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[OPINIÓN] Marcos Roitman: "Nicolás Maduro no me gusta. Muerte al tirano"

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MAduro constituyente

"El mundo contra la constituyente" exclaman las corporaciones mediáticas, gobiernos capitalistas y figuras devenidas en "democrátas" ante la propuesta que lanzara el Presidente Maduro aquel primero de mayo, y que se convirtiera en el centro de todos los odios planetarios. Veamos este cuerpo argumental que nos trae Marcos Roitman Rosenmann, en su más reciente artículo publicado en http://www.jornada.unam.mx.

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[OPINIÓN] Intolerancia

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1 r 1 Cartel-Intolerancia

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El talento es independiente de la ideología; por eso el talentoso es más responsable que nadie de la  que elige. En 1915 el fracasado granjero, tendero, actor y dramaturgo  David Warck Griffith logra filmar una adaptación de la novela  The clansman del reverendo Thomás Dixon, que se presenta con el título de The birth of a Nation, el nacimiento de una Nación.  Varias cosas nacen con el desmesurado film. Es el primer largometraje: antes se creía que una película de más de una hora de duración le haría daño a los ojos. Es la primera superproducción: se reconstruyen reuniones políticas, cabalgatas, batallas. Es el primer uso sistemático del montaje en contrapunto entre acciones paralelas: la situación de peligro avanza, los rescatistas acuden a galope tendido; la damisela en apuros escapa: las tomas se alternan con las de su perseguidor. Es una de las primeras cintas abiertamente comprometida con una causa política. En este sentido, es un desastre.

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En efecto, la cinta es  traducción visual de los prejuicios del esclavista reverendo Dixon. Representa un estadounidense Sur de Estados Unidos donde perros y gatos, amitos y esclavos conviven en amorosa armonía. Capitalistas norteños y amitas sureñas se enamoran noblemente; esclavos y abolicionistas caminan simiescamente, casi a cuatro patas. La Guerra de Secesión interrumpe tanta felicidad. Esclavos liberados pretenden  hacerse elegir para cargos representativos y enamorar blancas. Uno de los amitos discurre que si los esclavos liberados tienen miedo de los fantasmas, hay que disfrazarse con sábanas blancas, lincharlos y quemarlos vivos. El día de las elecciones, un ejército de encapuchados jinetes del Ku Klux Klan rodea las covachas de los afrodescendientes y les impide salir a votar. Ha nacido una Nación: la del Prejuicio, el Racismo, la Intolerancia. Es la muerte de la Humanidad.

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Esta pesadilla es también el primer gran taquillazo: no sólo costea los extravagantes gastos de producción: la concesión para distribuirla le produce a Louis B. Mayer el dinero para fundar la Metro Goldwin Mayer,  y los beneficios permiten a Griffith no ser esclavo de productores y estudios. Como  esclavo liberado, intenta también elegir. En lugar del racismo, escoge el amor. En vez del prejuicio, selecciona la tolerancia. Lo único que no puede elegir es la mediocridad. Ya en 1916 estrena Intolerancia, o el amor a través de los tiempos. Es su obra maestra definitiva.

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A diferencia de El nacimiento de una Nación, Intolerancia no se confina en una época; abarca cuatro, que resumen la Historia Universal de la lucha del amor contra el prejuicio: la Caída de Babilonia; la Pasión de Cristo; la masacre de los protestantes en la Noche de San Bartolomé,  la condena a muerte de un dirigente obrero. No desarrolla un solo estilo narrativo, sino cuatro: el barroco onírico, la sencillez evangélica, el expresionismo, el contemporáneo realismo. El trepidante montaje alterna  acontecimientos separados por siglos: hay tomas de multitudes que duran segundos y cortes que nos saltan milenios: el cine domina todos los lugares y las épocas y los géneros en la aceptación total del fenómeno humano.

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Así como el discurso del prejuicio enriquece a Griffith, el del amor no cubre los costos de producción y lo arruina. Pero el primero crea sólo un procedimiento; el segundo una cosmovisión que nos hace entender que todas las historias, todos los seres, todas las técnicas pueden coexistir sin destruirse. Es posible cambiar del prejuicio al humanismo.  Elijamos.

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[CONTRATIEMPO] La Constituyente como ejercicio democrático: ¿Contratiempo originario?

