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CABECERA PAGINA

Carta Abierta a la Venezuela Bolivariana. Por Narciso Isa Conde

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Apreciados/as camaradas y compatriotas de nuestra América:

Hay señales muy fuertes de que el gobierno bolivariano de Venezuela ha caído en la trampa de colaborar con el de Colombia en la criminalización de luchadores/as solidarios/as con la causa libertad, la paz con dignidad y la emancipación social de ese hermano país, azotado desde hace cincuenta años por una guerra sucia implementada desde el poder con el padrinazgo de EEUU. Entre ese conjunto “penalizable” he sido ubicado por la perversa alianza colombo-estadounidense.

La hostilidad del régimen colombiano ha sido sistemática de un tiempo a esta parte y en ese sentido hace unos cuantos meses recibí informaciones de muy buena fuente en la que se me advertía del riesgo de viajar al exterior a través o hacia países que no ofrecieran garantías de rechazo a las pretensiones colombo-estadounidenses de capturarme para procesarme o asesinarme, según las circunstancias. Algo similar se fraguaba -y se fragua- contra otros/as camaradas.

Específicamente, en vista de ese empeño reforzado, se me recomendó que evitara toda escala intermedia en mis viajes a Venezuela y que adoptara cuanta prevenciones fueran necesarias, aun en caso de hacer uso de vuelos directos, sin escalas, a ese hermano país; dando por sentados los vínculos de solidaridad y las identidades revolucionarias existentes entre nuestro Movimiento Caamañista y las fuerzas que gobiernan en Venezuela.

Auto-restricciones

Agradecí profundamente ese gesto y me esmeré en reforzar mis determinaciones en ese plano con el apoyo de mis hermanos/as de lucha:

  • Obvié un viaje a El Salvador a raíz de ser invitado en enero pasado al homenaje al comandante SchafiK Handal, amigo y camarada entrañable.
  • No asistí este año al Seminario Internacional “Los Partidos Políticos y Una Nueva Sociedad”, realizado el pasado mes de marzo en México con el auspicio del Partido del Trabajo (PT) de ese país.
  • Me excusé ante los camaradas del partido “ Primera Línea” de Galicia, que recientemente me invitaron a sus Jornadas Independentistas.

En síntesis: en este primer cuatrimestre del año en curso me limité a viajar directamente a Caracas a finales de marzo para participar en dos actividades: el Seminario “Solo Marx” (organizado por la Alcaldía de Girardot-Maracay y por el Frente Alfredo Maneiro) y al Homenaje a Manuel Marulanda (auspiciado por el Capítulo Venezolano del Movimiento Continental Bolivariano-MC, cuya Presidencia Colectiva coordino).

Ese viaje se realizó sin mayores problema, aunque si con algunas señales que no auguraban todas las garantías convenidas, lo que me obligó a tomar precauciones adicionales y a procurar respaldos complementarios.

Nuevos riesgos

Pasadas algunas semana, nos encontramos ante el estremecedor apresamiento en el aeropuerto de Maiquetía-Caracas y la extradición al vapor a Colombia del camarada Joaquín Pérez Becerra, director de la agencia de prensa Anncol, miembro de la Asociación Bolivariana de Comunicadores (ABC), nacionalizado sueco y perseguido bajo la acusación de “terrorista”; acción represiva instrumentada sobre la base de argumentos falsos y estigmas similares a los que ha esgrimido contra mí y otros dirigentes revolucionarios de nuestra América y el mundo el régimen narco-paramilitar-terrorista de Colombia, apadrinado por la CIA y el MOSSAD. Todo esto concertado con el gobierno venezolano por iniciativa del presidente colombiano Manuel Santos.

La asociación entre las altas jerarquías civiles y militares de los gobiernos de Venezuela y Colombia para consumar ese hecho bochornoso, no necesita mas evidencias. La colaboración fue admitida por ambas partes, incluidos los presidentes de ambos países.

Y no se trata de un hecho aislado, sino que ciertamente se inscribe dentro de un convenio de mayor alcance y profundidad en materia de seguridad intergubernamental, tal y como se colige de las declaraciones recientemente ofrecidas por el Ministro de Defensa de Colombia, Rodrigo Rivera (APORREA 1-05-2011 ), quien al referirse a la captura y extradición de Joaquín precisó que “ el gobierno de Venezuela, en un tema coordinado con el presidente Chávez directamente, nos ha respondido enviándolo a Colombia.Y nos han dicho que frente a cualquier información como esta que les demos, ellos van a responder de la misma manera ”.

