se trata, Chile es la patria del pueblo mapuche. La paradoja es que estos hermanos son tratados por los descendientes de los invasores como si Chile no fuera la patria de todos.

PF(Editorial de “Punto Final”, edición Nº 715, 6 de agosto, 2010)
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Fuente: http://www.debatesocialistadigital.com/articulosespeciales/Manuel%20Cabieses/a32010/agosto/chile_patria_de_todos.html

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El Legado de Allende: Construir Izquierda. Por Manuel Cabieses

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Hace cuarenta años, el 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende ganó las elecciones presidenciales, aunque debió esperar ser ratificado por el Congreso Pleno. El triunfo de Allende se constituyó en un hito histórico y en una lección política, que no deben olvidarse. La incansable lucha por forjar una identidad de Izquierda orientada hacia el socialismo, por fin había dado frutos.

Nunca una elección presidencial en Chile alcanzó tanto dramatismo. Los ciudadanos estaban conscientes que el país se jugaba cuestiones trascendentales que determinarían su futuro. El enfrentamiento básico era entre la Izquierda y la derecha, representadas por el senador Salvador Allende Gossens y por el ex presidente y empresario Jorge Alessandri Rodríguez. Había un tercer candidato, Radomiro Tomic Romero, de la Democracia Cristiana, con un programa que planteaba el “socialismo comunitario”, lo cual lo acercaba a las posiciones de Izquierda.

La acorralada derecha buscaba fórmulas desesperadas para defender sus intereses. No descartaba nada. A fines de 1969, un alzamiento en el regimiento Tacna, encabezado por el general Roberto Viaux, tuvo al gobierno de Frei Montalva al borde del precipicio. Grupos ultraderechistas levantaban cabeza. En el plano político, la derecha postulaba la “Nueva República”, que esbozaba elementos neoliberales y un firme autoritarismo para cerrar el paso a la Izquierda. Por su parte, la Unidad Popular, alianza amplia en torno a socialistas y comunistas, integraba al Partido Radical y a sectores cristianos desgajados de la DC que formaron el partido Mapu, y a laicos y progresistas que se definían de Izquierda. La candidatura de Salvador Allende emergía con posibilidades de triunfo.

La Izquierda venía ganando terreno y un sólido movimiento sindical, organizado en torno a la Central Unica de Trabajadores, se extendía al campo a través de sindicatos agrícolas movilizados y de gran convocatoria. El movimiento estudiantil, mayoritariamente de Izquierda, era potente y de alcance nacional. El movimiento de los sin casa campeaba en las principales ciudades. Existía así una amplia base social para el movimiento político que planteaba un programa centrado en la nacionalización de las riquezas básicas, en la profundización de la reforma agraria y en la constitución de un área social de la economía, conformada por la banca, los principales monopolios y empresas estratégicas. Se proponía asimismo una nueva Constitución y una institucionalidad acorde con las transformaciones que se impulsarían, una ampliación de la democracia y la real vigencia de los derechos y libertades individuales y colectivos. Era, en síntesis, lo que se conoció como la “vía pacífica al socialismo”, un proyecto inédito en la historia de la Humanidad.

Internacionalmente eran los tiempos de la guerra fría; la Unión Soviética y el socialismo aparecían compitiendo exitosamente con el imperialismo. En América Latina -a partir de 1959 con la Revolución Cubana- había avances populares que Estados Unidos miraba con preocupación. No quería “una nueva Cuba” en su patio trasero. Con ese pretexto había invadido República Dominicana para derrocar al gobierno democrático de Juan Bosch y en 1964, respaldó el golpe militar en Brasil que derrocó al presidente Joao Goulart. Sin embargo, no cesaba el avance de los pueblos. En Bolivia, luego de la muerte del comandante Ernesto Che Guevara en una operación dirigida por norteamericanos, se producían avances democráticos con el gobierno del general Juan José Torres (1970-71), mientras en Argentina el peronismo impulsaba el retorno de su líder, y en Perú el general Juan Velasco Alvarado se empeñaba en reformas antiimperialistas e integradoras de la población indígena. En Uruguay la situación, asimismo, era inquietante para la oligarquía.

Para Estados Unidos, Chile era una pieza clave en su ajedrez de dominación regional. Ya en las elecciones de 1964 había apoyado sin tapujos la candidatura de Eduardo Frei Montalva y su “revolución en libertad”. Enormes flujos de dólares financiaron una impresionante campaña del terror contra Salvador Allende y la Izquierda. El presidente Kennedy -que impulsaba la Alianza para el Progreso- imaginaba que la Democracia Cristiana en Chile podía levantarse como alternativa a la Revolución Cubana.

