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Wim Wenders: "El cine está moribundo porque está perdiendo espontaneidad"

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Todo saldrá bien es un filme sobre la redención y la culpa que propone el descubrimiento del otro como camino a la paz.

 

Pocos meses después de estrenar con gran éxito su documental sobra la obra del fotógrafo Joao Salgado La sal de la tierra, Wim Wenders regresa a las pantallas con su primera película de ficción en siete años. Todo saldrá bien a pesar de su título es un denso drama sobre Thomas (James Franco) un escritor treintañero en crisis vital que se acentúa cuando atropella, y mata, sin querer a un niño. Thomas inicia entonces un viaje de introspección en medio de los inmensos y helados paisajes de Canadá mientras se debate con su novia (Rachel McAdams) e inicia una relación con la madre del niño muerto. Película intimista rodada en 3D (un tema que le apasiona) que acaba alcanzando aires épicos y poéticos, Todo saldrá bien es un filme sobre la redención y la culpa que propone el descubrimiento del otro como camino a la paz y el equilibrio. Hablamos con el director, muy elocuente, a su paso por Barcelona.

- ¿De dónde surge su nueva pasión por el 3D?
- En 3D no he visto tantas películas porque al principio las vi casi todas y no tenían ningún interés. Lo que me interesa del formato es utilizar dos cámaras como si fueran dos ojos y recrear el efecto que hacemos los seres humanos al mirar. Lo mejor que le puede pasar a una película 3D es que no se note que es 3D que es lo contrario de lo que hacen los americanos, ellos quieren que se note, que te impresione.

- Ha estrenado dos documentales en los últimos meses, La sal de la tierra y Cathedral of Culture. No rodaba ficción desde Palermo Shooting (2008). ¿Está más interesado ahora en el cine de lo real?
- No, en absoluto. El estreno casi simultáneo de los dos documentales ha sido casualidad, ambos llevaron mucho tiempo y se terminaron casi al mismo tiempo. Respecto a la ficción, el problema es que los plazos son muy largos, como mínimo te pasas tres, cuatro o cinco años después de hacer una película para poder hacer la siguiente. Cuando era joven podías hacer una película al año, todos las hacíamos. El documental lo que sí te permite es ser un poco más espontáneo porque no tienes esos lastres tan costosos. El cine está moribundo porque está perdiendo esa espontaneidad.

- Todo saldrá bien trata sobre un escritor en crisis, ¿siente esta película muy cercana a usted por el hecho de ser un artista?
- La siento muy cercana pero no porque sea un artista sino porque el protagonista es un hombre. Un escritor es por definición un hombre exagerado, quizá más que un hombre en general. Pero al final es un hombre con los problemas masculinos típicos, arrastrar grandes traumas y preferir guardárselos para sí con lo cual es peor. Me interesan estas historias que le pueden pasar a cualquiera. Estar envuelto en algo que no quieres y que eso te lleve a conocer lo que no conoces...

- Algunos cineastas se centran en la misma ciudad o lugar, usted sin embargo siempre viaja con sus películas. ¿Cómo le influyó el paisaje polar canadiense?
- Conocía bien el lugar pero nunca había rodado allí. Cuando leí la historia de inmediato me acordé de esos paisajes. Era muy importante encontrar el mejor lugar porque el guión no está situado en ningún sitio en concreto y para mí es crucial saber dónde pasan las cosas. El guión lo terminé con el escritor en Canadá para que tuviera esa relación profunda con el lugar.

- Después de filmes como Paris, Texas (1984) o Tierra de abundancia (2004) vuelve al continente americano...
- Es un paisaje muy americano pero al mismo tiempo en seguida te das cuenta de que no es Estados Unidos. Es una sensación extraña porque emocionalmente estás en América pero de una manera u otra sientes que podrías estar en Europa. Es una buena traducción de mi propia situación porque he hecho películas en Estados Unidos pero no soy americano, soy un extranjero, así que Canadá explica esa dualidad. Cada paisaje no solo es un lugar, expresa los sentimientos de la gente que lo habita, es un lugar del alma y parte esencial de la historia. A veces, los lugares en mis películas explican mejor la historia que cualquier otra cosa. Por ejemplo en esta película al principio está todo helado y luego deshiela, es lo mismo que le pasa al protagonista.

- Lo que no cambia es esa dicotomía entre la grandeza del paisaje americano y la figura humana. ¿Por qué le gusta trabajar con esas distintas escalas?
- Como he dicho, los paisajes son una manera de profundizar en los personajes, especialmente en los planos muy amplios aunque pueda parecer paradójico. En esta película o en Paris, Texas cuando vemos al personaje como una mancha en un paisaje inmenso ese plano está diciendo más sobre su alma que un primer plano.

