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El ataque económico contra Venezuela bajo la lupa

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“No existe ninguna variable macroeconómica que pudiera explicar lo que está ocurriendo en Venezuela, en tan poco tiempo, desde el punto de vista económico” afirma Juan Carlos Valdez, abogado especialista en derecho tributario y financiero, y experto en economía política. Se habla de “escasez”, “desabastecimiento”, “caída de la producción”, para explicar esa crisis importante en la percepción de la gente sobre la calidad de vida en los últimos tres años. Sin embargo, explica Valdez, se trata de falsedades.

Es un hecho, por ejemplo, de que no hayan habido modificaciones significativas en las importaciones, ni siquiera con la importante caída del ingreso petrolero. Por otro lado, no se ha registrado ninguna caída del Producto Interno Bruto (PIB), es decir la cuantificación monetaria de todo lo que se produce en un país, que en realidad siempre ha estado en constante aumento desde el año 1999, con la llegada de Hugo Chávez a la Presidencia y el inicio del Gobierno Bolivariano.

Si no hubo ninguna modificación de las variables macroeconómicas que pudiera explicar el “desabastecimiento” argumenta Valdez, “por ende es evidente que no estamos en presencia de un proceso normal. En lo cotidiano, por ejemplo, dicen que no se encuentra azúcar en los anaqueles “por escasez” y sin embargo se encuentran dulces de todo tipo. Al mismo modo, dicen que hay “escasez” de harina de trigo y paradójicamente en las panaderías hay cualquier tipo de pan, menos el que normalmente consume la gente. Eso incluso contradice un principio muy básico de la economía, según el cual la gente vende, lo que la gente compra. Es evidente de que hay un boicot, pero algo pasa con la percepción de la gente, porque hay muchos que no quieren verlo, aunque se trate de algo que los perjudica.”

Psicología de la escasez

Indiscutiblemente el ataque que está enfrentando Venezuela no es solamente de tipo económico: hay un factor psicológico importantísimo y es necesario tomarlo en cuenta para poder comprender el fenómeno en su totalidad. Entre psicología y economía hay una relación directa, dice Valdez, y es manifiesto que en Venezuela nos están manipulando a través del miedo que desde siempre genera la sensación de escasez, sobretodo cuando se trata de bienes ligados a la existencia humana (alimentos, medicinas). El miedo no nos permite actuar de manera racional y quienes están atrás de estos ataques conocen esos procesos. Inclusive, no es nada nuevo, cuenta Valdez, pues ya habían habido en pasado varios “ensayos de escasez”, generalmente coincidentes con fechas electorales, y siempre antecedidos por rumores sobre el tipo de producto que iba a faltar. En enero de 2015, vía Twitter desde Miami (EEUU), hasta llegaron a alertar la población de que en un lapso de dos meses ya no iban a haber más alimentos ni productos en Venezuela: a pesar de la absurdidad del anuncio, eso originó colas larguísimas en los comercios, porque “tienen años acondicionando nuestros estímulos para que reaccionemos así”.

“Eso está estudiado. Hay instituciones en el planeta dedicadas enteramente a estudiar la psiquis humana con la clara intención de saber como dominar un país, y hasta el mundo, como denunciado en la publicación de Daniel Estulin «El Instituto Tavistock». En esta situación, hay que recordar que sólo el conocimiento nos hace libres y es lo que permite contrarrestar y entender lo que está ocurriendo hoy en nuestro país” asevera Valdez.

Los intereses en juego

¿A qué se debe todo eso? “Esto está ligado a una política mundial de dominación, en concreto al sistema capitalista neoliberal, que elimina cualquier alternativa que pudiera ser efectiva” explica Valdez. A partir de 1999, con el inicio del gobierno revolucionario liderado por el Comandante Chávez, empezó en Venezuela un proceso de mejora sustancial de la calidad de vida de la población. Según datos de la CEPAL [1] , en el año 1998 había un 54% de pobreza, de la cual el 26% era catalogada como pobreza crítica. Luego de diez años de gobierno bolivariano estas cifras se vieron reducidas de manera significativa, hasta llegar a 26% y 7 %, respectivamente. “Todas las variables sociales venezolanas experimentaron desde 1998 hasta 2009 un crecimiento exponencial. Nosotros habíamos superado las metas del milenio abiertamente en los primeros diez años de la Revolución” afirma Valdez.

“Pero además nos declaramos antimperialistas y socialista: declaramos que íbamos a nadar en contra de la corriente mundial. ¿Qué ocurre si Venezuela triunfa en esta empresa? Se convierte en una referencia mundial peligrosísima”, sobretodo en un mundo en donde “el 8.1% de la población es dueño del 84% de las riquezas mundiales, mientras el restante 91.9% subsistimos con el 16 % de las riquezas del planeta. Esos son datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), que nadie puede decir que sea socialista” dice Valdez, citando los datos del informe FMI del año 2015, según el cual, además, “sólo 300 personas son dueñas del 40% de las riquezas del planeta, en un mundo donde mil millones de seres humanos viven en la indigencia y cada minuto muere un niño de hambre, aunque según la FAO existan en el planeta alimentos, inmediatamente consumibles, para el doble de la población mundial. Por qué hay una desigualdad tan grande? Porque hay un sistema que se llama capitalismo, que lo permite, lo promueve y lo fortalece”.

