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Primavera Argentina sin Monsanto

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malvinas

Monsanto aún no lo anunció oficialmente, pero tomaron fuerza las informaciones sobre su salida de Malvinas Argentinas, Córdoba, donde han comenzado las tareas de desmantelamiento de la planta de elaboración de semillas, que ahora sería ocupada por la mexicana Bimbo. Revelaciones en la asamblea y el acampe que impidieron la instalación de Monsanto, el mismo día en que Aapresid -la entidad que nuclea al negocio sojero y transgénico- organizaba su congreso en Rosario.

La historia empezó a terminar este miércoles 3 de agosto.

Vanesa Sartori, vecina integrante de la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida, cuenta alavaca que la cadena de WhatsApp arrancó temprano con una misma noticia: “Monsanto se va de Malvinas Argentinas”. De esa forma empezó a circular algo que hasta el momento era un rumor que  corría cada vez más fuerte desde principios de esta semana: Monsanto, la multinacional transgénica más grande del mundo, decidió abandonar el predio de esta localidad cordobesa de 12 mil habitantes, donde nunca pudo ponerse a funcionar debido a un bloqueo por la vida de vecinos y vecinas del que se cumplirán tres años dentro de un mes.

El periodista Patricio Eleisegui dio la primicia en el portal iProfesional, que tituló: Baldazo de agua fría para el campo: Monsanto desarma su proyecto de $1500 millones en Córdoba.

La información fue confirmada por el periodista “por una fuente vinculada a la compañía”, que reconoció que el acampe pesó a la hora de evaluar la continuidad de la inversión. “No se pudo avanzar con la planta y esto también influyó”, corroboró la fuente, que justificó la decisión por una cuestión económica: “Una inversión así no tiene sentido desde el punto de vista del negocio. Con las instalaciones que hoy Monsanto posee en Rojas, en la provincia de Buenos Aires, la compañía puede operar con tranquilidad. Es más: como están las cosas, probablemente alcance sólo con esa planta de maíz por los próximos cinco años”.

Vanesa interpreta: “Esa es la excusa formal. Nosotros veíamos que había un intento de salida elegante. El lunes de esta semana llegó al acampe un vehículo de la empresa Astori Estructuras: eran ingenieros que vinieron al predio para ver por dónde podían pasar las grúas. Hablaron con una de las compañeras que estaba presente y le dijeron que tenían orden de desmantelar todo, limpiar las estructuras y pelar el predio. Pero eran sólo palabras. Hoy amanecimos con esta noticia que cayó como una bomba y confirmaba que sí: se van”.

Procesamientos a funcionarios

A esta información se le suma a la decisión del fiscal Anticorrupción Hugo Amayusco de imputar al ex intendente de Malvinas Argentinas, Daniel Arzani, y al ex secretario de Ambiente de la Provincia, Luis Bocco, entre otros funcionarios, por haber autorizado en forma “aparentemente irregular” el uso del suelo en los terrenos donde Monsanto comenzó a levantar su planta. Según informó La Voz del Interior(http://www.lavoz.com.ar/politica/monsanto-imputaron-funcionarios-y-ediles-que-aprobaron-el-uso-del-suelo), la acusación advierte que “los terrenos no eran aptos para destinarse a emprendimientos industriales, conforme con disposiciones de la Ley Provincial de Uso del Suelo”.

Las obras además estaban detenidas desde 2014 por orden judicial que hizo lugar a un recurso interpuesto por los vecinos para impedir la instalación de la planta de semillas transgénicas. Vanesa subraya: “Sabemos que es una victoria, pero la batalla continúa. Hasta que no se vaya el último tornillo de adentro, el acampe va a seguir”. En paralelo, el sitio cronista.com informó que en lugar de Monsanto la planta será ocupada por la panificadora mexicana Bimbo.

El pueblo como ícono

El barrio cordobés de Malvinas Argentinas se convirtió en el epicentro mundial de la lucha contra la multinacional Monsanto. Sus vecinos bloquean desde el 19 de septiembre de 2013 la construcción de la planta acopiadora de semillas transgénicas más grande del mundo. Un año antes, el 24 de julio 2012, nació la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida.  Desde entonces sufrieron represiones de la policía, de patotas dirigidas por la UOCRA, los visitaron Manu Chao, científicos como el doctor Andrés Carrasco o Raúl Montenegro, referentes de los derechos humanos como Nora Cortiñas y Adolfo Pérez Esquivel, la documentalista Marie Monique-Robin y la referente ecologista de la India, Vandana Shiva. En todo el mundo se ha seguido con atención la evolución de este conflicto en el que una comunidad rechaza la imposición de una corporación.

Hasta un informe certificado por el CONICET reveló que el 58% de la población de Malvinas Argentinas considera que la instalación de la planta de Monsanto implicaría un riesgo “alto” para la comunidad. Además, 9 de cada 10 encuestados se manifestó a favor de una consulta popular o referéndum sobre la instalación de Monsanto en Malvinas Argentinas, donde el 57 por ciento votaría por “NO” a la instalación de la planta. De todos modos, la Asamblea festejó el último año nuevo con una amenaza de desalojo que los obligó a redoblar los esfuerzos.