- Hay ecos de Dostoievski en este hombre que se siente culpable por un crimen del que ha salido indemne.
- El castigo puede ser positivo porque puede servir para curarte. Ese dolor puede curarte porque si no recibes el castigo que crees merecer, te castigas a ti mismo y puede ser mucho peor. Esto es lo que le pasa a Thomas, la madre del niño le dice que le perdona, todo el mundo le repite que no es culpa suya pero él no puede quitárselo de encima. Muchas veces es más difícil perdonarte a ti mismo que perdonar a los demás. Su drama es que nadie le quiere castigar por ello por lo que él no puede empezar ese proceso de curación hasta que no lo saca fuera. Thomas solo entiende al final que es mucho mejor aceptarse a sí mismo y lo que ha hecho y este es un gran paso para él.

- Hay otra frase de Dostoievski, es bueno haber sufrido pero no sufrir. Parece ser un poco la conclusión...
- Al final uno percibe que es un hombre mejor y ese sufrimiento ha tenido un papel en ello. No es el único que sufre en la película, la madre también sufre por la pérdida de su hijo, pero ella sabe expresar sus sentimientos y es generosa, cosa que Thomas no es. Ella siempre es mucho más libre. Cuando deja la casa, y eso es una metáfora de cómo deja el pasado atrás, sabemos que a pesar de todo seguirá sufriendo por haber perdido a su hijo. Pero a Thomas le lleva mucho más tiempo que a ella aprender que la vida no solo se trata de ti mismo sino del otro. Es realmente una persona que no ha abierto jamás la puerta.

- El título, Todo saldrá bien, es curioso en su sencillez y optimismo...
- Es un pequeño juego. Todos sabemos que es muy difícil que las cosas vayan bien y para que vayan bien realmente tienen que estar bien.

- En la relación con el padre vemos su temor a repetir los errores de sus ancestros.
- La historia del padre nos sirve para ver de dónde viene. Nos perpetuamos a nosotros mismos. No queremos verlo pero nos solemos parecer mucho a nuestro padre y nuestra madre. Thomas se parece mucho más a su padre de lo que está dispuesto a admitir.

- James Franco es conocido por actuaciones muy expresivas y su estilo histriónico, aquí lo vemos en un tono comedido y dramático totalmente distinto. ¿Cómo fue trabajar con él?
- Es un joven muy serio. Él también es escritor y director por lo que conoce el conflicto de utilizar la vida de otras personas para tu trabajo. Es también un actor muy sobrio lo cual en este caso era fundamental porque el 3D capta en seguida cuando sobreactúas. Este fue uno de los grandes descubrimientos de trabajar con 3D y es que puede ver a través del alma de los actores.

- En varias escenas vemos el reflejo en el cristal de los personajes. ¿Por qué?
- El 3D tiene una cosa fantástica y es que desaparece el sentido de representación, la pantalla se convierte en una ventana. Puedes ver lo que sucede como a través de ellas. Me gusta a idea de una ventana como metáfora del plano y lugar a través del que puedes ver mucho más lejos. La ventana explica muy bien lo que estamos haciendo.

- En varios momentos los personajes parece que miran directamente al espectador. ¿Quería crear un espacio de intimidad entre ambos?
- Es otra manera de utilizar el 3D. La idea es que el espectador puede estar más dentro de la escena que nunca, que desaparezca la cámara.

- La música vuelve a tener un papel fundamental. Esta vez viene firmada por Alexander Desplat. ¿Por qué lo escogió?
- Él es canadiense y, como he dicho, para mí es importante que la película pertenezca al lugar en el que está rodada.

- ¿Cuál fue la última película que le impresionó?
- La última película que me gustó y sorprendió fue Ida y es curioso porque es una película con un estilo muy antiguo. Pero vi en ella una historia que me interesaba y contada de una manera muy original. La vi dos veces.

 

 

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Más de 100 películas del BAFICI disponibles gratis y online

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BAFICI
La plataforma cinemargentino pone a disposición más de 100 títulos que participaron en la última edición del BAFICI. Estarán disponibles por 15 días a partir de hoy.

Cinemargentino, la videoteca online de cine argentino, es una plataforma online que busca promover y facilitar el acceso al cine independiente nacional. En 2013 fue declarado de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, y en Julio de 2014, por el Senado de la Nación.