Esta afirmación de la parte colombiana hasta la fecha no ha sido desmentida y estuvo acompaña del anunció enfático de que el régimen colombiano desechó totalmente la salida política negociada al conflicto armado y actualmente persigue la derrota militar de la insurgencia, procurando el apoyo internacional para aislar y golpear las organizaciones político-militares. Todo esto en el contexto del abandono de hecho de la neutralidad por Venezuela y de su sumatoria a la persecución de los/as estigmatizados como “terroristas”.

Por otra parte, de nuevo he recibido informaciones muy consistentes que revelan la determinación de darle continuidad a esa colaboración colombo-venezolana y me alertan sobre las consecuencias represivas que podrían derivarse si en estas circunstancias decido viajar a Venezuela.

Antes de recibir esa información precisa de fuente absolutamente confiable, acompañada de la recomendación de no viajar a Venezuela, no fueron pocas las preocupaciones y las expresiones de alerta, que por pura intuición, me hicieron llegar amigos/as de aquí y de allá.

¿Ironía de la historia?

Estas cosas parecen –pero no son- de historia-ficción y en realidad tienen un impactante sentido irónico en el devenir de procesos con vocación revolucionaria.

Todo parece indicar que la plaza libre bolivariana, la Venezuela de Chávez, lamentablemente y de manera absurda, se está tornando cada vez más hostil frente a sectores muy consecuentes y muy comprometidos con la defensa de las esencias de ese proceso; esto es, contra una parte de sus mejores defensores/as en el exterior y al interior del mismo.

Así las cosas el principal oasis de la unidad bolivariana presenta ciertas señales de agotamiento, expresadas en negativa de abrazos solidarios y en contubernios utilitarios injustificables a favor de los protagonistas del Estado terrorista colombiano; aceptados ahora incongruentemente como aliados de ocasión pese a ser sus enemigos impenitentes.

Vinculado históricamente como estoy -como muchos otro/as camaradas- al esperanzador proceso iniciado por Chávez y el MBR-200 desde el mismo instante en que un divino “golpista” (entonces ferozmente estigmatizado por los mismos que hoy nos criminalizan y persiguen) pronunció la frase “por ahora”, esta situación me parece realmente paradójica.

Evidencias de repliegues e incoherencias riesgosas en el accidentado devenir de la revolución. ¡Ironía de la historia!

Disyuntiva y espera

En mi caso, dada esta situación difícil de digerir, estoy compelido en lo inmediato o a confinarse en mi “patria chica” (donde el costo político de extraditarme y/o asesinarme es inmenso y los medios de defensa son superiores), o asumir -si fuera necesario y me inspira hacerlo- el alto riesgo que implicaría viajar a Venezuela en estas circunstancias a cumplir compromisos latinoamericanistas o a participar en eventos organizados por fuerzas y entidades que aprecian mi concurso… sobretodo si el presidente Chávez y su gobierno definitivamente no ofrecen garantías inequívocas de que no volverán a producirse casos como el del camarada Joaquín Pérez.

La disyuntiva es fuerte, aunque no inminente.

A mi entender es posible y necesario esperar el desarrollo de los acontecimientos desatados por está agresión incalificable, que apunta serlo contra todos/as los penalizados por el DAS, la CIA y el asesino Santos. Ya antes guerrilleros de las FARC y el ELN y militante de la izquierda vasca fueron víctimas de esa política.

He sido invitado para participar en varios eventos a realizarse en Venezuela entre finales de mayo y principio de junio del año en curso.

Voy a medir bien la evolución de esta grave situación y la reacción del Gobierno bolivariano frente a mi caso y al de otros camaradas para actuar en consecuencia.

Procuraré defender con gallardía mis derechos y mis relaciones históricas con la revolución venezolana, evitando ser innecesariamente víctima de la imposición de las “razones de esos Estados” o pieza sacrificable en el ajedrez del mal llamada “real política”. Lo haré en todos los casos similares.

Mediré muy bien mis pasos refugiándome sobretodo en la razón de la política revolucionaria frente a espurios intereses de estados y gobiernos.

No evadiré riesgos que el interés general del movimiento y mis íntimas convicciones me reclamen como válidos. Nunca los he evadido.

Cierto que la confianza se agrieta y no por decisión propia, si no a causa de ingratitudes e inconsecuencias desgarradoras de ciertos protagonistas de un proceso transformador que hemos defendido y seguiremos defendiendo con entereza y valor, pero sin canonjías, sin in-condicionalidades ni pleitesías.

