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[OPINIÓN] Constituyente: Contra la guerra y por la refundación del chavismo

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Venezuela: país petrolero, convertido durante todo el siglo XX en un gran pozo de crudo para exportar a precio de gallina flaca a los centros de poder. País colonia, otrora del imperio español luego del estadounidense y su mayamización de la subjetividad común. País anticomunista, cuya “democracia vitrina” logró ocultar los miles de desaparecidos y asesinados por los gobiernos del “disparen primero averigüen después”.

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[OPINIÓN] Marcos Roitman: "Nicolás Maduro no me gusta. Muerte al tirano"

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"El mundo contra la constituyente" exclaman las corporaciones mediáticas, gobiernos capitalistas y figuras devenidas en "democrátas" ante la propuesta que lanzara el Presidente Maduro aquel primero de mayo, y que se convirtiera en el centro de todos los odios planetarios. Veamos este cuerpo argumental que nos trae Marcos Roitman Rosenmann, en su más reciente artículo publicado en http://www.jornada.unam.mx.

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[ANÁLISIS] La CIA y la contrarrevolución en Venezuela

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El intelectual y analista Argentino Atilio Borón nos relata el historial injerencista de la CIA y todas sus agencias aliadas, contra Nuestra América en su lucha Libertaria.

La sociedad capitalista tiene como uno de sus rasgos principales la opacidad. Si en los viejos modos de producción precapitalistas la opresión y la explotación de los pueblos saltaba a la vista y adquiría inclusive una expresión formal e institucional en jerarquías y potestades, en el capitalismo prevalece la oscuridad y, con ella, el desconcierto y la confusión. Fue Marx quien con el descubrimiento de la plusvalía descorrió el velo que ocultaba la explotación a la que eran sometidos los trabajadores “libres”, emancipados del yugo medieval . Y fue él también quien denunció el fetichismo de la mercancía en una sociedad en donde todo se convierte en mercancía y por lo tanto todo se presenta fantasmagóricamente ante los ojos de la población.

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[OPINIÓN] Intolerancia

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El talento es independiente de la ideología; por eso el talentoso es más responsable que nadie de la  que elige. En 1915 el fracasado granjero, tendero, actor y dramaturgo  David Warck Griffith logra filmar una adaptación de la novela  The clansman del reverendo Thomás Dixon, que se presenta con el título de The birth of a Nation, el nacimiento de una Nación.  Varias cosas nacen con el desmesurado film. Es el primer largometraje: antes se creía que una película de más de una hora de duración le haría daño a los ojos. Es la primera superproducción: se reconstruyen reuniones políticas, cabalgatas, batallas. Es el primer uso sistemático del montaje en contrapunto entre acciones paralelas: la situación de peligro avanza, los rescatistas acuden a galope tendido; la damisela en apuros escapa: las tomas se alternan con las de su perseguidor. Es una de las primeras cintas abiertamente comprometida con una causa política. En este sentido, es un desastre.

2
En efecto, la cinta es  traducción visual de los prejuicios del esclavista reverendo Dixon. Representa un estadounidense Sur de Estados Unidos donde perros y gatos, amitos y esclavos conviven en amorosa armonía. Capitalistas norteños y amitas sureñas se enamoran noblemente; esclavos y abolicionistas caminan simiescamente, casi a cuatro patas. La Guerra de Secesión interrumpe tanta felicidad. Esclavos liberados pretenden  hacerse elegir para cargos representativos y enamorar blancas. Uno de los amitos discurre que si los esclavos liberados tienen miedo de los fantasmas, hay que disfrazarse con sábanas blancas, lincharlos y quemarlos vivos. El día de las elecciones, un ejército de encapuchados jinetes del Ku Klux Klan rodea las covachas de los afrodescendientes y les impide salir a votar. Ha nacido una Nación: la del Prejuicio, el Racismo, la Intolerancia. Es la muerte de la Humanidad.