En plena edición del Buenos Aires Festival de Cine Independiente (BAFICI), desde la página web se podrá ver vía streaming, y de manera gratuita, una selección de 114 películas que participaron de ediciones anteriores del festival.

Las películas se pueden ver ingresando al siguiente link, http://www.cinemargentino.com/special/bafici, y están disponibles por muy pocos días. Aprovechar, entonces.

Más info: cinemargentino.com/special/bafici

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Yo voy soñando caminos

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Yo voy soñando caminos 
de la tarde. ¡Las colinas 
doradas, los verdes pinos, 
las polvorientas encinas!... 
¿Adónde el camino irá? 
Yo voy cantando, viajero 
a lo largo del sendero... 
-la tarde cayendo está-. 
"En el corazón tenía 
"la espina de una pasión; 
"logré arrancármela un día: 
"ya no siento el corazón". 

Y todo el campo un momento 
se queda, mudo y sombrío, 
meditando. Suena el viento 
en los álamos del río. 

La tarde más se oscurece; 
y el camino que serpea 
y débilmente blanquea 
se enturbia y desaparece. 

Mi cantar vuelve a plañir: 
"Aguda espina dorada, 
"quién te pudiera sentir 
"en el corazón clavada".

 

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Andrés Trapiello: "He traducido el Quijote para ese 80 por ciento de españoles que no lo ha leído"

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Dice el CIS que solo 2 de cada 10 españoles han leído el Quijote, y a Andrés Trapiello le parecen muchos. Y que el 70% lo considera un libro muy difícil. ¿No será porque a la gente se le obliga a leer en una lengua que ya no hablamos y que no entiende?, se pregunta Trapiello. ¿Por qué los ingleses, japoneses o griegos lo pueden leer con facilidad y los españoles no?, insiste el escritor. Lo que lleva Trapiello rumiando desde hace 30 años decidió resolverlo hace catorce, cuando emprendió la osada tarea de traducir el Quijote al español actual. Lo hizo en secreto y con la convicción de estar haciendo algo importante. Hasta unos meses antes de su publicación no abrió la etapa de consulta y cotejo con especialistas. Ummm... De todo hubo: reticencias, entusiasmos, consejos... Pero el escritor es concluyente: "Lo he escrito para el 80% de los españoles que nunca han hecho ese viaje".

-He leído su libro, pero no estoy segura de haber leído el Quijote. El verdadero.

-Ninguna traducción, por buena que sea, es el original. Es, hasta cierto punto, otro libro. Sólo hasta cierto punto. Pero seguro que usted ha leído un libro que se parece más al Quijote que ninguna otra de sus traducciones. Y no sólo por mérito mío, desde luego, sino porque el viaje del español actual al castellano del XVII es mucho más corto que el que ha de hacer el francés o el inglés actuales al castellano del XVII, y no digamos el japonés o el ruso. ¿O ellos no han leído tampoco el Quijote? Hemos de preguntarnos a qué se debe que tan pocos lectores españoles lo hayan leído. Acaba de hacerse pública una encuesta del CIS: sólo dos de cada diez españoles lo han leído (y aún me parecen muchos), y casi el 70% lo considera "un libro difícil o muy difícil", debido al lenguaje. ¿No será que se obliga a la gente a que lo lea en una lengua que ya no hablamos y que la mayoría ni siquiera entiende o le cuesta entender cuando la lee?

Trapiello apuntala su argumento: "Si un lector español o hispanohablante no entiende esta frase (o cientos parecidas), 'Quisiera enviarle a vuestra meced alguna cosa, pero no sé qué envíe, si no es algunos cañutos de jeringas, que para con vejigas los hacen en esta ínsula muy curiosos; aunque si me dura el oficio, yo buscaré qué enviar, de aldas o de mangas', puede hacer dos cosas: mirar las notas a pie de página (algo fatigoso cuando se llevan consultadas entre tres y seis mil, la media de notas en cualquier edición, y acertar con el filólogo adecuado, porque en este caso concreto los especialistas tampoco se ponen de acuerdo en qué quería decir Cervantes), o echar a volar su imaginación, tratar de adivinar qué puede significar eso y estar inspirado ese día".

-Es decir, usted ha traducido el Quijote para esos 8 de cada 10 españoles que no lo han leído hasta ahora. ¿Es su libro un sustituto del original, un sucedáneo, o un primer paso para luego leer el genuino?

