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[Economía] Panorama y Perspectivas de la Inflación en Venezuela

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Venezuela viene atravesando una compleja y multidiversa crisis que se acompaña entre otras variables de una feroz inflación. Este proceso continuo de incremento en los precios es, conforme a la estructura económica capitalista que aún se mantiene, duramente perjudicial para la clase asalariada y altamente beneficiosa para los dueños del capital, pues repolariza progresivamente la riqueza que en años de Revolución se había venido socializando.

A grosso modo podríamos decir que desde la instauración del petro Estado a inicios del siglo XX la economía venezolana ha venido presentando un escenario en el cual ha prevalecido la inflación, dada su estructura importadora, su industria estéril y el alto nivel de consumo tanto del Estado como de sus ciudadanos producto de la renta petrolera.

Desde mediados de la década 70 del siglo pasado y a raíz de la guerra árabe-israelí, que derivó en un aumento jamas visto para la fecha en los precios del petroleo, apareció en Venezuela lo que se conoce como inflación de dos dígitos, es decir por encima de los 10 puntos porcentuales por año, tal panorama se mantuvo de manera casi permanente hasta nuestros días. No obstante, en los últimos cuatro períodos fiscales el incremento generalizado de precios en bienes y servicios ha venido acelerando su dinámica histórica. De manera rápida y vertiginosa ésta ha pasado a los limites de la hiperinflación, suceso sólo registrado por la historia contemporánea venezolana durante el gobierno del ya fallecido expresidente Rafael Caldera.

Para esta ocasión la amenaza hiperinflacionaria se presenta de una forma mucho más agresiva a la presentada en 1994, alimentada ya no por una crisis bancaria sino por una serie de distorsiones que nacen de variables de carácter endógeno y exógeno, a la vez con multiplicidad de orígenes. Los errores del propio Estado-Gobierno y la influencia de agentes que regularmente no tendrían ningún dominio, pero que en el escenario venezolano actual han gozado de una gran cobertura mediática y política por parte de factores hegemónicos que buscan por la vía de la presión económica derrocar al gobierno bolivariano, tal como hace poco lo reconoció el propio Presidente de los Estados Unidos y lo han venido replicando cada vez con mayor franqueza y sin ningún tipo de rubor, factores opositores venezolanos.

¿Cuándo se detendrá la inflación?

Para responder esta pregunta tan pregonada por la heterogeneidad de la sociedad, es necesario primero y antes que nada conceptualizar la inflación, pudiéndose definir como el proceso mediante el cual ocurre un aumento continuo de precios dentro de un tiempo determinado, requiriéndose pagar una mayor cantidad de dinero por un mismo producto, para Keynes, quien define la inflación desde la su origen comúnmente más aceptado (exceso de liquidez) es “ la oferta de medios de pago (dinero y crédito) superior a la oferta de bienes ”.
Por su parte la hiperinflación generalmente se define como el proceso mediante el cual ocurre un aumento de precios superior al 100% anual, para otros la aceptación del concepto se da a partir de incrementos de precios superiores al 50% mensual. En el primer caso la realidad venezolana ha superado con creces esta aseveración: Durante 2016 la inflación anualizada reportada por el propio Banco Central de Venezuela (BCV) al Fondo Monetario Internacional (FMI) ascendió a 274%, otros reportes no oficiales la ubicaron hasta en 800%; no obstante no se puede afirmar lo mismo en el segundo caso, pues se carece de información oficial o por lo menos fiable que asegure que la economía venezolana ya superó la barrera de 50% mensual; estimaciones del propio FMI para el año 2017 sitúan el alza por el orden de los 720% anual, por su parte la Asamblea Nacional de mayoría opositora registró (con métodos desconocidos y por ende no fiables) una inflación acumulada de 176% durante el primer semestre de 2017, de igual forma la firma Torino Capital acaba de publicar un estudio en el cual estima una inflación que cerrará en 1028%.