Quienes la rompieron son los llamados a restablecerla, modificando rumbos y actitudes reñidas con el internacionalismo consecuente, principios valiosos y ética revolucionaria.

Esperaremos sin precipitarnos las señales del proceso y de la vida para tomar otras decisiones más puntuales.

Creo que al actuar de esta manera estoy no solo interpretando mi sentir y mis convicciones, sino la de todas (as) los injustamente penalizados(as) por esa escoria que gobierna en Colombia y en EEUU.

Somos luchadores(as) de largo aliento, combatientes de por vida, persistentes en la idea de que la justicia, asumida como causa colectiva, habrá de abrirse paso contra viento y marea, contra calumnias, estigmas y atropellos.

Creemos decoroso rebelarse en caso como éste y ante cualquier violación de derechos, abuso de poder o compromiso indigno; aun cometido por conductores meritorios y líderes apreciados.

Nuestra rebeldía esta vez tiene una fuerte carga de tristeza, aunque no tanta como para anular nuestro persistente combate por la alegría.

Es triste pensar en la Venezuela bolivariana como “tierra prohibida”.

Muy triste, pero –insisto- esa tristeza no tiene poder para cerrarle el paso a nuestra lucha por la felicidad, el bienestar común y la belleza humana. Me resisto a creer que esas nobles metas no serán alcanzables por ese bravo pueblo y por sus hermanos solidarios del mundo, como también las rectificaciones que de inmediato le abran espacio al diálogo, a la confianza y a la armonía; sin deponer identidades y sin sacrificar la diversidad que enriquece la vida.

¡Bolívar Vive! ¡Caamaño vive!

(*) Narciso Isa Conde es Coordinador del Movimiento Caamañista (MC) y de la Presidencia Colectiva del Movimiento Continental Bolivariano (MCB)

9-mayo-2011, Santo Domingo, RD.http://isaconde.info/?p=1128

 

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Cartas entre Sábato y el Ché. Por Delia Polanco-Loaiza

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Compartimos con Ustedes  una correspondencia entre el recién fallecido Ernesto Sábato y el Ché.  Material que forma parte del libro: “Ernesto Sábato: claves políticas”, editado en 1971 por Rodolfo Alonso S.R.L. (páginas 81 a 91), con el permiso de la Revista literaria “El escarabajo de oro”, Argentina, a quién Sábato le cediera los derechos.

 

1º de enero de 1960 

Comandante Ernesto Guevara.

La Habana – Cuba 

Admirado Guevara: 

En su viaje a Buenos Aires, el periodista R. Walsh nos ha explicado con minuciosidad y entusiasmo la hazaña que ustedes han llevado a cabo.  Durante más de cinco horas, en mi casa de Santos Lugares, donde yo había reunido un conjunto de amigos, disipó una cantidad de malentendidos que confunden a la opinión pública del país. 

Es precisamente este hecho el que induce a escribirle esta carta, para que usted, como uno de los jefes de la revolución cubana y en su condición de argentino, pueda ayudar a una mejor comprensión del problema que mutuamente nos atañe; y para que el movimiento cubano  alcance en nuestra patria la repercusión popular que debía tener.  Esquemáticamente, el problema tiene los siguientes aspectos que requieren un análisis (para un examen más circunstanciado, me permito remitirle El otro rostro del peronismo, que publiqué en 1957): 

1. La revolución cubana fue saludada con alborozo por la oligarquía argentina en pleno, porque veía en ella la continuación o equivalente de la revolución de 1955 contra el peronismo.  El uso abstracto y equívoco de palabras como “libertad” y “tiranía” dio este resultado paradojal.  La misma causa que a tantos intelectuales argentinos nos llevó a situarnos contra el auténtico pueblo argentino. 

2. Como consecuencia inevitable del hecho anterior, la inmensa mayoría del pueblo trabajador tomó posición contra ustedes.  Pueden leerse en barrios obreros del Gran Bs. As enormes carteles que dicen: “Viva Perón, muera Fidel Castro”. 

3. Con el desarrollo de los acontecimientos cubanos, sobre todo con la aplicación de medidas sociales y “comunistas” las señoras de nuestra oligarquía y los prohombres de nuestra democracia temen crecientemente haberse equivocado y ya pueden oírse a muchos de ellos que sostienen que Castro se perfila como un nuevo Perón.  Por desgracia, las masas populares no experimentan correlativamente el movimiento inverso (tal es la confusión reinante) y Castro sigue siendo por antonomasia, un libertador del mismo género que el almirante Rojas.  Vinculado a este fenómeno de definición, es clave lo que pasa con un personaje como Jules Dubois, quien ya ha cantado en Cuba o para Cuba la misma hipócrita cantilena sobre la “libertad de prensa”. 