Dice Vanesa: “Malvinas se ha convertido hoy en día en un ícono de resistencia. Es una demostración de que el pueblo puede organizarse y, por más que parezca que está todo listo, cerrado y sellado, se pueden revertir esas decisiones. Si la gente se organiza, puede. Hoy estamos todos muy contentos, pero en el fondo nos preguntamos si esto será cierto. Hay una cuestión de desconfianza, un recelo interno de que esto se nos vuelva a escapar. El dato es que la empresa tampoco está saliendo a desmentir la información que todos los medios, incluso los hegemónicos, están dando. Queremos ver cómo se desenvuelve el final”.

“Siempre tuvimos razón”

Lucas Vaca, otro de los integrantes de la Asamblea, también prefiere ser cauto: “Estamos en una posición buena. Hay posibilidades, hay indicios. Pero todavía no vemos movimiento dentro del predio. Hasta que no veamos una máquina trabajando, oficial desde Monsanto o la municipalidad de Malvinas, no podemos afirmar nada. No nos vamos a ir hasta que no estemos seguros, porque tampoco podemos afirmar que esto no sea una estrategia. Ojala que sea así. La pena es que haya pasado tanto tiempo. Esto significa que siempre tuvimos razón”.

Lucas dice que las imágenes de cuatro años de lucha se suceden una y otra vez en su cabeza. “La verdad es que ya ganamos. Syngenta no se instaló en Córdoba porque no quería que le pasara lo mismo que a Monsanto. Y Monsanto nunca funcionó en Malvinas Argentinas. De alguna manera, fuimos escuchados. Fuimos efectivos en impedir que nos envenenen. Lo hicimos nosotros, el pueblo. Y me da más fuerza para afirmar un mensaje: si no lo hace el pueblo, no lo hace nadie, porque de los políticos no podemos esperar nada”.

Lucas define dos de los componentes esenciales de la lucha: “Dignidad y humildad. Malvinas es un pueblo que tiene dignidad. Porque nunca tuvimos poder de nada, todo fue a pulmón, contra gente muy poderosa. Y pudimos hacer grandes cosas. Lo hicimos entre todos”.

El poder, quizá, significa en realidad esto que se está logrando en esa comunidad.

Por Carrasco

Sofía Gatica, de las Madres de Ituzaingo (las mujeres que se organizaron en el barrio Ituzaingo-Anexo, también en Córdoba, para denunciar las enfermedades del modelo transgénico que auspicia Monsanto), contesta el teléfono desde el bloqueo. Cuenta que están cortando leña para mantener la choza caliente porque a la noche hace mucho frío. “Hubo abrazos, llanto, felicidad. Si vos me preguntás qué sentimos, sentimos un alivio terrible. Porque muchos de los que estamos acá hemos perdido toda la familia por estar aquí mañana, tarde y noche. Nos han desarmado la familia. Las Madres llevamos 16 años de lucha. Por lo menos es una noticia que nos da esperanza de volver a casa a compartir con nuestras familias un plato de comida”.

Sofía dice que tampoco ven movimiento dentro del predio. “Está todo intacto. Si bien Monsanto dice que se están llevando las cosas, no hay movimiento de nada. También dicen que van a vender los terrenos. Pero desde el bloqueo decimos que nos vamos a quedar hasta saber a quiénes les van a vender los terrenos. Porque si el que los va a comprar va a ser Bayer, nosotros nos vamos a quedar y el acampe va a seguir”.

También cuenta que, luego de las imputaciones a los funcionarios, “gente que responde a ellos” apedreó el acampe.

Pero Sofía no duda: “Malvinas se ha convertido en un pueblo guerrero. Porque acá es el pueblo el que manda. Ellos tuvieron aval nacional, provincial y municipal. Pero el pueblo pudo parar a una de las multinacionales más grandes del mundo. Unido. Salió gente de todos los lugares. Yo no soy de Malvinas, pero estoy acá porque me mataron a mi hija. Tengo a mis hijos con agroquímicos. Permitir que Monsanto se instale era ver a todo el país enfermo”.

Sofía recuerda al científico Andrés Carrasco, ex presidente del Conicet y director del Laboratorio de Embriología Molecular de la UBA, que denunció en 2009 el impacto de los agrotóxicos en la salud de las personas. Eso le valió la persecución de gran parte del arco político y científico, dócil a las corporaciones transgénicas. “Pensar que el doctor Carrasco no pueda ver esto, me entristece”. Carrasco falleció hace dos años, y cada minuto que pasa se agiganta el valor y el coraje de lo que fue capaz de denunciar.

 Primavera sin Monsanto

Vanesa ya vislumbra lo que viene. “La idea es convocar a una gran asamblea de todos lo que hemos sido parte de esta lucha para pensar cómo seguir, pero también para festejar y celebrar esta batalla. Y organizarnos para lo que viene. Tenemos que controlar de cerca el final, y en septiembre ya está en camino el festival Primavera Sin Monsanto, que esta vez va a ser enorme”.

Sofía agrega: “Esta vez, va a ser realmente una primavera sin Monsanto”.

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