En todo caso lo que si se puede afirmar es que el proceso inflacionario que actualmente sufre Venezuela es ciertamente más agresivo y complejo que el ocurrido en 1994, a su vez es importante sincerar que dicha evolución se encuentra aún en ascenso, es decir aún no ha llegado a su punto de mayor afectación el cual podría ocurrir entre 2019 y 2021 según algunas previsiones y según el nivel de reacción que tenga el Gobierno Bolivariano influenciado probablemente por la presión de la propia base chavista. Tan sólo para 2018 las previsiones inflacionarias se estiman en 2068% de acuerdo al Fondo Monetario y 5500% si tomamos en cuenta las estimaciones de la propia Torino Capital.

Tanto organismos internacionales como firmas de inversión coinciden en que el panorama que se avecina para nuestra economía es altamente sombrío y oscuro; Es evidente que el laisse faire, laissez passer puesto en practica por parte del BCV le ha hecho un daño terrible al país con coletazos muy fuertes que afectarán años venideros. A eso debemos sumarle la aparición de distorsiones, cada vez más complejas y nefastas, producto de no haber tomado decisiones a tiempo que si bien iban a tener un costo político permitirían haber remediado a de manera prudente un problema que ha convertido la economía venezolana en un verdadero Frankenstein.

Que un cartón de huevos permanezca de manera burlesca regulado por una providencia en 420 Bs, y que en la realidad, es decir en el día a día, cueste lo mismo que una gandola cargada con 36 mil litros de combustible es muestra que desde hace tiempo debieron tomarse decisiones en dos áreas fundamentales: Los controles de precios y los subsidios directos generalizados.

La velocidad de la espiral inflacionaria venezolana ha venido en aumento, los precios suben con mayor celeridad y lo que hasta ayer era inimaginable hoy es una realidad. La expectativa al incremento de precios hace que el ciclo inflacionario no presente tendencia al equilibrio y que por el contrario haya la necesidad de “ comprar lo más rápido que se pueda ”, a su vez el gobierno se ve urgido por sacar a la calle más dinero para satisfacer la demanda de efectivo, cumplir compromisos y mantener el consumo propio, este descontrol arrastra la espiral hasta valores aún no vistos en nuestro país pero que ya se comienzan a percibir. Evidentemente se tendrá que volver a hacer una nueva reconversión monetaria en el mediano plazo, a lo mejor muy semejante a la de Brasil, en la que en total se eliminaron 12 ceros a la moneda.

La espiral inflacionaria

La inflación que se puede calificar como “tradicional”, mantenía un comportamiento (con contadas excepciones como la de 1994) de presentar incremento generalizado en los precios de manera trimestral o incluso cuatrimestral. Es una costumbre dentro del enorme entramado de circuitos de comercialización de bienes y servicios, generar aumentos de manera especulativa (muchas veces sin presentarse alteraciones en los costos de producción) que influían de manera directa en los niveles de inflación, esta dinámica iniciaba conforme al calendario en el mes de marzo-mayo, posteriormente los precios nuevamente se modificaban en el período de vacaciones julio-agosto y por último los bienes y servicios presentaban una nueva brusca y tercera alteración en el período noviembre-diciembre, esta vez alimentado por el aumento de la liquidez y el consumo propio de la temporada decembrina.

Desde inicios de 2013 esta dinámica cambió, la inflación pasó a ser bimensual, tal vez acelerada por la nefasta devaluación que se efectuó en febrero de ese año donde el dólar oficial pasó de 4,3 a 6,3 bolívares mientras el paralelo se encontraba medianamente estable en 22 bolívares, es importante mencionar que tal devaluación se llevó a cabo como una orden de Chávez días antes de que el Comandante falleciera, lo cual pone en duda de que efectivamente haya sido el propio Chávez convaleciente quien autorizó esta impopular decisión. A partir de esta situación que particularmente defino como el punto de quiebre que nos condujo a la crisis actual, la inflación en Venezuela se salió de las manos sin que a la fecha haya sido posible encarrilarla de nuevo a su normal metabolismo.