¿Cómo puede haberse llegado a una situación tan equívoca y hasta paradoja?  El análisis nos llevaría muy lejos y no vale la pena que lo haga aquí, sobre todo porque, siquiera someramente, lo hice en el folleto que le envío en este mismo correo.  Y aunque en ese ensayo todavía mantengo algunas posiciones que posteriormente he superado y rectificado, permanecen válidas en esencia las reflexiones que hago sobre el sentido equívoco de palabras claves como “libertad”, “izquierda”, “democracia” y “revolución”.  La historia es desgraciadamente impura y a menudo nos valemos de vocablos que han sido superados y hasta invertidos por el proceso histórico; pero la fuerza de las palabras es tan grande (casi diría tan mágico) que prevalecen muchas veces sobre los propios y evidentes hechos. Cuando en la época de nuestra famosa Unión Democrática tantos intelectuales de “izquierda” marchábamos al lado de conservadores como Santamarina y señoras de la sociedad, deberíamos haber sospechado que algo estaba funcionando mal. 

Cuando en momentos en que se producía la revolución de 1955 yo vi modestas sirvientitas llorando en silencio, pensé (por fin) que los árboles nos habían impedido ver el bosque y que los afamados textos en que habíamos leído sobre revoluciones químicamente puras nos habían impedido ver con nuestros propios ojos una revolución sucia (como siempre son los movimientos históricos reales) que se desarrollan tumultuosamente ante nosotros.

No crea, Guevara, pues, que le estoy pidiendo a usted, un examen o reexamen de nuestro problema argentino: le pido algo que muchos de nosotros aquí estamos haciendo con toda humildad.  Usted, como yo, fue no de los estudiantes o intelectuales de izquierda que rehuyeron la personalidad equívoca demagógica de Perón; con la diferencia de que usted luego se ha mantenido lejos de nuestra realidad y nosotros, en cambio, vivimos todo el proceso, incluso el revelador proceso de la “revolución libertadora” (en este país todo empieza con mayúsculas, pasa luego a minúsculas y finalmente termina entre comillas).  Cuando los coroneles de extracción nazi se hicieron cargo del gobierno en 1945, muchos que éramos antifascistas repudiamos aquel golpe y, en cuanto a mi propia persona se refiere, debo decir que fui expulsado de mi cátedra y condenado a prisión por desacato. Este hecho inicial acaso explique mi sistemático alejamiento de un proceso que sin embargo fue haciéndose cada vez más popular, hasta convertirse en proceso social más profundo que jamás haya experimentado nuestra patria. 

Puedo decir en mi descargo, no obstante, que nunca fui antiperonista del mismo género que podría serlo, digamos, Victoria Ocampo.  Recuerdo haber discutido en pleno régimen peronista con ella (a quien respeto como persona y como escritora) en presencia del arqueólogo inglés Lawrence sobre la esencia del peronismo, manteniendo en aquella áspera discusión las líneas fundamentales que ahora le estoy explicando a Usted. 

A ello se debió  que nunca tomara contra el peronismo la posición de nuestra oligarquía y de la inmensa mayoría de nuestros escritores e intelectuales.  Siempre sostuve que era menester distinguir entre la personalidad del líder y el movimiento que objetivamente se había suscitado en su torno.  Los hechos posteriores (relajamiento del régimen, corrupción, persecuciones inicuas, torturas) que culminaron finalmente con la cobarde e innoble huida de Perón, que no fue capaz de asumir ante su pueblo el puesto de auténtico y valeroso jefe, confirmaron una idea que era esencialmente correcta. 

Pero, sea como sea, lo cierto es que muchos como yo estuvimos contra el peronismo, es decir, contra el pueblo trabajador; no obstante pertenecer, por nuestro “izquierdismo”, a una posición teóricamente populista. 