La trayectoria de Salvador Allende como parlamentario y líder popular era impecable. Había sido ministro de Salud del gobierno del Frente Popular (1938-41) y como senador un invariable demócrata, antiimperialista y partidario del entendimiento socialista-comunista, de la unidad de la clase obrera y de los más amplios sectores sociales explotados por el capitalismo. Valiente defensor de la Revolución Cubana, memorables habían sido sus luchas contra la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, paradigma del anticomunismo, y su constante denuncia de los manejos del imperialismo y del despojo que cometían las empresas norteamericanas Anaconda y Kennecott con el cobre chileno. Allende era un líder respetado y querido por el pueblo, que sabía que no sería traicionado por él. En muchos aspectos era un educador y un organizador notable, de ejemplar perseverancia en la lucha por la unidad de la Izquierda.

En el país, la sociedad se convulsionaba. Surgían los “cristianos por el socialismo”, los estudiantes de la Universidad Católica se tomaban la casa central para imponer profundas reformas y denunciaban las mentiras de El Mercurio; se produjo la toma de la Catedral de Santiago por sacerdotes, religiosas y laicos que pedían mayor compromiso de la Iglesia con el pueblo.

El país esperaba grandes cambios en el marco de un nuevo período histórico cuajado de promesas de justicia e igualdad.

La campaña electoral fue muy dura. La derecha se lanzó a fondo, reeditando -corregida y aumentada- la campaña del terror de 1964. Intensificó su presión hacia las fuerzas armadas, en las cuales buena parte de la oficialidad había pasado por las escuelas de formación antisubversiva del Pentágono. El financiamiento de la CIA volvió a afluir a través de la ITT, que controlaba el monopolio telefónico. Con todo, las elecciones fueron tranquilas y, sobre todo, estrechas. Allende obtuvo algo más de un millón de votos, ganando por 40 mil preferencias a Alessandri, y obteniendo 36,3% del total de sufragios. Tomic obtuvo 27,84%, con más de ochocientos mil sufragios. Como buena parte de su votación era antiderechista, estaba claro que la Izquierda contaba con un apoyo muy superior a la derecha.

Los resultados se conocieron en la tarde del 4 de septiembre y de inmediato Tomic reconoció el triunfo de Allende. Esa misma noche, luego de momentos de tensión -cuando tanques del ejército fueron desplegados en la Alameda- hubo una enorme manifestación frente a la Federación de Estudiantes de Chile. Decenas de miles de personas llegaron desde las poblaciones periféricas para celebrar el triunfo. Parecía que nunca el pueblo se había sentido tan alegre y esperanzado. El discurso de Allende fue emotivo y profundo. Recordó las luchas populares, los esfuerzos cotidianos del pueblo para subsistir y luchar, y asumió su triunfo como una continuidad con el Frente Popular, y antes, con el gobierno del presidente José Manuel Balmaceda -empujado a la muerte por la oligarquía- y con la lucha incansable de Luis Emilio Recabarren, organizador de la clase obrera chilena.

Los sesenta días siguientes, hasta el momento en que el nuevo presidente debía asumir el mando, fueron conmocionantes. La derecha entró en pánico. Agustín Edwards, dueño de El Mercurio, voló a Estados Unidos para pedir al gobierno norteamericano que interviniera en Chile a fin de impedir que Allende llegara a La Moneda. En Washington encontró oídos receptivos en el presidente Richard Nixon y su gobierno. Se inició así una ola de actos terroristas por parte de grupos de ultraderecha, que recibían aliento, dinero e instrucción terrorista desde el exterior.

El 3 de noviembre de 1970, sin embargo, derrotando las maniobras y actos criminales como el asesinato del general René Schneider, comandante en jefe del ejército, Salvador Allende asumió el mando. Comenzó así el gobierno más progresista, liberador y popular de la historia de Chile. En medio de la férrea oposición y conspiración de la derecha junto con el gobierno de Estados Unidos, Allende consiguió logros notables como la nacionalización del cobre, la profundización de la reforma agraria, las políticas de salud, educación y vivienda, y avances gigantescos en el plano cultural. Se desataron las fuerzas creadoras del pueblo al influjo de un programa socialista y democrático. Los pobres de la ciudad y del campo alcanzaron el protagonismo y participación que durante decenios se les había negado. En el ámbito internacional, Chile logró un reconocimiento mundial que valorizó el intento de avanzar al socialismo en libertad. Pero este noble propósito se vio frustrado por la conspiración interna y externa, sin negar los errores de la propia Unidad Popular, que culminaron con el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. El presidente Salvador Allende, fiel a su juramento, prefirió morir en La Moneda a traicionar la confianza del pueblo.

Hoy -como en los años que precedieron al triunfo de Allende- sigue vigente alcanzar el requisito que gestó la victoria de 1970. Aludimos a la unidad del conjunto de la Izquierda, hoy atomizada. Es el paso indispensable para construir su propia identidad ideológica y programática y, desde allí, avanzar a acuerdos políticos y sociales más amplios.