-¿Qué es una buena traducción de la Ilíada o de Guerra y paz o de Hamlet? ¿Sustituto, sucedáneo? Traducir es llevar a otra lengua un texto que de otro modo no podríamos leer. Se perderán matices en el camino (y se ganarán otros, añadía Carlos Pujol, gran traductor, a propósito de las traducciones de Emily Dickinson de Marià Manent), pero gracias a las traducciones la literatura universal es lo que es. Shakespeare sin las traducciones del latín o del griego no existiría. Y desde luego yo no tengo ninguna duda: la Ilíada traducida sigue siendo la Ilíada, o los Cantos de Leopardi, traducidos, siguen siendo Leopardi. Este Quijote traducido no es el original, pero sigue siendo de Cervantes, como la Ilíada que yo leo en español es la Ilíada de Homero, no el invento de su traductor. Cervantes escribió su libro para todo el mundo, y para que lo leyeran como se leen las novelas, de seguido, sin especial dificultad, porque era, además, un libro más hablado que escrito. Yo lo he traducido para esos ocho españoles de cada diez que no lo han leído, para el 70 % a los que les parece difícil y para los que conociendo el original quieran leerlo por curiosidad, por gusto o para leerlo como lo leyeron sus primeros lectores del XVII, de una manera fluida y sin prejuicios.

"Los libros se escribieron para leerse. ¿Qué razones existen para impedirlo, y quién querría impedirlo?" -Félix de Azúa escribió el otro día un artículo sobre los quijotes aparecidos recientemente, el de Rico y el suyo, y decía: “un quijote para quijotes y otro para sanchos”. ¿Está de acuerdo en que su versión es un quijote para sanchos? Decía también Azúa “un quijote cuerdo y otro loco”. Y ahí ya estoy desorientada, no sé cuál es el suyo...
-Me parece que Azúa se refería, siguiendo a Unamuno, al hecho de que Sancho y don Quijote acaban pareciéndose mucho, sin que al final del libro podamos ya distinguirlos. De haber sabido leer, Sancho habría podido leer el Quijote, como lo leyó el bachiller Sansón Carrasco, y lo habría entendido perfectamente. Hubiera podido hacerlo sin notas al pie. No está claro que un lector actual de la cultura de Alonso Quijano pueda leer hoy el Quijote sin esas seis mil notas. El Quijote es el libro de don Quijote y de Sancho, para quijotes y sanchos, el mismo libro les sirve a los dos. El lector del de Rico y el de mi traducción no tienen por qué ser diferentes, y me alegrará infinito saber que después de mi traducción se ha animado con el original.

Una relación tormentosa

-Habla usted de sus razones para emprender la tarea y menciona las Misiones Pedagógicas, intuye que a Francisco Giner le hubiera gustado... ¿Cuál fue su primer impulso para ponerse a traducir el Quijote al español actual? Y, en el otro extremo, ¿qué le hizo darlo por terminado, y decirse "Yo más ya no puedo"? ¿Aspira a que su Quijote se convierta en libro de texto?

-La relación tormentosa que tienen los españoles con el Quijote procede en parte de que ha sido un libro de texto, como las matemáticas. Algo que se les ha obligado a leer a los alumnos, no que estos hayan leído por gusto. Y no guardan un buen recuerdo. Y el Quijote debe volver a ser un libro leído, tanto o más que un libro de estudio. Cualquier amante de Cervantes aspira a que se lea el Quijote en su versión original en buenas ediciones o traducido en buenas traducciones. Y el que quiera y pueda leerlo en versión original, con o sin notas, puede seguir haciéndolo. No veo dónde está el problema. El único problema, al menos para mí, fue decir "basta, hasta aquí he llegado". Es cuando advierte uno que puede estructurar el delirio, y perder el juicio, como don Quijote. Porque uno puede poner fin a un libro propio, pero nunca a una traducción.

- Vargas Llosa recuerda en el prólogo de su libro la polémica suscitada en Francia cuando Malraux mandó limpiar todos los edificios clásicos de París, y dice que "no me sorprendería que hubiera una polémica semejante con la audaz empresa de Trapiello". Pero aquí no ha habido mucha, demasiado poca. Me parece un poco desconsolador y reflejo del poco interés general por la cultura. ¿A usted no le parece un mal síntoma?

-En Inglaterra y en Francia no hubo tampoco una especial polémica cuando tradujeron al inglés y francés actuales a Shakespeare o Montaigne. Nadie lo achacó allí al poco interés por la cultura. Al contrario, todo el mundo admitió que se trataba no sólo de algo necesario, sino de algo que sumaba, no que restaba. Y se alegraron, como es natural. ¿Cómo no alegrarnos de que miles de lectores puedan leer por fin el Quijote? No hacerlo sí que sería un pésimo síntoma.