Ahora, clarificado por el tiempo todo aquel complejo fenómeno, muchos escritores hemos iniciado un proceso de reajuste que esquemáticamente consiste en lo siguiente: el movimiento peronista tuvo aspectos negativos y aún nefastos, desde el punto de vista de la dignidad humana (servilismo, corrupción, persecución, torturas); la personalidad del general Perón sigue siendo para nosotros una personalidad tortuosa y corruptora, pero el pueblo llamado peronista es el pueblo trabajador y con él debemos llevar hasta las últimas consecuencias el proceso que ha de darnos la definitiva liberación económica y política, así como ha de echar las bases para la unidad del continente latinoamericano, tal y como Bolívar y San Martín lo imaginaron; y tal como las grandes potencias imperiales lo han impedido hasta hoy. 

En tal perspectiva, es fácil, advertir la enorme trascendencia que tendría un reexamen del movimiento cubano en relación con el movimiento popular de la Argentina.  ¿Quién sería capaz de parar un proceso combinado de esta envergadura?  Usted, Guevara, por su decisión, por su valentía, por la claridad de ideas que todos encomian, puede ser uno de los factores decisivos de este reencuentro. 

Reciba junto a la expresión de mi admiración más profunda, mi saludo fraternal. 

Ernesto Sábato

Santos Lugares, Argentina. 

La Habana 12 de abril 1960

Año de la Reforma Agraria 

Sr. Ernesto Sábato

Santos Lugares, Argentina 

Estimado compatriota: 

Hace ya unos 15 años, cuando conocí a un hijo suyo, que ya debe tener cerca de los 20, y a su mujer, por aquel lugar creo que llamado Cabalango, en Carlos Paz, y después leí su libro Uno y el universo, que me fascinó, no pensaba que fuera Ud. –poseedor de lo que para mí era lo más sagrado del mundo el título de escritor- quien me pidiera con el andar del tiempo una definición, una tarea de reencuentro, como Ud.  llama, en base a una autoridad abonada por algunos hechos, y muchos fenómenos subjetivos. 

Fijaba estos relatos preliminares solamente para recordarle que pertenezco, a pesar de todo, a la tierra donde nací y que aún soy capaz de sentir profundamente todas sus alegrías, todas sus esperanzas y también sus decepciones.  Sería difícil explicarle por qué “esto” no es Revolución Libertadora; quizá tendría que decirle que le vi las comillas a las palabras que Ud. denuncia en los mismos  días de iniciarse, y yo identifiqué aquella palabra con lo mismo que había acontecido en una Guatemala que acababa de abandonar, vencido y casi decepcionado.  Y, como yo, éramos todos los que tuvimos participación primera en esta aventura extraña y los que fuimos profundizando nuestro sentido revolucionario en contacto con las masas campesinas, en una honda interrelación, durante dos años de luchas crueles y de trabajos realmente grandes. 

No podíamos ser “libertadora” porque no éramos parte de un ejército  plutocrático sino éramos un nuevo ejército popular, levantado en armas para destruir al viejo; y no podíamos ser “libertadora” porque nuestra bandera de combate no era una vaca sino, en todo caso, un alambre de cerca latifundaria destrozado por un tractor, como es hoy la insignia de nuestro INRA.  No podíamos ser “libertadora” porque nuestras sirvienticas lloraron de alegría el día que Batista se fue y entramos en La Habana y hoy continúan dando datos de todas las manifestaciones y todas las ingenuas conspiraciones de la gente Country Club que es la misma gente Country Club que Ud. Conociera allá y que fueran a veces sus compañeros de odio contra el peronismo. 

Aquí  la forma de sumisión de la intelectualidad tomó un aspecto mucho menos sutil que en la Argentina.  Aquí la intelectualidad era esclava a secas, no disfrazada de indiferente, como allá, y muchos menos disfrazada de inteligente; era una esclavitud sencilla puesta al servicio de una causa de oprobio, sin complicaciones; vociferaban, simplemente.  Pero todo esto no es nada más que literatura.  Remitirlo a Ud., como lo hiciera Ud. conmigo, a un libro sobre la ideología cubana, es remitirlo a un plazo de un año adelante; hoy puedo mostrar apenas, como un intento de teorización de esta Revolución, primer intento serio quizás, pero sumamente práctico como son todas nuestras cosas empíricos inveterados, este libro sobre la Guerra de Guerrillas.  Es casi como un exponente pueril de que sé colocar una palabra detrás de otra; no tiene la pretensión de explicar las grandes cosas que a Ud. inquietan y quizás tampoco pudiera explicarlas en un segundo libro que pienso publicar, si las circunstancias nacionales e internacionales no me obligan de nuevo a empuñar un fusil (tarea que desdeño como gobernante pero que me entusiasma como hombre gozoso de la aventura).  Anticipándole aquello que puede venir o no (el libro), puedo decirle, tratando de sintetizar, que esta Revolución es la más genuina creación de la improvisación. 