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Constituyente

“Miente toda historia muerta que tiene igual sanción para los mártires
y para los verdugos, para los que han muerto en las hogueras
y para los que las encendieron”

José Ingenieros. “Las Fuerzas Morales”

La convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) sigue siendo el tema de quiebre político más importante del período gubernamental que arrancó el 10 de enero de 2013. Es casi una tragedia histórica que el período que iniciara sobre el triunfo electoral de Chávez y que, en su ausencia le corresponde liderar a Nicolás Maduro, nos devuelva la pregunta sustancial con la cual comenzó la nueva historia constitucional en Venezuela y se diera inicio al experimento de una democracia protagónica, co-responsable y participativa. Es tragedia porque pareciera generarse una singularidad histórica en el ciclo inaugurado por Chávez. Las singularidades históricas causan incomodidad porque pueden cambiar los signos de los tiempos. Los signos de los tiempos no son más que los modos de lectura que hacemos los humanos de cuánto nos acaece.

Allí radica una discusión que se dio con muy poco eco en los medios y sepultó, lamentablemente, lo que es fundamental como principio constitucional: la convocatoria de la ANC es un ejercicio de soberanía popular. La razón para ello debe consagrarse como principio constitucional. Caso contrario, estaremos en la continua procura de quienes puedan convocar a la ANC en una puja incesante que demolerá a la constitución como instrumento rector de la constitución del venezolano. Sin lugar a dudas, este es un contratiempo originario que deberemos atender desde la altura en la cual nos coloquen las circunstancias de este momento histórico que es, pese a todos, un momento constituyente.

Probablemente, el espíritu constituyente pudiera apelar a las circunstancias de lo sucedido el 16 de julio en la siempre incierta Venezuela. El hecho de conseguir largas horas de espera para ensayar el voto revela una voluntad que trasciende el aprender a votar. Fue una tozuda, sorprendente y contundente respuesta a propios y extraños de que el pueblo venezolano, con aciertos y desaciertos, asume su tiempo histórico como tiempo constituyente. A todo el espectro político venezolano, desde los oportunistas que se enriquecen a la sombra del estado hasta los terroristas intelectuales y materiales que han dado muestras de ignorar todo orden, les urge por su propia conveniencia, que nos planteemos la convivencia en Venezuela como un asunto que nos ocupa a todos, nos compromete e interpela en lo personal, vecinal, institucional e incluso en lo educacional en todos los estratos. La constituyente es así el núcleo sobre el cual deberemos poder mirar a los “otros” sin el espanto del odio, de la indiferencia, de la soberbia y del asalto.

El tiempo constituyente está instalado entonces porque no es un tema de holgura para re-pensar instituciones. Es una urgencia porque las instituciones se han hecho pequeñas e insuficientes para atender lo que ha significado una explosión de pluralidades que se asumen sujetos de derecho pero también, el revelado de posturas y convicciones secesionistas, entreguistas, oportunistas por hacer de la nación de Bolívar el mejor negocio en este momento que se pueda hacer en el planeta. No se trata tan sólo de un gobierno. Es la misma idea de gobierno la que está ahora puesta en el banquillo de los acusados. Por primera vez en muchos años, los poderes imperiales han decidido quitarse la careta ante la ineficiencia y el fracaso continuo de una oposición en Venezuela que no opone porque no propone, que no gana porque nunca compite y, finalmente, no ha podido arrastrar desde la convicción de la humildad a la convicción de la ambición desmedida, a la mayoría de los venezolanos. Ese es un tema digno de estudio y análisis: ¿Por qué ser chavista si eso no te da beneficios? Probablemente, la pregunta comienza a ser insuficiente. Probablemente, quien apoya el tiempo constituyente lo mueva el espíritu de Chávez pero no de la figura centelleante y exultante del líder sino el “espíritu” en su acepción más puro: lo esencial de Chávez. Nos basta para este momento señalar apenas algunas características de esa esencia: La convicción de ser sujeto político en tanto soberano, el apego a la paz como la derrota de las ambiciones imperiales y el apego a las formas de la democracia en sus múltiples formas como la única salida a los laberintos colectivos. No son convicciones fáciles de sostener. Se ha puesto el mayor empeño en descalificarlas todas y en reducirlas al insulto y la barbarie. Pero algo nos dice, que el pueblo es sabio y paciente.

