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Festival de Teatro de Caracas 2016 también llega a Mérida

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La quinta edición del Festival de Teatro de Caracas también llegará a Mérida con dos presentaciones en la Plaza Las Heroínas los días 15 y 16 de junio, informó el Gabinete Estadal de Cultura en la región.

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Cine de Luna y Estrellas en Mérida

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El Festival del Cine Venezolano organizado por la Fundación para el Desarrollo de las Artes y la Cultura (FUNDEARC), el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), Movistar y la Universidad de Los Andes (ULA), presentan hasta el 09 de junio, 10 títulos en competencia y decenas de proyecciones adicionales en el XII encuentro de realizadores y cinéfilos del país.

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Los 4 excesos de la educación moderna que trastornan a los niños

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Jacobo M 2015 Il leone verde Io sono io 04

Cuando nuestros abuelos eran pequeños, tenían solo un abrigo para el invierno. ¡Solo uno! En aquella época de vacas flacas, incluso tener un abrigo se consideraba un lujo. Por eso, los niños lo cuidaban como un bien precioso. En aquellos tiempos se solía tener lo mínimo indispensable. Y los niños eran conscientes del valor y la importancia de sus cosas.
 
Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces y nos hemos convertido en personas más sofisticadas. Nos gusta tener muchas opciones e intentamos que nuestros hijos tengan todo lo que desean y, si es posible, mucho más. Sin embargo, no nos damos cuante de que al mimarles excesivamente contribuimos a crear un ambiente en el que pueden proliferar los trastornos mentales.
 
De hecho, se ha demostrado que un exceso de estrés durante la infancia aumenta las probabilidades de que los niños desarrollen problemas psicológicos. Así, un niño sistemático puede ser empujado a desarrollar un comportamiento obsesivo y un pequeño soñador puede perder su capacidad para concentrarse.
 
En este sentido, Kim Payne, profesor y orientador estadounidense, llevó a cabo un experimento muy interesante en el cual simplificaron la vida de los niños diagnosticados con un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Al cabo de tan solo cuatro meses, el 68% de estos pequeños habían pasado de ser disfuncionales a ser clínicamente funcionales. Además, mostraron un aumento del 37% en sus aptitudes académicas y cognitivas, un efecto que no pudo igualar el medicamento más prescrito para este trastorno, el Ritalin.
 
Estos resultados son, en parte, extremadamente reveladores y, por otra parte, también son ligeramente atemorizantes ya que nos hace preguntarnos si realmente les estamos proporcionando a nuestros hijos un entorno sano desde el punto de vista mental y emocional. 
 
¿Qué estamos haciendo mal y cómo podemos arreglarlo?
 

¿Cuándo mucho se convierte en demasiado?

 
A inicios de su carrera, este profesor trabajó como voluntario en los campos de refugiados, donde tuvo que lidiar con niños que sufrían estrés posttraumático. Payne apreció que estos niños se mostraban nerviosos, hiperactivos y continuamente expectantes, como si algo malo fuera a pasar de un momento a otro. También eran extremadamente cautelosos ante la novedad, como si hubieran perdido esa curiosidad innata de los niños.
 
Años más tarde, Payne apreció que muchos de los niños que necesitaban su ayuda mostraban los mismos comportamientos que los pequeños que provenían de países en guerra. Sin embargo, lo extraño es que estos niños vivían en Inglaterra, por lo que su entorno era completamente seguro. Entonces, ¿por qué mostaran síntomas típicos del estrés postraumático?
 
Payne piensa que aunque los niños de nuestra sociedad están seguros desde el punto de vista físico, mentalmente están viviendo en un entorno similar al que se produce en las zonas de conflictos armados, como si su vida peligrara. Estar expuestos a demasiados estímulos provoca un estrés que se va acumulando y obliga a los niños a desarrollar estrategias para sentirse a salvo. 
 
De hecho, los niños de hoy están expuestos a un flujo constante de información que no son capaces de procesar. Se ven obligados a crecer deprisa ya que los adultos colocan demasiadas expectativas sobre ellos, haciendo que asuman roles que en realidad no les corresponden. De esta manera, el inmaduro cerebro de los niños es incapaz de seguir el ritmo que impone la nueva educación, y se produce un gran estrés, con las consecuencias negativas que este provoca.
 

Los cuatro pilares del exceso

 
Como padres, normalmente queremos darle lo mejor a nuestros hijos. Y pensamos que si un poco está bien, más será mejor. Por eso, ponemos en práctica un modelo de hiperpaternidad, nos hemos convertido en padres helicóptero que obligan a sus hijos a participar en una infinidad de actividades que, supuestamente, les preparan para la vida. 
 