En la Sierra Maestra, un dirigente comunista que nos visitara, admirado de tanta improvisación y de cómo se ajustaban todos los resortes que funcionaban por su cuenta a una organización central, decían que era el caos más perfectamente organizado del universo.  Y esta Revolución es así porque caminó mucho más rápido que su ideología anterior.  Al fin y al cabo, Fidel Castro era un aspirante a diputado por un partido burgués y tan respetable que podía ser el Partido Radical de Argentina; que seguían las huellas de un líder desaparecido, Eduardo Chibás, de unas características que pudiéramos hallar parecidas a las del mismo Yrigoyen; y nosotros, los que seguíamos, éramos un grupo de hombres con poca preparación política, solamente una carga de buena voluntad y una ingénita honradez. Así vinimos gritando: “En el 56 seremos héroes o mártires”.  Un poco antes habíamos gritado, o mejor dicho, había gritado Fidel: “Vergüenza contra el dinero”.  Sintetizábamos en frases simples nuestra actitud simple también. 

La guerra nos revolucionó.  No hay experiencia más profunda para un revolucionario que el acto de una guerra; no el hecho aislado de matar, ni el de portar un fusil o el de establecer una lucha de tal o cual tipo; es el total del hecho guerrero, el saber que un hombre armado vale como una unidad combatiente, y vale igual que cualquier hombre armado y puede ya no temerle a otros hombres armados.  Ir explicando nosotros, los dirigentes, a los campesinos indefensos, cómo podían tomar un fusil y demostrarle a esos soldados que un campesino armado valía tanto como el mejor de ellos; e ir también aprendiendo cómo la fuerza de uno no vale nada si no está rodeada de la fuerza de todos; e ir aprendiendo, asimismo, cómo las consignas revolucionarias tienen que responder a palpitantes anhelos del pueblo; e ir aprendiendo a conocer del pueblo sus anhelos más hondos y convertirlos en banderas de agitación política.  Eso lo fuimos haciendo todos nosotros y comprendimos que el ansia del campesino por la tierra era el más fuerte estímulo de lucha que se podía encontrar en Cuba.  Fidel entendió muchas cosas; se desarrolló como el extraordinario conductor de hombres que es hoy y como el gigantesco poder aglutinante de nuestro pueblo.  Porque Fidel, por sobre todas las cosas, es el aglutinante por excelencia, el conductor indiscutido que suprime todas las divergencias y destruye con su desaprobación.  Utilizado muchas veces, desafiado otras, por dinero o ambición, es temido siempre por sus adversarios.  Así nació esta Revolución, así se fueron creando sus consignas y así se fue, poco a poco, teorizando sobre hechos para crear una ideología que venía a la zaga de los acontecimientos.  Cuando nosotros lanzamos nuestra Ley de la Reforma Agraria en la Sierra Maestra, ya hacía mucho tiempo se habían hecho repartos de tierra en el mismo lugar.  Después comprender en la práctica una serie de factores, expusimos nuestra tímida ley, que no se aventuraba con lo más fundamental como era la supresión de los latifundistas. 

Nosotros no fuimos demasiado malos para la prensa continental por dos causas: la primera porque Fidel Castro es un extraordinario político que nunca mostró sus intenciones más allá de ciertos límites y supo conquistarse la admiración de reporteros de grandes empresas que simpatizaban con él y utilizaban el camino fácil en la crónica de tipo sensacional; la otra, simplemente porque los norteamericanos, que son los grandes constructores de test y raseros para medirlo todo, aplicaron uno de sus raseros, sacaron su puntuación y lo encasillaron.  Según sus hojas de testificación, donde decía Nacionalizaremos los servicios públicos, debía leerse Evitaremos que eso suceda si recibimos un razonable apoyo; donde decía Liquidaremos el latifundio, debía decirse Utilizaremos el latifundio como una buena base para sacar dinero para nuestra campaña política o para nuestro bolsillo personal, y así sucesivamente.  Nunca les pasó por la cabeza que lo que Fidel Castro y nuestro Movimiento dijeran tan ingenua y drásticamente fuera la verdad de lo que pensábamos hacer; constituimos para ello la gran estafa de este medio siglo: dijimos la verdad aparentando tergiversarla.  Eisenhower dice que traicionamos nuestros principios; es parte de su verdad; traicionamos la imagen que ellos se hicieron de nosotros, como en el cuento del pastorcito mentiroso, pero al revés, y tampoco se nos creyó.  Así estamos ahora, hablando un lenguaje que es también nuevo, porque seguimos caminando mucho más rápido de lo que podemos pensar y estructurar nuestro pensamiento, estamos en un movimiento continuo y la teoría va caminando muy lentamente, tan lentamente, que después de escribir en los poquísimos ratos que tengo este manual que aquí le envío, encontré que para Cuba no sirve casi; para nuestro país, en cambio, puede servir; solamente que hay que usarlo con inteligencia, sin apresuramientos ni embelecos. 