Se dará el proceso constituyente porque hace rato que el pueblo decidió y apostó que incluso para cambiar el curso de la historia, o acaso porque de eso se trata el acontecimiento de estos tiempos, la única posibilidad es constituirnos como unidad. No se trata de que la constitución de 1999 tiene todas las respuestas y que es perfecta. Es más simple, las preguntas que ahora se hace el pueblo venezolano no tiene respuestas en el libro que Chávez alguna vez comparara con el Popol Vuh. Son tiempos constituyentes porque son tiempos de mengua de la humanidad, en esos casos, la constituyente es inevitablemente un contratiempo de origen, desde el comienzo y es por ello que es menester que volvamos todos no sólo a reformular nuestros sueños, sino a ampliarlos para construirlos despiertos.

Emergentes: Nada sugiere que posterior a la constituyente se calmen los intereses bastardos que acosan a la sociedad venezolana. Más le vale a la sociedad venezolana toda, preguntarse si a quienes vienen a salvar son sus almas o sus alforjas. Los piratas nunca han cuidado las vidas, mucho menos lo harán ahora.

A Tiempo: Cada acto de voto que se haga este domingo, será un acto heroico pero también una advertencia a todo quien gobierna en el vasto territorio de Venezuela. No será sino la victoria del pueblo y en eso debemos ser absolutamente certeros en celebrar la vida y recordar los muertos que la insensatez y la barbarie de unos pocos han cobrado como ofrenda por la sencilla razón de pensar diferente.

A destiempo: El silencio de esta columna no tiene otra excusa que los contratiempos de no poder acompañar como se quiere, y tener que conformarse con lo que se puede. Paz en el corazón y luz en el entendimiento.

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[ANÁLISIS] La CIA y la contrarrevolución en Venezuela

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CIA original

El intelectual y analista Argentino Atilio Borón nos relata el historial injerencista de la CIA y todas sus agencias aliadas, contra Nuestra América en su lucha Libertaria.

La sociedad capitalista tiene como uno de sus rasgos principales la opacidad. Si en los viejos modos de producción precapitalistas la opresión y la explotación de los pueblos saltaba a la vista y adquiría inclusive una expresión formal e institucional en jerarquías y potestades, en el capitalismo prevalece la oscuridad y, con ella, el desconcierto y la confusión. Fue Marx quien con el descubrimiento de la plusvalía descorrió el velo que ocultaba la explotación a la que eran sometidos los trabajadores “libres”, emancipados del yugo medieval . Y fue él también quien denunció el fetichismo de la mercancía en una sociedad en donde todo se convierte en mercancía y por lo tanto todo se presenta fantasmagóricamente ante los ojos de la población.

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[BUEN ABAD] Humanismo: Fase Superior de la Constituyente

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Socialismo

Venezuela y la hora de la Patria Grande

"Al pueblo sólo lo salva el pueblo" A menos que entremos en un trance de esquizofrenia aguda, es hora de poner en práctica todo el amor que oficialmente nos han enseñado a tener -en loas- por las constituciones políticas y por los pueblos que deciden, soberanamente, cómo gobernarse. Ese ha sido, una y otra vez, el discurso dominante, casi progre y casi dogmático -y siempre reverencial- con que se expiden los aparatos ideológicos dominantes cuando se trata de instituir formas del respeto social sobre las "máximas instituciones democráticas" que nos rigen. No hay mayor poder que el poder popular y soberano decidiendo su ser y su modo de ser social. La Constituyente es el pueblo salvando al pueblo. Con sus propias reglas y el mismo plan para un mundo sin amos ni esclavos. Un acto de amor. Garantía de Paz.


Y a no ser que todo hubiere sido palabrearía demagógica burguesa, que nos refregaron sin clemencia, generación tras generación, hoy en Venezuela se abre una oportunidad única para poner en práctica ese respeto supremo imbuido a las democracias que han crecido (incluso) desigualmente bajo las alas desiguales del capitalismo. No hay lugar para las jugarretas de la doble moral que, acaso, quisiera respeto catedralicio para la democracia burguesa y quisiere toda forma de escarnio, agresión y ataque contra la constituyente en manos de los pueblos. No explicaremos aquí para qué sirve la ironía.

