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CABECERA DE PAGINA

[OPINIÓN] El país que se llevan y la resistencia de los que se quedan

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Dos hombres cargan una pierna de vaca arriba de una moto en dirección a la frontera. Un responsable del paso fronterizo cobra mil pesos por cada kilo que pese el animal, las canoas van y vienen de una orilla a la otra, las carnicerías y queserías están vacías porque llega gente “del centro”, como dicen, a comprar unos kilos y llevarlos para el otro lado. Todos los hoteles están llenos para hospedar a los que hacen el camino de la reventa, existen rutas de buses de varios puntos del país a la frontera exclusivamente para quienes se dedican a ese negocio, hay más robos en el pueblo, casi todo se cobra en efectivo y el efectivo se compra en 300%, las gasolineras despachan a menos de la mitad de carros de lo que deberían hacer con lo que les llega, los carros cargan varias veces en el día con chip revendidos. Sucede de día, delante de todos.

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[CONTRATIEMPO] La Comuna: ¿El comienzo del fin?

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La aparición casi mesiánica de la comuna como instrumento del cual deberá “manar leche y miel de la tierra prometida” del proceso de transformación en Venezuela, le hace un flaco favor la fuerza que quizás invisible para algunos no ha cesado de aparecer y hacerse cada vez más consciente de sus necesidades, de sus retos y de sus obstáculos. En este sentido, la comuna se ha ido erigiendo paulatinamente en una actriz central en el proceso de reconstitución social y económica de una Venezuela que no volverá a hacer aquella que vivió la ilusión de una democracia petrolera, en la cual muchos tuvieron muy poco, mientras pocos se hicieron del botín que supuso el asalto del poder de una nación petrolera bajo los auspicios y la protección de los Estados Unidos.

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[OPINIÓN] El mayo francés

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Desafiando la hilera de nuevos edificios empresariales  posmo parecidos a frascos de perfume, el tumulto marcha decidido por todo el quartier gerencial del municipio Puteaux atravesando la explanada peatonal de Parvis hacia el árido Arc de la Défense.

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[MEMORIA LIBRE] ¡Anclaje Ya!

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Cualquiera que sea la actitud presidencial en este escenario, apocalipsis es el efecto más probable. Quedará también anulado el Bolívar y el salario público, forzando a todos al sector privado “como sea”.

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[ANÁLISIS] ¿Agropatria? Ven a nosotros que tenemos flor

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Corría el 4 de octubre del año 2010, cuando el presidente Hugo Chávez decidió expropiar “Agroisleña”, una empresa hispano-venezolano, con 52 años de existencia, 20 sucursales y unos 1.800 trabajadores.

Chávez explicó sus razones: Agroisleña se había convertido en un oligopolio (controlaba el 95,8% de la importación de semillas de cebolla, tomate y pimentón; dominaba 30% de los silos del país; manejaba 28% de la distribución de semillas de cereales y oleaginosas así como la distribución del 59% de los agroquímicos) que traficaba con fondos obtenidos de bancos estatales (utilizaba créditos que recibía por parte del Banco de Venezuela al 8% de interés, para refinanciarlos a los productores con tasas del 13%) y vendía sus productos muy por encima del precio recomendado.

“PEQUIVEN, nuestra corporación petroquímica, o sea, nosotros, el gobierno, le vendíamos al oligopolio Agroisleña el sulfato de amonio a 14,4 Bs el saco, y le recomendábamos venderlo a 22,3 Bs para tener una modesta ganancia en base a la cadena productiva, la distribución, etc. Bueno, suponte tú que puedan sugerir un precio de 25, por ahí ¿verdad? todavía 30, en base a algunas variables de costo, pero no, ellos lo vendieron en 75 Bs, 500% por encima, eso se llama especulación”, expresó.

Así, Agroisleña se transformó en Agropatria, que comenzó a crecer, tenía sucursales en todas partes, la nómina de sus trabajadores se triplicó, pero hoy por hoy es todo un fiasco.

Sin embargo, ya en enero del año 2016, el periodista Eleazar Díaz Rangel escribía “Desde hace meses estoy recibiendo comentarios de quejas y reclamos de hechos de corrupción que he venido publicando. ¿Qué está pasando? Agropatria es la única importadora de semillas, pero cuando los productores van a comprarlas, nunca las consiguen, “¡se agotaron!”, pero ocurre que, a poca distancia de allí, hay “alguien” que sí tiene las semillas, pero a un elevadísimo precio”

No obstante, con el paso de los meses, la situación se ha hecho insostenible. Al respecto, el constituyentista y miembro de la heroica Comuna El Maizal, Ángel Prado, relató “Nosotros recibimos un financiamiento de manos del propio presidente el 28 de abril en Carora, pero ha sido imposible comprarle a la empresa del Estado AGROPATRIA los insumos agrícolas, aunque vemos como desfilan los bachaqueros con estos productos a precios demasiado especulativos. Pero, como la meta es sembrar, y no es por justificarme, uno termina comprándole a algunos bachaqueros, el que conoce algo de agricultura sabe que uno se desespera, es como tener un niño pequeño al que hay que conseguirle un remedio como sea, porque los tiempos para sembrar se van”