Mientras se van agudizando las situaciones externas y la tensión internacional aumenta, nuestra Revolución, por necesidad de subsistencia, debe agudizarse y, cada vez que se agudiza la Revolución, aumenta la tensión y debe agudizarse una vez más ésta, en un círculo vicioso que parece indicado ir estrechándose y estrechándose cada vez más hasta romperse; veremos entonces cómo salimos del atolladero.  Lo que sí puedo asegurarle es que este pueblo es fuerte, porque ha luchado y ha vencido y sabe el valor de la victoria; conoce el sabor de las batallas y de las bombas y también el sabor de la opresión.  Sabrá luchar con una entereza ejemplar.  Al mismo tiempo le aseguro que en aquel momento, a pesar de que ahora hago algún tímido intento en tal sentido, habremos teorizado muy poco y los acontecimientos deberemos resolverlos con la agilidad que la vida guerrillera nos ha dado.  Sé que ese día su arma de intelectual honrado disparará hacia donde está el enemigo, nuestro enemigo, y que podemos tenerlo allá, presente y luchando junto a nosotros.   Esta carta ha sido un poco larga y no está exenta de esa pequeña cantidad de pose que a la gente sencilla como nosotros le impone, sin embargo, el tratar de demostrar ante un pensador que somos también eso que no somos: pensadores.  De todas maneras, estoy a su disposición. 

Ernesto “Che” Guevara 

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Carta a un poeta que hizo revolución con su canto. Por Karen Torres

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Cantor del Pueblo, llegaste un 31 de Octubre de 1942 con ánimos de hacer de tu andar un camino para las generaciones futuras, esas que ya tu sabias que estaban en peligro. Anti-imperialista te creí y te creo porque te conocí un día a través de una historia que me contó mi padre hoy por hoy viejo, pero con el espíritu libertario de hace décadas esas en las que los revolucionarios fueron vetados por los que dominaban los caminos de nuestra patria, Venezuela; hoy esa patria tuya se extiende a Latinoamérica para que no nos quedemos sin hacer nada, al contrario falta muchísimo por hacer.

Camarada y compatriota, tu le cantabas al que no tiene zapatos, ni pan del día, al que se acuesta sin poder hacer nada más que llorar por la ausencia de la justicia, aquel al que no hemos aún podido conocer del todo, ese que se esconde porque es perseguido. Sin embargo la revolución también tiene sus errores lo decía el CHE: La revolución no se lleva en los labios para vivir de ella, se lleva en el corazón para morir por ella.

La educación y la formación como bien sabias hablar de ella son la nueva herramienta de las revoluciones y la cultura de nuestro pueblo reclama a gritos su reivindicación y reconocimiento, somos grande Alí como, el pueblo de América latina hace historia, y continúa esa historia que dejaste sin concluir por un 16 de Febrero de 1985 donde te fuiste, aunque sé que no querías partir y algo de cierto hay en que te llevaron, porque si estuvieses aquí hubiese existido algo mucho más que un 92 o 99.

Sin embargo la palabra es el temor de las batallas del pensamiento y ante eso usted decía cosas como aquellas de sus canciones, "Sí la lucha por la libertad se dispersa, no habrá victoria popular en el combate." Y ante eso debo decir hasta la victoria siempre y en esto vuelvo a citar al Che, pero también a usted cuando de amor hablamos, porque "Hay que armarse con la luz para vencer la oscurana, así lo enseñó Jesús, nuestro primer camarada."

Las teorías continúan y los defectos aparecen, las virtudes sacan ventaja y forjan la revolución bien llamada, una revolución que garantiza ese pensamiento suyo de la gente de mi tierra que sobre la patria lucha en esta décadas y las siguientes, la lucha es eterna y "El que su tierra no adora, tiene espíritu prestado por duro que sea su cuero con la llovizna se afloja”, continuamos para que sea Humana la Humanidad…

…Hasta la Victoria Siempre!