En América Latina hoy se abren paso tendencias revolucionarias que con sus diferentes particularidades están haciendo el camino que se intentó en Chile. De alguna manera los procesos de Venezuela, Bolivia y Ecuador reivindican la vía pacífica al socialismo, que proclamara con resuelta convicción democrática el presidente mártir Salvador Allende. Se reinician tiempos de revolución que en las condiciones contemporáneas hacen volver la mirada a la senda que abriera con su sacrificio el presidente Allende.

PF (Editorial de “Punto Final”, edición Nº 717, 3 de septiembre, 2010) Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. '; document.write(''); document.write(addy_text37010); document.write('<\/a>'); //-->\n Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. www.puntofinal.cl www.pf-memoriahistorica.org

Fuente: http://www.debatesocialistadigital.com/articulosespeciales/Manuel%20Cabieses/a32010/septiembre/el_legado_de_allende.html

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Murió el luchador social norteamericano Irwin Silber. Por Pablo Menéndez

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Falleció esta semana a los 84 años, el destacado intelectual, escritor y luchador social Irwin Silber, quien fue uno de los primeros norteamericanos en desafiar la prohibición del gobierno de los Estados Unidos a los viajes a Cuba.

En 1966 visito a Cuba abiertamente, en compañía de su esposa, la cantante Bárbara Dane en una visita histórica que ayudo a desarrollar intercambios culturales y de amistad entre los dos pueblos.

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Dolor en Puerto Rico. 10 de Septiembre. 1:45 am. Por TatuyTvc

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El 4 de Agosto pasado, escribíamos con dolor una nota sobre la muerte de Lolita Lebrón, luchadora revolucionaria portorriqueña.

Hoy el dolor se repite y en canción mayor, Juan Mari Brás líder histórico de las luchas por la independencia y liberación de Puerto Rico falleció en la madrugada de hoy, a eso de la 1:45 AM, en su residencia en San Juan, Puerto Rico.

Mari Brás de 83 años de edad, participó en 1946 en la fundación del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), del cual se distanció, luego, al radicalizar su visión revolucionaria. Fue fundador del Movimiento Pro Independencia (MPI) de Puerto Rico (en 1959) y en 1971 participó en la fundación del Partido Socialista Puertorriqueño (PSP, marxista-leninista) en el cual militó hasta hoy.

En 1950 participó en el levantamiento armado, a través del cual se proclamó la segunda Republica de Puerto Ricoy desde 1959, inspirado sin duda en la Revolución Cubana, profundizó sus luchas por la independencia y real liberación socialista de Puerto Rico.

Desde muy temprano fue fuertemente reprimido por el poder imperialista, represión reflejada no sólo en las acciones de las policías locales, sino directamente en las de la CIA y el FBI, conocidas bandas armadas del poder imperial. Hasta el punto de que en 1976, sufrió el asesinato de su hijo Santiago (Chagui) Mari Pesquera, de 23 años, en una acción nunca investigada de una de estas bandas (probablemente el FBI).

Mari Brás, orgullosamente solo ostentaba la ciudadanía portorriqueña, pues en 1994 se presentó en la embajada de los EEUU en Venezuela para renunciar formalmente a la ciudadanía estadounidense, impuesta por el imperio a los boricuas desde 1917.

Venía sufriendo problemas de salud desde un accidente en el 2009, últimamente su condición física se había deteriorado notablemente y hoy muere en su hogar en San Juan acompañado de su esposa Martha Brás Vilella.

Muere, seguro, en medio del dolor: jamás se investigó la muerte de Chagui y Puerto Rico, su Borinquén, sigue siendo colonia yanqui. Fue perseguido, se intentó varias veces su asesinato. Pero, aunque, ahora muere, no se va. Junto con Lolita, Filiberto y tantos otros luchadores borincanos y nuestramericanos que ya no están, seguirán siendo razones y motivos para mantenernos en la lucha.

Se va, pero nunca será olvido. Patria o Muerte.

Nota importante: El 23 de Septiembre se celebra El Grito de Lares, que marca en 1868 el levantamiento revolucionario por la independencia de Puerto Rico como nación Nuestramericana. Puerto Rico está luchando por su independencia desde entonces, primero contra el imperio Español, y después el imperio de Estados Unidos. Los Estados Unidos mantienen control colonial sobre Puerto Rico desde el 1492. El 23 de septiembre de 2005 es asesinado por el FBI, el Líder Filiberto Ojeda Ríos, en San Juan. Y el 23 de Septiembre de este año es la fecha en la cual se va presentar el caso de Puerto Rico en Nueva York frente el organismo del imperio denominado con sorna “Naciones Unidas”. Por esta razón diversos colectivos revolucionarios de distintos lugares del planeta convocan para el día 23 de Septiembre como una jornada de lucha y solidaridad con Puerto Rico. Tatuy Televisión Comunitaria se adhiere a esta propuesta y convoca a los colectivos merideños a organizar dichas jornadas.

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