Por si no fuera suficiente, llenamos sus habitaciones de libros, dispositivos y juguetes. De hecho, se estima que los niños occidentales tienen, como media, 150 juguetes. Es demasiado, y cuando es demasiado, los niños se sienten abrumados. Como resultado, juegan de manera superficial, pierden el interés fácilmente por los juguetes y por su entorno y no desarrollan su imaginación.
 
Por eso, Payne afirma que los cuatro pilares del exceso sobre los cuales se erige la educación actual de los niños son:
 
1. Demasiadas cosas
 
2. Demasiadas opciones
 
3. Demasiada información
 
4. Demasiada velocidad
 
Cuando los niños son abrumados de esta forma, no tienen tiempo para explorar, reflexionar y liberar las tensiones cotidianas. Demasiadas opciones terminan erosionando su libertad y les roba la oportunidad de aburrirse, que es fundamental para estimular la creatividad y el aprendizaje por descubrimiento.
 
Poco a poco, la sociedad ha ido erosionando la maravilla que implica la infancia, hasta tal punto que algunos psicólogos se refieren a este fenómeno como “la guerra contra la infancia”. Basta pensar que en las dos últimas décadas los niños han perdido una media de 12 horas semanales de tiempo libre. Incluso los colegios y las guarderías han asumido una orientación más académica. 
 
Sin embargo, un estudio realizado en la Universidad de Texas ha desvelado que cuando los niños juegan deportes bien estructurados se convierten en adultos menos creativos, en comparación con los pequeños que han tenido mucho tiempo libre para jugar. De hecho, los psicólogos han notado que la forma de jugar moderna genera ansiedad y depresión. Obviamente, no se trata solo del juego más o menos estructurado sino también de la falta de tiempo.
 

Simplificar la infancia 

 
La mejor manera de proteger la infancia de los niños es decir “no” a las pautas que la sociedad pretende imponer. Se trata de dejar que los niños sean simplemente eso, niños. La vía para proteger el equilibrio mental y emocional de los niños consiste en educar en la simplicidad. Para lograrlo es necesario:
 
- No atiborrarles de actividades extraescolares que, a la larga, probablemente no le servirán de mucho.
 
- Dejarles tiempo libre para que jueguen, preferentemente con otros pequeños o con juguetes que puedan estimular su creatividad, no con juegos estructurados.
 
- Pasar tiempo de calidad con ellos, es el mejor regalo que pueden hacerles los padres.
 
- Crear un espacio de tranquilidad en sus vidas donde puedan refugiarse del caos cotidiano y aliviar el estrés.
 
- Asegurarse de que duermen lo suficiente y descansan.

- Reducir la cantidad de información, asegurándose de que esta sea comprensible y adecuada a su edad, lo cual implica hacer un uso más racional de la tecnología.
 
- Simplificar su entorno, apostando por menos juguetes y cerciorándose de que estos estimulan realmente su fantasía.
 
- Disminuir las expectativas sobre su desempeño, dejándoles que sean simplemente niños.

Los niños tienen toda la vida por delante para ser adultos, mientras tanto, deja que sean niños y disfruten de su infancia.
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10 series fundamentales de anime

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1. – Astroboy (Tetsuwan Atom, Osamu Tezuka, 1963-66, basado en el manga publicado de 1952 a 1968)

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Los rostros de Reverón, a 127 años de su nacimiento

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Hoy 10 de mayo, a 127 años de su nacimiento, conmemoramos al artista plástico Armando Reverón, quien es referencia del arte venezolano a nivel mundial, conocido como el pintor de las luces, compartimos esta galeria que muestra parte de su obra y retratos realizados a su particular imágen.

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Miyazaki se despide con dos cuentos feministas

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Despedida: y por todo lo alto. Este fin de semana se estrenan las dos últimas gemas que quedan en el baúl del Studio Ghibli, la mítica casa de animación japonesa que durante sus 30 años de historia ha sabido desplegar las obras de mayor esplendor de su industria. Se cierran las puertas al país de las maravillas, aunque no han echado la llave al río. La retirada de Hayao Miyazaki, el fracaso en taquilla nacional de El cuento de la Princesa Kaguya y la ausencia de algún proyecto rentable en la recámara les ha llevado al cierre del equipo de producción, que podría retomar los pinceles y las tabletas de dibujo cuando vuelva a merecer la pena.