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Esta pesadilla es también el primer gran taquillazo: no sólo costea los extravagantes gastos de producción: la concesión para distribuirla le produce a Louis B. Mayer el dinero para fundar la Metro Goldwin Mayer,  y los beneficios permiten a Griffith no ser esclavo de productores y estudios. Como  esclavo liberado, intenta también elegir. En lugar del racismo, escoge el amor. En vez del prejuicio, selecciona la tolerancia. Lo único que no puede elegir es la mediocridad. Ya en 1916 estrena Intolerancia, o el amor a través de los tiempos. Es su obra maestra definitiva.

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A diferencia de El nacimiento de una Nación, Intolerancia no se confina en una época; abarca cuatro, que resumen la Historia Universal de la lucha del amor contra el prejuicio: la Caída de Babilonia; la Pasión de Cristo; la masacre de los protestantes en la Noche de San Bartolomé,  la condena a muerte de un dirigente obrero. No desarrolla un solo estilo narrativo, sino cuatro: el barroco onírico, la sencillez evangélica, el expresionismo, el contemporáneo realismo. El trepidante montaje alterna  acontecimientos separados por siglos: hay tomas de multitudes que duran segundos y cortes que nos saltan milenios: el cine domina todos los lugares y las épocas y los géneros en la aceptación total del fenómeno humano.

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Así como el discurso del prejuicio enriquece a Griffith, el del amor no cubre los costos de producción y lo arruina. Pero el primero crea sólo un procedimiento; el segundo una cosmovisión que nos hace entender que todas las historias, todos los seres, todas las técnicas pueden coexistir sin destruirse. Es posible cambiar del prejuicio al humanismo.  Elijamos.

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[CONTRATIEMPO] La Constituyente como ejercicio democrático: ¿Contratiempo originario?

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Constituyente

“Miente toda historia muerta que tiene igual sanción para los mártires
y para los verdugos, para los que han muerto en las hogueras
y para los que las encendieron”

José Ingenieros. “Las Fuerzas Morales”

La convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) sigue siendo el tema de quiebre político más importante del período gubernamental que arrancó el 10 de enero de 2013. Es casi una tragedia histórica que el período que iniciara sobre el triunfo electoral de Chávez y que, en su ausencia le corresponde liderar a Nicolás Maduro, nos devuelva la pregunta sustancial con la cual comenzó la nueva historia constitucional en Venezuela y se diera inicio al experimento de una democracia protagónica, co-responsable y participativa. Es tragedia porque pareciera generarse una singularidad histórica en el ciclo inaugurado por Chávez. Las singularidades históricas causan incomodidad porque pueden cambiar los signos de los tiempos. Los signos de los tiempos no son más que los modos de lectura que hacemos los humanos de cuánto nos acaece.

Allí radica una discusión que se dio con muy poco eco en los medios y sepultó, lamentablemente, lo que es fundamental como principio constitucional: la convocatoria de la ANC es un ejercicio de soberanía popular. La razón para ello debe consagrarse como principio constitucional. Caso contrario, estaremos en la continua procura de quienes puedan convocar a la ANC en una puja incesante que demolerá a la constitución como instrumento rector de la constitución del venezolano. Sin lugar a dudas, este es un contratiempo originario que deberemos atender desde la altura en la cual nos coloquen las circunstancias de este momento histórico que es, pese a todos, un momento constituyente.

Probablemente, el espíritu constituyente pudiera apelar a las circunstancias de lo sucedido el 16 de julio en la siempre incierta Venezuela. El hecho de conseguir largas horas de espera para ensayar el voto revela una voluntad que trasciende el aprender a votar. Fue una tozuda, sorprendente y contundente respuesta a propios y extraños de que el pueblo venezolano, con aciertos y desaciertos, asume su tiempo histórico como tiempo constituyente. A todo el espectro político venezolano, desde los oportunistas que se enriquecen a la sombra del estado hasta los terroristas intelectuales y materiales que han dado muestras de ignorar todo orden, les urge por su propia conveniencia, que nos planteemos la convivencia en Venezuela como un asunto que nos ocupa a todos, nos compromete e interpela en lo personal, vecinal, institucional e incluso en lo educacional en todos los estratos. La constituyente es así el núcleo sobre el cual deberemos poder mirar a los “otros” sin el espanto del odio, de la indiferencia, de la soberbia y del asalto.