“No es el vendedor de la esquina, es AGROPATRIA, es la empresa que le coloca el producto a él en las manos, es quien autoriza que ese producto salga (…) Se deben cambiar las autoridades”, expresa Prado, al tiempo que agrega “nuestra preocupación es producir, y lamentamos mucho que esta situación este pasando en AGROPATRIA, pero no vamos a aceptar que venga nadie a resolverle el problema puntual al Maizal, como si fuera un mago, solo porque hicimos una denuncia, porque el Maizal tal vez tiene quien la escuche, tiene amigos, pero la misma situación que estamos viviendo nosotros la están viviendo muchos campesinos, sobre todo el pequeño productor, el campesino pobre, que somos la gran mayoría (…), los que están en los extremos del país, a los que nadie conoce, donde no hay ni un teléfono pa’ llamar (…) Esto es tan prioridad como el tema de la salud o el transporte, es la alimentación, es estratégico”.

A esta denuncia se une Gustavo Miranda, de la parroquia Negro Primero de Valencia, “cuando fuimos a AGROPATRIA a comprar abono y úrea nos dijeron que no había mercancía, pero vimos gandolas cargadas saliendo de ahí (…) sospechamos que esta mercancía tenía otro destino para ser vendida al mayor”. De paso, en muchas tiendas de AGROPATRIA tienen listas de personas autorizadas para la compra donde ni siquiera figuran los pequeños productores.

Algo similar le ocurre a los productores de las zonas altas del estado Lara, municipio Morán, quienes utilizan fertilizante completo y urea para sus plantaciones de café y caraota. Sin embargo, en la sede más cercana de Agropatria, ubicada en el Tocuyo, nunca hay nada. Aunque, en los pueblos cercanos, se ven sus gandolas de 30.000 kg, cargadas con 600 sacos de abono completo y de urea, parándose en las casas de los bodegueros. Descargan los sacos, que son guardados en licorerías, y al día siguiente se empiezan a ver los productos en todos lados pero con grandes sobreprecios. El saco que en Agropatria cuesta 600 mil bolívares es vendido en 8 millones.

En esta misma línea, el también constituyentista y cultor popular, Gino González, contaba “productores del Oriente del estado Guárico, luego de muchos viajes, conversando aquí y allá, consiguieron por parte de la Corporación de Desarrollo Agrícola, un financiamiento consistente en insumos, el cual aún no se concreta ¿Por qué? Según los productores, la corporación no cumple con el financiamiento porque AGROPATRIA no le despacha los insumos acordados, siendo ambos entes del Estado”

“Entonces, los productores por su cuenta deben buscar los insumos. Estos son los precios en AGROPATRIA: Fertilizante NPK 836.500,50 bolívares un saco de 50 kilos; Urea 764. 846 bolívares el saco también de 50 kilos: semilla marca DEKALB 30.000.000 de bolívares el saco de 17 kilos. Para sembrar una sola hectárea de maíz se necesitan 8 sacos de fertilizantes, 5 sacos de urea y 1,2 saco de semillas. Esto sin tomar en cuenta el flete del transporte y los químicos correspondientes”, agrega Gino.

Ahora, imagínense esta misma cuenta, pero con montos bachaqueados. Ante esta problemática, los productores terminan profundamente endeudados y nosotros también pagamos por eso.

De paso, habría que acotar que lo mismo ocurre con los cauchos de los tractores, el aceite de motor, los repuestos. “Los tractores se encuentran parados por la falta de aceite. Los bachaqueros les ofrecieron a estos compas una paila (19 litros) de aceite en 120 millones de bolívares”, relata Gino.

¿Cómo se levanta así la producción agrícola? Absolutamente imposible. Sin embargo, los pequeños productos (pese a su falta de capacidad financiera) abastecen los mercados. Por algo acá no ha habido escasez de verduras, hortalizas o frutas, aunque si nos hemos vistos golpeados por sus exorbitantes precios.

Cuando Chávez expropió Agroisleña expresó: “Agroisleña esta expropiada, ven a mi que tengo flor, se acabó tu tiempo (…) Pasas ahora a ser propiedad popular (…) Me gusta cuando ventea porque la plaga se va” ¿Será que tendremos, la clase obrera, campesina, que cantarle exactamente lo mismo a Agropatria? ¿Hay algún sector del Estado que se encargue de este desastre? ¿Podremos llevar a la practica la repetidisima frase “revolución dentro de la revolución”? ¿O seguiremos permitiendo que los neoliberales nos digan que solo lo privado sirve?

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