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Karl Marx de José Martí

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Karl MarxVed esta gran sala. Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros. Mas se ha de hallar salida a la indignación, de modo que la bestia cese, sin que se desborde, y espante. Ved esta sala: la preside, rodeado de hojas verdes, el retrato de aquel reformador ardiente, reunidor de hombres de diversos pueblos, y organizador incansable y pujante. La Internacional fue su obra: vienen a honrarlo hombres de todas las naciones. La multitud, que es de bravos braceros, cuya vista enternece y conforta, enseña más músculos que alhajas, y más caras honradas que paños sedosos. El trabajo embellece. Remoza ver a un labriego, a un herrador, o a un marinero. De manejar las fuerzas de la naturaleza, les viene ser hermosos como ellas.

New York va siendo a modo de vorágine: cuanto en el mundo hierve, en ella cae. Acá sonríe al que huye; allá, le hacen huir. De esta bondad le ha venido a este pueblo esta fuerza. Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestión natural y laboriosa. Aquí están buenos amigos de Karl Marx, que no fue sólo movedor titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de los hombres, y hombre comido del ansia de hacer bien. El veía en todo lo que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto, lucha.

Aquí está un Lecovitch, hombre de diarios: vedlo cómo habla: llegan a él reflejos de aquel tierno y radioso Bakunin: comienza a hablar en inglés; se vuelve a otros en alemán: "¡da! ¡da!" responden entusiasmados desde sus asientos sus compatriotas cuando les habla en ruso. Son los rusos el látigo de la reforma: mas no, ¡no son aún estos hombres impacientes y generosos, manchados de ira, los que han de poner cimiento al mundo nuevo: ellos son la espuela, y vienen a punto, como la voz de la conciencia, que pudiera dormirse: pero el acero del acicate no sirve bien para martillo fundador.

martiAquí está Swinton, anciano a quien las injusticias enardecen, y vio en Karl Marx tamaños de monte y luz de Sócrates. Aquí está el alemán John Most, voceador insistente y poco amable, y encendedor de hogueras, que no lleva en la mano diestra el bálsamo con que ha de curar las heridas que abra su mano siniestra. Tanta gente ha ido a oírles hablar que rebosa en el salón, y da en la calle. Sociedades corales, cantan. Entre tanto hombre, hay muchas mujeres. Repiten en coro con aplauso frases de Karl Marx, que cuelgan en cartelones por los muros. Millot, un francés, dice una cosa bella: "la libertad ha caído en Francia muchas veces: pero se ha levantado más hermosa de cada caída". John Most habla palabras fanáticas: "Desde que leí en una prisión sajona los libros de Marx, he tomado la espada contra los vampiros humanos". Dice un Magure: "Regocija ver juntos, ya sin odios, a tantos hombres de todos los pueblos. Todos los trabajadores de la tierra pertenecen ya a una sola nación, y no se querellan entre sí, sino todos juntos contra los que los oprimen. Regocija haber visto, cerca de lo que fue en París Bastilla ominosa, seis mil trabajadores reunidos de Francia y de Inglaterra. “Habla un bohemio. Leen carta de Henry George, famoso economista nuevo, amigo de los que padecen, amado por el pueblo, y aquí y en Inglaterra famoso. Y entre salvas de aplausos tonantes, y frenéticos hurras, poniéndose en pie, en unánime movimiento, la ardiente asamblea, en tanto que leen desde la plataforma en alemán y en inglés dos hombres de frente ancha y mirada de hoja de Toledo, las resoluciones con que la junta magna acaba, en que Karl Marx es llamado el héroe más noble y el pensador más poderoso del mundo del trabajo. Suenan músicas; resuenan coros, pero se nota que no son los de la paz.

http://es.wikisource.org/wiki/Karl_Marx_%28Jos%C3%A9_Mart%C3%AD%29

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Una segunda reflexión...

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“Agonía no es el preludio de la muerte, no es la conclusión de la vida. Agonía –como Unamuno escribe en la introducción de su libro– quiere decir lucha. Agoniza aquel que vive luchando; luchando contra la vida misma. Y contra la muerte”

J C M.

(Cita tomada del libro de Alberto Flores Galindo La Agonía de Mariátegui. La polémica con la Komintern. Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo, Perú, 1980)

En días pasados en medio de la emoción de los hechos, publiqué en este blog una declaración de principios “Yo soy de las FARC” Hoy intento esta segunda reflexión después de que, abrumado y adolorido, he visto una avalancha de explicaciones, reclamos y contra) explicaciones.

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