El de Rico me ha servido de pauta

- Lo ha llevado muy en secreto, dice que el principal criterio ha sido la intuición, pero ¿ha consultado con los principales especialistas, ¿no?

-En realidad lo que he dicho es que cuando no disponía de otros medios para resolver algún pasaje peliagudo, me he fiado de la intuición, como haría cualquiera. Y desde luego que he consultado con los principales especialistas. Qué pregunta. Ni yo ni nadie puede leer ese libro sin las notas que a lo largo de cuatrocientos años han tenido que añadirse al texto original. Yo he tenido en cuenta a muchos, a algunos ya muertos, fundamentales, como Hartzenbusch, Rodríguez Marín o Martín de Riquer, y a otros, vivos, como Blecua o Rico. La edición de este último, muy rigurosa filológicamente, es la que me ha servido de pauta, y a él personalmente debo muchos buenos consejos y cautelas en el último tramo de mi trabajo. Por ejemplo, Cervantes es "leísta" y me convenció de que debía corregirlo.

La Real Academia tiene el prurito de meter en el Diccionario todas las palabras que aparecen en el Quijote, aunque estén en desuso. Pero el escritor se ha cargado algunas. También ha enmendado errores y alguna que otra incongruencia que ha permanecido en el texto durante 400 años. Cuenta Trapiello, por ejemplo, que en el siglo XVI la palabra 'discreto' significaba 'inteligente, agudo, perspicaz', y que, dependiendo del contexto, lo ha ido cambiando. Y más: "Cuando hablo de incongruencia me refiero por ejemplo al pasaje en el que don Quijote dice tener un hambre feroz y se come una hogaza de pan 'con dos cabezas de sardinas'. ¿Cabezas de sardinas? Siempre me pareció un error. Y la solución me la dio Rico: tenía que ser 'dos docenas de sardinas'. Y así se ha quedado".

-En su conjunto, ¿qué pasaje le ha hecho dudar más, con cuál se ha detenido más tiempo?

-Sin lugar a dudas, el primer capítulo. Sólo el primer párrafo cuenta en todas las ediciones con más de veinte notas al pie. Me ha divertido mucho ver poner el grito en el cielo a algunos al llegar a “los de lanza en astillero”. Lo primero que me preguntó Rico fue precisamente eso: "¿cómo has traducido astillero?". Él sabe que la traducción del Drae es vaga: "percha". Pero ¿de dónde se va a colgar un astil? ¿De las orejas? Si yo he traducido "de los de lanza ya olvidada" es porque no encontré una palabra mejor (manejé unas treinta; el astillero debía de ser algo parecido al palillero de los billares) y porque ese era el sentido que quiere darle Cervantes a la expresión.

-¿Qué gana y qué pierde su Quijote en comparación con el de Rico o el de Pérez-Reverte?

-El Quijote de Rico es más o menos el de Cervantes (el Quijote de 1605 y 1616 se parece al que llamamos original menos de lo que la gente cree: se publicó sin párrafos, sin guiones de diálogos, con infinitas erratas y docenas de frases, giros y sentidos incomprensibles; nadie en su sano juicio querría hoy leer “el original”); el de Pérez-Reverte es una reducción del texto, del que se ha suprimido casi la mitad y no se ha retocado apenas, y la mía es una traducción. No es “mi” Quijote. Es una traducción del Quijote, íntegra y fielmente, como se lee en la cubierta. Los que quieran leer un resumen leerán el de Pérez-Reverte, los que quieran leer el original leerán el de Rico o el de otro, y el que quiera leer el libro tal y como lo lee un lector japonés, francés o inglés actual, leerá una traducción, esta u otra de las que vengan.

-¿Cuál es, en fin, la principal sorpresa que depara la lectura del libro al lector poco avezado?

-Si hablamos de esta traducción, la sorpresa principal es la de que pueden leer el libro sin tropiezos, según me dicen, con un grado alto de comprensión lectora y sin menoscabo del lenguaje de Cervantes, incluso de su musicalidad. Y no tanto por mérito mío, insisto. Hasta ahora muchos se tomaban su lectura como el viaje a la Meca, algo que un español debe hacer al menos una vez en la vida. Ocho de cada diez españoles no han viajado a él nunca y de los otros, muchos no han repetido la experiencia, demasiado ardua. Si ahora pueden hacerlo, incluso repetirlo, ¿quién se lo impedirá? Y sobre todo hemos de preguntarnos: ¿Qué razones existen para impedirlo, y quién querría impedirlo? Y ahí es donde entran en escena las Misiones Pedagógicas: la cultura o está viva o no es nada; los libros se escribieron para leerse. Incluso en traducciones.