Posteriormente y durante inicios de 2015-mediados de 2016, los precios comenzaron a remarcarse de manera mensual, durante esta época se debieron tomar algunas decisiones que pudieron haber neutralizado la velocidad de la espiral inflacionaria, sin embargo se cayó en la inacción casi absoluta, probablemente esperando que la mano invisible del mercado corrigiera las distorsiones.
Ya para mediados de 2016 y el primer cuatrimestre de 2017, los precios empezaron a aumentar de manera quincenal, es importante que desde agosto de 2017 el ejecutivo nacional comenzó a efectuar incrementos salariales de manera mas periódica, sin embargo la ola especulativa ya se había alejado lo suficiente como para hacer trizas el ingreso del trabajador.

Conforme llegaba el segundo trimestre del año también se volvía a acelerar la espiral inflacionaria, ya no con incrementos quincenales sino de una forma más agresiva, es decir con aumentos semanales que como ya se dijo han venido generando mayor temor y expectativa en la población, motivando a la aceleración de la espiral.

Para la fecha los bienes y servicios privados aumentan de forma cada vez más rápida, la espiral conduce a los precios a incrementarse cada dos o tres días. Las acciones que se anuncian no son suficientes para detener esta iracunda escalada que ataca de manera directa el bolsillo del trabajador. Ya hay incluso algunos bienes y servicios que se están incrementando de manera diaria y la tendencia es a que el conjunto de la economía venezolana comience a sufrir de alzas de precios, no es alocado pensar que de continuar esta tendencia los precios comiencen a variar incluso por horas, escenario que podría verse para mediados de 2018.

A pesar de este sombrío escenario la situación para los asalariados podría ser peor, en infinidad de países este tipo de crisis han sido “ solucionadas ” bajo la receta neoliberal: Reduciendo el gasto público, vendiendo la soberanía económica a través de prestamos impagables y disminuyendo el salario de los trabajadores. Recientemente en Grecia, por solo hacer mención a un caso, el salario mínimo fue duramente rebajado, la edad para pensionarse incrementada y las contrataciones colectivas se suspendieron hasta 2019.

En Venezuela a pesar de la crisis el ejecutivo nacional ha realizado una serie de esfuerzos que generan una especie de colchón para el bolsillo y el estomago de millones de personas. Desde crear mecanismos de distribución de alimentos o de útiles escolares, hasta incrementar permanentemente los salarios ha hecho que la crisis venezolana no sea tan dramática como lo pudo haber sido o como ha sido en países que han aplicado al pie de la letra la receta neoliberal. Estas medidas que ha tomado el ejecutivo no alivian el problema, menos cuando se toman de manera aislada como el caso del salario, pero si representan una gran ayuda para las clases más vulnerables al fenómeno presente.

No obstante el riesgo de caer en la catástrofe económica permanece intacto, lo cual obliga a cambiar el modo y la forma de manejar la crisis. Actualmente el gobierno tiene tres opciones básicas: 1.- Volver a la inacción absoluta de 2014-2016, dejando al mercado la “ regulación ” y “ estabilización ” del mismo con consecuencias muy nocivas para el país. 2.- Continuar aplicando medidas de carácter reaccionario que a pesar que no atacan el problema si minimizan en el corto plazo la crisis. 3.- Atacar de manera seria la corrupción, no se concibe que quienes trabajan en la economía delictiva lo hagan con todas las facilidades del caso, corregir las distorsiones creadas por el propio gobierno bien sea por permisividad o error y atacar de manera eficiente las distorsiones no creadas por el gobierno pero que alimentan la crisis.

La última opción representa un alto costo político que tarde o temprano el gobierno tendrá que pagar motivo de los errores y la inacción permanente, no obstante es el único camino que podría evitar o por lo menos disminuir los efectos dañinos de la actual inflación y de la posterior hiperinflación que ya comenzamos a pisar, además de ser la única herramienta que podría mantener en el tiempo las condiciones mínimas que reclaman los sectores populares, donde el chavismo tiene mayor arraigo y apoyo.

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