Los medios y la eliminación de alternativas

En este sentido, para los intereses del capitalismo mundial es fundamental que la Revolución Bolivariana no triunfe, y menos que se conozcan sus logros “porque ese 91.9 % de la población se va a rebelar y va a decir «Yo quiero un gobierno así» y ahí se le va a voltear la tortilla al capitalismo mundial” dice Valdez, introduciendo otra dimensión del ataque que está recibiendo el país: la guerra mediática en el exterior, a través de las grandes corporaciones de la comunicación que mienten deliberadamente sobre la realidad venezolana y crean desconfianza en los inversionistas. “Y si tú quieres destruir la economía de un país, es suficiente romper la confianza en sus políticas económicas”, acota Valdez, citando a la obra “En busca de la confianza perdida”, de Ricardo y Pablo Pascale.

“Cualquier cosa que haga el gobierno venezolano, por más buena que sea, el ataque mediático es tan fuerte que espanta al más pintado”, como decimos en Venezuela. Frente a esta realidad, las y los venezolanos tenemos un reto enorme: “o nos rendimos, o seguimos peleando, creando la esperanza real de que otro mundo es posible”.

El ataque a la moneda…y el contraataque

Otro factor a influir sobre lo que está aconteciendo en Venezuela es el ataque a la moneda, reseña Valdez, explicando de qué manera eso se lleva desde la frontera y desde la web. En Venezuela rige un control de cambio desde el año 2003, para hacer frente a la fuga intencional de divisas luego del paro petrolero: en ese entonces, la oligarquía venezolana, luego de haber parado la industria petrolera y generado de esa forma una importante deuda para el país, trató de liquidar las reservas internacionales para que no hubiese capacidad de pago de esos compromisos. El gobierno bolivariano instauró entonces un mecanismo controlado para la asignación de divisas, en el cual sin embargo, en un primer momento, se dejaron a los bancos - incluyendo los privados - como intermediarios de las solicitudes: éstos falsificaron cientos de miles de identidades para apoderarse de los dólares. “Salió a la luz el caso Coninvest, pero lo hacían todos los bancos privados, que son los primeros financistas de la contrarrevolución. Fueron los primeros en desbancar las reservas monetarias de Venezuela en dólares, llevando eso a una reducción de la oferta legal de dólares, situación en la que floreció el mercado negro” cuenta Valdez.

La página web “Dolar Today” nace en ese contexto, como un intento de unificar criterios de cambio dentro del mismo mercado negro. Alojándose fuera del país para no ser intervenida, cuenta Valdez, logra captar la “confianza” de la gente “de que ese el precio del dólar” aunque sea absolutamente irreal. “Para lograr credibilidad, tienen que inventarse una fórmula, y eso es lo que dicen hacer: toman el valor del dólar en el Banco Central de Colombia, y lo dividen entre el valor del Bolívar en Cúcuta, siendo Colombia el único país que cotiza el Bolívar venezolano como cotiza euros y dólares”, explica Valdez.
A este punto, se genera una alianza con los cambistas de la frontera, ya que depreciando el Bolívar se sacarían además mayores ganancias a través del contrabando de extracción. Debido a la gran diferencia de precio entre productos colombianos y productos venezolanos, con el aumentar del contrabando de extracción, aumenta también la demanda de bolívares en la frontera, hasta llegarse a pagar más que su valor nominal. Sin embargo se declara de que “nadie pide bolívares en la frontera” para poder depreciar la moneda venezolana ya que el sistema cambiario colombiano es un sistema flexible que asigna el valor de las divisas dependiendo de la oferta y la demanda (la llamada “Tasa Referencial del Mercado”).

Si el traficante se beneficia comprando bolívares baratos para el contrabando de extracción, alerta Valdez, hay algo aún más peligroso que surgió del ataque a la moneda en la frontera. Llegando a homologar el bolívar al peso colombiano, a través de la trampa del cambio en la frontera, el poder adquisitivo de traficantes y paramilitares neogranadinos, al llegar a Venezuela, se multiplica por seis. “Y mientras para más del 90% de la población venezolana, los inmuebles son incomprables, para narcotraficantes y paramilitares colombianos es muy económico. Es un problema de seguridad de Estado: nos están comprando el País”.

“La solución en este caso es muy sencilla: no podemos pedir a Colombia que derogue sus leyes, porque es un tema de soberanía” dice Valdez, “pero tenemos que hacer valer nuestra soberanía también, afirmando y haciendo respetar que nadie sin autorización nuestra puede cotizar la moneda venezolana. En Colombia están haciendo eso porque están autorizados por nosotros desde hace muchísimos años. Hay que desautorizar a Colombia en la cotización del bolívar, que no lo pueda hacer ni el Banco de la República, ni las casas de cambio legales. Una vez que ese acto se vuelva ilegal, debido a nuestra desautorización, se podrá exigir al Estado colombiano que lo persiga. Antes no, porque eso allá es legal. ¿Qué ocurriría entonces con Dolar Today? Se le quitaría la base de calculo, y le cambiaríamos las reglas del juego” concluye Valdez.

[1] La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) es una comisión regional de las Naciones Unidas.

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