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Hablando de Orson Welles...

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Orson-Welles

 

La celebración del centenario del director de Ciudadano Kane se completa con la publicación de tres novedades editoriales y la reedición de Mr Arkadin, una de su dos novelas, además del estreno en el Festival de Cannes de dos documentales sobre su vida y su obra: Orson Welles: Shadows and Light y This is Orson Welles.

Orson Welles (1915-1985), cuando se cumplen 100 años de su nacimiento, continúa siendo una de las personalidades más complejas de la historia del cine. Su peculiar forma de entender el negocio, sus relaciones dentro de Hollywood, su genio artístico, sus convicciones y su amor por nuestro país continúan provocando interés entre especialistas y entre el público en general. Por ello no es de extrañar que, para celebrar la efeméride, aparezcan varias novedades, tanto editoriales como en formato documental y se que se reedite Mr. Arkadin, una de sus dos novelas.

Novedades editoriales

El universo de Orson Welles

Con más de 400 páginas y una cuidada compilación de imágenes, el voluminoso tomo de Notorious Ediciones repasa toda la trayectoria del genio norteamericano, desde sus películas hasta sus mujeres, a través de la firma de veintiún escritores entre los que se encuentran los estudiosos y académicos Alejandro Melero, Diego Moldes e Israel Paredes; el ex fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulces; los críticos Luis Alberto de Cuenca, Quim Casas y Miguel Marías; y los periodistas David Felipe Arranz y Victor Arribas. Además, el prólogo corre a cargo del cineasta José Luis Garci. El libro, por tanto, se afana en ofrecer un completo fresco de una de las personalidades más complejas, brillantes y opacas de la época que supo revolucionar cada una de las disciplinas a las que se acercó. La obra no solo analiza sus películas y papeles en el cine, también se adentra en la trastienda de esas producciones con episodios como el discutido trabajo de Herman Jakob Mankiewicz como autor del primer guion de Ciudadano Kane o la tormentosa relación de Welles con su entonces esposa Rita Hayworth durante el rodaje de La dama de Shanghai. Un capítulo está dedicado a Al otro lado del viento, la película inacabada de Welles que está a punto de ver la luz.

Mis almuerzos con Orson Welles


Entre 1983 y 1985, el joven cineasta Henry Jaglom grabó una serie de conversaciones con Orson Welles mientras almorzaban en Los Ángeles. Unos años antes había logrado por mediación de Peter Bogdanovich que el director de Sed de mal participara en su primera película, Un lugar seguro (1971), y a partir de ahí trabaron una gran amistad. Las cintas resultantes estuvieron durante años guardando polvo en un garaje hasta que el editor Peter Biskind las recuperó y en 2013 publicó su contenido. Ahora ven por primera vez la luz en España de la mano de Anagrama. En el libro, que se publica el 20 de mayo, un Welles en los últimos años de su vida se muestra sin tapujos y habla a calzón quitado de cine, política y literatura. Hollywood es el centro de la diana de sus críticas y el autor de Ciudadano Kane no se corta a la hora de desgranar los excesos de la edad dorada del cine. Descubre a Katherine Hepburn como una persona a la que le gustaba hablar de sexo, declara su odio por Spancer Tracy, asegura detestar al “arrogante” Woody Allen y al “poco inteligente” Marlon Brando. También aparece la homosexualidad de Charles Laughton, el ego de Laurence Olivier, la ropa interior de Dolores del Rio, Charles Chaplin, Rita Hayworth...

Las cosas que hemos visto: Welles y Falstaff

En el pasado Festival de Cine de Málaga se rindió homenaje por su 50 aniversario a Campanadas a medianoche (1965), una de las películas más notables de Orson Welles. Este filme, sentido homenaje a Shakespeare y a España por parte de su director, fue elegida Película de Oro del festival y, asimismo, la organización aprovechó para presentar este libro. Escrito por Esteve Rimbau, uno de los mejores conocedores de la obra y gracia del director de Ciudadano Kane, Las cosas que hemos visto: Welles y Falstaff ha sido editado por el propio festival y por la editorial Luces de Galibo. El texto establece las relaciones de Welles con el bardo y con nuestro país para emprender un exhaustivo recorrido por las dos obras teatrales previas a la película antes de abordar su rodaje en distintos escenarios españoles. Producido por Emiliano Piedra, este film incomprendido en su estreno norteamericano fue el preferido por Welles y muchos de sus biógrafos. Welles se sentía profundamente identificado con Falstaff, personaje al que encarna en la película, un caballero amante de la buena vida al que situó en el centro de una trama que habla del poder y de la corrupción, de la amistad y de la traición.