Venezuela discutirá, desde las bases, cómo perfeccionar su constitución vigente. Qué le sobra, qué le falta y qué ha de cumplirse con el consenso de la mayoría que legitima, incluso, la propia definición de la democracia realmente existente. Van a discutir, entre mil temas, la solución constitucional al problema de la economía rentista y de la guerra económica burguesa, que ha devastado a la clase trabajadora y amenazado todo el proceso del socialismo bolivariano. Discutirán los medios y los modos para superar la democracia burguesa que tanto daño viene haciendo con sus vacíos jurídicos y la permisividad delincuencial por donde se han infiltrado las canalladas más anti-democráticas y golpistas. Discutirán, en suma, una gran revolución cultural que transforme para siempre a Venezuela y consolide herramientas capaces de constituir la independencia económica en la independencia política para la soberanía semántica. Ser cultos para ser libres.

Y también discutirán una estrategia comunicacional constituyente que, de una vez por todas, garantice la voz de todos en oportunidades y en condiciones de justicia cultural y comunicacional. Urge organizar una Fuerza Comunicacional Constituyentista que dé la vuelta al mundo, trabajando desde las bases, contra el silencio en los medios hegemónicos. Urge una Fuerza Comunicacional Constituyentista más grande que el gobierno, más grande que un solo país... tan grande como la batalla misma de las ideas y donde un millón de revolucionarios (al menos) generé permanentemente 100 mensajes constituyentistas, organizados y sistemáticos, para todos los gustos y para los que tengan dudas o ignorancias. ¡Es una forma de decir!

A todos los pretextos que se han inventado para estorbar a la constituyente e impedirle que sea el mandato de la clase trabajadora contra el mandato de la clase explotadora, se debe combatir con más constituyente para la revolución. El escenario mundial lo exige. Es la hora de la Justicia Social de los pueblos dando todos los pasos necesarios en una situación histórica plagada con peligros y emboscadas macabras. Es hora de defender la Justicia dictada por los pueblos y no la justicia burguesa dictada por los paladines leguleyos del capitalismo. No es la hora de abogar por los códigos ni las jurisprudencias oligarcas, es la hora de la Justicia Social y la Constituyente venezolana es escenario privilegiado que nos exige a todos compromiso fraterno, contribución, defensa y solidaridad. Internacionalistas.

Esta Historia está comenzando una fase superior del "Plan de la Patria" que sin abandonarlo lo potencia. Y está claro que en su desarrollo concreto las deliberaciones y los acuerdos estarán atados a su realidad histórica y política; a su dialéctica objetiva y a las tantas estrategias que deberá sortear para ponerse a salvo de las agresiones que continuarán su necedad monstruosa de descarrilar a la Asamblea Constituyente que es, además, anti-imperialista. No nos alcanzará la eternidad para arrepentirnos si no sabemos generar un gran movimiento planetario en defensa de la Revolución Venezolana

Esta Historia está pariendo una fase superior de la conciencia política y revolucionaria de los pueblos, no para conformarnos con leyes y constituciones de manera fetichista, como si con leyes se arreglara lo que no arregló la acción política o la lucha en todos los frentes. Se abre una fase superior en la confrontación de clase que no traerá soluciones milagrosas ni será ilusionismo reformista. Se abre una oportunidad de re-ordenación y re-funcionalización de las herramientas de transformación social para asestar un golpe humanista y certero al modo de producción (depredación) capitalista y sus infames relaciones de producción humillantes, injustas y criminales.

Esta Constituyente venezolana es una responsabilidad de todos en todo el mundo. No podemos abandonarla bajo la paliza mediática que viene perpetrando la burguesía en todo el planeta y no podemos dejarla a expensas del Plan Cóndor Mediático que opera en América Latina y el Caribe contra la Constituyente. No podemos ni debemos ser indiferentes, eso es un crimen. No podemos ni debemos quedarnos callados, eso es una injusticia. No podemos ni debemos jugar a la neutralidad falaz. No podemos ni debemos guardar silencio cuando lo urgente es explicar (y explicarnos) la Constituyente en todo su esplendor y en todo el mundo. Hacer saber a todos que es la obra de un pueblo que quiere que gobierne el pueblo. Que no es "perfecta", que no es "inmaculada", que refleja atrasos y contradicciones pero que es voluntad de las bases que no quieren seguir obedeciendo la voluntad de los explotadores. Bastaría saber los planes macabros de Trump -y sus secuaces- para que nadie regateara su solidaridad con la Constituyente, para que nadie jugara a ser juez sin antes haber abrazado fraternalmente al pueblo revolucionario de Venezuela hoy Constituyentista. Son horas cruciales, lo que pase ahí pesará en todas partes. Unidad.

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