Tal vez, en el futuro, con algún nuevo talento por descubrir que sepa incorporar fuerza al estudio, compuesto ahora por un equipo creativo notablemente envejecido. Mientras tanto, nos queda disfrutar de El recuerdo de Marnie y El cuento de la Princesa Kaguya.

La madurez de la niña asmática

Cliffhanger: la de Marnie es la historia de una niña asmática que necesita salir del túnel de la autoindulgencia y dar el paso definitivo hacia la madurez. Desde el momento en el que sabemos que hay algo paranormal en El recuerdo de Marnie, las ideas sobre su final se nos adelantan, más cuando, a medida que avanza el relato, vemos esas referencias a El Viaje de Chihiro y a Rebecca, de Hitchcock. Pero los que no hayan leído la novela de Joan G. Robinson en la que se ha basado Hiromasa Yonebayashi para realizar esta película se encontrarán con un sorprendente giro dramático en su último acto que hará que cobre un cariz más seductor del que le achacábamos a mitad de partido. Es una película que crece.

Folclore: el que tratan en El cuento de la Princesa Kaguya, que es una adaptación más, dentro del amplio catálogo de adaptaciones que se han hecho en suelo nipón, del relato popular El cuento del cortador de bambú. Una hermosa y diminuta princesa selenita nacida de una planta de bambú es cuidada por dos ancianos campesinos que, sin querer, confunden las necesidades de la pequeña y la enjaulan en la fastuosa y rígida vida de la nobleza japonesa.

Esta takenoko, a la que Isao Takahata llena de vida interior con una economía del lenguaje y un lirismo que sólo podía provenir de este país, luchará con todas sus fuerzas por no consumirse a sí misma, buscando una adaptación imposible entre su silvestre vitalidad y el deseo de sus cuidadores.

La presión del patriarcado

Vientos feministas: como los que siempre soplan en las producciones de esta casa. Esa pequeña diosa llamada Kaguya sentirá la presión del patriarcado que hace de las princesas literalmente objetos decorativos. En la escena más brava de la película, cuando la pintura se vuelve bosquejo expresionista, Kaguya se fuga del castillo en un torbellino de furia antisistema que va montaña arriba, sin cesar. El dibujo de un grito. La atormentada Anna de la película de Yonebayashi encontrará en su nueva compañera de juegos su red de apoyo emocional. Una amistad femenina tan tierna que podrá llegar a incomodar a cierta parte de la audiencia alérgica a la delicadeza.

Fantasmas: sus presencias se sienten por igual en las películas de Takahata y Yonebayashi. En el caso del primero lo descubrimos hacia el final, cuando comprendemos que la propia preservación de lo humano, es decir, de lo caduco, sólo se queda en una bruma lejana cuando lo ponemos frente a frente con la eternidad de la naturaleza, con lo divino.

Más terrenal es la metáfora de El recuerdo de Marnie, quien vive una aventura en la que el supuesto espectro de una niña acecha a su protagonista para ayudarla a superar sus traumas como adoptada y ponerla en paz con sus antepasados.

Animación poética

Trazo: del tradicional al fantástico. Para el caso de El recuerdo de Marnie sus responsables han aplicado la paleta de sus producciones más reconocidas y reconocibles, con un renderizado exquisito y el mismo acierto estilístico que siempre se le ha exigido a su estudio. Sorprende y emociona más la opción de Takahata, maestro artesano de 78 años que ha optado para esta ocasión por la animación fantástico-poética que también han empleado otros directores como Mizoguchi o Kobayashi, como de dibujo a mano acuarelado.

Esta decisión no sirve sólo para traducir de una forma más hermosa este relato fantástico en el que se basa su historia, sino también para hacer una demostración de la humildad que hasta los más veteranos deben rendirle no sólo al arte de la animación, sino también a los mitos de los que nacen nuestras diferencias culturales.

Consciente canto de cisne: es pura melancolía la que cruza de lado a lado ambas películas, pero muy especialmente la de la Princesa Kaguya, una de las grandes cumbres de la animación y, sin medias tintas, uno de los filmes más hermosos de los últimos años, como si la obra fuese en sí misma un sueño lúcido de la situación del propio estudio Ghibli, de quien los mortales hemos reconocido su grandeza pero no hemos sabido tratar como se merecía. Tal vez no podremos reparar el daño que nuestra falta de atención ha causado sobre esta casa de artistas, pero sí podemos consolarnos sabiendo que Takahata se ha ganado la luna.

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