Ciudadano Welles

Innovador del cine, director de teatro, productor, guionista y locutor de radio, actor, escritor, pintor, narrador y mago, Orson Welles fue uno de los últimos hombres del Renacimiento del siglo XX. Desde La Guerra de los Mundos en la radio hasta sus numerosas obras maestras cinematográficas (Ciudadano Kane, El cuarto mandamiento, Macbeth), fue un maestro de la narración, tan expresiva como enigmática. En los años 60 y principios de los 70, el cineasta Peter Bogdanovich mantuvo extensas entrevistas (entremezcladas con cartas, notas y telegramas) con Welles, pero una serie de circunstancias -como la decisión del director de escribir una autobiografía que nunca llegó a escribir- las mantuvieron ocultas al publico. Editada y anotada por Jonathan Rosenbaum, esta recopilación -que Welles consideró en última instancia su autobiografía-, refleja su visión de la radio, el teatro, el cine y la televisión, así como irónicas reflexiones sobre los enfrentamientos que mantuvo con el mundillo de Hollywood, y su relación con otros directores y estrellas de la época. Una obra maestra, única y atractiva, imprescindible para conocer la personalidad del genio que puso en marcha uno de los procesos creadores más ricos y complejos del arte contemporáneo.

Reedición

Mr. Arkadin
A Orson Welles también le tentó la literatura y escribió dos novelas: una aguda sátira del colonialismo yanqui, VIP (1953) y este Mr. Arkadin que lanza ahora Anagrama en una nueva edición por el centenario del cineasta. Welles comenzó a pergeñar durante el rodaje de El tercer hombre al personaje de Mr. Arkadin, un magnate con ciertos puntos en común con la gran creación wellesiana por excelencia, el ciudadano Kane. En el libro el joven Guy Van Stratten trata de averiguar que hay detrás de las mil caras de este escurridizo personaje. La novela dio pié a la película del mismo título en la que el propio cineasta encarna a Gregory Arkadin, un hombre enigmático y desmesurado. El libro, al igual que la película, acaba siendo una fascinante reflexión sobre el poder y sus mecanismos, sobre el deseo, el amor y la muerte. El critico de cine Juan Cobos, especialista en la obra de Welles, se encarga del prólogo en el que sitúa la génesis y redacción de esta novela.

Documentales

Orson Welles: Shadows and Light

Con motivo del centenario de Orson Welles, el Festival de Cannes homenajea al director de La dama de Shangai con la proyección de dos nuevos documentales que abordan sus mil caras y tratan de resolver el puzzle de su inabarcable personalidad. El primero de ellos, estrenado la pasada semana en el festival, es Orson Welles: Shadows and Light de Elisabeth Kapnoist. Esta biografía, en un intento de emular la forma de afrontar la vida del cineasta, rompe con las convenciones del género. No sigue una estructura cronológica y se narra a través de juegos, de sorpresas, de lo inesperado, lo metafórico o lo alegórico, de cuentos y fábulas... Básicamente, la película es la historia de una caída, reflejada en las lúcidas y melancólicas palabras del propio Orson Welles: “Comencé en la cima y desde entonces no he dejado de descender”. En el documental han participado el historiador cinematográfico David Thompson, el director y amigo de Welles Henry Jaglom y el profesor de cine de Berkeley Joshep Mc Bride.

This is Orson Welles

El otro documental que puede verse en el Festival de Cannes, este miércoles día 20 de mayo, es This is Orson Welles de Clara y Julia Kuperberg. La película trata de descubrir al hombre tras el mito a partir de una singular entrevista con el propio Welles y con el relato en exclusiva de algunos de sus amigos y admiradores. Martin Scorsese, de nuevo el director Henry Jaglom, la hija mayor del cineasta Chris Welles, junto a antiguos amigos como Peter Bogdanovich y el crítico Joshep Mc Bride, componen un íntimo retrato del hombre que se saltó todas las normas de las formas clásicas de hacer cine. Desde el escándalo que supuso su narración de La guerra de los mundos de H.G. Well en la radio hasta los años en la RKO y su exilio en Europa, Orson Welles mira al pasado con humor y emoción y repasa sus errores, sus éxitos, sus primeros años en el teatro y su educación en el arte de cine.

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Érase una vez en México

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Detalle de una de las ilustraciones del volumen, para el cuento "La bruja que se quitaba la cabeza". Abraham Balcázar. Fabio Morábito recopila y reescribe en Cuentos populares mexicanos (Siruela) ciento veinticinco relatos de la tradición oral de ese país.