El tiempo constituyente está instalado entonces porque no es un tema de holgura para re-pensar instituciones. Es una urgencia porque las instituciones se han hecho pequeñas e insuficientes para atender lo que ha significado una explosión de pluralidades que se asumen sujetos de derecho pero también, el revelado de posturas y convicciones secesionistas, entreguistas, oportunistas por hacer de la nación de Bolívar el mejor negocio en este momento que se pueda hacer en el planeta. No se trata tan sólo de un gobierno. Es la misma idea de gobierno la que está ahora puesta en el banquillo de los acusados. Por primera vez en muchos años, los poderes imperiales han decidido quitarse la careta ante la ineficiencia y el fracaso continuo de una oposición en Venezuela que no opone porque no propone, que no gana porque nunca compite y, finalmente, no ha podido arrastrar desde la convicción de la humildad a la convicción de la ambición desmedida, a la mayoría de los venezolanos. Ese es un tema digno de estudio y análisis: ¿Por qué ser chavista si eso no te da beneficios? Probablemente, la pregunta comienza a ser insuficiente. Probablemente, quien apoya el tiempo constituyente lo mueva el espíritu de Chávez pero no de la figura centelleante y exultante del líder sino el “espíritu” en su acepción más puro: lo esencial de Chávez. Nos basta para este momento señalar apenas algunas características de esa esencia: La convicción de ser sujeto político en tanto soberano, el apego a la paz como la derrota de las ambiciones imperiales y el apego a las formas de la democracia en sus múltiples formas como la única salida a los laberintos colectivos. No son convicciones fáciles de sostener. Se ha puesto el mayor empeño en descalificarlas todas y en reducirlas al insulto y la barbarie. Pero algo nos dice, que el pueblo es sabio y paciente.

Se dará el proceso constituyente porque hace rato que el pueblo decidió y apostó que incluso para cambiar el curso de la historia, o acaso porque de eso se trata el acontecimiento de estos tiempos, la única posibilidad es constituirnos como unidad. No se trata de que la constitución de 1999 tiene todas las respuestas y que es perfecta. Es más simple, las preguntas que ahora se hace el pueblo venezolano no tiene respuestas en el libro que Chávez alguna vez comparara con el Popol Vuh. Son tiempos constituyentes porque son tiempos de mengua de la humanidad, en esos casos, la constituyente es inevitablemente un contratiempo de origen, desde el comienzo y es por ello que es menester que volvamos todos no sólo a reformular nuestros sueños, sino a ampliarlos para construirlos despiertos.

Emergentes: Nada sugiere que posterior a la constituyente se calmen los intereses bastardos que acosan a la sociedad venezolana. Más le vale a la sociedad venezolana toda, preguntarse si a quienes vienen a salvar son sus almas o sus alforjas. Los piratas nunca han cuidado las vidas, mucho menos lo harán ahora.

A Tiempo: Cada acto de voto que se haga este domingo, será un acto heroico pero también una advertencia a todo quien gobierna en el vasto territorio de Venezuela. No será sino la victoria del pueblo y en eso debemos ser absolutamente certeros en celebrar la vida y recordar los muertos que la insensatez y la barbarie de unos pocos han cobrado como ofrenda por la sencilla razón de pensar diferente.

A destiempo: El silencio de esta columna no tiene otra excusa que los contratiempos de no poder acompañar como se quiere, y tener que conformarse con lo que se puede. Paz en el corazón y luz en el entendimiento.

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