Michi Strausfeld, directora de la colección "Las tres edades", de Siruela, pensó que nadie mejor que Fabio Morábito (Alejandría, 1965) para reescribir una selección, a cuyo cargo estaría también él, de cuentos populares mexicanos. "Yo no era un experto en la materia, así que al principio dudé, pero enseguida vi, quizá inspirado por Calvino, que hizo un trabajo estupendo con los cuentos populares italianos, que podría ser una labor muy grata y edificante". El libro podría incluir más cuentos en siguientes ediciones (se trata de un libro en ese sentido interminable, dice Morábito: él mismo perdió la cuenta de los relatos -miles- leídos a lo largo de casi cuatro años), pero de momento contiene ciento veinticinco, que vienen acompañados por las ilustraciones de ocho artistas mexicanos.

Sostiene Morábito que su trabajo ha estado más cerca de la traducción que de la transcripción. Se trata de cuentos nacidos para ser contados que él, sin embargo, leyó en diversas antologías; a partir de ellas, y una vez hecha la selección, los reescribió, dice, "respetando el espíritu de cada historia". Es decir, sin modificaciones significativas: "En algunos casos se necesitaba una intervención fuerte, pero siempre de tipo literario, artístico, meramente estético, para devolver a textos que se habían convertido en documentos antropológicos la eficacia que debieron tener en su momento". A veces ni eso tuvo que hacer: "Si algo predomina en estos relatos es la economía literaria. No hay nada que se parezca a la búsqueda psicológica, no hay conjeturas ni hipótesis: la historia va muy derecha al grano, de una peripecia a otra, y hay que respetar eso y regocijarse en ello, de hecho. En ese sentido son una lección maravillosa para el escritor".

El editor ha buscado por encima de todo la belleza y la eficacia de los cuentos. "Era importante abarcar todo el territorio mexicano, pero no era mi principal intención. Busqué las historias más sabrosas y tuve la suerte de que, siguiendo ese criterio, pudieron entrar un número bastante grande de regiones y de lenguas". De las más de cincuenta lenguas indígenas que, además del español, hay en México, veinte están representadas en el volumen. En cuanto a los cuentos en sí, hay gran variedad temática, si bien, explica Morábito, uno de los grandes temas es el hambre. "La pobreza y la penuria son los resortes imprescindibles en estas historias; son esas penalidades las que hacen que la gente salga de su pueblo o de su región y comience la aventura". Es más, "salir del entorno" puede que sea lo que mejor define estas historias, dice, ese "cruzar la frontera del poblado para que dé comienzo la fantasía".

Ha incluido, precisa, solamente cuentos, "no mitos ni leyendas, y mucho menos anécdotas o cualquier otro tipo de narrativa tradicional". Y deja clara la diferencia entre el cuento (el tipo de cuento que le interesa) y el mito, distinción que tiende a ser confusa. En el prólogo lo explica así: "Mientras el mito esclarece de manera admirable las razones de un orden dado, los cuentos tejen la infinita tela del desorden: las equivocaciones, las transgresiones y los infortunios a los que están expuestos todos los seres humanos, no importando qué tan estructurada esté su vida al lado de las de sus semejantes. Por eso, al revés de los mitos, que son admirables, los cuentos son emocionantes".

¿Y son para niños estos cuentos? Porque en ellos hay crueldad (mucha, a veces, como en esa historia en la que un rey manda matar a su hija porque piensa que ella no le quiere lo suficiente), hay sexo y algún cuento que, al menos al niño de hoy, tan protegido, le resultará incomprensible. Morábito desconfía de la división entre cuentos para niños y para adultos: "Los cuentos populares se contaban siempre en grupo, quizás en un velorio, un bautizo o una boda, y en esos lugares nunca había nadie con un letrero que dijese: "Prohibido oír a los menores de 12 años". Simplemente los niños los escuchaban y, si no entendían algo, preguntaban".

Para el escritor, uno de los principales intereses, si no el principal, que tiene la cultural oral es precisamente que atraviesa fronteras que nosotros hemos establecido muchos años después basándonos en "criterios pedagógicos bastante discutibles". "Yo diría que aquí hay un 80% de historias comprensibles para los niños; ante el 20% restante es probable que el niño se quede perplejo o perturbado, pero creo que es importante que todo esté junto aquí, porque es esa la cultura oral, una tradición que alterna lo cruel, historias de traiciones o con carga sexual, con historias tiernas y de un candor desarmante".

 

 

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